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jueves, 18 de junio de 2026

PERDONA SI QUIERES SER PERDONADO

Mt 6, 7-15

Debía mucho y no tenía con qué pagar. Su jefe había ordenado que todos sus deudores le presentaran cuenta. La única posibilidad a la que se agarraba Jaime era la de pedir clemencia.

Cuando llegó el día señalado, Jaime se postró ante su jefe y, estremecido y tembloroso, le rogó que le diese tiempo para pagarle su deuda con su trabajo.

El jefe, compadecido al ver a Jaime con deseos de pagar su deuda, no solo reparó en concederle tiempo para pagarla, sino que se la perdonó íntegramente.

La alegría de Jaime era incontenible. Sentía que le habían quitado una pesada losa de encima y su agradecimiento no tenía límites.

Sintió un gran alivio y, camino de su casa, se cruzó con un amigo que le debía una pequeña cantidad.

Todos se dieron cuenta de la gran importancia de perdonar. Además, comprendieron que, al rezar el Padrenuestro, están prometiendo perdonar de la misma manera que son perdonados por Dios Padre.

Nos preguntamos: ¿Estamos nosotros en esa actitud de perdonar como nos perdona nuestro Padre Dios?

sábado, 14 de marzo de 2026

ENALTECIDOS Y HUMILLADOS

Lc 18, 9-14

Con los hombros cuadrados, el cuello alzado y la barbilla hacia delante, Florencio se paseaba seguro de sí mismo. Con cierta ironía y una sonrisa de medio lado, se mofaba de todos aquellos a quienes consideraba débiles y pequeños.

Él era diferente y su fortaleza la sacaba a relucir en todo momento. Se vanagloriaba de sus virtudes y presumía de ser un varón justo, cumplidor de la ley, no como esos, decía, pobres diablos, ladrones y adúlteros que van pidiendo clemencia que no merecen.

En cierta ocasión alardeó de sus capacidades delante de otros que, humildemente, reconocían sus debilidades y sus faltas. Irguió su figura y, con un ademán despreciativo, ignoró a los demás, diciendo:

—Estoy orgulloso de ser diferente de los demás, y de hacer las cosas como deben hacerse, tal cual manda la ley.

Miró a su alrededor y levantando los brazos en señal de triunfo, dijo:

—No hay obstáculo, puedo con todos.  Nada parecido a estos otros que se derrumban ante cualquier dificultad y faltan a las normas más elementales.

En ese momento alguien con cara de enfado y apretando los puños, le miró fijamente y dijo:

—No es buena señal creerse buena persona, pues esa creencia puede alejarnos sin advertirlo de la verdad. Todos, aunque no nos demos cuenta, cometemos errores y faltas.

Florencio apretó los puños y trató de contenerse. No supo qué responder, pero su cara reflejó cierto desconcierto.

Con ternura y paciencia, el señor que había intervenido sacó una Biblia y, mirando con suavidad a Florencio, leyó:

Lc 18, 9-14: En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos…

Dejó de leer y levantando su cabeza miró con cariño a Florencio. Tras unos segundos, continuó:

—Por considerarse justos y despreciar a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, el otro, publicano.

Después de unos segundos de acabar de leer todo el pasaje, dijo:

—La misma vida nos enseña lo que dice el evangelio: el que se enaltece, será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Y clavando su mirada en Florencio, añadió:

Porque todos cometemos faltas y tenemos debilidades. Necesitamos de la humildad y de la misericordia.

Florencio, a pesar de su ira, abrió sus puños y empezó a relajarse. Su corazón comenzaba a comprender que todos somos pecadores.

martes, 10 de marzo de 2026

SETENTA VECES SIETE

Mt 18, 21-35

La angustia de Juan era insoportable. No lograba conciliar el sueño y las noches se le hacían muy duras. Su figura llamaba la atención por su tristeza hasta el extremo de ser compadecido por sus íntimos amigos.

—No te preocupes, hombre —le decía uno de sus amigos—, todo se arreglará. Ten confianza y paciencia.

—No puedo evitarlo —respondió Juan, compungido y desesperado—. El dolor me supera.

