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viernes, 22 de enero de 2021

ELEGIDOS Y ENVIADOS

Mc 3,13-19

Lo primero es mirarnos y descubrir quién soy y que realmente tengo. Me refiero a mis talentos y cualidades, porque, mi vocación estará en estrecha relación con esos talentos recibidos. Una vez que los vayas descubriendo - pues la tarea no es fácil - reconoce quien te los ha dado - Dios - y ponlos en práctica. 

Dios tiene un proyecto contigo, para eso te ha creado semejante a Él, y ese proyecto con lleva unas actitudes y cualidades. Pues bien, para lo que Dios te quiere has recibido lo que necesitas. Ahora, humildemente debes aceptarlo libremente y, en, con y por Él esforzarte en vivirlo y ponerlo en práctica.

Porque, Dios te ha elegido por amor y quiere tu seguimiento y tu colaboración. De esa manera eligió también a los apóstoles. Los llamá a caminar y a anunciar la Buena Noticia con Él. Y de eso se trata, de anunciar la Buena Noticia, que el Reino de Dios está entre nosotros. Pero, anunciadlo desde la total unidad con Dios, pues sin Él nada podemos hacer. Nos equivocaríamos si tratamos de ir por nuestra cuenta.

Por supuesto, tú  y yo también estamos incluidos en esa misión y dependerá de cada uno la respuesta que crea dar. Porque, nadie nos coacciona ni nos presiona. Eres - somos - libres para decidir qué hacemos, anunciar que Dios es nuestro Padre y ha enviado a su Hijo para liberarnos de la esclavitud del pecado, o, permanecemos de brazos cruzados y según nuestras ideas e intereses. 

Indudablemente, el reto está sobre la mesa y, queramos o no, nos toca a nosotros dar una respuesta. Nuestra vida marcará el tiempo que tenemos para darla, pero, no nos retrasemos porque el tiempo vuela.

lunes, 28 de octubre de 2019

TIEMPO PARA ORAR - TIEMPO PARA TRABAJAR

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Lc 6,12-19

Cada cosa a su tiempo, solemos decir en muchos momentos de nuestra vida. Y es que se necesita pensar para luego actuar. Si es verdad que hay momentos que lo que se piensa casi coincide con lo que se hace. Hablamos de agilidad mental que en algunos momentos, si se puede, es necesario utilizar. Pero, lo frecuente es actuar con previa reflexión y saber en todo momento lo que se va a hacer.

Jesús nos enseña el camino y antes un día decisivo en su elección, pues piensa formar el colegio apostólico, pasa largas horas orando con su Padre. Y después de buscar la luz en y por su Padre pasa a la acción de elegir a los que le van a acompañar y continuar la misión de proclamar la Buena Noticia de Salvación. Entonces elige a los doce apóstoles. El Evangelio nos lo cuenta así: En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Ya está en marcha la Iglesia y desde ese momento empieza a dar sus primeros pasos. Pasos tímidos, todavía ni en estado embrionario, pero, quizás el feto que va a formarla más adelante cuando llegue el momento de la venida del Espíritu Santo. Una Iglesia a la que sigue mucha gente, quizás porque espera saciar su hambre material y también ser curados de sus dolencias y enfermedades. Jesús los atiende y los cura y muchos trataban de tocarlo porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

martes, 10 de septiembre de 2019

DISPONIBILIDAD Y CONFIANZA

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Lc 6,12-19
Cuando empiezas una misión estás apoyado en la confianza de aquel que te ha enviado. Jesús se retira a orar a su Padre para pedirle luz y fuerza a fin de elegir a sus más cercanos colaboradores, a los que llamará apóstoles, para que le ayuden a proclamar la llegada del Reino de Dios. Es la misión a la que ha sido enviado y la que empieza a preparar junto a el grupo elegido. Un grupo que no elige en base a sus capacidades y preparación intelectual, sino en función de su disponibilidad y confianza.

Jesús lleva tiempo con mucha gente y de entre ella elige a doce personas. Son sus apóstoles y los escoge no mirando las virtudes o su saber, sino su disponibilidad para entregarse a la misión y su confianza en Él. Jesús sabe que de la preparación y enseñanza se encargará, por ahora, Él. Más tarde seguirá el Espíritu Santo, que les irá revelando todo lo necesario y dándoles sabiduría y fortaleza para que puedan llevar a cabo su misión.

