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jueves, 12 de junio de 2025

SACERDOTES, PROFETAS Y REYES POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Jn 17, 1-2.9.14-26

    —Pedro, ¿sabías que desde la hora de tu bautismo no solo quedas purificado del pecado original sino que también quedas transformado en Sacerdote, Profeta y Rey?
    —Sí, he oído eso, pero, otra cosa es que no llego a entenderlo bien. 
  —Bueno, lo que yo entiendo es que al recibir el Espíritu Santo en nuestro bautismo, quedamos revestido de la misma misión de Cristo como Sacerdote, Profeta y Rey. Y esto significa que, por el Bautismo estamos llamados a vivir una vida de servicio a Dios y a los demás, siguiendo la referencia y modelo de Jesús.

    Y esto nos exige que prediquemos, no a nosotros, sino la Palabra de Dios, que está por encima de nosotros. Y, asistidos por el Espíritu Santo predicar con nuestra vida y obras la verdad, la justicia, la paz, la misericordia y todos los valores que nos vienen de Dios. Y, por supuesto, por el bautismo quedamos también transformados en reyes, es decir, capaces de conducir, gobernar, reinar y pastorear por la acción del Espíritu en actitud de servicio y misericordia.

    —Ahora me queda la cosa más clara. Espero, por la acción del Espíritu, dar todo lo que he recibido en aras de mi compromiso de bautismo. 
    —No obstante, remarcó Manuel, no debemos apurarnos ni tampoco echarnos encima una loza que nos aplastes y sus efectos sean los contrarios. Sabemos lo que realmente somos, pequeñas criaturas débiles y pecadores, por tanto, pongámonos siempre en manos del Espíritu y, en su nombre y por su Gracia, dejemos guiarnos aceptando el peso de nuestra propia cruz.

sábado, 25 de enero de 2025

EL QUE CREA Y SEA BAUTIZADO, SE SALVARÁ; EL QUE NO CREA, SE CONDENARÁ

Así de claro lo dijo el Señor. No hay interpretaciones que valgan; está muy claro. De ahí la gran importancia del bautismo, porque es evidente, «quien se bautice, cree». Y para que llegue la hora del bautismo se hace necesario proclamar el Evangelio. 

Ahora, nosotros nos preguntarnos: ¿Por qué estamos bautizados? Evidentemente porque nuestros padres recibieron la Palabra de Dios y se bautizaron. Es decir, gracias a que esa Iglesia, constituida por los doce elegidos – apóstoles – que nuestro Señor Jesús fundó, cumplieron con la misión encomendada y proclamaron la Buena Nueva.

De la misma manera, nosotros, los depositarios de esa Buena Noticia, debemos hacer lo mismo. Cada cual como pueda y de la forma que pueda: con su vida y su palabra; con su testimonio de amor y misericordia; con su ejemplo y servicio en favor del bien común y, sobre todo, de los más necesitados. 

Ahora, los resultados ya no dependerán de nosotros. Cada cual tendrá su responsabilidad y su decisión dependerá de él. Al final, tú tienes la palabra. De alguna manera, tu Padre Dios ha dejado tu salvación en tus manos, pues de ti dependerá tu aceptación; tu confianza en Él y tu elección. Lo ha dejado muy claro, repito de nuevo: «Quien crea se salvará, más quien no crea, se condenará».

jueves, 20 de abril de 2023

FORTALECIDOS EN EL ESPÍRITU


Levantar la mirada y sostenerla firme no es cosa que está a nuestro alcance. Si lo intentáramos por nuestra cuenta fracasaríamos y el demonio nos sometería fácilmente. Pero si lo hacemos auxiliados por el Espíritu Santo otro gallo nos cantaría. Y ha bajado a nosotros en la hora de nuestro bautismo. Es decir, está con nosotros desde el instante que hemos sido bautizados. Solo tenemos que dejarle actuar.

La importancia del bautismo es vital. Necesitamos abrirnos al Espíritu de Dios y acogernos a la dignidad de ser sus hijos. Eso lo alcanzamos en la hora de nuestro bautismo, donde su Espíritu entra en nosotros. Somos recibidos como hijos de Dios por los méritos de Jesús, el Hijo Unigénito que entregó su Vida para nuestro rescate de hijos, y, a partir de aquí, el Espíritu Santo nos acompañará para fortalecernos y auxiliarnos en los momentos difíciles y de adversidad.

