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sábado, 16 de mayo de 2026

APRENDER A PEDIR

Jn 16, 23b - 28

La experiencia de Amadeo no era del todo positiva. Sabía que lo que deseara tenía que ganárselo con su trabajo. Eso de pedir y recibir no entraba dentro de sus cálculos.

Todo lo que había conseguido en la vida era consecuencia de su esfuerzo, y nada le había sido regalado.

Cuando se proponía algo, se preparaba y luchaba hasta conseguirlo. Y si no podía, se resignaba y aprendía que todo no se puede conseguir.

En ocasiones, había llegado a la conclusión de que el esfuerzo por lograr algo le conducía a reconocer que, ante la incapacidad de lograrlo, se derivaba en otras acciones que le resultaban sumamente beneficiosas.

Llevaba un buen rato sentado y reflexionando sobre todo lo conseguido en su vida. Se sentía satisfecho de todo su esfuerzo y trabajo.

lunes, 20 de noviembre de 2023

LA IMPORTANCIA DE SABER QUE PEDIR

Sabemos que hay muchas cosas que nos son imposibles de alcanzar. A medida que caminamos por la vida vamos conociendo y experimentado que no todos nuestros deseos son factibles de realizar. Sin embargo, cuando somos capaces de descubrir que Jesús, el Hijo de Dios, pasa por nuestra vida, todo recobra sentido y todo se vuelve posible.

Jesús, el Señor, es nuestra salvación y, de la misma manera que de Él hemos salido, a Él volveremos, y en Él seremos eternamente perfectos y felices. Ese ciego sabía, al menos lo creía firmemente, que Jesús le podía dar la vista de la que carecía y, sin titubeos ni respeto humano a aquellos que le mandaban callar, grita y grita hasta llamar la atención de Jesús.

Sabemos que sucedió por el Evangelio, pero, ¿y nosotros? ¿Estamos atentos, expectantes y vigilantes al paso de Jesús por nuestra vida? Porque, como Bartimeo, que era el nombre de aquel ciego, Jesús pasará por nuestra vida y nos dará la oportunidad de llamarle, de buscarle, de insistirle para que nos dé la vista de la fe, de la gracia de descubrir que Él es el Señor de nuestra vida y en Él podemos encontrar lo que realmente buscamos, el gozo, la paz y la felicidad eterna.

No perdamos la ocasión de descubrir el paso de Jesús por nuestra vida y pidámosle con firmeza y fe, confiados en su Palabra, que nos dé la vista de saber que Él es el Hijo de Dios y de seguirle sus pasos. Él es verdaderamente el único Camino, Verdad y Vida, y nuestra felicidad y gozo eterno está en descubrirle, escucharle, creerle, obedecerle y seguir sus pasos.

jueves, 8 de octubre de 2020

EL DON DEL ESPÍRITU

 

Ser libre y tener capacidad de respuesta y de elección nos hace responsable. Y esa responsabilidad nos exige discernimiento, esfuerzo y elección. ¿Qué significa y a qué nos compromete estas capacidades? Significa que somos responsables y que tendremos que responder de todos nuestros actos. Significa que hemos recibido unos talentos y de ellos tenemos que dar cuenta. Posiblemente no nos gustará que nos pidan cuenta, pero, quieras o no, tarde o temprano, tendrás que responder de las obras de tu vida.

Por todo ello necesitamos pedir paz, sabiduría y fortaleza para poner todo lo que está de nuestra parte y Dios pondrá, si así lo cree conveniente, todo lo que falte y nosotros no podamos. Para eso nos ha puesto al frente de su Viña - el mundo - para que bien administrada dé los frutos esperados. De modo que, por mucho que pidamos recibiremos lo que no esté al alcance de nuestro esfuerzo y talentos, porque, todo lo demás dependerá de tu entrega, tu esfuerzo y tus talentos, que, dicho sea de paso, has recibido gratuitamente.

Ya, desde la hora de nuestro bautismo hemos recibido el Espíritu Santo y siempre, a lo largo de toda nuestra vida, lo tendremos disponible y atento a nuestra llamada para asistirnos y auxiliarnos. Dependerá, pues, de nosotros, que le abramos nuestros corazones y nos dejemos llevar por sus impulsos para vivir en el cumplimiento de la Voluntad de Dios Padre.

