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viernes, 1 de agosto de 2025

ESPERANZADOS EN EL PODER Y LA FUERZA

Mt 13, 54-58
      —Me escuchas, Manuel, tengo una gran confusión con mi idea del Reino de Dios. Pienso que será muy difícil, por no decir imposible, construir un Reino desde la pobreza, ¿cómo lo ves tú?
      —Si en lo que estás pensando es en un Reino al estilo de los de este mundo, te equivocas. Jesús habla de otro Reino donde sus verdaderas armas son el amor y la misericordia. No necesita de fuerza ni de riqueza. Su poder es el Amor.
    —¿Y crees que con amor y misericordia se puede conquistar el mundo?
    —El mundo está en transformación y la llama del Amor está encendida. El Reino del que nos habla Jesús de Nazaret no es de este mundo. Habla de otra clase de Reino.
        —¿Es que existe otra clase de Reino? ¿Puedes explicármelo?
    —Claro, y con mucho gusto. Jesús habla de un Reino de Amor, donde las diferencias, las desigualdades, las injusticias y todo lo que provoca el desamor y los enfrentamientos dejen de existir. Donde prevalezca siempre la Paz, la Justicia y la Verdad en el Amor.
        —Sí, lo entiendo, pero, ¿es eso posible?
       —Para eso ha venido Jesús, enviado por su Padre. Esa es su Buena Noticia: Un Reino de Amor, Paz y Justicia.
         — Es un ideal hermoso… pero, ¿no suena imposible?
        —Imposible, Pedro, para nosotros, los hombres y mujeres de este mundo, pero no para Dios. Por eso envía a su Hijo Unigénito, para que, entregando su Vida por Amor, nos enseñe el Camino, la Verdad y la Vida.
        —¿Y piensas que eso es suficiente?
       —¡Parece que sí! La gente quedaba admirada de su sabiduría y milagros, y no entendía de dónde los sacaba. Lo que ocurre, hoy también nos sucede, que conocen a Jesús y saben de sus orígenes. Se escandalizan de sus palabras y obras. Nadie es profeta en su tierra.
        —Él lo ha dado todo, y ahora nos toca a nosotros aportar lo nuestro, lo que cada uno pueda y haya recibido. Él sabe lo que podemos y hasta dónde podemos. Nos ha prometido su ayuda y con Él podremos hacerlo. Además, recuerda que desde la hora de nuestro bautismo, el Espíritu Santo, nos acompaña y nos asiste. Confiemos, entonces, en el poder del Amor, que ha vencido ya al mundo. El Reino está en marcha, y tú y yo podemos ser parte de él

       Pedro había entendido que las apariencias nos juegan a veces malas pasadas. Sus paisanos lo habían conocido desde sus años infantiles y de juventud, trabajando con su padre. Les escandalizaban sus palabras ahora, ¿de dónde le viene todo eso?, se decían. Y nuestra experiencia nos descubre lo mismo. Nadie es profeta en su tierra.

miércoles, 5 de febrero de 2025

EN SU PUEBLO: UN DON NADIE

La historia y la evidencia nos demuestran eso: «Nadie es profeta en su tierra». Es más, si dices algo o incluso demuestras algo eres un don nadie. Esa fue la experiencia de Jesús en su pueblo natal. En lugar de admirarse de lo que decía y hacía, se mostraban recelosos, críticos y, asombrados diciendo: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José de Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí? Y se escandalizaban a cuenta de él.

Posiblemente a nosotros nos extrañe, pero, ¿no hacemos nosotros lo mismo, o al menos estamos tentados de hacerlo, en muchos momento y circunstancias de nuestra vida? Y, de alguna manera, ¿no somos también nosotros unos don nadie para nuestras familias, vecinos y amigos?

Hablar y anunciar a Jesús se ha convertido en muchos lugares algo prohibido hasta el extremo de ser perseguidos y peligro de muerte. Concretamente en muchos lugares de este mundo estén muriendo muchos cristianos, por defender y anunciar su fe, en estos momentos. Y todo porque nos molesta que la verdad, el amor y la misericordia de nuestro Padre Dios sea anunciada por personas sencillas, humildes que vivan y estén entre nosotros.

Buscamos lo espectacular, lo grande y heroico, y no aceptamos que desde lo sencillo y humilde venga el verdadero anuncio del Amor de Dios. Un anuncio que empezó con la anunciación a una muchacha joven, sencilla y humilde y al nacimiento de un niño en un pesebre, alejado del ruido de la urbe, en Belén.

domingo, 7 de julio de 2024

INMOVILIZADOS DESDE NUESTRAS PROPIAS FAMILIAS Y ORÍGENES

La tradición y la propia familia actúan muchas veces como antídoto contra el crecimiento y maduración tanto humana como espiritual. En lugar de ser circunstancias y ambientes favorables para catalizar y permitir el crecimiento y madurez tanto humana como espiritual, resulta que actúan de forma contraria.