Necesitamos fiarnos de la Palabra de nuestro Señor. Él nos ha enseñado el Camino, la Verdad y la Vida con su propia Vida y Obras, y nos ha dado la Palabra para que entendamos cómo y por dónde debemos de caminar. El Espíritu Santo nos asistirá para que entendamos y sepamos discernir donde está la verdad y por dónde debemos ir. Por tanto, abramos las puertas de nuestro corazón al Espíritu Santo.

lunes, 17 de abril de 2023

ES EL ESPÍRITU DE DIOS QUIEN NOS HACE UN HOMBRE NUEVO

Nacer de nuevo significa poner nuestro corazón en las manos de Dios nuestro Padre. Y eso no puede conseguirse por voluntad propia sino por la acción del Espíritu Santo. Espíritu que viene a nosotros en el instante de nuestro bautizo. ¡Qué importante nuestro bautizo! Es el momento en el que le abrimos la puerta de nuestro corazón al Espíritu Santo precisamente para que nos guíe, fortalezca, asista y nos ilumine en nuestro camino según la Voluntad de Dios.

Porque, la Voluntad de Dios es hacernos eternamente felices. Para eso nos ha creado y a eso estamos llamados. ¿Qué buscamos en este mundo mientras caminamos por él? ¿No deseamos fuertemente ser felices para siempre? Pues de eso se trata el anuncio que nos trae Jesús. Y para conseguirlo, tal y como le dijo a Nicodemo, tenemos que nacer de nuevo. Un nacimiento de agua y Espíritu de Dios.

Diríamos en este sentido que el bautismo es abrirle la puerta al Espíritu Santo para que nos señale, nos guía y nos acompañe en el camino de este mundo hasta llegar a la Casa del Padre. Es, el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad que nos asiste y auxilia mientras estamos por este mundo lleno de obstáculos, tentaciones y seducciones que ponen en dificultad y peligro nuestra meta: vivir en la Voluntad de nuestro Padre Dios. Una Voluntad que se concreta en vivir de acuerdo con los valores evangélicos que nos anuncia la Palabra de Dios.

Y es que así la vida será más hermosa, más feliz y llena de paz y alegría. ¿En realidad no buscamos eso cada día? ¿No se preocupa el mundo en buscar la paz y la justicia? ¿Qué sucede entonces que no se logra? ¿No lo leen?: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. ¡Y así estamos!

martes, 29 de noviembre de 2022

EN Y POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Desde y en la hora de mi bautismo he recibido la visita del Espíritu Santo. Una visita para quedarse todo el tiempo de mi vida conmigo. Una visita sin condiciones y, quiera o no, paciente, perseverante y permanente a la puerta de mi corazón.

En mi bautizo lo he invitado, quizás no consciente por mi temprana edad, pero, si por la voluntad, por tradición o por fe, de mis padres. Pero, ahora ya mayor y consciente, sigue ahí esperando que le abra la puerta de mi corazón, le deje entrar a mi barca y le dé el timón para que Él oriente mi vida y señale el rumbo a seguir.

Dependerá de mí, y también de ti. ¡Está claro!, Dios ha dejado en tu mano la opción a dejarle entrar o cerrarle la puerta. Posiblemente, tu suficiencia te lleve a cerrársela porque piensas que no le necesitas. O, quizás, tu humildad y pequeñez te diga que debes abrírsela para que te oriente, te revele el Amor Misericordioso de tu Padre Dios y te enseñe la grandeza y el poder de su Amor.

No cabe ninguna duda, la llave de esa puerta está escondida detrás de tu humildad, de tu sencillez, de tu saberte pobre, pequeño y necesitado de su asistencia y poder. Sin esa humildad y sencillez no la encontrarás nunca. Descubre tu corazón de niño y déjate encontrar por el Amor Misericordioso de tu Padre Dios.

martes, 25 de enero de 2022

«ID AL MUNDO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO»

 

Dentro de nosotros bulle un deseo de amar. Sin amor la vida pierde su sentido. Necesitamos amar y sentirnos amado. Y ese deseo o impulso vigoroso e irrechazable dentro de nosotros nos anima a actuar con buena intención y con deseos de hacer el bien. 

Si bien, es verdad, crece junto con nosotros la semilla mal intencionada que nos inclina a actuar también de forma egoísta y con malos deseos e intenciones malignas. Indudablemente, el demonio está presente en nuestra vida.

