Mostrando entradas con la etiqueta misión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de octubre de 2023

¡ENVIADOS!

De alguna manera, me pregunto, todos somos enviados. Enviados a dar testimonio de nuestra fe, a manifestar que nuestra conducta es contraria a la razón humana por amor. Un Amor que nos viene fortalecido y regalado de nuestro Padre Dios.

Porque, no se entiende que se dé por amor gratuito tu servicio, tus talentos, tus bienes o lo que necesite aquel que realmente tiene necesidad. No se entiende por la razón humana que se perdone al enemigo, a quien te ha ofendido, te excluye y te hace mal. No se entiende que regales tu esfuerzo sin dar nada a cambio ni condición alguna para que seas pagado. No se entiende que ames sin condiciones y entregues tu vida en servicio para bien por amor.

No se entiende nada. Incluso los mismos enviados no lo entienden sino por la Gracia del Espíritu Santo. Porque, nunca seremos enviados por nosotros mismos sino por y en el Señor Jesús. Es en su Nombre, por el que actuamos y somos capaces de entender, como nuestra labor alcanza los frutos y es fecunda.

Quien ama gratuitamente llama la atención porque el amor gratis y regalados solo puede venir de Dios. Vivimos, somos y estamos salvados por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Por tanto, quien ama sin condiciones está contagiando y manifestando la imagen de Dios: Amor misericordioso y gratuito. Por eso, todos estamos invitados a contagiar la fe en nuestro Padre Dios. Y lo hacemos cuando realmente amamos como Él nos ama.

Si bien, cada cual está llamado a su misión, todos debemos manifestar y dar a conocer ese Dios que llevamos en el corazón. Y lo hacemos en la medida que dejamos que nuestro corazón libere todo ese amor sembrado dentro de él y nos dejemos conducir por el Espíritu Santo, recibido en la hora de nuestro bautismo. En Él encontraremos los caminos por y para hacer la Voluntad del Señor.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

DIOS, NUESTRO PADRE, TIENE UN PLAN

El envío de su Hijo, nuestro Señor Jesús, obedece a un Plan de su Padre. Dios, nuestro Padre, quiere anunciarnos su locura de Amor Misericordioso con todas sus criaturas y, de manera especial, al hombre. Porque es el hombre, a quien Él únicamente ha dado entendimiento, quien puede entenderle. Y, por eso, el Dios encarnado en naturaleza humana viene a este mundo a anunciarnos la Buena Noticia.

Y su misión tiene como objetivo formar un grupo de discípulos que continúen su obra en este mundo hasta que Él decida volver. Y así lo ha anunciado y lo hará. Sabemos, por sus mismos apóstoles, que llamados, le siguieron tal y como nos cuenta hoy el Evangelio. Pero ¿no nos llama nuestro Padre Dios, a través de su Hijo, a todos? Esa es la cuestión que el Evangelio de hoy nos pone sobre la mesa.

Posiblemente, nuestro Padre no nos llame a todos a la misma misión. Ha repartido talentos y capacidades de manera desigual y, en consecuencia, exigirá a unos más que a otros. Y esa es la cuestión, ¿qué misión, según mis talentos y cualidades tendré yo? Porque desde ahí Jesús también me invita al Plan evangelizador de su Padre para que yo dé lo mejor de mí mismo y en atención a mis posibilidades y talentos.

Esa pregunta me lleva a mí a replantearme mi vida y tratar de responder a los interrogantes que la vida me plantea. A estar vigilante, atento y siempre con la mirada levantada hacia mi Padre del Cielo en la actitud de búsqueda y de disponibilidad a dejarme guiar por la acción del Espíritu Santo.

lunes, 31 de enero de 2022

JESÚS HA VENIDO A ANUNCIAR EL AMOR DEL PADRE Y A LIBERAR AL HOMBRE DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO

La encarnación tiene una misión específica. Dios se hace hombre para, viviendo entre nosotros, enseñarnos el Camino de salvación. Nos anuncia el Amor Infinito de su Padre Dios y nos habla de su Infinita Misericordia. Conoce nuestras debilidades y pecados, pero, su Misericordia supera todas esas barreras y miserias. Encarnado en naturaleza humana, sin perder la Divina, Jesús, el Hijo del Hombre, nos señala el Camino, la Verdad y la Vida en su Persona. Él es nuestra relación y salvación con el Amor de nuestro Padre Dios.