La cuestión es que hay situaciones, circunstancias y caminos que nos exigirán esfuerzos, sufrimientos y hasta padecer. Son nuestras cruces y, a nadie le gustaría sufrirlas, pero, por el bien y para el bien de todos, y, sobre todo, por amor y poniéndolas al pie de la Cruz de Xto. Jesús soportaremos, injertados en el Espíritu Santo, todo lo que la vida nos vaya presentando en nuestro camino. Pero, nunca, como hijos necesitados de su Padre, dejaremos de pedir por nuestras necesidades.

jueves, 5 de marzo de 2020

LA CUESTIÓN ES OBEDECER AL SEÑOR Y PEDIR SEGÚN NOS MANDA

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En la medida que vamos recorriendo el camino de nuestra vida vamos también descubriendo nuestras imperfecciones y carencias. Aparte se suman nuestras apetencias y debilidades y nos damos cuenta que necesitamos pedir a el Padre Bueno que nos ha sugerido que pidamos, porque, si nuestros padres de este mundo nos dan cosas buenas y quieren nuestro bien, ¡cuánto más nuestro Padre del Cielo que nos ama profundamente y nos ha dado la vida!

Es, por tanto, de sentido común que pidamos confiados lo que necesitamos a nuestro Padre Bueno, que nos ama y busca y quiere nuestro bien y salvación eterna. Pidamos con la debida confianza que nuestro Padre nos pide y confiados en que nos escucha y nos atiende. Y, lo más grande, que nos atiende y nos corresponde siempre, porque nos ama y busca siempre nuestro bien.

Posiblemente, ¿qué ocurre cuando percibimos o experimentamos que no recibimos o vemos lo pedido? Sucede que no siempre las cosas son como nosotros queremos o pedimos. Somos pecadores y no sabemos bien que es lo que nos conviene, tanto para nosotros como para nuestros hijos, pero debemos estar seguros que nuestro Padre nos dará lo que más nos conviene y verdaderamente necesitamos. 

Es cuestión de confianza y de paciencia y de tomar conciencia que Dios es nuestro Padre y siempre está pendiente de lo que realmente necesitamos para superar las tentaciones y seducciones de este mundo que nos animan a romper nuestra amistad con nuestro Padre.

lunes, 9 de julio de 2018

LA FE SIEMPRE TIENE RESPUESTA DE DIOS

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Mt 9,18-26
Jesús nos lo dijo:  "Si tuvieran una fe como un grano... -Mt 17, 20- y Él siempre habla en Verdad y cumple su Palabra. Pero, sucede que no terminamos por creérnoslo y todo no pasa nada. Lo mismo le ocurrió a Jesús en su pueblo. En el Evangelio de ayer nos lo decía, "nadie es profeta en su tierra", y no hizo milagros en su pueblo porque no tenían fe.

¿Tenemos la suficiente fe nosotros para creer que el Señor lo puede todo? Esa es la pregunta que nos suscita hoy el Evangelio. La duda salta enseguida. Quizás no sabemos qué pedir, o qué realmente conviene pedir. Porque, puede ocurrirnos que lo que pedimos no conviene o no procede. De todas formas, tengamos confianza en el Señor que Él nos guiará e iluminará para pedir bien.

El Evangelio nos pone ejemplos de personajes que creyeron en Jesús y tuvieron respuesta del Señor. Respuesta afirmativa. Aquel magistrado creyó que Jesús era su única y verdadera esperanza, y, al parecer, sin titubeos, solicitó al Señor que le devolviera la vida a su hija. Realmente, no sé cuál sería su fe, pero Mateo testimonia que su hija fue resucitada. Yo también he pedido esa resurrección para muchos enfermos y hasta familiares, pero no ha sucedido como yo pedía. Tendré que reconocer que, quizás, mi fe no era suficiente. O que el Señor no puede ir curando todo las solicitudes que le lleguen, pues sería algo sin mucho sentido.

Nuestra fe debe apoyarse en que el Señor nos salvará definitivamente al final. Porque, la salvación temporal de este mundo no es eterna sino transitoria. La verdadera será después de compartir nuestra muerte con Él. En este sentido, si puedo dar testimonio de que he sido devuelto a la vida después de un ataque directo al corazón y estar aparentemente muerto casi veinte minutos. Si el Señor me mandó de nuevo a este mundo o no está por ver, pero yo creo en lo primero.

También, aquella mujer, creyó en el poder de Jesús y, acercándose a Él, tocó su manto y quedó curada. También yo creo que Jesús despertó mi corazón parado y me envío al mundo, y que, por su Amor y Misericordia, me salvará porque confío en Él. En él pongo toda mi confianza, mi esperanza y mi vida.

jueves, 22 de junio de 2017

NO ES CUESTIÓN DE PALABRERIO

(Mt 6,7-15)
No se trata de hablar mucho, sino de saber hablar. No es cuestión de muchas y rebuscadas palabras, sino de encontrar las precisas y necesarias para pedir lo que realmente se necesita para nuestro bien. Que no es otro sino el de alcanza la Misericordia de nuestro Padre Dios.

