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martes, 16 de junio de 2026

NECESITADOS DE MISERICORDIA

Mt 5, 43-48

Nuestra propia naturaleza descubre la impotencia de alcanzar la perfección. Somos un conglomerado de miserias que impiden que podamos entenderte, Señor.

La idea de amar a aquellos que nos han causado daño parece desafiar nuestros propios impulsos. Y no todo queda en eso, sino que también nos llamas a ser perfectos.

¡Señor!, ¡cómo podemos aspirar a ello si estamos llenos de imperfecciones que nos llevan al pecado?

Pedro levantó la cabeza, irguió su cuerpo y, con la mirada puesta en Manuel, dijo:

—No encuentro fuerzas para perdonar a quien me ha ofendido. Y menos amarlo…

Guardó unos segundos de silencio y, mirando a Manuel, añadió:

—¿Cómo es posible que el Señor me pida eso?

Manuel permaneció unos segundos impávido. Luego se levantó pacientemente y comentó:

—Se trata de ser misericordiosos y perdonar como somos también nosotros perdonados…

Puso la mano en el hombro de Pedro y agregó:

—No se trata de perfeccionismo, sino de aprender a vivir la misericordia, incluso con quienes nos han herido.

Pedro se estremeció interiormente. Experimentó el perdón de sus errores y pecados y, de la misma manera, comprendió que debía perdonar a los que le habían ofendido.

Es un proceso lento de aprendizaje, de ensayo y error, donde cada paso hacia el perdón y la compasión nos recuerda cómo es nuestro Padre y cómo somos nosotros…

No es perfección, sino aprender a reflejar la generosidad y la misericordia de nuestro Padre Dios.

martes, 15 de octubre de 2024

SENCILLOS PARA ENTENDER

Resulta que cuanto más complejos somos, más se nos cierra el corazón a la Palabra de Dios. Toda la Buena Noticia se resume y concreta en unas pocas palabras, sencillas y entendibles para todos: Amar a Dios y amar al prójimo.

Y por este orden: Primero Dios y luego el prójimo. De tal manera que sin el Amor de Dios no podremos amar al prójimo. Pero, también, sin el amor al prójimo no podemos amar a Dios. En otras palabras, nos engañamos si decimos amar a Dios y no amamos a los hombres y mujeres que tenemos a nuestro lado.

Todo es así de sencillo. Y sólo los sencillos estarán en disposición de comprenderlo. De ahí la expresión de Jesús: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!

Precisamente, de eso se trata, de abajarnos, de humillarnos y de comprender que la felicidad que buscamos no está en las riquezas ni en el poder sino en la pobreza de ser sencillos, humildes y abiertos a recibir la Palabra de Dios. Porque, desde esa simpleza son capaces de aceptar sus limitaciones, sus fragilidades …etc. Distinguir lo que es justo y lo injusto, lo bueno de lo malo, lo que esta bien y lo que no, lo que es servir y lo que es servirse …etc.

Y, por consiguiente, darse cuenta de que la Palabra de Dios es el Camino, la Verdad y la Vida, abrirse a ella y aceptarla.

miércoles, 22 de mayo de 2019

UN EJEMPLO QUE NO DEJA DUDA

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No cabe ninguna duda, sólo unidos a Jesús podemos dar frutos de vida eterna. El ejemplo que Jesús nos ofrece hoy nos saca de toda duda. Él es la Vida y sólo injertado en Él podemos dar lo que sólo Él tiene, la Vida Eterna. Es decir, frutos de Vida Eterna. 

Igual que el sarmiento recibe la savia, que le da la vida y da frutos, unido a la vid, nosotros daremos frutos en la medida que permanezcamos unido a Jesús. Él nos lo dice con claridad meridiana y no nos cansaremos de transmitirlo de esa misma forma: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

Creo que poco comentario hace falta y que será mejor dejarlo a la reflexión libre y voluntaria de cada uno. Todos encarnamos ese papel de sarmientos que necesitamos dar frutos, pero también descubrimos que necesitamos estar unido a la Vid. Esa Vid que puede hacer que demos frutos de Vida Eterna. 

Cada cuál sabe de quien hablamos y a quien nos referimos. Busquemos la luz del Espíritu Santo y, abiertos a su acción, dejemos que nos ilumine y nos abra nuestro entendimiento para entender.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

LA ESPERA EN MANOS DE DIOS

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Lc 19,11-28
Confiamos en su Palabra y esperamos su segunda venida. Pero, no se trata de esperar con los brazos cruzados ni de estar pendiente de esa venida. Vendrá cuando menos lo esperemos y no sabremos el momento ni la hora. Todo sucederá cuando suceda. 