Manuel, que llegaba en ese momento a la terraza, observó la escena y, viendo el abatimiento de Juan, se acercó para animarlo.

—Ánimo, amigo. Nunca debemos perder la esperanza. Todo tiene solución; incluso la muerte no tiene la última palabra.

—Trato de sobreponerme —respondió Juan—, pero la deuda que tengo encima no me deja en paz. No logro apartarla de mi mente y no le veo salida.

Manuel se acercó y, poniéndole la mano sobre el hombro, le preguntó con suavidad:

—¿Se puede saber qué problema te aflige?

Juan levantó la cabeza y, con la mirada perdida, respondió:

—Debo mucho dinero y no puedo pagarlo. Estoy a punto de hacer un disparate.

—Cálmate —le dijo Manuel—. Confía y pide clemencia. No te rindas.

Entonces se sentó a su lado, abrió su Biblia y, con serenidad, leyó:

Evangelio según san Mateo 18, 21-35: En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Al terminar la lectura guardó silencio unos instantes. Permaneció sentado junto a Juan y luego dijo:

—Al perdonar, no solo liberamos a la otra persona; también nos liberamos nosotros del peso del rencor.

Juan levantó la cabeza, enderezó su cuerpo y, lleno de esperanza, se puso en pie con la decisión de enfrentarse a su problema, confiando en alcanzar clemencia y tiempo para saldar su deuda.

lunes, 9 de diciembre de 2024

EL PERDÓN LIBERA

Posiblemente lo hayas experientado en esos momentos que has sido perdonado o has perdonado. Experimentas como si te quitaras un peso de encima. Te sientes más liberado, más libre, más ligero y gozo interior. No cabe ninguna duda que así es. Tu propia experiencia así te lo descubre.

Eso fue lo que pasó en aquel momento cuando le presentaron al paralítico delante de Jesús. Lo primero fue perdonarle sus pecados para que se sintiera liberado y reiniciara su vida; lo segundo, ante la incredulidad de los que estaban presente – también fariseos y maestros de la ley – Jesús aprovecha para mostrarle su poder de curar esa parálisis física que le otorga el poder también de perdonar los pecados.

Hoy está sucediendo lo mismo. Hay muchos milagros que, incluso viéndolos, no queremos ver ni aceptar. Tratamos de justificarlo con nuestros razonamientos humanos, torpes y limitados, distorsionando la realidad y auto engañándonos a nosotros mismos. Se repite más de lo mismo.

Nos resistimos a aceptar el perdón y a perdonar tal y como somos perdonados. Lo decimos en el Padrenuestro, pero muchos no son conscientes al decirlo y no creen en el perdón. Y eso nos impide renovarnos y levantarnos, tomar nuestra camilla y empezar de nuevo.

lunes, 17 de junio de 2024

NO RESPONDAS A LA VIOLENCIA, SOLO EL AMOR VENCE

La experiencia del amor, a pesar de que aparentemente parece lo contrario, es el poder de más fuerte y el que siempre, tarde o temprano vence. Sabemos, y nadie lo discute, que la violencia engendra violencia. A pesar de eso, seguimos empeñados en arreglar las cosas con violencia, con agresividad y respondiendo siempre con la misma moneda: ojo por ojo, diente por diente. Quien me la hace, me la paga, solemos decir.

Hay cosas que catalogamos como imperdonables y que, sabemos, que con nuestras propias fuerzas no podremos realizar. Sin embargo, la propuesta de Jesús, el Señor, será todo lo contrario:  ante la violencia, respuesta de perdón y de amor, ejemplo: Él mismo en el momento de entregar su Vida en la Cruz. Sus últimas palabras fueron: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»

Precisamente, donde se puede ver la diferencia entre una persona buena y una cristiana es: ambas son personas buenas, pero solo una es capaz de perdonar a su enemigo. Esa es la característica del ser cristiano: el perdón. No obstante, nos salvamos gracias a ese perdón que Jesús gana para nosotros a su Padre entregando su Vida en la Cruz. Es decir, tenemos la oportunidad de salvarnos por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios que, Jesús, el Hijo Predilecto, gana para nosotros con su Pasión, Muerte y Resurrección.