Pero, ese deseo de amar es fuerte y, agarrado al Espíritu Santo – recibido en nuestro bautismo – podemos superar y vencer nuestras esclavitudes y malas inclinaciones a las que nos incita el pecado. De ahí el mandato imperativo de Jesús: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Necesitamos abrirnos al Espíritu Santo, y eso hace ineludible y necesario nuestro bautizo. No es lo mismo estar bautizado que no estarlo. La aceptación del bautismo lleva implícito el abrirnos a su acción, y con el Espíritu Santo no puede el demonio.

De esta manera, nuestro simple vivir, desde la cotidianidad de nuestra sencilla y simple vida y en una actitud de verdad y por amor «gratuito» nuestro obrar y sentir reflejarán la presencia del Señor en nuestros simples actos: «Quisiera ser tan bien intencionado y justo que todos aquellos que se acerquen o relacionen conmigo descubran tu presencia, Señor» Son oraciones en la medida que actuamos con una intención obediente y apoyada en la acción del Espíritu Santo. Y es que evangelizas y oras cuando cada instante de tu vida es realizada en y para Gloria de Dios y en el esfuerzo de hacer su Voluntad.

Cada día lo pedimos repetidas veces cuando rezamos el Padrenuestro. Y, posiblemente, cuando actuamos en y con esa buena e intencionada actitud, proclamamos la Buena Noticia.

lunes, 13 de diciembre de 2021

INTRANQUILIDAD Y CONFIANZA DE ACTUAR SEGÚN TU VOLUNTAD

 

Sabemos y leemos en el Evangelio de cómo Jesús contrarrestó a aquellos sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. Pero, la pregunta que debe inquietarnos – sin perder nunca la confianza de que Dios nos escucha – a prepararnos – asistidos en y por el Espíritu Santo – y responder en defensa de nuestra fe es de cómo situarnos ante aquellos que, no solo rechazan sino quieren derrumbar y borrar el anuncio de la Buena Noticia de Salvación.

Porque, nuestra fe nace en ese bautismo de conversión que inició y preparó Juan el Bautista y que, más tarde anunció Jesús y bautizó con Espíritu Santo y fuego. Y, esa Buena Noticia, no debe permanecer dormida y bien cuidada solamente en nuestro corazón. Tenemos que sacarla a relucir y anunciarla y, sobre todo, astutamente darla a conocer como respuesta a los ataques en dirección contraria a aquellos que le molesta y quieren hacerla desaparecer o recluirla en la sacristía.

Para eso hemos recibido unos talentos que nos servirán para ponerlos en juego y también al Espíritu Santo – en la hora de nuestro bautismo – que nos asistirá y auxiliará para saber cómo y de qué manera debemos responder.

domingo, 30 de mayo de 2021

¡PARADOJA!

 

Resulta paradójico que en la medida que se nos presenta la Buena Noticia de salvación, nosotros ponemos resistencia a acogerla y vivirla. Es algo tan misterioso como que, cuanto más cerca estamos del amor que nos salva y nos quiere, más nos alejamos de él. Tan paradójico como negar la verdad con mentiras.

¿Qué es lo que nos ocurre? Se nos anuncia la Buena Noticia y la rechazamos acogiendo la mala, la que nos condena. Es algo tan misterioso que no llegamos a comprender. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar y entender la verdad y, sobre todo, cuando de lo que se trata es de nuestra salvación? Posiblemente, la respuesta se esconde en el pecado. Nuestra naturaleza herida por el pecado queda sometida, enturbiada y cegada y, hasta cierto punto, vencida.

Por eso, en nuestro bautismo recibimos el Espíritu Santo que, si le abrimos nuestro corazón, saldremos victoriosos de esa lucha contra el demonio. Y verdaderamente le necesitamos para poder atravesar ese desierto que nos puede presentar el camino de nuestra propia vida. Porque, a pesar de no desearlo, el desierto llegará con sus sombras, dudas y dificultades. ¡Ven Espíritu Santo y fortalece nuestro camino para soportar esos obstáculos que la vida nos presenta!

lunes, 10 de mayo de 2021

LA HORA DEL ESPÍRITU SANTO

 

No es lo mismo recibir el bautismo que no recibirlo, ni tampoco estar bautizado que no estarlo. Porque, el bautismo te hace hijo de Dios y recibes en él al Espíritu Santo, ese Defensor del que habla hoy Jesús en el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. 

Es, en esa hora, la del bautismo, cuando recibimos la maravillosa y grandiosa dignidad de ser hijos de Dios, también recibimos al Espíritu Santo - Defensor - que nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida y nos auxilia, nos asiste y defiende contra el poder del príncipe de este mundo - demonio -. De ahí la gran importancia de recibir el bautismo. Porque, el Espíritu que recibimos es el mismo que acompaño y condujo a Jesús al desierto. El mismo que bajo sobre Jesús en su bautizo en el Jordán. 