También, cada uno de nosotros ha sido elegido en la hora de su bautismo y su respuesta dependerá de la medida de su disponibilidad y confianza en el Señor. No debemos tener miedo por nuestra frágil preparación y pobres cualidades. Será el Espíritu Santo quien nos dará las capacidades y las virtudes necesarias para responder a la Voluntad de Dios y a nuestro compromiso de bautismo. Pero, para ello necesitamos primero abrirnos al Espíritu Santo y dejarnos modelar por su Gracia. Él irá auxiliándonos, fortaleciéndonos y dándonos la sabiduría que necesitamos para cumplir la misión que nos ha sido asignada. 

Una misión que consistirá en dar testimonio de que Dios es nuestro Padre y ha enviado a su Hijo a rescatarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte.

domingo, 7 de julio de 2019

LA MISIÓN ES DE TODOS

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Lc 10,1-12.17-20
El mundo no puede mejorar si no mejoras tú. Eso está muy claro y todos lo entendemos. Nadie podrá hacer lo que está guardado para ti. Tú tienes una aportación que hacer a este mundo para mejorarlo. Tu parcela, tu propio ambiente, tu círculo de amistad, tu familia tendrán el sello del anuncio de la Buena Noticia, o por el contrario ese anuncio se perderá. Y el único responsable serás tú.

Jesús fundó su Iglesia en la roca de los apóstoles, pero está claro que ellos no se iban a quedar aquí hasta el final de los tiempos, por eso urgía fundar la Iglesia y dejarla como continuadora de su misión. Y a los apóstoles han seguidos otros apóstoles y así hasta nuestros días. Todos somos apóstoles en el sentido de que, por el compromiso de nuestro bautismo, estamos llamados a continuar y proclamar la Buena Noticia de Salvación. Y ese es nuestro reto, proclamar que Cristo Jesús vive y camina entre nosotros señalándonos el Camino, la Verdad y la Vida.

Por tanto. el Evangelio de hoy es una llamada a esa misión de proclamación de la Buena Noticia que todos los bautizados tenemos. Una proclamación que puede ser de diferentes formas y maneras, pero que, al final, es proclamación y anuncio del Reino de Dios. Porque, para unos podrá ser el anuncio por la palabra, pero para otros será el servicio al enfermo. Otro será la enseñanza, la justicia...etc. y cada cual según sus talentos o capacidades. Todos podemos en cualquier lugar que nos haya tocado vivir derramar ese anuncio de salvación por el hecho de ser hijos de Dios.

Nuestra alegría no debe estar apoyada en nuestros éxitos sino en que hemos sido elegidos por el Señor para esa misión y nuestros nombres, como nos dice el Evangelio están inscritos en el Cielo: Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

sábado, 29 de junio de 2019

EN EL CAMINO DE LA IGLESIA DE NUESTRO SEÑOR

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Mt 16,13-19
En la Iglesia tenemos que tener una cosa muy clara, seguimos a Jesús y anunciamos a Jesús. Él es el fundador de la Iglesia y el centro de la misma. Él es el Señor, el mismo que Pedro, asistido y movido por el Espíritu Santo confesó como el Cristo, el Hijo de Dios Vivo, y del que recibió el poder de ser la piedra donde el Señor edificaría su Iglesia.

Pedro recibió del Señor el poder de perdonar los pecados y la promesa de que el poder del infierno no prevalecerá contra la Iglesia. Y eso fortalece nuestra esperanza y nos anima a caminar cada día anunciando y proclamando que el Señor es el Hijo de Dios que, enviado por el Padre, ha venido a liberarnos de la esclavitud del pecado. Esto debe estar impreso en nuestros corazones a fuego y tenerlo muy claro. El Señor vive y está en y con nosotros.