Eso nos puede dar la medida de la importancia y lo que significa el perdón. Y de que si no somos capaces de perdonar estamos perdidos. Ahora, no se nos ocurra intentarlo sin contar y ponernos en manos del Espíritu Santo. Es Él el que nos dará esa fortaleza, esa sabiduría y paz para poder realizarlo.

jueves, 13 de junio de 2024

EL PERDÓN, LO QUE SUSTENTA AL MUNDO

Un mundo sin perdón es el que realmente estamos viviendo. El resultado de inhibirnos de perdonar trae como consecuencia la ira, el enfrentamiento, la disputa, la rebelión, la lucha y, por consiguiente, la muerte. Es lo que vemos en estos momentos y en el tiempo lo que sucede en éste nuestro mundo: guerras, enfrentamientos, luchas, odio, muertes… Palestina, Israel, Ucrania, Rusia y otros, por citar lo de más actualidad.

¿Somos capaces de imaginar qué sucedería si introducimos el perdón en medio de todos esos líos y enfrentamientos? Dejaríamos de escribir en torno a ellos. Se haría la paz, la concordia y la fraternidad. ¿Tan difícil es perdonarnos?

Si fuéramos capaces de ocupar el lugar del más débil, o del que es invadido, entenderíamos mejor esa necesidad de perdonar. Si fuéramos capaces de abajarnos humildemente comprenderíamos que el perdón sería la solución a todos esos problemas que nos llevan a enfrentarnos hasta el extremo de matarnos.

¿Acaso todavía  no nos hemos dado cuenta de que tenemos la oportunidad de ser felices eternamente gracias a la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios? ¿Tan ciegos, y sometidos por este mundo, demonio y carne, estamos? ¿O no creemos que la misericordia y el perdón son la solución de todos nuestros problemas?

Posiblemente, primero tendremos que llenarnos de humildad y despojarnos de nuestra soberbia, egoísmo, ira, odio y deseos de venganza. Y, claro, eso no lo podremos hacer contando con nuestras propias fuerzas. Necesitamos abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que para eso ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo, y dejarnos conducir y transformar por Él. Experimentaremos un cambio en nosotros que nos irá ayudando a cambiar, a darnos cuenta de que solo con la humildad y el perdón podremos arreglar los problemas de nuestro mundo.

lunes, 18 de marzo de 2024

LA MISERICORDIA ABRE LA PUERTA DE LA ESPERANZA

Evidentemente no hay esperanza, la ley dictaba la condena a ser apedreada y no había otra escapatoria. Sin lugar a duda todo estaba sentenciado y los presentes y acusadores se preparaban llenándose sus manos de piedras. De repente, las palabras de Jesús responden y desconciertan: «El que esté sin pecado que le tire la primera piedra» Y que curioso, nadie se sintió libre de pecado.

De alguna manera también nosotros experimentamos esa culpa en lo más profundo de nuestro corazón. Supongo, y creo no equivocarme, que tampoco nosotros lanzaríamos ninguna piedra si nos dieran esa respuesta. Todos, incluso hasta el más prepotente se siente culpable de alguna mala acción o decisión. Todos admitimos que no somos perfectos y, en consecuencia, cometemos errores o faltas. Y quien esté libre de eso que diga la primera palabra.

Pero, al margen de esa respuesta de Jesús, lo verdaderamente importante y esperanzador es lo que le dice a la mujer al final: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

Son palabras que también han sido pronunciadas para cada uno de nosotros. Porque, también cada uno de nosotros tiene un corazón pecador que necesita ser purificado, limpiado y perdonado. Y Jesús, enviado por su Padre, ha venido para eso, para limpiarnos, perdonarnos y sugerirnos que no volvamos a la senda del pecado. Su Misericordia es Infinita, por eso ha dejado abierta la puerta del sacramento del perdón.

domingo, 17 de septiembre de 2023

TU PERDON TE ABRE LA PUERTA A LA MISERICORDIA DE DIOS.