Sin la acción del Espíritu Santo no podemos actuar ni vencer a las tentaciones y seducciones de este mundo. Por tanto, bautizarnos es imprescindible y necesario, porque, a lo largo de nuestro camino tenemos que llevar la cruz que nuestras circunstancias, nuestra realidad y nuestro ambiente nos presentna y nos compromete. Un compromiso serio y profundo que nace de nuestro verdadero compromiso bautismal. 

Y así, fortalecidos en y por el Espíritu de Dios resistimos con alegría, esperanza y fe a esas tentaciones y seducciones con las que el mundo trata de  silenciar esa buena Noticia de esperanza y salvación a la que el Espíritu Santo nos anima y nos invita a proclamar.

lunes, 29 de marzo de 2021

NUESTRO OBJETIVO: IMITAR A JESÚS

Jn 12,1-11

Lo hemos oído muchas veces, Yo, nos dice Jesús, soy el Camino, la Verdad y la Vida. Pero, no solo han sido Palabras sino que su Vida ha mantenido una plena coherencia con su Palabra. Lo que dice, luego lo hace. Indudablemente, a muchos le ha producido ese ejemplo de vida coherente y milagrosa estupor. Indudablemente, un asombro que nunca debemos perder y que debemos sostener siempre renovado, en primicia y deseos de vivir en esa actitud de estupor y asombro. ¡Que no admiración!

Podemos admirar a una persona y quedarnos maravillado con su palabra y su vida, pero, otra cosa muy diferente es asombrarnos y ponernos en camino. Es decir, seguirle y aplicarnos en imitar su estilo de vida. Y, para eso, necesitamos nacer de nuevo. No lo digo yo, lo dijo Jesús hablando con Nicodemo - Jn 3, 1-21 - refiriéndose a la necesidad de sumergirse en el agua del bautismo para matando al hombre viejo, renacer al hombre nuevo.

No podemos renacer sin la humildad. O, dicho de otra forma, el renacimiento se hace desde la humildad. Primero, revestirnos de humildad para generar un hombre nuevo que respire gratuidad en todo su ser y obrar. Un hombre nuevo que su interés esté más en la búsqueda del bien del otro que su propio bien. Un hombre nuevo que, olvidándose de sí, esté más atento y disponible para el servicio del otro.

Un hombre nuevo que, como el mismo Jesús, esté dispuesto a entregar su vida, perdiéndola en este mundo, para, crucificado, renacer en la Resurrección en Xto. Jesús, al otro. A ese otro mundo de gloria y eternidad junto a Padre.

domingo, 2 de febrero de 2020

ENCUENTRO CON EL SEÑOR

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Lc 2,22-40
Simeón era viejo pero perseveró en esa inquietud y acción que el Espíritu Santo le había revelado. Y llevado por Él fue llevado al templo donde se encontró con el Señor. Movido por el Espíritu Santo dijo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.

El problema que tenemos es que posiblemente no cerramos a la acción del Espíritu Santo en nosotros, porque también nosotros, en nuestro bautismo hemos recibido al Espíritu Santo. Y no de adorno, sino para alumbrarnos el camino en la Voluntad de Dios. Pero, necesita que abramos nuestro corazón y pongamos nuestra voluntad en su Mano para guiarnos por el camino que nos lleva a Jesús. Tal y como sucedió con Simeón y Ana.

Un encuentro que debemos intentar y cuidar cada día. Un encuentro que se vive cada día caminando en la presencia del Señor e intimando con Él. Un encuentro donde vamos descubriendo la necesidad de ir de su Mano y dejarnos llevar por la acción del Espíritu Santo. Un encuentro que hay que actualizar cada día y reafirmar cada día, porque, seguir a Jesús no es una decisión de un momento, sino una decisión que, cada día, se renueva y se reafirma en permanente relación con Él.

martes, 30 de abril de 2019

¿NOS DEJAMOS DIRIGIR POR EL ESPÍRITU SANTO?

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Jn 3,7-15
Quizás recibimos el bautismo y no incide de una forma decisiva en nuestra vida. Es decir, nos bautizamos y seguimos la misma forma de vida. No ha cambiado nada y, siendo los mismos, seguimos haciendo lo mismo. Y eso debe ser entendido como una mala señal o un mal signo. Porque, si por el bautismo nuestra vida sigue igual a como era antes de bautizarnos y no sufre ninguna transformación hacia una Vida Nueva, significa que le hemos cerrado la puerta al Espíritu Santo.