Una voz nueva que anuncia cosas nuevas, vino nuevo y para el cual pide odres nuevos, es rechazada y solamente ofrecido odres viejos. No salen de lo tradicional y acostumbrado y remiendan lo aparente nuevo con paños viejos. De esa manera, el anuncio de la Buena Noticia no llega, queda eclipsado y oculto por lo tradicional, lo acostumbrado y lo ya conocido. Viene de nuestros antepasados y se opone a lo nuevo. Y menos en boca de un desconocido que sabemos y conocemos de donde viene.

Ese fue el resultado de lo que sucedió con Jesús en su propia ciudad; en y con sus propios paisanos y familia. No fue escuchado ni atendido. Era uno de los suyos, el hijo del carpintero y de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón. Y sus hermanas, ¿no viven con nosotros aquí? ¿De dónde saca todo eso?

La conclusión: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». Y, en consecuencia, Jesús no pudo hacer allí ningún milagro, y sucede lo mismo hoy aquí, en nuestros ambientes y en nuestras parroquias y pueblos. Nos falta la fe, la confianza en el Señor. Y a los que tenemos al lado los conocemos, ¿y qué nos van a decir?

Posiblemente no le damos ningún valor a aquellos que nos hablan y nos dan testimonio de su fe. Quizás esperamos cosas grandiosas que nos asombren y perdemos la oportunidad de descubrir que Dios está en lo sencillo, en la brisa suave o en las cosas pequeñas y débiles. Abramos los ojos.

lunes, 13 de marzo de 2023

NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

La experiencia de Jesús al llegar a su pueblo – Nazaret – fue la de sentirse rechazado por sus paisanos, amigos y conocidos. Muchos habían crecido con Él y otros eran vecinos de sus padres. Conocían sus orígenes y les resultaba difícil entender de donde le venía a aquel niño con el que jugaron y vieron crecer esa sabiduría y autoridad con la que hablaba y exponía su Buena Noticia. De ahí su expresión:  «Ningún Profeta es aceptado en su pueblo»

No podían asumir que ese paisano suyo fuese ahora el Hijo de Dios, el Profeta esperado por Israel. Y podemos comprender que realmente se hace difícil entenderlo. Si hacemos el esfuerzo de ponernos en su lugar podemos experimentar esa dificultad. A pesar de la ventaja que tenemos, de los testimonios que se nos han dado y de la formación y catequesis que la Iglesia nos ha dado, ¿creemos nosotros ahora? ¿Nos resulta fácil creerle?

Desde esta perspectiva y actitud podemos llegar a comprender el valor y la fe de esa viuda de Sarepta y ese sirio de Naamán que arriesgaron obedeciendo hacer lo que se les mandaba. ¿Lo hacemos nosotros? Como podemos deducir hay mucha tela que cortar en este pasaje evangélico y mucho que reflexionar sobre nuestras actitudes ante la Palabra de Dios. Este tiempo cuaresmal nos puede ayudar mucho a empeñarnos en mirarnos interiormente y ver nuestras actitudes respecto al Señor. Porque, nuestra conversión dependerá de la intensidad de esa mirada con la que escrutemos nuestro corazón.

Es evidente que tras la prueba, la confianza depositada y la esperanza que nos impulse a obedecer nace, por la Gracia de Dios, la fe. De una forma u otra Dios nos revela su amor y misericordia cuando encuentra un corazón disponible y abierto a recibir su Palabra. Así sucedió con aquella viuda de Sarepta y el sirio Naamán. Tratemos también nosotros de situarnos en esas actitudes y abrir nuestros corazones para que la fe entre, nos invada y nos llene plenamente.

miércoles, 1 de febrero de 2023

SE EXTRAÑABAN DE SU SABIDURÍA

Nos vemos retratado en este pasaje evangélico. Cuantas veces hemos dudado y hasta avergonzados de algunos de nuestros familiares, parientes o conocidos. Incluso de algún paisano que pensamos que con su conducta nos deshonra. Así sucedió con Jesús en su tiempo. Sus propios paisanos dudaron de Él y se resistieron a sus enseñanzas.

La evidencia nos enseña que, sobre todo a nuestros familiares, vecinos y conocidos le exigimos títulos, prestigio y formación que no exigimos a los de afuera. En nuestro entrono nos cuesta mucho, si no es imposible, ser reconocido y aceptado. Sin embargo lo que viene de afuera nos entra con más facilidad.