Mientras tendremos la exigencia de comerciar con los talentos que hemos recibido. Talentos que no nos han sido regalados sino dejados en administración a cada uno para que los utilicemos en beneficios de todos, y sobre todo en el bien de los más necesitados. La parábola que Jesús nos plantea hoy nos deja claro lo que tenemos que hacer con lo que Él nos ha dejado. Cada cual tiene sus talentos o cualidades e, independiente de ponerlos en rendimiento, tenemos que emplearlos en el bien de los más pobres y necesitados.

Y la forma de hacerlo es la misma con la que lo hemos recibido. Si nos los ha dejado el Señor gratuitamente, también nosotros tenemos que ofrecerlos y dejarlos gratuitamente. No son nuestros, sino dejados en nuestras manos para el bien de los demás. Por lo tanto, nuestro trabajo debe estar en función del bien de los demás, sobre todo los más pobres y necesitados.

Observamos que dejada la mina, el Señor regresa y pide cuentas. Y vemos que el primero como el segundo producen frutos. Uno diez y otro cinco, pero el último trae la misma mina que ha recibido sin el esfuerzo de ponerla a rendir. La ha guardado por miedo a perderla y a la exigencia del Señor. Y ha recibido la condena por su holgazanería, por su indiferencia y pasividad. Estamos obligados a dar igual que hemos recibido. A repetir lo mismo que han hechos nuestros padres con nosotros. 

Tenemos unas cualidades que quizás otros no tienen. Unos quizá más que otros, pero todos debemos ponerlo en común para bien de todos. Entendemos que así el mundo iría mejor, sería más justo, viviría más en la verdad, habría más paz y, por supuesto, más amor.

domingo, 4 de noviembre de 2018

CUANDO AMAS A TU PRÓJIMO AMAS A DIOS

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Mc 12,28-34
Si lo primero es amar a Dios es porque sin Él nada podemos y el amor al prójimo nos sería imposible. Pero, de nada nos vale amar a Dios el primero si luego fallamos con el amor al prójimo. Ambos van muy unidos, pero sin perder de vista que primero tenemos que estar unido a Dios para luego poder amar al prójimo.

Y es que amar a Dios no nos parece tan difícil. Cumplir con los preceptos y guardar la Ley, a pesar de las dificultades que implica por nuestra propia naturaleza humana está, dentro de lo posible. Un Dios que nos parece lejano y que no nos molesta. Un Dios que permanece en silencio y deja en nuestras manos las decisiones de nuestra vida. Un Dios que no nos interroga ni se interpone en nuestras decisiones. Un Dios que aguarda en silencio nuestra respuesta a su Palabra.

Pero, amar al prójimo ya es otra cosa. Me gusta pensar que Dios nos lo ha puesto así para agarrarnos bien. Si tú quieres demostrar que amas a Dios lo tendrás que demostrar con esa prójimo que tienes cerca de ti, y, sobre todo, con los que más te cuesta aceptar y acercarte. Dios recibe tus abrazos en la medida que tú abraces a tu prójimo. Bien nos la ha hecho Dios. Le ha dado la vuelta a la tortilla, porque nos sentimos muy a gusto con la piedad y relación con Dios, pero, otra cosa es relacionarnos con los pobres, los marginados, los desheredados y excluidos. Y es ahí precisamente donde tenemos que ganarnos el amor a Dios.

Por eso, el primer mandamiento nos deja bien claro que tenemos que hacer. Amar a Dios sobre todas las cosas, amándolo en los hombres, sobre todo con los más necesitados.

sábado, 27 de octubre de 2018

CONVERSIÓN Y MISERICORDIA

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Lc 13,1-9
En muchos momentos de la vida hemos recibido alguna reprimenda y, quizás, amenaza de castigo. Recuerdo de niño que se nos amenazaba con el castigo de Dios, con la sana y buena intención de ayudaros a convertirnos. Así, al menos en mi época, se ha formado la idea de un Dios castigador y que está al acecho. Y nada más lejos de la realidad.

Nuestro Dios, mi Dios es Padre y Bueno. Un Dios lleno de Misericordia que, comprometido por Amor, nos salva y nos perdona. No es un Dios de venganza sino un Dios de Misericordia. Un Dios Padre que nos busca, nos llena y nos salva. Un Padre Dios que nos ha creado en libertad y que aguarda en silencio la administración de los talentos recibidos, de los que tú y yo somos los únicos responsables.

Un Padre Dios que nos acompaña en su Hijo y sufre con nosotros. Un Padre Dios que no castiga sino todo lo contrario, perdona. Y nos pide que seamos humildes y que reconozcamos nuestros pecados. Un Padre Dios bueno que no quiere sacrificios sino misericordia.