Con Pedro y los demás discípulos, concretamente los apóstoles se inicia el peregrinar de la Iglesia asistidos por el Espíritu Santo. Es Pentecostés la salida, por decirlo de alguna manera, oficial de la Iglesia, que, precisamente, lo que hace es anunciar la Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús, el Hijo de Dios Vivo que, tomando Naturaleza humana ha venido a morar entre nosotros y, entregando su vida, nos salva de la condenación rescatándonos para gloria de nuestro Padre Dios.

No perdamos de vista esta Iglesia que, fundada por el Señor, arranca desde Pedro y los apóstoles. No perdamos de vista esta Iglesia que, a lo largo de los siglos, va ya por el XXI, sigue firme a pesar de los pecados y caídas de sus miembros, pero, levantados por la Gracia del Espíritu Santo y el Sacramento de la reconciliación. Es esta la Iglesia, nuestra Iglesia y nuestra Madre, que nos cuida, nos protege y nos reune como hijos de un mismo Padre.

martes, 12 de septiembre de 2017

TAMBIÉN TÚ ESTÁS ENTRE LOS ELEGIDOS

Lc 6,12-19
Es sintomático que Jesús, previamente al día de la elección de los doce apóstoles, pasase toda la noche en oración. Porque, en ello nos quiere revelar la relación e intimidad con el Padre para la toma de cualquier decisión relevante. Y, en aquellos momentos se estaba fraguando la institución de la Iglesia, que se ve como obra de la Santísima Trinidad en plena relación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

No fue una elección caprichosa, al azar o por afinidades y gustos. Fue una elección bien concensuada por la Santísima Trinidad. Y eso debe servirnos para nuestra obediencia y solidaridad con la Iglesia. Más cuando en el día de nuestro bautizo hemos sido incorporado, en nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo, a ella, y configurados como sacerdotes, profetas y reyes.

También nosotros hemos sido elegidos para transmitir ese anuncio y buena noticia de nuestro Señor Jesucristo. Hemos sido encargados de transmitirlo, quizás unos por la palabra, otros con sus testimonios y obras, otros con sus trabajos y servicios, y todos con sus vidas, siendo siempre ejemplares y tratando de esforzarnos en hacer las cosas bien según la Palabra y Mandatos del Señor.

Pero, nunca podemos perder de vista la relación con el Señor, fortalecidos por la acción del Espíritu Santo. Y la oración es el vehículo que nos sostiene en íntima relación con el Señor. Una oración que nos fortalece, nos llena de esperanza y nos da sabiduría para discernir y transmitir la Buena Noticia de Salvación. La intimidad con el Señor nos ayuda a ser mejores, sobre todo, la Eucaristía, donde podemos tocarle y alimentarnos de toda su Gracia que nos fortalece espiritualmente.

Tratemos de ser constantes en la oración, que no es otra cosa sino la diaria relación con el Señor, del que escuchamos sus consejos, sus orientaciones, sus señales, y al que le pedimos fuerza, voluntad, sabiduría, luz y paz para caminar en su Palabra y vivir en su Voluntad.

domingo, 22 de enero de 2017

LA PRUDENCIA DE JESÚS

(Mt 4,12-23)
No conviene provocar el peligro, y Jesús, con buen sentido común, se aleja de la amenaza que le pone en peligro. Ya habían matado a Juan y Jesús, no por miedo sino por prudencia, se aleja y retira a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido». Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado». 

El Reino de los Cielos está entre nosotros, ha llegado. Jesús es el Reino de Dios, y se ha hecho presente entre nosotros para enseñarnos el camino de salvación. Jesús va a proclamar el mensaje de salvación con su Palabra y con su Vida. En su Bautismo, el Padre nos ha invitado a escuchadle y a imitarle. Él es el Hijo predilecto en el que el Padre se complace.

Desde entonces estamos invitado a convertirnos, a cambiar la forma de ver la vida y de pensar según nos la enseña Jesús. Un estilo de vida diferente donde el amor es la centralidad del mensaje y el arma a utilizar en todos nuestros actos. Y para eso, Jesús escoge a unos discípulos, Andrés y su hermano Simón. A Santiago y su hermano Juan. Va formando su grupo predilecto y les encargará, junto con otros que escogerá más tarde la misión de seguir proclamando su mensaje. Es la Iglesia que 2016 años más tarde sigue en pie proclamando su mensaje.