Y de eso somos nosotros directamente los responsables. Porque, se nos ha dado desde lo alto la capacidad para elegir y aceptar o no la acción del Espíritu Santo. Si bien, el hecho de bautizarnos debe ser signo de que hemos aceptado el recibirlo y darle la libertad de que actúe en nosotros. Pero, al parecer eso no sucede y comprobamos que muchos bautizados siguen luego sus propias iniciativas o apetencias sin tener en cuenta la acción del Espíritu Santo.

Precisamente, hoy nos lo aclara Jesús en el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu»

Nosotros podemos entender a que se refería Jesús, pues tenemos ventaja sobre Nicodemo y que nuestra Madre, la Iglesia nos lo ha enseñado y explicado. Pero, esa ventaja no significa que hayamos abierto nuestro corazón al Espíritu, sino que, peor aún, sabiéndolo lo tengamos cerrado a su acción. Y eso es muy grave para nuestra salvación. Dependerá, pues , de nosotros que el Espíritu Santo actúe y nos transforme, porque siempre respetará nuestra libertad en aceptarlo o no.

Recibir el bautismo significa que aceptamos y queremos ponernos en Manos del Espíritu para que, recibiéndolo nos transforme y nos dé esa Vida Nueva que viene de lo Alto y de la que nos habla Jesús. Una Vida Nueva que nos va a dar Vida Eterna en plenitud. Una Vida Nueva que transformará toda nuestra vida terrenal en los diferentes estados de profesional, cultural, deportivo, lúdico, familiar y, sobre todo, de piedad. Una Vida Nueva que se ve transformada y tocada por la Gracia de Dios.

domingo, 13 de enero de 2019

EL COMIENZO DE LA VIDA PÚBLICA

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Lc 3,15-16.21-22
Llega el momento esperado, pero también el momento buscado. El Evangelio dice: En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante... Y en esa actitud se preguntaban si Juan era el Mesías prometido. También nosotros podemos hacer esa reflexión: ¿cómo está nuestra actitud ante la espera? ¿Hemos encontrado al Mesías, a ese Dios hecho Hombre que, ahora, reunidos en torno a su mesa nos disponemos a recibir como alimento espiritual? ¿Y le seguimos?

Y en nuestro seguimiento tomamos la actitud que nos testimonia Juan el bautista poniéndome detrás y menguando para que nuestro humilde obrar refleje al Señor. Sea Él quien crezca y quien refleje nuestra vida en contacto con los demás. Jesús es el centro de todas las profecías. Desde el principio todo fue hecho para tener su cumplimiento en Él, y llegada su hora, igualado a los hombres menos en el pecado, pasa también, por voluntad propia, estando libre de todo pecado, por el Bautismo.

El Bautismo es el momento de su presentación. El Padre presenta a su Hijo y nos invita a escuchadle y a hacer lo que Él nos dice. ¿Estamos nosotros en esa actitud? Para eso, también nosotros hemos recibido el Bautismo y el mismo Espíritu Santo que guió a Jesús. Y que nos asiste, nos conduce y nos guía si le dejamos, y por el cual podemos hacer lo mismo que Jesús y aún cosas mayores - Jn 14, 12-13 -.

El profeta Isaías nos describe como actuará Jesús: sin violencia, sin gritos y asperezas... lo hará en silencio y suavidad. No cortará la caña quebrada sino que la ayudará a mantenerla firme; abrirá los ojos a los ciegos y librará a los cautivos. Y todo eso se cumple en Jesús. Realmente Él es el Mesías y de todos esos beneficios y gracias nosotros somos los beneficiados, tal y como nos dice San Pedro en la lectura de los hechos, porque el Espíritu Santo estaba con Él.

También está con nosotros y, si creemos en Él, haremos las mismas cosas. No perdamos las esperanzas y dejémonos llenar de la Gracia del Espíritu Santo, que nos transforma y nos convierte.

jueves, 10 de enero de 2019

POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU

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Lc 4,14-22
Uno de mis primeros libros se titula por la acción del Espíritu. Nunca había pensado que pudiera llegar a escribirlo y, tengo que mencionar a Rosa Mª Sánchez Juárez, pues fue la persona que me empujó a que escribiera mis vivencias y reflexiones, y me ayudó a editarlo. Pero, desde esos momentos y de forma progresiva he ido intuyendo y percibiendo la presencia del Espíritu en mi vida que realmente me empuja y me dirige señalándome los caminos a tomar.
Creo que muchas cosas de mi vida no las podía explicar sin la acción del Espíritu. Y creo que el Espíritu Santo está presente en todos aquellos que lo invocan. Hoy, el Evangelio nos lo presenta actuando en la vida de Jesús y cumpliéndose la promesa que en Jesús está profetizada: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
                         