Un Padre Bueno que, a pesar de nuestros pecados, es paciente con cada uno de sus hijos y nos espera para que, abiertos a su Gracia,  convirtamos nuestro corazón en respuesta a su Amor y demos los frutos que espera de nosotros.

domingo, 22 de julio de 2018

EL SERVICIO ANTE QUE EL DESCANSO

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Mc 6,30-34
Las vacaciones son necesarias, pero vacaciones para descansar. Sucede que con el tiempo, los avances y los adelantos de transportes, no ocurre así. Las vacaciones se han convertido en un tiempo más estresado, más movido, a veces hasta tenso, apresurado y vertiginoso. De tal forma que, hay vacaciones para hacer deportes; vacaciones para senderismo; vacaciones para escalar montañas que importan riesgos; vacaciones para ver y conocer y de todo tipo. Vacaciones que, a fin de cuenta no nos procuran descanso sino actividad y más actividad. Sí, se cambia de rutina y se hacen otras cosas menos descansar y reflexionar.

Visto esto así podemos discernir que las vacaciones son para cansarnos más. Es posible que nos despejemos de lo que hacemos habitualmente, pero no descansamos y, peor aún, no ponemos en orden nuestra vida. Necesitamos reflexionar y orientarnos, y eso se hace en el descanso tranquilo y en paz. Jesús invita a los apóstoles a descansar y les propone un lugar desierto. Eso indica y nos descubre la necesidad de aislarnos para meditar y descansar de verdad. 

Nosotros buscamos bullicio, gentío, diversión, novedades, entretenimientos...etc. La pregunta es,¿nos sirve eso para descansar? Sin embargo, anteponemos nuestro descanso a la actividad de nuestro compromiso bautismal. Me explico, en el bautismos quedamos configurado como sacerdote, profeta y rey, pues bien, esa tercera de rey significa que debemos ser líder en servir y poner el servicio y la caridad en el primer lugar de nuestra vida, incluso antes que el descanso.

Fue lo que realmente hizo Jesús en el Evangelio de hoy domingo, posponer el descanso a la atención a aquel gentío desorientado como ovejas sin pastor. La compasión de Jesús primó ante su propio descanso. Verdad es que necesitamos descansar, pero siempre tendremos que discernir cuando podemos hacerlo ante las necesidades que se nos presentan de los que necesitan ser servidos.

miércoles, 18 de julio de 2018

CUANDO EL CORAZÓN DERRAMA GRATITUD

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En muchos momentos de nuestra vida hemos sido espontáneos y hemos experimentados que habla nuestro corazón. Es verdad que no nos atrevemos a dejarlas escapar y también que todas, o casi todas, mueren en el mismo lugar que nacen, dentro de nosotros. Sería bueno dejarlas escapar y que revoloteen a nuestro derredor y, ¿por qué no?, salgan a la luz y descubran nuestro corazón agradecido.

Hoy, Jesús, deja escapar una de esas oraciones espontáneas que le tocan el corazón. Experimenta que la escucha de la Palabra no es receptiva para aquellos intelectuales que presumen de sabérselo todo; experimenta que para escuchar hay que ser humilde y sencillo y eso no abunda en corazones orgullosos, suficientes y soberbios. No podrá crecer nunca la buena semilla entre abrojos, pedregales y tierra poco profunda, pero a pesar de eso, la Palabra será siempre sembrada porque está destinada a sembrarse en todas partes.

Pero, sólo la tierra buena, abonada con humildad y sencillez, permitirá hundir las raíces de la Palabra en sus senos y fertilizar sus profundos surcos de la Gracia de Dios transformando tu corazón humano en un corazón divino semejante al Señor. Por eso, necesitamos un corazón humilde y  sencillo para dejar que la Gracia del Señor nos transparente y la luz pueda reflejarse en nosotros y traspasarnos para llegar a otros.

También nosotros, en el Señor Jesús, damos gracias por tener esa actitud de querer convertir nuestro endurecido y humano corazón en un corazón semejante al Señor. Y, siguiendo sus pasos, nos postramos ante su presencia en gesto y señal de suplicar su sabiduría y su Amor.

sábado, 14 de julio de 2018

ABANDONADOS EN EL SEÑOR

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Mt 10,24-33
No perder de vista al Señor y su promesa es la fuerza que nos impulsará antes la dureza y dificultades del camino. Sabemos, por la fe, que nuestro camino, sostenido en la fidelidad al Señor, será un éxito y un triunfo de gozo y vida eterna. El Señor nos lo ha prometido y su Palabra tiene cumplimiento. El Señor no permitirá que nuestras dificultades sean superiores a nuestras fuerzas. Yendo de sus Manos seremos siempre más fuerte y tendremos la capacidad de resistir. Él nos acompaña y no deja que desfallezcamos,

Somos sus hermanos por adopción, hijos adoptivos de su Padre del Cielo, quien lo ha enviado para rescatarnos con su voluntaria y libre entrega a una Muerte de Cruz. Por ella,  gratuitamente, y por su Gracia, alcanzamos la Misericordia y el perdón de todos nuestros pecados ante el Padre, a  pesar de ser indignos. Por su Pasión y Muerte somos acogidos y aceptados en la Gloria del Padre.