Hoy también te elige a ti y a mí. Todos por nuestro Bautismos somos elegidos para continuar la misión. Quizás lo que tenemos que descubrir es el cómo y dónde. Ya hemos sido colocado en el tiempo, en un lugar, en una familia y en unas circunstancias concretas. Ahora, conducidos por el Espíritu encontraremos el camino y la forma.

martes, 6 de septiembre de 2016

Y CONSTITUYÓ SU IGLESIA

(Lc 6,12-19)

¿Cuál fue el objetivo de constituir un grupo que continuara su labor? ¿Cuál fue la misión encargada? Porque el hecho de agruparlo en torno a sí mismo tenía una intención, cual es la de proclamar la Buena Noticia de salvación que traía de parte de su Padre. Y así nace la Iglesia. Es pues de sentido común que le diese a su Iglesia, a través de Pedro, el poder de atar o desatar aquí en la tierra como en el Cielo.

Posiblemente, Jesús elige de acuerdo con su Padre. Pasa primero, previo esos momentos importantes de elección, la noche orando, y elige a los apóstoles. No fue una elección aparentemente a dedo, sino que fue concensuada con la Voluntad del Padre que lo había enviado.

Posiblemente, tú y yo también hemos sido creados para una misión. Y una misión pensada por el Padre, que espera ver cumplida y vivida por cada uno de sus hijos. Pero una misión que nos toca a nosotros descubrir en la oración de día a día y en la apertura a la acción del Espíritu Santo. Porque Jesús, abierto a su acción, siguió los impulsos que el Espíritu, desde su nacimiento en el seno de María, y pasando por su Bautismo en el Jordán, le impulsaba a cumplir.

Ese es el camino que Jesús nos ha trazado con su propia Vida. Camino de donación y de entrega, en el Espíritu, a los demás. Un Espíritu Santo que nos fortalece, que nos ilumina, que nos refuerza la voluntad y esperanza para continuar subiendo la montaña de nuestra propia pasión y muerte a los pies de la Cruz de Xto. Jesús.

Seamos fieles a esa Iglesia que, fundada por nuestro Señor Jesús, continúa hoy su misión evangelizadora proclamando la Buena Noticia de Salvación a todos los hombres que aspiran a vivir en plenitud de gozo la vida eterna.

miércoles, 8 de julio de 2015

TIERRA DE MISIÓN

(Mt 10,1-7)


No hemos nacido para el disfrute y el gozo, sino para buscarlo. Invertimos los términos y perdemos el norte, porque en lugar de servirnos de esta vida para ganar la verdadera, buscamos ganar esta vida y perdemos la que verdaderamente importa. Sin lugar a duda que nuestra vista es pésima y nuestra ignorancia todavía mayor. Y, atontados, nos dejamos conducir por otros más ciegos todavía. El resultado no puede ser bueno.

Buscar dentro de nosotros para encontrar nuestra verdadera misión. Está escrita por el Espíritu Santo en cada uno de nuestros corazones. Con nombre y apellidos. Has sido enviado, tú y yo, para buscar la felicidad y la vida eterna, pero esa felicidad y vida eterna la has de conseguir en el esfuerzo de cada día por dársela y anunciarla a los demás. 

Dios ha querido hacerlo de esa forma. Y ha enviado a su Hijo para revelarnos la misión y el camino: dar a conocer el Reino de Dios. Y, por el Bautismo, recibimos el Espíritu de Dios que nos configura sacerdotes, profetas y reyes y nos envía a dar testimonio de nuestra fe. La mies es mucha, nos ha dicho el Señor hace unos días en el Evangelio, y nos ha sugerido rezar al Padre para que mande obreros a su mies. Quizás seas tú o yo uno de esos a los que llama y nos pide nuestro trabajo.

No sabemos cómo ni dónde hacerlo, pero no debemos, ni asustarnos ni desesperar. Simplemente responder con un sí o un veremos. Si es un sí, el Espíritu nos guiará y nos irá presentando el camino y la misión, y nos dará lo necesario para realizarla. Si es un veremos, esperará a que te decidas con un sí firme. Puede ocurrir que no te decidas nunca, o que se te pase el tiempo y desistas. Porque el Maligno no pierde el tiempo y está pendiente de tus decisiones y poniéndotelo difícil y cuesta arriba.