A pesar de ir contra corriente en un mundo seductor y tentador, Jesús se pone al frente del hombre para guiarle por el camino correcto y salvífico. A pesar de que caminamos amenazados por el peligro tentador y seductor del demonio, Jesús, que es más fuerte, nos libera y nos salva de las garras del Maligno. Pero, al crearte libre necesita de tu aceptación, de tu colaboración, de tu fe. Eres libre y tendrás que decidir.

Importa ver nuestra situación y reflexionar dónde nos encontramos en este momento. Olvidarnos del pasado y no mirar al futuro nos centrará en el hoy, en este momento presente. El Señor está con nosotros, ha venido precisamente a eso. Quizás, no advirtamos la esclavitud a la que estamos sometidos. Incluso, igual nos consideramos libres, pero, ¿realmente lo somos? Experimentamos que estamos sometidos al pecado y que, ciegos por las seducciones y engaños del Maligno, no nos damos cuenta. El espejismo de la falsa felicidad nos deslumbra y nos somete. ¿Dónde realmente estamos? Esa es la pregunta y también la respuesta de la venida de Jesús.

El demonio no descansa y está constantemente tentándonos. Puede más que nosotros y nos engaña y seduce con facilidad. También dentro de nuestro corazón se introduce el pecado, contaminándonos y sometiéndonos a la voluntad del demonio. Es nuestro mayor enemigo. Necesitamos acudir al Señor Sacramentado – Sacramentos -  para, alimentados y fortalecidos en ellos, sostenernos firmes en la fe y la esperanza. En ellos encontramos la Gracia para mantenernos erguidos, firmes y apoyado en el Amor y la Misericordia de nuestro Padre Dios. Y, en Él, encontramos la sabiduría y la fortaleza para dar a conocer a otros la experiencia de nuestra liberación. Es el mandato que recibimos a la hora de nuestro bautismo.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Y TÚ, ¿DESCUBRES ALGUNA MISIÓN?

Lc 1,57-66

Juan tenía una misión y, desde su nacimiento fue entendido por sus padres., que le ayudaron, permitieron y dejaron que la Voluntad de Dios tuviese cumplimiento en la vida de su hijo. A nosotros nos parece, desde la distancia y lejanía todo fácil, pero, Juan, como cualquiera de nosotros, era libre para resistirse a la misión que le venía de arriba o para aceptarla. Todo empezó ya estando en el vientre de su madre y sobre saltándose al advertir la presencia de Jesús en el vientre de su María. Desde ese momento, Juan, yo quiero imaginar, que aceptó la misión de ser el precursor.

Supongo que María pasó por la misma experiencia. Era plenamente libre y podía resistirse al Plan de Dios o aceptarlo. Afortunadamente, tanto María como Juan decidieron abrirse al Plan de Dios y, desde ese momento, la Buena Noticia de Salvación ha recorrido el tiempo hasta llegar a nosotros. Realmente, somos dichosos de, también nosotros, abrir nuestro corazón al Plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Porque, lo que Dios, nuestro Padre, quiere y desea para sus hijos, es lo mejor, la plena felicidad y vida eterna.

Ahora, Dios ha dejado el aceptar esa propuesta de felicidad eterna en nuestras manos. Podemos decir que sí, como Juan y, sobre todo María, o podemos resistirnos como Herodes, muchos fariseos y sumos sacerdotes de aquella época y también de ahora. 