Pero, eso no evitará las pruebas que hemos de sufrir y padecer, pero tampoco permitirá que nos derrumbe. Son necesarias para que demos testimonio de nuestro auténtico amor y entrega. "Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo". Por lo tanto, tendremos que padecer en proporción a la capacidad y fortaleza que hemos recibido.

Y, sólo Dios sabe de nuestra capacidad y resistencia, pero nos ha dejado en libertad, para elegir enfrentarnos o entregarnos a las seducciones del Maligno. Somos muy valiosos para el Señor y en Él permaneceremos fuertes y seguros, y tendremos el mejor defensor ante el Padre, pues el mismo nos lo ha dicho: «todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

Tengamos confianza y fe en el Señor, pues Él nos ha creado para hacernos eternamente felices.

viernes, 13 de julio de 2018

EN UN MUNDO HOSTIL

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Mt 10,16-23
Se nos ha hablado claro desde el principio. Seremos perseguidos como lo fue Jesús y no hay otra puerta sino esa. Es la puerta estrecha de la que se nos ha hablado con anterioridad. Es la puerta por la que tendremos que pasar ante las dificultades y exigencias que el mundo nos propone. Un mundo rendido al poder del demonio y lleno de seducciones de todo tipo que tratan de incumplir los mandatos que nos propone, nunca impone, Jesús.

Unos mandatos que nos ayuda a ser libre, a dominar nuestros sentimientos y apetencias. Unos mandatos que nos favorecen y que nos conducen a vivir en paz, en armonía, verdad y justicia. Unos mandatos que persiguen nuestra plena felicidad acabado nuestro trayecto por este mundo. Tendremos que ser prudentes y guardarnos de aquellos que nos quieren entregar y azotar ante los tribunales, pero siempre con esperanza y sabiendo que el Espíritu de Dios está con nosotros. Él nos dará fortaleza, paciencia y capacidad para aceptar y superar esos sufrimientos.

Habrá mucha confusión y enfrentamientos entre hermanos, padres e hijos, pero el que persevere hasta el final ese se salvará. Será un camino de odio, de venganzas, de amenazas, de persecuciones, de luchas y de muerte. Un camino de cruz como sufrió el Señor, pero un camino de victoria, porque al final triunfará la Vida y la plena felicidad. Esa esperanza nos ayudará, injertados, por supuesto, en el Espíritu Santo, a perseverar hasta el momento final de nuestra vida.

Desde el principio, seguir a Jesús ha sido un camino contra corriente en un mundo hostil y contrario a la buena Noticia de salvación. Un mundo lleno de satisfacciones y placeres que invitan al egoísmo, al poder, a la riqueza y al olvido del más débil, pobre y pequeño. Un mundo donde prevalece el egoísmo al compartir; la mentira a la verdad y el odio al amor. 

No perdamos de vista que será el amor lo que se impondrá al final, porque el hombre ha sido creado para amar. Y en el amor, injertado en el Espíritu Santo, seremos plenamente felices. Ese es nuestro camino y el que no podemos perder de vista.

jueves, 12 de julio de 2018

COMUNIDAD Y EVANGELIZACIÓN

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Mt 10,7-15

La llamada del Señor debe tener sus razones e implicarnos en algo. Jesús llamó a sus discípulos para que compartieran y vivieran la fe en comunidad. Fue formando con ellos un grupo que terminó en hacerse comunidad. Y así lo quiso el Señor, que vivimos en comunidad, porque la única forma de expresar y dar nuestro amor es viviendo cerca el uno del otro y aprendiendo a darnos y sacrificarnos el uno por el otro.

Pero, también, esa llamada implica compromiso de enseñar a los demás ese mensaje comunitario del amor. Proclamar que somos seres, no individuales sino en relación. Y esa relación nos compromete a amarnos, porque sería absurdo permanecer junto a personas que se odian y que se procuran el mal. No tiene sentido no querernos, pues todos deseamos ser felices y la felicidad pasa porque haya paz, armonía y mucho amor.