Hoy el Señor nos llama, nos anima y nos ofrece su confianza. Cree en nosotros y nos dará lo que nos haga falta para dar a conocer la Buena Noticia. Es posible que no nos hagan caso. Suele ocurrir, pero eso ya no cae dentro de nuestras responsabilidades. No podemos forzar la libertad de cada uno. Es el Señor el primero que la respeta. Tú y yo debemos ser transparentes y coherentes, dejando pasar la Gracia de Dios de nuestro corazón al de los demás, y ahí acaba nuestra misión.

Gracias Señor por contar conmigo, pecador y lleno de defectos. Sé que Tú coges lo que menos vale y sirve, y me siento orgulloso porque en mis debilidades y defectos, como Pedro, sé que radica mi fuerza y mi poder llegado desde tu Gracia. Amén.

viernes, 23 de enero de 2015

TÚ TAMBIÉN ERES ELEGIDO

(Mc 3,13-19)

Jesús eligió a doce, y esos doces accedieron a seguirle, aunque uno, Judas Iscariote, tuvo dudas y se apartó traicionándole. No se presentó voluntario ninguno. Fueron elegidos por el Señor. Él llama al que quiere y le elige para una misión concreta. Quizás tú también ha sido llamado, pero distraído por las cosas del mundo has mirado para otro lado.

Todos tenemos una misión que nos viene dada: "La misión de salvarnos", porque estamos llamado al gozo de una vida dichosa y eterna. No tiene sentido morir, porque entonces la creación nos sería perfecta y menos, maravillosa. Si la vida es hermosa es porque, a pesar de los sufrimientos que sabemos tenemos que compartir por el paso de este mundo, llegará el momento glorioso de la dicha gozosa y eterna. Eso compensa todas nuestras miserias y sufrimientos.

Y esa salvación pasa por el amor. La capacidad de recibir y de dar. Recibir el Amor de Dios y hacerlo centro de nuestra vida. Dios por encima de todo. Y corresponder a ese amor dándonos en servicio, justicia y caridad a los demás. ¿Hay misión más grande? Pero también puedes ser llamado a otras misiones concretas de apostolado como fueron los apóstoles. Se trata de tener paciencia e irlas descubriendo injertado en el Espíritu Santo. Él nos irá señalando el camino y la misión.

Pero esa disposición exige actitud de escucha, deseo de encuentro y perseverar con paciencia. La fe no nos exige entender, sino obedecer confiadamente.

domingo, 29 de junio de 2014

IGUAL OTROS DEPENDERÁN DE TI

(Mt 16,13-19)


En muchos momentos doy gracias al Espíritu de Dios por haber recibido la fe, pero también tomo conciencia de la aportación de los apóstoles Pedro y Pablo, de forma especial, por su apertura y entrega a la acción del Espíritu para derramar y entregar sus vidas en la proclamación y extensión del Evangelio.

Que hubiese ocurrido con mi fe si ellos no la extienden y la derraman, junto a sus compañeros, a lo largo y ancho del mundo. Santiago, parece adjudicarle la tradición que fue el responsable de traerla a la península y de ahí a toda España. ¿Qué hubiese ocurrido si los Reyes Católico, impulsados por su celo apostólico, no se esfuerzan en llevarla a todos los lugares descubiertos?

Descubrimos que cada cual tiene la misión de propagar la fe recibida, de forma gratuita y entregada, para la salvación del mundo. Pero también descubrimos que es el Espíritu de Dios quien nos asiste, nos impulsa y nos ilumina para que fortalecidos en El seamos capaces de transmitirla y propagarla: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Posiblemente, muchos esperan tu palabra y tu testimonio para descubrir al Señor o para conocerlo mejor. Quizás para muchos serás el eslabón en sus vidas que les acercará al Señor. Por eso, abre tu corazón a la acción del Espíritu Santo y entregado a su Gracia camina como los apóstoles predicando con tu vida la Palabra de Dios. Amén.