Jesús había pasado sus primeros treinta años de forma oculta, sencilla, sin estudios y, posiblemente, aprendiendo el oficio de carpintero. Llegado el momento de su vida pública aparece en la sinagoga enseñando. Y aunque quedan admirados de su forma de enseñar y sus obras dan testimonio de su Palabra, se resisten a creerle. No entienden como uno de los suyos, sin estudios y sin formación les pueda ahora enseñar. No se imaginan que Jesús anuncia y revela el Amor del Padre y su Infinita Misericordia.

Interrogantes como: ¿de dónde salen ahora esos milagros? ¿Y esa sabiduría? Pero ¿quién es este? ¿No son estas preguntas las mismas que ahora nos hacemos muchos? Incluso con la duda de no estar seguro o no creer que Jesús está vivo y Resucitado. Es evidente que la fe es la piedra fundamental de nuestra adhesión y creencia en Jesús. Sí, Señor, creo que tú eres el Hijo de Dios Vivo, el enviado a anunciar el Amor Misericordioso del Padre y a entregar tu Vida para darnos la salvación y vida eterna. Y lo creo porque desde lo más profundo de mi corazón así lo experimento y lo siento. Sin Ti, Señor, mi vida quedaría sin sentido y destruida. Es cuando realmente no entendería nada de lo que está sucediendo en este mundo.

viernes, 30 de julio de 2021

ANTES QUE TUS PALABRAS MIRAN TU PERSONA

 

Interesa más tu origen y títulos que tu persona. Depende de quién firme la obra o dé el discurso para que lo que diga o haga sea bien acogido. No dará ni será lo mismo si la firma viene avalada por grandes títulos y bien ganada fama que si quien presenta y firma el discurso es alguien de orígenes humildes y conocido de todos en su entorno. La persona tiene mucha importancia para dar crédito y valor a su palabra u obra.

Por tanto, si quien se presenta a exponer su noticia es de la casa, su porcentaje de aceptación disminuye mucho. En cambio, por el contrario, si el autor del mensaje viene de afuera, es desconocido y presenta titulación, el mensaje o noticia es bien acogido y hasta aceptado. En la historia podemos encontrar muchos ejemplos de este tipo que nos han llevado a reconocer que nadie es profeta en su tierra.

Jesús lo ha dicho: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio». Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe. Y es que la soberbia de sus propios paisanos les impedía dar crédito a las Palabras de Jesús. Para ellos no era más que el hijo del carpintero del pueblo y se escandalizaban de sus Palabras. Pero, lo importante y reseñable es lo que significa eso ahora para nosotros. ¿Consideramos a Jesús el Hijo de Dios y creemos en su Palabra, o, por el contrario le rechazamos como muchos de sus contemporáneos? Esa es la cuestión que nos interesa y debemos meditar.

domingo, 4 de julio de 2021

LO DE CASA PARECE QUE NO TIENE MUCHO VALOR

 

La experiencia nos dice que lo propio, lo de casa se desvalora y se le quita importancia. Por regla general, solo los que tiran a puerta se arriesgan a fallar. De la misma forma, quienes proponen son los que reciben rechazo. Sobre todo si lo propuesto se ajusta a la verdad, al sentido común y es el bien. ¿Por qué ocurre esto? Precisamente porque, cuando la Verdad no coincide con mi verdad, me estorba y trato de adaptarla y acomodarla a mi interés. Entonces, la rechazo.

Esa es la historia de los Profetas. Han sido rechazados porque lo que decían no se ajustaba a, los que escuchaban, querían oír. Luego, los rechazaban, desprestigiándolos y desvalorando sus profecías. Jesús también fue rechazado en y por su propio pueblo y desvalorado y desprestigIado como el hijo del humilde carpintero José. Tanto fue su rechazo que le condenaron a morir crucificado.

A lo largo de la historia ha sucedido lo mismo con todos los que han seguido a Jesús. Fundamentalmente, su Iglesia es perseguida hasta sentirse amenazada de muerte. En algunos lugares hay una guerra frÍa, incruenta pero con una gran amenaza a la familia - iglesia domestica - y en otros lugares la amenaza es cruenta y exterminadora - Congo, Mozambique, Nigeria...etc -. La Buena Noticia que Jesús nos trajo y nos trae cada día en la presencia real del Espíritu Santo, que nos asiste y acompaña en todo bautizado, sigue adelante superando todas esas dificultades con y por el Amor.

Porque, el triunfo de Jesús fue la entrega de su Vida en la Cruz. Cruz que, desde ese momento, se convierte en el signo del triunfo del Amor. Por Amor hemos sido creados, y por Amor somos salvados. Ese amor que, quieras o no, palmita en nuestros corazones y es la prueba y la llama que enciende la fe en nuestro corazón.

lunes, 31 de agosto de 2020

HOY SE CUMPLE ESTA ESCRITURA

Vidas Santas: Santo Evangelio según san Lucas 4:16
Lc 4,16-30
No miremos para otro lado, ni para otros tiempos. Se trata de hoy, sí, de hoy, en este preciso momento. La Palabra de Dios se cumple en cada instante como se cumplió en aquel instante cuando sentado las dijo: Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír».