Gracias a Juan y a María, que entregaron sus corazones y vidas para realizar el Plan que Dios les había propuesto, podemos también nosotros tener ahora esa gran oportunidad. La pregunta, por tanto es clara: Tú y yo, ¿qué plan buscamos para realizarlo según la Voluntad de Dios? ¿Contamos con Él, le preguntamos, le buscamos y nos relacionamos a través de la oración?

viernes, 25 de septiembre de 2020

UN MESÍAS ENVIADO A MORIR POR NOSOTROS


Se hace difícil seguir a Alguien cuya misión es morir y dar su Vida por los demás.  Indudablemente que no se entiende, porque, no es una muerte cualquiera sino una muerte indigna consecuencia de ser condenado a morir crucificado en la cruz. La muerte más ignominiosa y cruel con la que se condenaba a los mayores delincuentes y malhechores de aquella época.

Esa es la misión del Mesías enviado que, preguntado a los apóstoles por la identidad de Jesús, Pedro responde identificándole con el Mesías prometido. Indudablemente, desconocen la misión de Jesús y, posiblemente, Jesús les invita a que no digan nada, pues todavía no entienden que significa Mesías prometido y enviado a dar su Vida por la salvación de los demás. Y es que un Mesías no se entiende si no es un triunfador y un vencedor en todos los órdenes, políticos y de poder.

Igual a nosotros nos ocurre algo parecido. Si ellos desconocían la verdadera misión de Jesús, nosotros ponemos en duda su triunfo y resurrección. Muchos no alcanzan a creer porque no entienden el triunfo de Jesús en la Cruz. Es, precisamente, el Amor lo que da sentido a la muerte de Jesús y lo que realmente redime al hombre. Es el Amor lo que salva eternamente y no origina una espiral de violencia, odios, memoria histórica, hoy llamada, erroneámente, demócratica y otras guerras interminables entre los pueblos y las ideologías que, erre que erre son oleadas de enfrentamientos, luchas y violencia que solo perjudican al pueblo y, precisamente, a los más pobres.

Jesús muere para salvarnos y para enseñarnos que, solo el amor, nos salva, nos hace mejores, nos da la paz y nos reúne en torno a la verdad y la justicia. Pero, a pesar de todos, muchos siguen empeñados y dirigir el mundo con el poder, la ambición y el estar por encima de los demás. Al final, sus cruces, porque, sus cruces llegarán, serán cruces de desesperación, sin sentido y de perdición.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

EN RESPUESTA AL ENCUENTRO CON JESÚS


 

El encuentro con Jesús no nos puede dejar igual, porque, de ser un encuentro auténtico produce un cambio de rumbo en tu vida. Si eso no se produce se descubre que tampoco el verdadero encuentro no se ha producido. De modo que, decimos que hay encuentro cuando tu vida empieza a girar en torno y al estilo de Jesús. Y eso empiezas a experimentarlo dentro y en lo más profundo de tu corazón.

Y esa es la misión a la que el encuentro con Jesús te envía, tal y como se manifiesta hoy en el Evangelio - (Lc 9,1-6): En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes -. 

No se trata de iniciar tu misión o de anunciar otra misión propia tuya. Se trata de continuar esa Misión de Jesús que ha nacido en tu corazón tras el encuentro personal con Él como resultado de su anuncio. Y si has tenido ese encuentro trascendente y responsable con Jesús, y, además, has recibido al Espíritu Santo en la hora de tu bautismo, estás también comprometido a anunciar la Buena Noticia que consiste en la llegada del Reino de Dios. Y una Buena Noticia se anuncia espontáneamente, casi sin querer y de forma natural, con alegría y entusiasmo.

El amor se nota y se ve, porque, el Reino de Dios es un Reino de paz, justicia y amor. Y, esa clase de Reino gusta a todos y es bueno para todos. Sin embargo, a pesar de ser una Buena Noticia, muchos la rechazan porque se dejan encandilar por las seducciones de este mundo, que a pesar de ser espejismos, atraen por su inmediatez aunque efímera y falsa.

jueves, 16 de abril de 2020

JESÚS ACTUALIZA NUESTRA VIDA A CADA INSTANTE

Pastoral de la Salud "Señor ten piedad" - Kyrie Eleison: Evangelio ...
Lc 24,35-48
Jesús se le aparece a todos sus discípulos para confirmarles su resurrección. Ante sus perplejidades les muestra sus llagas y herida en el costado e incluso les sugiere que le den algo de comer. Su intención es sacarle de toda perplejidad y dudas y de que tomen conciencia clara de que aquel Jesús que ello conocieron y que los judíos crucificaron, es el mismo que ven ahora resucitado.