Pero, lo primero es reconocer y darnos cuenta que necesitamos relacionarnos con Dios. Y pedirle todo aquello que realmente necesitamos para llegar a vivir en y para Él. Es verdad, se cae de maduro, que Dios sabe lo que necesitamos. Él nos ha creado y no sería Dios si no conociese cada centímetro de nuestro cuerpo y alma. Lo sabe todo de todos nosotros. Pero, nos ha dado libertad y ha dejado que seamos nosotros  los que descubramos y reconozcamos lo que realmente necesitamos para alcanzar la Gloria de estar con Él en su Casa. Y, por supuesto, sabiéndolo, pedírselo.

Pero no debemos regodearnos en demasiadas y rebuscadas palabras. Simplemente relacionarnos con Él, tal y como lo hacemos con nuestros padres de la tierra. Con confianza, respeto y humildad, sabiendo que nos escucha y nos dará lo que necesitamos para cumplir y hacer lo que nos manda. Que es, precisamente, para nuestro bien y felicidad. Pero, sobre todo, perdonar como Él nos perdona.

Si nuestro Padre nos abre sus brazos y nos llama, esperando nuestra respuesta, a pesar de que no le respondemos. Ni siquiera le hacemos caso, o ponemos todo en cuestión y duda. Y Él aguarda con paciencia e infinita Misericordia, ¿cómo nosotros no vamos a hacer lo mismo? Y, no porque podamos, porque claro está que no podemos, sino porque contamos con Él y la asistencia del Espíritu Santo.

El Padre nuestro es la oración por excelencia que el Señor Jesús nos ha enseñado. Nos marca nuestra manera de relacionarnos con Dios, nuestro Padre, y, también, lo que debemos priorizar en nuestra vida y pedirle. Porque, verdad es que necesitamos de todo, tanto lo material como espiritual, pero, sobre todo eso, prima el amor y el perdón. Tal y como Él nos ha enseñado.

jueves, 6 de octubre de 2016

SIENDO MALOS HACEMOS COSAS BUENAS


Lc 11, 5-13
Sin lugar a duda que somos pecadores. ¡Qué levante la mano el que este limpio de algún fallo, error o egoísmo! Todos estamos manchados y ese es nuestro origen, el pecado original. Somos pecadores y eso significa que cometemos errores y hacemos cosas malas. Pero también, por propia experiencia hacemos cosas buenas.

Al lado de todo esto, experimentamos que si abandonamos, cuando nos proponemos algo, a la primera de cambio, no conseguimos nada. Experimentamos que se hace necesario insistir y perseverar en la petición o en el objetivo que queremos conseguir. Es decir, "el que no llora no mama", es el refrán que todos hemos oídos y que admitimos que tiene mucho de verdad. Hay que insistir y perseverar para conseguir muchas cosas.

Y eso es lo que Jesús nos propone hoy en el Evangelio, la necesidad de perseverar e insistir. Recordamos la parábola del sembrador y nos podemos identificar con aquella semilla que cae en tierra poco profunda, y que parece resurgir rápidamente y da flores hermosas que alegran la vida, pero, llegada la primera embestida desisten porque sus raíces no eran lo suficientemente profundas.

Igual nos puede pasar a nosotros si abandonamos la petición, la perseverancia, la insistencia y no cansamos a nuestro Padre Dios, que, incansable, nos escucha, nos anima y nos va respondiendo en la medida de lo que necesitamos y conviene. Porque, el problema es que no sabemos pedir ni lo que realmente nos conviene.

Tengamos confianza en nuestro Padre Dios, que nos anima a que le pidamos, pero no sólo con las palabras, sino también con nuestras vidas, con nuestra perseverancia, con nuestra confianza e insistencia. Porque quienes creen rezan y piden, porque tienen puesta todas sus esperanzas en Aquel que les escucha y les atiende.

domingo, 7 de septiembre de 2014

PRESENTE ENTRE NOSOTROS

(Mt 18,15-20)


Es tremendo y esperanzador reflexionar sobre las últimas palabras del Evangelio de hoy: «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Supongo que lo creemos, pero también supongo que no terminamos de creérnoslo , porque no mantenemos una perseverancia que lo manifieste. Ocurre todo lo contrario en santa Mónica que perseveró en su súplica al Señor por la conversión de su hijo Agustín. 