Todo empieza con el bautismo. En él somos llamados a pertenecer al pueblo de Dios, y también a comprometernos en dar razones de esa llamada y esa conversión. Porque, en el bautismo recibimos al Espíritu Santo, que nos fortalece, nos prepara, nos ilumina y nos capacita para dar razón de nuestra fe. Jesús nos acerca a Él para que seamos sus manos y palabra en la tierra y proclamemos en todo el mundo la buena Noticia de salvación.

No tengamos miedo. Jesús nos da señales y maneras de proclamar: En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa... ver más

Hoy los tiempos son diferentes, pero la Palabra sigue siendo la misma, Palabra de salvación. Y tenemos muchas ocasiones de proclamar: en el trabajo, en la familia, con los amigos, en nuestros círculos y ambientes...etc. Siempre hay ocasiones y momentos donde se puede hablar de Dios y anunciar la buena Noticia.

martes, 10 de julio de 2018

UN CORAZÓN COMPASIVO

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Mt 9,32-38
Todos sabemos por propia experiencia que la compasión es algo común a todos los hombres. Diría que vive dentro del corazón del hombre. Pero, simultáneamente, también sabemos que el pecado la debilita y la endurece contaminándola de maldad y malas intenciones. Sin saber cómo la endurece transformándola agresivamente, inmisericorde y soberbia. El mundo lo sufre mientras el demonio se alegra y aprovecha de ello moviéndose a sus anchas y silenciando toda relación y unidad.

Jesús pasa y no es indiferente al dolor y sufrimiento de la gente. No puede evitar el compadecerse, pues su Corazón es un Corazón Compasivo. Y actúa liberando y expulsando demonios y aliviando las penas y sufrimientos. Y no lo hace para lucimiento personal ni para imponer su autoridad. Es consecuencia de su Corazón compasivo. Jesús se compadece de aquellos que sufren y no puede permanecer impasible ante tanto dolor y sufrimiento.

Expulsa demonios y establece la relación, el diálogo y la unidad. No obstante, muchos, que se sienten señalados y amenazados en su bienestar económico y en su cómoda vida, donde ellos dirigen y mandan, se resisten a admitir tales obras y prodigios. Buscan justificarse y le acusan de que está en complicidad con el demonio. La cerrazón ciega y sus consecuencias les lleva a tales disparates irracionales y sin sentido.

Son pocos los obreros para mitigar y ayudar a todos esos desperdigados, desorientados y esparcidos como ovejas sin pastor y entre lobos. Abundante es la mies y pocos los obreros. Pidamos obreros, nos dice Jesús, para el abundante trabajo que representa la abundante, valga la redundancia, de la mies. Sucede lo mismo hoy. La riqueza está mal repartida y se concentra en unos pocos, mientras la mayoría carece de lo necesario para vivir dignamente. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

domingo, 8 de julio de 2018

COMO SI FUERA HOY

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Mc 6,1-6
Sigue ocurriendo lo mismo, exactamente lo mismo que sucedió en tiempo de Jesús. Nadie, en su círculo más próximo, entre sus familiares, amigos, parroquia y ambiente es reconocido. Se conoce muy de cerca sus defectos y sus orígenes, y sus talentos no son bien apreciados.

Sí, nadie es profeta en su tierra y eso lo experimentamos todos aquellos que hacemos algo que, si bien son reconocido lejos de sus círculos y ambientes, en el suyo propio es ignorado.

Jesús se extraña que en su propio pueblo se le ignore y hasta se escandalicen de su sabiduría y poder de hacer milagros. Conocen quien es y se preguntan de dónde le viene esa autoridad con la que habla y esas cosas que hace. No arranca la fe en sus propios paisanos y extrañando deja de actuar y proclamar en su tierra porque no tiene fe. Nadie es profeta en su tierra, termina Jesús por decir. Y hasta hoy llega esa frase que tanta resonancia ha tomado, porque es verdad. Donde te conocen no te valoran ni te creen.

Lo vivo yo personalmente y doy crédito de ello. Y lo viven todos los que de alguna manera y por alguna causa han experimentado esa vivencia de forma personal. Cuesta reconocer las cualidades y las buenas obras del paisano. Sobre todo si se tiene trascendencia hacia afuera. Necesitan cosas extraordinarias, fuera de lo normal para reconocer tus dones o cualidades. Ser de su pueblo, de su raza, de sus conocidos les parece muy normal para recibir lecciones de Jesús. Es el hijo del carpintero y el hermano de Santiago, José, Judas y Simón y no nos va a enseñar nada.