Continúa el Evangelio diciendo que todas las miradas estaban fijas en Él, y Jesús les dijo: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

Y hoy continúa el Espíritu de Dios actuando en todo aquel que se abre a su acción. Porque, todos los bautizados le han recibido al igual que en el Bautismo de Jesús descendió sobre Él en forma de de paloma. Es el Espíritu Santo quien nos guía, nos da sabiduría, nos fortalece...etc. «El fruto del Espíritu es: caridad, paz, alegría, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza» (Gal 5,22-23).

sábado, 21 de julio de 2018

EN JESÚS SE CUMPLEN LAS PROFESÍAS

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Mt 12,14-21
La Palabra de Jesús molesta a aquellos que viven en la mentira, porque Jesús proclama y vive en la verdad. Jesús es la Verdad y en Él se cumplen todas las profecías del AT, e Isaías profetiza: «He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre pondrán las naciones su esperanza».

Jesús no aparece en la historia de los hombres porque lo haya decidido Él. Viene, eso sí, no obligado ni por imposición, sino por Voluntad propia y libremente. Pero, enviado por el Padre y presentado en su Bautismo en el Jordán como el Hijo amado del Padre, el predilecto en el que el Padre se complace. Desde su concepción hasta el último suspiro en la cruz el Espíritu está sobre Él y le conduce. Jesús ha venido para hacer, asistido por y en el Espíritu de Dios, la Voluntad del Padre.

Su ministerio es un servicio de misericordia. No entra en disputa ni discusiones, ni responde con violencia. Sus respuestas son respuestas de amor cargadas de buenas noticias que invitan a la vida y felicidad eterna. No busca enfrentamientos y, enterado de que le buscan para acabar con Él, se evade y marcha a otro lugar sin dejar de servir, curar y atender a todos los que le siguen.

¿Qué nos ocurre a nosotros? ¿También nos molesta la Palabra de Jesús? ¿Tratamos de borrarlo de nuestra vida matándolo también en aquellos que lo anuncias? Porque, no sólo se mata quitando la vida física, sino también silenciando la palabra y persiguiendo a aquellos que la anuncian o tomando una actitud indiferente y mirando para otro lado al anuncio de la Palabra.

Mirémonos interiormente y, también, exteriormente, y dejemos que sea el Espíritu Santo, el enviado por el Padre y recibido en nuestro bautismos, quien nos dirija, como a Jesús, y viviendo su Palabra  seamos transparentes y reflejo de la misma.

domingo, 15 de julio de 2018

ENVIADOS A MISIONAR

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Mc 6,7-13
No hay otro objetivo ni otra misión. Nuestra misión es misionar, valga la redundancia. Una misión, pongámosle un nombre, seglar. Es decir, una misión que realizas desde tu familia, desde tu colegio, desde tu círculo de amigos, desde tu ambiente, pueblo o ciudad. Y, hoy, también desde Internet. Desde el momento de tu bautizo quedas configurado como sacerdote, profeta y rey, y eres enviado a dar testimonio de la Palabra y del Reino de los Cielos.

Pero, ¡cuidado!, no te asuste. No se trata de nada que no sea natural. Sí, existen vocaciones concretas de misioneros que van a otros países, y de consagrados en unas misiones concretas, pero no todos son enviados a lo mismo. También está la ciudad, las familias, los pueblos, el colegio, el ambiente de tu círculo más íntimo, en tu trabajo...etc. Cada cual debe dar testimonio de su fe, es decir, de lo que vive. Y es muy fácil hacerlo. Se trata de escuchar, de compartir, de comprender, de ser amable, de ser solidario, de ayudar, de ser generoso, de...etc. Eso está al alcance de todo y en todos los lugares que tu vida se sitúe.

Otra cosa es que nos cueste y nos resulte difícil por nuestros pecados. El orgullo, la soberbia, la suficiencia, la envidia, la avaricia, el egoísmo, las riquezas, el poder...etc, son piedras que nos impiden avanzar y realizar la misión como a nosotros nos gustaría. Sí, lo fácil se torna difícil. Pero, tenemos una carta en la manga. No vamos solos. Desde el día de nuestro bautismos recibimos al Espíritu Santo, y Él nos acompaña y nos fortalece, nos da sabiduría, inteligencia, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios. Con ellos y sus constante asistencia podemos vencer las dificultades y realizar nuestra misión.