De la misma manera callamos, por no descubrirnos creyentes, ante las malas acciones que otros puedan cometer en nuestra presencia, sin atrevernos a reprenderlos. Nos hacemos con nuestro silencio cómplice de su mala conducta y descubrimos una fe descomprometida y sin ninguna firmeza. ¿En quién creemos y qué defendemos? Es verdad que hay situaciones muy difíciles de descubrir y compartir y necesitamos luz y asistencia del Espíritu Santo.

Por eso, te rogamos Señor que nos des la sabiduría y el valor de discernir y de reprender todo aquello que sea motivo de injusticia, de mentira o de perdición. Y lo hacemos confiado en tu Palabra y en tu presencia, que nos invita a que te pidamos y te haces presente entre nosotros cuando nos reunimos en tu Nombre.

jueves, 13 de marzo de 2014

LA ÚNICA POSIBILIDAD: EL DIÁLOGO

(Mt 7,7-12)


No hay otra forma de relacionarnos con los demás sino a través del diálogo. En este sentido, la palabra y el lenguaje resultan fundamentales. Es la palabra la vía que nos pone en relación con todo y con el conocimiento, y nos descubre la verdad y hace efectivo el amor entre los hombres.

Esa palabra se llama oración cuando la realizamos con Dios. Con ellas nos relacionamos y hablamos con nuestro Padre Dios, y conocemos su Mensaje y su Amor. Y le pedimos por todo aquello que necesitamos, no sólo para nuestra diaria vida material sino también espiritual. Pedimos el alimento del cuerpo, pero también el alimento del alma. Pedimos lo que necesitamos para nuestra salvación, porque eso es lo que verdaderamente interesa.

¿De qué nos vale salvar ahora la vida, un corto tiempo, para luego perderlo todo? Nuestra razón y sentido común nos dice que lo importante es salvar la vida total. Y eso coincide con la Voluntad de Dios que sólo busca nuestra salvación eterna. Por eso, nos dará sólo aquello que nos viene bien para nuestra salvación, a pesar de que nosotros en muchas ocasiones no estemos de acuerdo porque sólo vemos lo material y no sabemos discernir qué es lo verdaderamente bueno para nosotros.

Hagamos de nuestra vida una intensa e íntima amistad con nuestro Padre Dios, tal y como hizo Jesús y nos enseñó también a nosotros. Tenemos la palabra y sólo necesitamos hablar con Él.

domingo, 20 de octubre de 2013

PEDIR DESCUBRE NUESTRA NECESIDAD

(Lc 18,1-8)

Es claro que quien no pide nada le hace falta. Al menos no tiene ni siente gran necesidad. Se encuentra bien o se basta a sí mismo. Pedir descubre nuestras necesidades. Por eso, quien está necesitado insiste y persiste en pedir. Hoy Jesús nos anima a ello y nos invita a ser constante e insistentes en el pedir.

Nos habla de una mujer que insistió hasta cansar al juez que no le atendía, y consiguió que, por quitársela de encima y no le molestara más, le atendiera. El Señor nos llama a ser constante y no desfallecer en el pedir. Si no rezamos nuestra fe es sólo una teoría; si no rezamos nuestra vida cristiana se deteriora.

Sentirnos hijos de Dios es sentirnos necesitado de su Misericordia. Necesitamos, sobre todo, su perdón y su Gracia para poder salir airosos en el camino de nuestra vida. Jesús nos enseña a ora cuando nos señala el Padre nuestro como la oración modelo para hablar con el Padre. Jesús ora constantemente, pero sobre todo, en los momentos importantes de su vida: Bautismo del Jordán; elección de los doce; Monte Tabor...

No perdamos nunca ese hermoso y necesario apego a pedir. Porque necesitamos pedirle al Padre por nuestras necesidades y problemas. Estamos expuestos a malos pensamientos, a sentimientos vanidosos, a vanagloria, ambición, egoísmos... y necesitamos la Gracia de Dios para salir victorioso de todo ese lodazal que nos aprisiona y no nos deja caminar.


sábado, 5 de octubre de 2013

EXPERIMENTAR NECESIDAD PARA PEDIR

Mt 7, 7-11

Sin desear o experimentar deseos y necesidad difícilmente se podrá sentir la necesidad de pedir. Es necesario, primero ser necesitado, para luego pedir. Por eso, pedir significa buscar el camino para encontrar ese tesoro que todos buscamos. ¿Y cuál es ese tesoro? En nuestras cabezas palpitarán muchas cosas y deseos, pero en lo más profundo de cada uno hay un deseo de felicidad.