Un Jesús que no se ha olvidado de la misión a la que ha sido enviado por el Padre. Un Jesús que anima a sus apóstoles y les envía a proclamar la Buena Noticia, porque, ahora es tiempo de anuncio de decirle a toda la gente que Jesús ha Resucitado y que en Él todos resucitaremos también. Por lo tanto, la Resurrección no puede quedarse en un hecho extraordinario y milagroso, sino en un punto de partida para iniciar la obra de salvación de nuestro Padre Dios.

La Resurrección marca el punto de salida, pero también nos recuerda que la Vida y Pasión de Jesús no fue en vano ni tampoco porque sucedió así, sino que fue el Plan de Dios que había pensado para salvar y perdonar al hombre de su pecado. Para ello, entregó a su Hijo para que ofreciéndose voluntariamente por amor entregó su Vida para redimirnos de todos nuestros pecados y concedernos, por sus méritos, la Misericordia de su Padre Dios.

Por tanto, Jesús es nuestra referencia, nuestro modelo y nuestro guía. Él sigue siendo para cada uno de nosotros el Camino, la Verdad y la Vida y en Él encontramos el camino de nuestra verdadera salvación.

jueves, 31 de octubre de 2019

¿TIENES CLARO TU MISIÓN?

Imagen relacionada
Lc 13,31-35
Está claro que para seguir firme tu camino tienes que tener clara tu misión. A la menor duda tu barca empieza a zozobrar y termina por hundirse. Y, también, debes saber que en tu camino vas a encontrar muchos obstáculos y dificultades. Sería un camino falso sin dificultades.

Jesús lo advirtió y siempre lo supo y sabe que también a ti te sucedería lo mismo. Él superó toda prueba y amenazas porque sabía su destino de cruz. Aceptó su camino y su sacrificio de forma voluntaria y espera que tú también hagas lo mismo. La pregunta surge espontáneamente, ¿estás dispuesto? A esta reflexión te invita el Evangelio de hoy.

Si miras la cruz y las espinas que a lo largo de tu camino se te irán clavando, difícilmente encontrarás fuerzas para continuar y avanzar. Posiblemente, te quedarás en el camino y terminarás por abandonarlo. Pero, si piensas que detrás de esa cruz y esa pasión se esconde la Luz de un nuevo amanecer interminable, lleno de esperanza, de gozo y felicidad que te da la plenitud en el amor, todo será diferente. Entonces, tus fuerzas cobraran renovadas energías, motivaciones y deseos de continuar firmemente tras los pasos de Jesús.

domingo, 7 de julio de 2019

LA MISIÓN ES DE TODOS

Resultado de imagen de Lc 10,1-12.17-20
Lc 10,1-12.17-20
El mundo no puede mejorar si no mejoras tú. Eso está muy claro y todos lo entendemos. Nadie podrá hacer lo que está guardado para ti. Tú tienes una aportación que hacer a este mundo para mejorarlo. Tu parcela, tu propio ambiente, tu círculo de amistad, tu familia tendrán el sello del anuncio de la Buena Noticia, o por el contrario ese anuncio se perderá. Y el único responsable serás tú.

Jesús fundó su Iglesia en la roca de los apóstoles, pero está claro que ellos no se iban a quedar aquí hasta el final de los tiempos, por eso urgía fundar la Iglesia y dejarla como continuadora de su misión. Y a los apóstoles han seguidos otros apóstoles y así hasta nuestros días. Todos somos apóstoles en el sentido de que, por el compromiso de nuestro bautismo, estamos llamados a continuar y proclamar la Buena Noticia de Salvación. Y ese es nuestro reto, proclamar que Cristo Jesús vive y camina entre nosotros señalándonos el Camino, la Verdad y la Vida.

