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miércoles, 16 de agosto de 2023

JUICIO COMUNITARIO Y DISCERNIMIENTO

No es cosa de uno, sino de varios. Es decir, se trata de la comunidad, porque la verdad, lo hemos oído decir muchas veces, está en la comunidad. Nunca el juicio puede estar anclado y poseído en una persona. Eso es malo y sujeto a error. Sucede hoy en nuestro país. Si el poder se concentra en una persona, aún con buenas intenciones, se ejerce mal y tiránicamente.

El juicio está en el discernimiento de la comunidad. Las palabras de Jesús no van referidas a uno sino a todos: Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.  Por tanto es la comunidad la que debe reunir el discernimiento de todos y emitir el juicio. Y, por supuesto, siempre a la luz del Espíritu Santo.

El poder de atar y desatar no es conferido a sujetos aislados que pueda ejercerlo de manera tiránica, sino que es patrimonio de una comunidad llamada a discernir, a partir del amor fraterno y de la oración (del Evangelio diario en la compañía de Jesús). Eso nos descubre y explica la necesidad de caminar juntos, de ir enlazados por el Espíritu de Dios en la misma Barca – la Iglesia – a pesar de las tormentas, las desviaciones, los aislamientos o los afanes de poder.

Es evidente que no vamos solos y que la Barca, a pesar de los pecados de los marineros, el Capitán – Espíritu Santo – la lleva firmemente a buen puerto. Simplemente, nosotros que queremos y deseamos ir enrolados en ella, tratemos de dejarnos guiar y obedezcamos sus órdenes apoyados en una fe firme sobre roca.

miércoles, 25 de julio de 2018

EL PROBLEMA DE LA COMUNIDAD

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Mt 20,20-28
Todos queremos mandar, a al menos casi todos. Quizás, muchos no buscan el mando absoluto, pero sí tener una situación privilegiada y cómoda. Una situación estable y que se ajuste a su gusto o apetencias. En ese sentido podemos todos incluirnos en ese deseo y calificativo de querer mandar. Y eso revuelve, enturbia y enardece la convivencia comunitaria de todo tipo: La religiosa, pero también la política, la ONG, la deportiva, la asociativa...etc.

Todos, como reseña el refrán, queremos más. Y ese afán humano, lógico de un corazón humano, enturbia nuestra mente y desata nuestros egoísmos, avaricias, ambiciones, soberbias... No podemos ser de otra manera. Nuestros pecados pesan mucho y nos someten. Imposible convertir nuestro corazón humano en un corazón generoso y de servicio. En un corazón semejante al de Jesús.

Por eso, Jesús, reuniendo a todos los apóstoles les dice que lo principal es servir. Es el servicio a los demás lo que te hace grande y la esclavitud a ese servicio generoso a los demás es lo que te dará la oportunidad de ser el primero. Así que, para ocupar los primeros puestos y ser notable y grande hasta pequeño y sirve y ocupando los últimos lugares, es decir, siendo el esclavo de los otros. Ese es el camino que recorrió Jesús y el que nos enseña con su testimonio de amor.

Por lo tanto, reflexiónemos sobre ese particular. Ser grande significa servir y ser de los primeros consiste en someterse a ese servicio. O, traducido de otra forma, ser el primero y grande consiste en amar como nos ama Jesús. Mire por donde se mire siempre llegar al mismo lugar, porque no hay otra manera de vivir en comunidad sino amando. Y el amor se concreta en servicio. Y descubrimos que sólo injertados en Jesús podemos dar frutos. Es decir, vivir en comunidad.

jueves, 12 de julio de 2018

COMUNIDAD Y EVANGELIZACIÓN

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Mt 10,7-15

La llamada del Señor debe tener sus razones e implicarnos en algo. Jesús llamó a sus discípulos para que compartieran y vivieran la fe en comunidad. Fue formando con ellos un grupo que terminó en hacerse comunidad. Y así lo quiso el Señor, que vivimos en comunidad, porque la única forma de expresar y dar nuestro amor es viviendo cerca el uno del otro y aprendiendo a darnos y sacrificarnos el uno por el otro.

Pero, también, esa llamada implica compromiso de enseñar a los demás ese mensaje comunitario del amor. Proclamar que somos seres, no individuales sino en relación. Y esa relación nos compromete a amarnos, porque sería absurdo permanecer junto a personas que se odian y que se procuran el mal. No tiene sentido no querernos, pues todos deseamos ser felices y la felicidad pasa porque haya paz, armonía y mucho amor.