Algo así sucede en todas partes. Nos cuesta aceptar la verdad cuando la dice alguien al que consideramos inferior o igual a nosotros. Y es que buscar la verdad y reconocerla es lo que importa ,venga de donde venga.

jueves, 5 de julio de 2018

NECESITADOS DE PRUEBAS

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Mt 9,1-8
Nuestra humanidad, limitada y pecadora, está ávida de pruebas y demostraciones que nos convenzan. Simultaneamente, a las propuestas y mensaje de cualquier tipo, surge espontáneamente la solicitud de la prueba que afirme y nos demuestre lo que se dice. Ayer lo veíamos con Tomás. Un Tomás que hay también dentro de cada uno de nosotros. Pedimos y exigimos ver y tocar para creer.

Ocurrió con aquel paralítico, buscamos primero el pan, la materialidad, la salud y la curación, y obviamos el perdón y la paz de conciencia. No nos damos cuenta que la salud necesita al perdón, pues, sufrimos cuando nuestra conciencia está cargada de culpa y de malas obras. Eso empeora nuestra enfermedad y nos hace sufrir. Quizás, Jesús, que conoce nuestra naturaleza mejor que nosotros, comienza primero por el perdón de los pecados. Su bondad le hace ir primero a lo que más duele, aunque el hombre experimente más el dolor físico.

Pero, aquellos escribas se fija en esa autoridad de perdonar los pecados. Para ellos sólo Dios puede perdonar, y Jesús se está igualando a Dios, ¿cómo puede ser eso? No entra en sus cabezas y menos en sus corazones soberbios y mal intencionados. Se resisten a aceptar a Jesús como el Mesías enviado. No comprenden ni agradecen que será muy importante, y primero, liberarnos del sentimiento de culpa, para luego sanar nuestras propias parálisis que nos someten, nos desactivan y no nos dejan caminar.

De modo que, cegados por esa ceguera, valga la redundancia, que les oscurece su mente y venda sus ojos, persisten en resistirse a la Gracia de Dios. Ven pero no entienden, ni oyen, ni se abren a la Vida de la Gracia.

miércoles, 27 de junio de 2018

COHERENCIA DE VIDA


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Mt 7,15-20
A veces confundimos la piedad con el seguimiento a Jesús. Y es una lástima, porque la piedad tiene sentido cuando va coherentemente sincronizada con la vida. Si no hay relación entre la vida y la piedad todo huele a falso y podrido. Se miente cuando se reza y pide una cosa y se vive y hace otra. El problema es que hay personas que no entienden esa relación y su vida camina separada de su piedad. O al contrario, sus obras no tienen relación con el Señor y las hacen para su misma gloria.

No se contagia el mensaje de Jesús, o se contagia mal cuando no hay relación con el Señor. Esa intimidad con Jesús es fundamental, porque es la Savia que nos alimenta para dar buenos frutos. Si esa relación falta nos falta el riego y la Gracia para dar buenos frutos. Sin estar conectados con Dios nuestros frutos no pueden ser buenos. Necesitamos apoyarnos en la piedad para, por la Gracia de Dios, obtener todo lo necesario para dar buenos frutos.

Tu vida está al descubierto por tus obras, porque lo que haces es lo que se ve y queda, y lo que también habla y deja al descubierto tu fe, de tus intenciones y de tu amor. Tus obras descubren las buenas o malas intenciones de tu corazón y contagian o escandalizan a los que están cerca de ti y te ven. Por eso son muy importantes. Y esas obras están sostenidas y fortalecidas por tu piedad. 

Es entonces cuando tu piedad y relación con Dios empieza a tener verdadero sentido. Cuando esto no es así, tu vida es una farsa y más que ayudar y animar a otros, les escandaliza. Tratemos de ser coherentes y de adecuar nuestra vida a nuestras obras según la Palabra de Dios.

martes, 26 de junio de 2018

CAMINO ESTRECHO O ANCHO

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A todos nos apetece tomar el camino ancho, espacioso, cómodo, placentero, sin problemas, sin compromiso y apetecible a mis apetencias y gustos. Muchos escondemos nuestros egoísmos en esos autoengaños que justifican nuestra falta de compromiso y responsabilidad. Un, es que no me gusta, o un, es que soy así, tratan de esconder y justificar nuestra actitud irresponsable e infantil.

Porque, muchos seguimos siendo niños durante mucho tiempo, pero niños irresponsables, egoístas, posesivos, mimados y sin compromisos. El camino ancho esconde todas esas actitudes y las justifica de forma demagógica e hipócrita. De tal manera que, puestos en la posibilidad de elegir, todos experimentamos la tentación de inclinarnos al camino ancho y espacioso. Pero, eso no significa que sea el mejor ni el adecuado.