Por tanto. el Evangelio de hoy es una llamada a esa misión de proclamación de la Buena Noticia que todos los bautizados tenemos. Una proclamación que puede ser de diferentes formas y maneras, pero que, al final, es proclamación y anuncio del Reino de Dios. Porque, para unos podrá ser el anuncio por la palabra, pero para otros será el servicio al enfermo. Otro será la enseñanza, la justicia...etc. y cada cual según sus talentos o capacidades. Todos podemos en cualquier lugar que nos haya tocado vivir derramar ese anuncio de salvación por el hecho de ser hijos de Dios.

Nuestra alegría no debe estar apoyada en nuestros éxitos sino en que hemos sido elegidos por el Señor para esa misión y nuestros nombres, como nos dice el Evangelio están inscritos en el Cielo: Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

viernes, 30 de noviembre de 2018

EL ENCUENTRO

Resultado de imagen de Mt 4,18-22
No me imagino que todo sucedió tal cual lo escribe Mateo. Posiblemente, Andrés había ya tenido algún contacto con Jesús a las orillas del Jordán y posiblemente había inducido a su hermano a conocerlo. La llamada se produce en un momento donde la respuesta vive ya dentro de cada uno de ellos. Estaban deseosos de saber más de Jesús y sus palabras les atraían.

También nos ocurre a nosotros hoy. Conocemos a Jesús en algún momento de nuestra vida. Nuestra familia, algún amigo o nuestros recuerdos de catequesis de primera comunión. Cualquier impacto despierta en nosotros el deseo de conocer mejor a Jesús, pues dentro de nuestro corazón está viva la llama del amor y el deseo eterno de felicidad. Y Jesús nos habla de eso y nos ofrece la eterna felicidad en el amor.

Ahora, ¿respondemos como Andrés y su hermano Pedro? ¿Creemos que el Espíritu Santo nos transforma y nos ayuda a dar una respuesta coherente y firme? No desesperemos y tratemos de caminar en la presencia de Dios. Quizás con ese esfuerzo ya estás respondiendo a su llamada. Responder es dejar que el Espíritu Santo actúe sobre ti y tu vida se vaya transformando poco a poco. 

Vivir en el esfuerzo de amar y de caminar en la verdad y justicia es ya una respuesta de amor, y para lo cual necesitamos la presencia del Espíritu Santo. Es verdad que todos no tenemos la misma misión ni hemos recibido los mismos talentos, pero, sí, todos podemos ser santos por la Gracia de Dios en la medida que pongamos todo lo que tenemos y hayamos recibido al servicio de Dios. Los caminos son diversos y las funciones también. Necesitamos ir descubriendo a la luz del Espíritu a lo que estamos llamados pues hay diversidad de carismas y funciones.

domingo, 15 de julio de 2018

ENVIADOS A MISIONAR

Resultado de imagen de Mc 6,7-13
Mc 6,7-13
No hay otro objetivo ni otra misión. Nuestra misión es misionar, valga la redundancia. Una misión, pongámosle un nombre, seglar. Es decir, una misión que realizas desde tu familia, desde tu colegio, desde tu círculo de amigos, desde tu ambiente, pueblo o ciudad. Y, hoy, también desde Internet. Desde el momento de tu bautizo quedas configurado como sacerdote, profeta y rey, y eres enviado a dar testimonio de la Palabra y del Reino de los Cielos.

Pero, ¡cuidado!, no te asuste. No se trata de nada que no sea natural. Sí, existen vocaciones concretas de misioneros que van a otros países, y de consagrados en unas misiones concretas, pero no todos son enviados a lo mismo. También está la ciudad, las familias, los pueblos, el colegio, el ambiente de tu círculo más íntimo, en tu trabajo...etc. Cada cual debe dar testimonio de su fe, es decir, de lo que vive. Y es muy fácil hacerlo. Se trata de escuchar, de compartir, de comprender, de ser amable, de ser solidario, de ayudar, de ser generoso, de...etc. Eso está al alcance de todo y en todos los lugares que tu vida se sitúe.