Y en este preciso momento el Espíritu Santo sigue la acción de dirigir a la Iglesia y a sus miembros desde el primado del Papa hasta el último creyente. Es verdad que ningún profeta es bien mirado en su tierra y que nuestro corazón se deja llevar más por las apariencias que por la verdad que vive en él. Porque, nuestra semejanza con nuestro Padre Dios está impresa en nuestro corazón. Somos amor porque de Él hemos salido y por Amor hemos sido creados. Y nuestro corazón, por mucha debilidad, inclinaciones y pasiones humanas que lo arrastren, siempre deseará amar y hace el bien.

Y esa sed de amar y amar con bondad nunca dejará de latir en nuestro corazón hasta el punto de buscar al Señor y encontrarnos verdaderamente con Él. Y lo haremos cuando seamos capaces de dejarnos amar por Él y, por tanto, abrirle nuestro corazón. Entonces nacerá la fe en nosotros y nuestra sed se irá calmando en la medida que nuestra vida beba de su Palabra y se sacie de su Amor. Gracias, Señor.

miércoles, 5 de febrero de 2020

LO DE CADA DÍA NO LE DAMOS VALOR

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Mc 6,1-6
Suele ocurrir que lo que tenemos cerca, lo que vemos cada día se nos hace muy familiar y llegamos a no tenerlo en cuenta y hasta despreciarlo. Las historias que se repiten cada día terminan por no ser apreciadas y hasta rechazadas. En la convivencia, bañada de confianza, se desprecia el valor de quien tenemos cerca y con quien convivimos. La excesiva confianza nos lleva a habituarnos y a considerarlo como algo de cada día. Que grave error si perdemos nuestro primer amor en nuestra relación con el Señor.

Jesús no es valorado dentro de su pueblo. Le conocen y se extrañan de su sabiduría hasta el punto que llegan a decir:  «¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él.

Y esto se está repitiendo a lo largo del tiempo una y otra vez. Quizás lo hacemos ahora nosotros y casi ni nos damos cuenta. Nuestras Eucaristía, si la celebramos, se hacen rutinarias y muchos la repetimos como algo que hacemos cada dí sin mayor trascendencia. El contacto y relación con el Señor se ha transformado en un hábito y nos pasa desapercibido como una práctica más. Repetimos una y otra vez las mismas palabras que escuchó Jesús de sus propios contemporáneos. 

Jesús llega a decir: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

domingo, 8 de julio de 2018

COMO SI FUERA HOY

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Mc 6,1-6
Sigue ocurriendo lo mismo, exactamente lo mismo que sucedió en tiempo de Jesús. Nadie, en su círculo más próximo, entre sus familiares, amigos, parroquia y ambiente es reconocido. Se conoce muy de cerca sus defectos y sus orígenes, y sus talentos no son bien apreciados.

Sí, nadie es profeta en su tierra y eso lo experimentamos todos aquellos que hacemos algo que, si bien son reconocido lejos de sus círculos y ambientes, en el suyo propio es ignorado.

Jesús se extraña que en su propio pueblo se le ignore y hasta se escandalicen de su sabiduría y poder de hacer milagros. Conocen quien es y se preguntan de dónde le viene esa autoridad con la que habla y esas cosas que hace. No arranca la fe en sus propios paisanos y extrañando deja de actuar y proclamar en su tierra porque no tiene fe. Nadie es profeta en su tierra, termina Jesús por decir. Y hasta hoy llega esa frase que tanta resonancia ha tomado, porque es verdad. Donde te conocen no te valoran ni te creen.

Lo vivo yo personalmente y doy crédito de ello. Y lo viven todos los que de alguna manera y por alguna causa han experimentado esa vivencia de forma personal. Cuesta reconocer las cualidades y las buenas obras del paisano. Sobre todo si se tiene trascendencia hacia afuera. Necesitan cosas extraordinarias, fuera de lo normal para reconocer tus dones o cualidades. Ser de su pueblo, de su raza, de sus conocidos les parece muy normal para recibir lecciones de Jesús. Es el hijo del carpintero y el hermano de Santiago, José, Judas y Simón y no nos va a enseñar nada.

Algo así sucede en todas partes. Nos cuesta aceptar la verdad cuando la dice alguien al que consideramos inferior o igual a nosotros. Y es que buscar la verdad y reconocerla es lo que importa ,venga de donde venga.