No perdamos de vista, porque es lo que verdaderamente importa. Siempre, cuando vamos al cine, nos interesa saber el final. Pues, nuestro final es el gozo y la plenitud de la Vida Eterna. ¿Qué te parece? Ese objetivo nos ayudará a confiar, a creer y a dejarnos interpelar y dirigir por el Espíritu Santo, porque eso nos hará mas felices ahora y en la otra vida para siempre.

domingo, 27 de mayo de 2018

JESÚS SE QUEDA

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Mt 28,16-20
¿Sabemos lo que Jesús, el Señor, nos ha dicho? ¿Somos conscientes de que todo lo que ha dicho Jesús se ha cumplido y que ahora, al final, nos ha prometido estar con nosotros hasta el final de los tiempos? Esto significa que no estamos solos y que es una enorme garantía en medio de las dificultades que se nos presentan en el camino.

Por lo tanto, la misión que nos manda está avalada por Él y debemos ser conscientes y confiados en su Palabra. Esto no significa que tengamos éxito y que todos se avengan a ser discípulos de nuestro Señor, pues Él fue rechazado por muchos. Significa que también nosotros debemos hacer misión respondiendo así a nuestro compromiso de bautismo. Tenemos el compromiso del Señor y su Poder no tiene límites.

Los resultados no deben desanimarnos, ni tampoco los rechazos. El hombre es libre y puede optar por el camino que quiera. La tentación del mundo es muy seductora y muchos preferirán pasarlo bien aquí antes que renunciar a sus vidas y entregarlas en beneficios de los más pobres y necesitados. Pero, se equivocan cambiando tan poco y limitado por el gozo pleno de la Vida Eterna. Ahí está la trampa que el pecado nos hace seduciéndonos con cosas de tan poco valor y finitas.

Porque, lo que no es eterno tiene muy poco valor. ¿De qué te vale ganar el mundo si lo vas a perder en poco tiempo? ¿No has experimentado que cuando te das gratuitamente por hacer algo bueno en ayuda de quien lo necesita tu vida cambia y tu alegría es inmensa? Ahí se esconde la felicidad, la verdad y el verdadero camino que nos lleva a lo que realmente buscamos. Jesús es el Señor y en el bautismo empezamos nuestra verdadera vida cristiana cuyo objetivo es alcanzar la santidad y en él pertenecemos a Aquel que es por excelencia el Santo, el "tres veces santo".

La duda y la desconfianza siempre están en la mochila de nuestra vida. Somos pecadores y pensamos mal. El Evangelio de Mateo nos dice que algunos dudaron. También nos ocurre a nosotros, pero esa es la prueba de nuestra fe. Necesitamos superar esa desconfianza y confiar en Aquel que siempre ha cumplido su Palabra.

sábado, 13 de enero de 2018

ELECCIÓN

Mc 2,13-17
Me pregunto que vio Jesús en Leví, el de Alfeo, para elegirlo. El Evangelio de San Marcos dice así: En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió.

Porque, al menos se supone, algo debía ver para elegirlo. Surge también la pregunta, ¿por qué no a mí? Deduzco que será un misterio que sólo descubriremos cuando el Señor nos lo quiera revelar. Pero, sí podemos suponer que el Señor nos elige para algo concreto, y al elegirnos sabe que podemos responderles. Él conoce los secretos más profundos de nuestros corazones y sabe de nuestras buenas intenciones, también de las malas, y hasta donde podemos responder.

Por eso, confiados en que su Gracia nos transformará y nos convertirá convirtiendo, valga la redundancia, el agua en vino. Supongo que, también, algo dependerá de nosotros, porque hemos sido creados libres y con capacidad para responder o rechazar. Por eso la respuesta de Leví y de otros profetas revelan la confianza y fe en la Palabra del Señor, que los llama. Pero, no por eso, tú y yo estamos excluidos ni al margen. También somos elegidos y llamados. Tus padres han sido, a través de la Gracia del Espíritu Santo, mediadores para ponerte en el camino. Al Bautizarte han contribuido, conscientes o inconscientes, a iniciarte en el camino hacia el Señor. Sí, realmente has sido elegido y llamado.