Otra cosa es que nos cueste y nos resulte difícil por nuestros pecados. El orgullo, la soberbia, la suficiencia, la envidia, la avaricia, el egoísmo, las riquezas, el poder...etc, son piedras que nos impiden avanzar y realizar la misión como a nosotros nos gustaría. Sí, lo fácil se torna difícil. Pero, tenemos una carta en la manga. No vamos solos. Desde el día de nuestro bautismos recibimos al Espíritu Santo, y Él nos acompaña y nos fortalece, nos da sabiduría, inteligencia, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios. Con ellos y sus constante asistencia podemos vencer las dificultades y realizar nuestra misión.

No perdamos de vista, porque es lo que verdaderamente importa. Siempre, cuando vamos al cine, nos interesa saber el final. Pues, nuestro final es el gozo y la plenitud de la Vida Eterna. ¿Qué te parece? Ese objetivo nos ayudará a confiar, a creer y a dejarnos interpelar y dirigir por el Espíritu Santo, porque eso nos hará mas felices ahora y en la otra vida para siempre.

domingo, 21 de enero de 2018

COMIENZA EL ANUNCIO DE LA BUENA NOTICIA

Mc 1,14-20
Todo tiene un principio, y el Anuncio de la Buena Noticia empezó cuando Juan el Bautista había sido encarcelado. Dice el Evangelio: Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva».

Jesús nos invita a convertirnos y a creer. Nos pide confianza en su Palabra y nos invita a dar el primer paso, la conversión. Y es que en la medida que avancemos hacia Él nuestra fe empezará a crecer y a ganar en confianza. Porque, la Palabra de Jesús genera confianza y da pruebas de ser buena para todos nosotros. Nos llenan de paz, de gozo y alegría. Y sintoniza con lo que sentimos en nuestros corazones. Descubrimos que es eso lo que realmente buscamos. 

Ocurre que nuestra naturaleza está contaminada por el pecado, y nos arrastra a los malos deseos, a las mentiras y malas inclinaciones que nos separan del Señor. Y eso origina una lucha sin cuartel cada momento de nuestra vida. Por eso necesitamos conversión ascendente. No una conversión que se para, se estanca y se estabiliza, sino una conversión ascendente, que crece, que camina injertada en el Espíritu Santo. Y es eso lo que comienza anunciándonos nuestro Señor Jesús:  nos invita a convertirnos cada día y a confiar en su Palabra.

Pero, la labor es ingente y duradera en el tiempo. Y Jesús busca colaboradores, pues sabe que Él tiene su tiempo en este mundo. Urge fundar la Iglesia y elige a los primeros apóstoles para aquellos primeros tiempos. Pero hoy, han pasado ya muchos años de ese momento, la vida continúa y la Iglesia fundada por Jesús necesita también colaboradores que continúen su labor. 

Tú y yo, y todos los bautizados tenemos que continuar la misión. Cada cual en su lugar, en su entorno, con sus posibilidades, pero siempre misionando con la Palabra y con la vida.

domingo, 22 de enero de 2017

LA PRUDENCIA DE JESÚS

(Mt 4,12-23)
No conviene provocar el peligro, y Jesús, con buen sentido común, se aleja de la amenaza que le pone en peligro. Ya habían matado a Juan y Jesús, no por miedo sino por prudencia, se aleja y retira a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido». Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado». 

El Reino de los Cielos está entre nosotros, ha llegado. Jesús es el Reino de Dios, y se ha hecho presente entre nosotros para enseñarnos el camino de salvación. Jesús va a proclamar el mensaje de salvación con su Palabra y con su Vida. En su Bautismo, el Padre nos ha invitado a escuchadle y a imitarle. Él es el Hijo predilecto en el que el Padre se complace.

Desde entonces estamos invitado a convertirnos, a cambiar la forma de ver la vida y de pensar según nos la enseña Jesús. Un estilo de vida diferente donde el amor es la centralidad del mensaje y el arma a utilizar en todos nuestros actos. Y para eso, Jesús escoge a unos discípulos, Andrés y su hermano Simón. A Santiago y su hermano Juan. Va formando su grupo predilecto y les encargará, junto con otros que escogerá más tarde la misión de seguir proclamando su mensaje. Es la Iglesia que 2016 años más tarde sigue en pie proclamando su mensaje.