Todos buscamos ser felices. Y esa felicidad pasa por encontrarnos bien y plenos de aceptarnos tal y como somos. Y de no desear ser como el otro ni ambicionar lo que tiene el otro. Ser feliz es no desear nada más que lo que tenemos. Estar llenos de plenitud y de gozo. Es decir, de una paz que nos reboza el corazón de quietud y bienestar.

Pero con una condición imprescindible: "Eternidad". Es decir, que esa paz y bienestar no termine nunca. Porque entonces será un volver a empezar de nuevo. Y eso sólo hay una Persona que lo ha ofrecido y de balde, por amor. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre vivirá eternamente".

Y hoy, ese mismo Jesús, Dios verdadero, nos invita a que pidamos todas nuestras necesidades. Nos anima a pedir y a perseverar en esa petición. Pidámosle que nos dé la sabiduría de saber pedir lo que realmente estamos buscando, a pesar de nuestros despistes y distracciones.

domingo, 28 de julio de 2013

LA INSISTENCIA DE PEDIR

(Lc 11,1-13)

El Señor nos pide que perseveremos en Él, y perseverar es insistir y mantenerse en el camino de seguir sus mandatos y su estilo de vida. Pues bien, pedir esa perseverancia es la insistencia que hoy nos recomienda el Señor, y lo hace dándonos una oración que recoge todo lo que necesitamos pedir, sin perdernos en demasiadas palabras y rebuscados giros gramaticales que nos desvíen de lo verdaderamente importante: "la Gracia y la Fuerza del Señor para vivir en el Amor del Padre".

Porque afirmamos que nuestro Padre Dios está en el cielo, por encima de todos los hombres. Santificamos su Nombre haciendo presente su Reino, y vivimos en su Voluntad, aquí en la tierra como allá en el cielo. Danos cada día el pan que necesitamos, nuestro sustento, y perdónanos nuestros pecados como tenemos que hacer también nosotros perdonando los pecados de los que nos ofenden, y líbranos de exponernos y caer en tentación.

Tomamos conciencia que nuestra vida camina muy por debajo de esta oración que rezamos a diario, por eso, lo importante de insistir el pedir la Gracia necesaria para alcanzar la dignidad de vivirla lo más perfecta posible. Sólo no podremos, pero en el Espíritu Santo podemos lograrlo, pues el Señor nos lo ha enviado para fortalecernos y asistirnos contra los peligros y tentaciones de cada día. Insistamos sin desfallecer, pues el que pide recibe. Es Palabra de nuestro Señor Jesús.


jueves, 21 de febrero de 2013

LA ESPERANZA DE PEDIR

(Mt 7,7-12)


Porque somos necesitados. Nacemos necesitados y desde el primer instante de nuestra vida necesitamos de nuestra madre biológica. Luego se añadirá nuestro padre y más tarde de la comunidad humana. Siempre seremos unos necesitados. Nunca podremos depender de nosotros mismos.

Es la forma que nuestro Padre Dios nos ha creado, dependientes uno de otros para imitarlo en nuestro amor. Porque amándonos los unos a los otros estamos amándole a Él. Esa es su Voluntad, cuando servimos al prójimo, le servimos a Él. Por eso, el prójimo necesita de nosotros, y nosotros del prójimo.

Y todos del Padre del Cielo. Bien lo sabe el Hijo, Jesús, que nos invita a pedir sin desfallecer. Pedir con la confianza que nuestro Padre nos oye y nos responderá. Lo que le pedimos al Padre lo recibiremos con total seguridad. Lo que ocurre es que pediremos mal y el Padre solo nos dará aquello que es bueno para nosotros en orden a nuestra salvación.

No nos dará algo que, aún siendo aparentemente bueno, puede ser perjudicial para nuestra salvación. Pues ningún padre dará al hijo una piedra por un pan, ni una culebra por un pescado. ¿Cómo no nos va a escuchar y dar nuestro Padre Bueno del Cielo lo que necesitamos para llegar a Él? ¿No ha enviado a su Hijo a una muerte de Cruz para salvarnos?

Tengamos la total confianza que eso que hemos pedido nos será concedido, alcanzar la salvación eterna. Pero habrá que pedirlo, y ocurre que somos muy pocos los que lo pedimos. Nos entretenemos en otras cosas, que serán añadiduras, pero que no son lo verdaderamente importante.