Por otro lado, la experiencia nos descubre que todo lo valioso exige esfuerzo y trabajo. Esa experiencia nos desmonta la elección del camino ancho, porque lo que se consigue fácilmente no tiene la etiqueta de bueno y menos de duradero. Porque, lo bueno cuando no es duradero pierde todo su valor. Todo eso nos lleva a experimentar y saber que es el camino estrecho, que nos exige esfuerzo y duro trabajo, el que nos lleva a lo bueno y duradero.

Experimentamos que es el amor la perla más hermosa que debemos conservar y compartir. Pero, un amor fortalecido y apoyado en lo santo, en lo sagrado, en y por la Gracia de Dios. Un amor que no se tira ni se desperdicia, sino que revierte en aquellos que se abren a la vida de la Gracia y se abandonan en sus Manos. Un amor que, injertado en el Espíritu Santo, da frutos para que sean otros los que los reciban y crezcan también en el amor. 

Unos frutos espirituales que no se entrega a aquellos que no los quieren ni los cultivan, porque están sometidos a los bienes materiales del mundo. Unos bienes espirituales que se acrecientan y son bien recibidos en aquellos que se abren a la Gracia de Dios.

sábado, 23 de junio de 2018

MEDIOCRIDAD O PLENITUD

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Mt 6,24-34

¿Por qué andamos preocupados y afanados en tantas cosas que al final no nos sirven para nada. Es verdad que necesitamos el pan de cada día, pero no mucho más, y la cuestión es que nos llegamos a enfrentar por tantas cosas que luego se quedan todas aquí.

La cuestión está en que no podemos servir a dos señores porque te centrarán en uno y dejarás al otro a medio gas. Vivirás el servicio de uno en la mediocridad y en la hipocresía. Es eso lo que nos pasa a muchos de nosotros que nuestro testimonio no es el correcto no da el nivel del verdadero amor.

Todo se fundamenta en la fe y en la confianza. A más confianza más abandono en las manos del Señor y en su Providencia. Cuándo confías en tu Padre no te entra en la cabeza que no se preocupe por ti y no te provea de lo que necesitas. Preocupándote, y lo digo por experiencia, no se soluciona nada. El resultado es que puedes pasar una noche tensa  y luego, por la mañana, aparece la solución de la forma más sencilla. Me ha ocurrido varias veces.

Es verdad que la vida te plantea problemas, acabo de llegar a mi casa cuando esperaba estar el jueves por la tarde. Todo se complicó cuando sorprendentemente mi amigo implantado, ya algo viejo, no resistió los embates del tiempo y dio error. Entonces, de forma inesperada mi retuvieron en el hospital y fui internado repentinamente hasta hoy sábado. Y la cosa podía haberse complicado más tiempo, pero todo, puesto en Manos del Señor, fue resuelto como Él ha decidido, pues la primera decisión del médico es que me quedar hasta el próximo viernes, que tendré que volver, pero ya desde Lanzarote. ´

El Señor manda en nuestras vidas y Él dispone, respetando nuestra libertad, porque así lo ha querido. Padre, sé que me cuidas porque me quieres, y sé que estás pendiente de todas mis cosas. Yo procuraré estar también pendiente de Ti y responderte en todo lo que, desde aquí abajo, voy descubriendo asistido por tu presencia. En tus Manos pongo mi vida.

martes, 19 de junio de 2018

SÓLO VALE AMAR

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Todo es muy simple, solamente amar. No hay más leyes ni preceptos ni nada. Simplemente amar y todo lo demás vendrá por añadidura. Podremos cansarnos de repetirlo, pero el hombre ha sido creado para el amor y se realiza cuando realmente ama. No hay otro camino sino el del amor. Somos seres en relación. Es decir, necesitamos el uno del otro y eso nos impulsa a amarnos.

Por eso no somos iguales, porque de serlo no necesitaríamos amarnos, pues cada cual se bastaría para arreglárselas consigo mismo. Somos diferentes y los más fuertes, inteligentes o capaces necesitan compartir sus capacidades con aquellos que más pobres son y carecen de ellas. Es decir, los más ricos en dones, capacidades e inteligencia compartir y ayudar a los más pobres y necesitados. Claro queda que eso es así para que podamos amarnos unos a otros.