Hoy también te elige a ti y a mí. Todos por nuestro Bautismos somos elegidos para continuar la misión. Quizás lo que tenemos que descubrir es el cómo y dónde. Ya hemos sido colocado en el tiempo, en un lugar, en una familia y en unas circunstancias concretas. Ahora, conducidos por el Espíritu encontraremos el camino y la forma.

miércoles, 8 de julio de 2015

TIERRA DE MISIÓN

(Mt 10,1-7)


No hemos nacido para el disfrute y el gozo, sino para buscarlo. Invertimos los términos y perdemos el norte, porque en lugar de servirnos de esta vida para ganar la verdadera, buscamos ganar esta vida y perdemos la que verdaderamente importa. Sin lugar a duda que nuestra vista es pésima y nuestra ignorancia todavía mayor. Y, atontados, nos dejamos conducir por otros más ciegos todavía. El resultado no puede ser bueno.

Buscar dentro de nosotros para encontrar nuestra verdadera misión. Está escrita por el Espíritu Santo en cada uno de nuestros corazones. Con nombre y apellidos. Has sido enviado, tú y yo, para buscar la felicidad y la vida eterna, pero esa felicidad y vida eterna la has de conseguir en el esfuerzo de cada día por dársela y anunciarla a los demás. 

Dios ha querido hacerlo de esa forma. Y ha enviado a su Hijo para revelarnos la misión y el camino: dar a conocer el Reino de Dios. Y, por el Bautismo, recibimos el Espíritu de Dios que nos configura sacerdotes, profetas y reyes y nos envía a dar testimonio de nuestra fe. La mies es mucha, nos ha dicho el Señor hace unos días en el Evangelio, y nos ha sugerido rezar al Padre para que mande obreros a su mies. Quizás seas tú o yo uno de esos a los que llama y nos pide nuestro trabajo.

No sabemos cómo ni dónde hacerlo, pero no debemos, ni asustarnos ni desesperar. Simplemente responder con un sí o un veremos. Si es un sí, el Espíritu nos guiará y nos irá presentando el camino y la misión, y nos dará lo necesario para realizarla. Si es un veremos, esperará a que te decidas con un sí firme. Puede ocurrir que no te decidas nunca, o que se te pase el tiempo y desistas. Porque el Maligno no pierde el tiempo y está pendiente de tus decisiones y poniéndotelo difícil y cuesta arriba.

Hoy el Señor nos llama, nos anima y nos ofrece su confianza. Cree en nosotros y nos dará lo que nos haga falta para dar a conocer la Buena Noticia. Es posible que no nos hagan caso. Suele ocurrir, pero eso ya no cae dentro de nuestras responsabilidades. No podemos forzar la libertad de cada uno. Es el Señor el primero que la respeta. Tú y yo debemos ser transparentes y coherentes, dejando pasar la Gracia de Dios de nuestro corazón al de los demás, y ahí acaba nuestra misión.

Gracias Señor por contar conmigo, pecador y lleno de defectos. Sé que Tú coges lo que menos vale y sirve, y me siento orgulloso porque en mis debilidades y defectos, como Pedro, sé que radica mi fuerza y mi poder llegado desde tu Gracia. Amén.

domingo, 31 de mayo de 2015

ÚLTIMAS INSTRUCCIONES

(Mt 28,16-20)


Se acerca el momento de la ascensión, y Jesús da las últimas instrucciones a sus discípulos. Acuden al monte indicado por Jesús y al verle le adoran. Sin embargo, la duda persiste en algunos. Jesús se acerca y les dice: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

No cabe duda que estamos llamados a hacer discípulos, y esto significa proclamar la Palabra para que se bauticen en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Somos misioneros y el día de nuestro bautizo hemos quedado configurados como sacerdotes, profetas y reyes. Pero misionero no significa que todos hagamos lo mismo y de la misma forma. Misionero no implica marcharse a otros países o lugares. Misionero es proclamar la Palabra de Dios con tu palabra y vida. Y eso lo puedes hacer desde cualquier lugar o circunstancias.