Ahora, responder a nuestro compromiso de Bautismo dependerá de ti y también de mí. Hemos sido elegidos como Leví de Alfeo y, ahora, nos toca a nosotros seguir esa llamada. En la hora de nuestro Bautismo hemos sido configurados como sacerdotes, profetas y reyes. El Señor te llama y el Espíritu de Dios te asiste para que le sigas. No te deja sólo, te auxilia y te acompaña. No te excluyas, pues como Leví de Alfeo tú también has sido elegido y llamado.

domingo, 7 de enero de 2018

PRESENTACIÓN DE JESÚS EN SOCIEDAD

Mc 1,7-11
Empieza su vida pública y Jesús se hace bautizar para que sea ese momento, el elegido por su Padre, para manifestar su divinidad y presentarle como el Hijo predilecto «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»

El Espíritu Santo descendió sobre Él. Eso tiene una vital importancia, porque, es ese mismo Espíritu Santo quien desciende sobre nosotros en el momento de nuestro Bautismo. Y también se repiten esas mismas Palabras del Padre: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» Porque, el Hijo ha sido enviado por el Padre para manifestarnos todo el Amor que nos tiene el Padre, y su decidida intención de salvarnos. Para eso ha enviado a su Hijo, para entregar su Vida por nuestro rescate y liberación de la esclavitud del pecado. ¿Cómo no nos va a querer el Padre? Su Amor lo ha dejado muy claro.

Por lo tanto, Jesús continúa manifestándose cada día a cada uno de nosotros. Lo hace a través de la Iglesia, en la oración, en nuestro Bautismo, en la Eucaristía y en cada momento que nos reunamos en su nombre. Nos corresponde ahora a nosotros responder e interpelarnos respecto a su presencia. ¿Vivo una vida de relación con Él? ¿Escucho, me relaciono y me esfuerzo en vivir su Palabra en todo los momentos de mi vida? ¿Y estoy dispuesto a hacer todo lo que Él mande?

Porque, el Padre nos presenta a su Hijo para que le sigamos y hagamos lo que Él nos dice. Y para eso recibimos nosotros el Espíritu Santo en nuestro Bautismo, para que tengamos el auxilio y la asistencia necesaria para cumplir con la Voluntad del Padre, que no es otra sino la buena relación de un Padre con un hijo. Dios, nuestro Padre, nos quiere, y como el mejor de los padres quiere lo mejor para sus hijos, y eso pasa por liberarnos de la esclavitud del pecado y darnos la plenitud gozosa de vivir en el amor eterno.

Seamos conscientes y, en el Espíritu Santo, respondamos a la complacencia que Dios tiene para cada uno de nosotros. No perdamos esta hermosa y definitiva oportunidad de ser felices para siempre.

sábado, 19 de agosto de 2017

LIMPIEZA DE CORAZÓN

Mt 19,13-15
El corazón, aunque tocado y herido, nace limpio, lleno de inocencia y de buenas intenciones. Y, más todavía cuando es purificado y limpio de toda maldad con el Bautismo. El corazón de un niño es puro, inocente y limpio. Un corazón obediente, humilde y fiel.

¿Qué ocurre luego para que se contamine? En el camino y en la medida de su crecimiento, ese corazón, joven, puro y limpio, va endureciéndose y cambiando su pureza por impureza. La atmósfera viciada de tanta tentación y pecados, se contamina de egoísmos, y, en un mundo sembrado de malas hierbas por el Príncipe del mundo, valga la redundancia, nace la cosecha de la soberbia, de la envidia, de la vanidad, del poder y afán por las riquezas. Eso predispone a buscar los primeros puestos y excluir a los más débiles y marginarlos de la sociedad.

De esa forma, esos corazones contaminados quedan sometidos y esclavizados a los caprichos del mundo, siendo alejados de la Voluntad de Dios. Se hace necesario injertarlo en la Vida de la Gracia, para que sean liberados y purificados, transformándose en corazones puros y limpios y, por la Gracia del Sacramento de la Penitencia, regresados a la santificación y Gracia del Bautismo. Y, así, liberarlos de esa atracción humana de nuestra naturaleza herida y tocada por el pecado.

Ese camino de retorno o liberación consiste en la vuelta a la purificación. Es decir, volver a ser como niños, que significa recuperar el primer amor, la pureza, la obediencia, la humildad y la sencillez de un corazón inocente y bien intencionado. Un corazón joven, sin segundas intenciones, veraz y justo. Libre y abierto a la acción del Espíritu Santo. 

Un corazón confiado, entregado y firme. Un corazón disponible al servicio por amor, y fiel al compromiso de fe contraído en el sacramento del Bautismo. Un corazón de niño obediente a su Padre del Cielo, en el que pone todas sus esperanzas y a quien se confía plenamente.