Porque, los otros, los más débiles y necesitados deben también esforzarse y no aprovecharse. Deben colaborar y poner todo lo que de ellos depende para colaborar y ser dignos. No se trata de cruzarse de brazos y que me mantengan. Unos y otros debemos se honestos y honrados y actuar en verdad y justicia. Pero, la finalidad es ser generosos y compartir. Es decir, amarnos, pero, sobre todo a los enemigos, a los no conocidos, a los extranjeros. Hoy tenemos referencia claras que nos sirven de modelo, por ejemplo lo que está sucediendo en estos momentos: migrantes y aquarius.
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Porque, amar a los que te aman es cosa no tan difícil y lo correcto. Es un intercambio de intereses por vínculos, cercanías, profesiones, amistades...etc. El problema empieza cuando se te pone delante un extraño, un desconocido, un posible enemigo o alguien al que no tragas muy bien. Es ahí y en esos momentos donde tu amor se purifica, se hace auténtico y te salva.

sábado, 16 de junio de 2018

EN RECUERDOS A NUESTROS MAYORES

Resultado de imagen de Mt 5,33-37Siempre nos queda y nos vuelve el recuerdo de nuestros mayores respecto a la palabra dada. Los que hemos tenido la suerte de compartir algunos años de esa etapa con ellos, sabemos muy bien que cuando nuestros abuelos y padres daban su palabra eso era ley y cumplimiento. No cabe duda que, como siempre, habían excepciones, pero pululaba la palabra y la verdad. O dicho de otra forma, había más conciencia responsable, más sentido común, sinceridad y vergüenza.

Nuestros abuelos y padres vivían en un mundo donde la palabra bastaba y era sagrada. No hacía falta jurar ni remarcar el juramento. Bastaba la palabra dada y la verdad se respetaba sin necesidad de más documentos ni firmas que la avalara. Es verdad también que las épocas no se pueden comparar y que el contexto y circunstancias de la vida en esa época favorecían el desarrollo de una convivencia más sana, más sincera y justa.

Pero, ¿qué ocurre hoy? Se han perdido esos valores o, al menos se han relativizados los que antes ocupaban el centro de la convivencia y de la verdad como algo sagrado a los que todos respetaban y ponían como prioridad a todo lo demás. Ahora sucede lo contrario, todo se apoya en falsos valores que quedan relativizados por las mentiras, el éxito, la fama, el poder, la riqueza y todo aquello que interesa más que la verdad y el compromiso responsable. La palabra, entonces, queda falseada y pospuesta a los intereses económicos, de la fama, del engaño, del poder o del éxito.

A todo esto favorece el clima que han gestados los avances técnicos: la tele, el móvil, Internet, transportes... y otros, que han propiciado la globalización y las relaciones entre los pueblos. El contagio y la influencia son mayores y más rápidos. Y cada lugar, por pequeño que sea, queda actualizado y en contacto con el mundo exterior y universal. Por lo tanto, todo está relacionado e influido mutuamente, aunque predomina siempre el poder del más fuerte y las tentaciones que subyacen dentro del corazón del hombre.

Todo se contagia y la mentira, la vida fácil, adultera, poderosa y rica más lo hace más rápida, sobre todo propiciada por el príncipe del mundo, que la aviva con el fuego del mal. Hagamos una sincera reflexión con el propósito de esforzarnos en vivir en la verdad, no sólo de palabra sino también de vida, siguiendo la Palabra que Jesús, el Señor, nos enseña.

jueves, 14 de junio de 2018

EL ESPÍRITU DE HACER EL BIEN

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Podríamos hablar hoy, en nuestro tiempo, de la ley mordaza o de la libertad de expresión ¿cuál es el límite? En esas circunstancias queda muy claro la debilidad de la letra de la ley que deja desnuda la libertad propiciando el libertinaje. No se puede decir lo que venga en ganas y mis derechos, muy respetables, tiene su límite donde empiezan los derechos del otro.

Supongo que Jesús limitaría todas esas cosas que muchos hoy discuten y quieren liberar. No se puede cantar lo que te venga en ganas, ni insultar las actuaciones del otro, porque él también tiene sus derechos. Ni decir lo que te parezca y creas por Internet. La libertad no es para hacer daño, ni para extralimitar tus actos o palabras. Todos tenemos derecho al respeto y al honor.

Por lo tanto, la letra de la ley se ve impotente para recoger el espíritu de la verdad y la justicia. No se trata de simplemente de no matar, porque que también, tus palabras, pueden matar. Y, a pesar de que eso está escrito dentro de nuestros corazones, que nos descubre que lo que no me gustaría que me dijeran a mí, debo yo también respetar con respecto al otro, lo dice muy claramente Jesús en el Evangelio de hoy: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.

Sería muy oportuno, sobre todo a los que se erigen demócratas en aras de la libertad, presentarles estas palabras del Señor e invitarle con sosiego, paz y mansedumbre a reflexionar y aplicarlas a la vida de cada día. Supongo que el diálogo, encrespado, rabioso, insultante e irrespetuoso se establecería de otra forma.Evang