Puedes hacer misiones en tu casa, familia, trabajo, con tus amigos, en el deporte, en tus ratos de ocio o diversiones...etc. Puedes hacer misiones en cada momento de tu vida, y también lo puedes hacer en los lugares donde todavía no se conoce al Señor. Misioneros somos todos, porque misionar consiste en evangelizar.

Y evangelizar consiste en dejar salir el amor de Dios con toda la fuerza posible para que otros noten su presencia en ti. Evangelizar es reflejar el amor de Dios en todos los actos de tu vida para que los que entran en contacto contigo noten su presencia. Evangelizar es decir al mundo que tenemos un Padre que nos quiere hasta el punto de esperarnos con los brazos abiertos y danos todo su Amor Misericordioso.

Evangelizar no es preocuparse, ni afanarse en métodos y estrategias, que sin despreciarlas y utilizarlas, siempre pueden ayudar. Evangelizar es simplemente vivir el Amor de un Padre que te quiere, que te busca, que te acompaña, que te perdona, que tiene paciencia contigo y tus pecados, que su Misericordia es Infinita y que te busca para decirte que no estarás mejor en ningún otro lugar que en su Casa.

Evangelizar es ponerte en las Manos del Espíritu Santo y dejarte conducir por Él tratando de liberarte de toda atadura y esforzándote en estar disponible. Y, por supuesto, teniendo la confianza que cuentas con su ayuda, porque sólo será imposible.

viernes, 23 de enero de 2015

TÚ TAMBIÉN ERES ELEGIDO

(Mc 3,13-19)

Jesús eligió a doce, y esos doces accedieron a seguirle, aunque uno, Judas Iscariote, tuvo dudas y se apartó traicionándole. No se presentó voluntario ninguno. Fueron elegidos por el Señor. Él llama al que quiere y le elige para una misión concreta. Quizás tú también ha sido llamado, pero distraído por las cosas del mundo has mirado para otro lado.

Todos tenemos una misión que nos viene dada: "La misión de salvarnos", porque estamos llamado al gozo de una vida dichosa y eterna. No tiene sentido morir, porque entonces la creación nos sería perfecta y menos, maravillosa. Si la vida es hermosa es porque, a pesar de los sufrimientos que sabemos tenemos que compartir por el paso de este mundo, llegará el momento glorioso de la dicha gozosa y eterna. Eso compensa todas nuestras miserias y sufrimientos.

Y esa salvación pasa por el amor. La capacidad de recibir y de dar. Recibir el Amor de Dios y hacerlo centro de nuestra vida. Dios por encima de todo. Y corresponder a ese amor dándonos en servicio, justicia y caridad a los demás. ¿Hay misión más grande? Pero también puedes ser llamado a otras misiones concretas de apostolado como fueron los apóstoles. Se trata de tener paciencia e irlas descubriendo injertado en el Espíritu Santo. Él nos irá señalando el camino y la misión.

Pero esa disposición exige actitud de escucha, deseo de encuentro y perseverar con paciencia. La fe no nos exige entender, sino obedecer confiadamente.

domingo, 26 de enero de 2014

JESÚS SABE LO DE JUAN

(Mt 4,12-23)


Y decide retirarse. Sabe que lo que a Juan le puede pasar no le impedirá arrebatarle la vida. La Vida junto al Padre al que Él ha venido a revelar. Decide retirarse, pues a Él le queda todavía cumplir su Misión. Misión que el Padre le ha confiado y a la que ha sido enviado.

Se encamina hacia Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido». Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado». 

Nada nos pasará porque vamos enviado por el Padre, nuestro verdadero Padre: Señor de la Vida y la Muerte. ¿Quién podrá quitarnos la vida? Posiblemente podrán hacernos sufrir mientras estemos aquí en el camino de nuestra vida terrenal, pero nada más. Jesús sufrió, pero en el Espíritu pudo superarlo. Nosotros también en Él saldremos vencedores.

Con el Señor y en el Espíritu Santo seré mayoría aplastante y nadie podrá vencerme. La vida pertenece al Señor y el me la transformara en una Vida gozosa y eterna junto al Padre.