Todo empieza con el bautismo. En él somos llamados a pertenecer al pueblo de Dios, y también a comprometernos en dar razones de esa llamada y esa conversión. Porque, en el bautismo recibimos al Espíritu Santo, que nos fortalece, nos prepara, nos ilumina y nos capacita para dar razón de nuestra fe. Jesús nos acerca a Él para que seamos sus manos y palabra en la tierra y proclamemos en todo el mundo la buena Noticia de salvación.

No tengamos miedo. Jesús nos da señales y maneras de proclamar: En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa... ver más

Hoy los tiempos son diferentes, pero la Palabra sigue siendo la misma, Palabra de salvación. Y tenemos muchas ocasiones de proclamar: en el trabajo, en la familia, con los amigos, en nuestros círculos y ambientes...etc. Siempre hay ocasiones y momentos donde se puede hablar de Dios y anunciar la buena Noticia.

jueves, 22 de enero de 2015

NO PODEMOS ENCERRARNOS EN NOSOTROS MISMOS

(Mc 3,7-12)

Si nos preguntamos cual es nuestra misión como cristianos convergeremos que sólo hay un Mandamiento: "Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como Jesús nos enseña a amar". No hay más, porque todo lo demás está contenido en él.

Ahora, ¿qué necesitamos para amar tal y como nos enseña e invita Jesús? No hay otra salida ni otro camino que el unirte a los nosotros. Descubrimos que es la familia la primera célula donde recibimos el amor y nos preparamos para darnos también. Experimentamos que nuestro amor se prolonga en los hijos, nietos... y desde esa experiencia descubrimos nuestra vocación a la familia y a la apertura a la vida.

Pero, las familias no viven solas, se constituyen en grupos que forman pueblos, ciudades y naciones y se relacionan. Esas relaciones deben estar impregnadas de amor, y el amor necesita unidad. Si no hay unidad significa que hay separación, y la distancia impide el amor. Y si no nos amamos nos alejamos de lo que quiere Dios. Experimentamos que necesitamos amar, porque la vivencia del amor nos realiza.

Hoy sucede algo parecido. Los santuarios marianos son visitados por mucha gente, y muchos acuden con las intenciones de ser curados. Recordemos que de los diez leprosos que fueron curados por Jesús, solo acudió uno, precisamente un samaritano, a dar las gracias y a reconocer la divinidad del Señor. Los nueve restantes quedaron satisfechos y olvidados de quien los había curado.

¿Nos ocurre a nosotros igual? Son preguntas que nos pueden ayudar a replantearnos el camino de nuestras vidas, porque sabemos que la lepra volverá un día a amenazarnos y no se irá. Sólo con el Señor estaremos a salvo de toda clase de lepras.


martes, 14 de mayo de 2013

VIVIR EN EL MISMO ESTILO

(Jn 15,9-17)


Cuando queremos permanecer en un lugar o actitud respeto a algo o a alguien, tenemos que adaptarnos a vivir en ese lugar, o vivir en el estilo de ese alguien. Permanecer en el amor de Jesús, es vivir tal y como Él vivió en su paso por la tierra. Es decir, cumpliendo la Voluntad del Padre.

Y cumplir la Voluntad del Padre es guardar sus mandamientos, y eso no es otra cosa que estar dispuestos a dar la vida por los demás. Es entonces cuando se nos viene encima el mundo, porque no nos sentimos con fuerzas para cumplir esa misión. Nuestra naturaleza caída es débil y nos resulta imposible vencerla.

Pero no estamos solos, Jesús sabe de nuestras debilidades y nos envía el Defensor para que nos acompañe y nos dé la fortaleza necesaria para superar esas debilidades y apegos. Sólo tenemos que dejarnos llevar, que no es cosa fácil, pero es nuestra pequeña y pobre colaboración, factura de nuestra libertad, que necesitamos poner en sus Manos.

Amar es la cuestión, y amar necesita del concurso de otros, porque amarse a sí mismo nos llevaría a caer en nuestro propio egoísmo. Se hace necesario estar en la comunidad, vivir en comunidad y permanecer en la comunidad, porque solo amando en ella encontraremos el camino de permanecer en el amor del Señor.