Cada vez que eres capaz de perdonar, también tú eres perdonado. Nunca lo olvides. La cuestión no consiste tanto en olvidar sino en hacer la paz. La paz cuando la ocasión te presenta a autor de tu herida y tu soberbia se enciende y te revuelve las entrañas. La paz cuando llega ese momento en que la propia convivencia te exige actualizar tu perdón.

No te enroque en que no puedes olvidar. Nadie puede olvidar las ofensas recibidas, pero si perdonarlas asistidos por el Señor. ¿No te das cuenta de que eres perdonado por el Señor de la misma forma que tú te niegas a perdonar a tu prójimo? ¿Acaso tus ofensas al Señor son menores que las que tú recibes de otro? ¿Cómo entonces quieres ser perdonado por el Señor si tú no perdonas a tu prójimo?

Mira, lee y reflexiona sobre el Evangelio de hoy domingo – Mt 18, 21-35 – y también la primera lectura – Eclesiástico 27, 30 – 28,7 – donde todo está expuesto muy claramente y, lo asombroso, coincide con lo que tu piensas en lo más profundo de tu corazón. Porque, así también te gustaría a ti ser perdonado. Y de hecho lo somos por el Señor. De modo que en la medida, asistidos y ayudados por el Espíritu Santo, seamos también nosotros capaces de perdonar, también así seremos perdonados. Lo decimos todos los días en la oración del Padrenuestro.

Y es que si no perdonas la puerta del cielo se te cierra. Simplemente, cada vez que reces el Padrenuestro está mintiendo. Pides al Señor que te perdone en la medida que tú también perdonas. Así que si tú no perdonas ¿cómo piensas que el Señor te va a perdonar? ¿No has leído el Evangelio? Ahora, no tengas miedo, para eso está el Espíritu Santo. Ese mismo Espíritu Santo que recibió Ronaldo Nazario en su bautizo de hace días. Él te ayudará a que encuentre las fuerzas para ser misericordioso.

lunes, 19 de junio de 2023

FRENTE A LA VENGANZA EL PERDÓN

Sabemos por experiencia que el caballo de batalla para encontrar la paz es el perdón. Sin perdón no se encuentra la paz. Sí, puedes que durante un tiempo creas que has recobrado la paz con la falsa satisfacción de tu venganza pero tarde o temprano la intranquilidad, el remordimiento de conciencia y el incandescente fuego del rencor y la venganza hacen presencia de nuevo. Vengados y victimas luchan por el desquite y mientras sus vidas peregrinan con el vivo deseo de venganza que les quitan la paz.

En el momento de entregar su Vida en la Cruz, Jesús, el Hijo de Dios, dijo estas hermosas palabras: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.» (Lucas 23, 34). Nos señala el camino como respuesta a las ofensas recibidas por nuestros enemigos. Y en el Evangelio de hoy insiste en ese perdón como única arma para vencer el odio, el rencor y la venganza entre los hombres: (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele…

Esta muy claro, el camino frente al odio, el mal, la violencia y la venganza es el perdón. Por eso nos llenamos de alegría todos los que creemos en ese Padre bueno que Jesús, el Hijo, nos presenta. Un Padre Misericordioso que nos perdona a pesar de nuestras fechorías, desprecios, insultos y pecados. Y claro, nunca olvidar que solos nunca podremos alcanzar ese perdón, no solo al amigo sino, sobre todo, al enemigo. Tendremos que estar injertados como el sarmiento en la vid para dar frutos, frutos de verdadero amor misericordioso como el Señor quiere de cada uno de sus hijos.

lunes, 7 de noviembre de 2022

OFENSA Y ARREPENTIMIENTO

El perdón va unido al arrepentimiento. De modo que, si no hay arrepentimiento no puede haber perdón. Jesús lo deja muy claro en el Evangelio de hoy lunes: …Si un hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo; si te… Lucas 17, 1-6. Y esto es así porque si no hay arrepentimiento ele perdón queda sin sentido.

¿Cómo se puede perdonar a alguien que te ha ofendido y no descarta hacerlo otra vez? Otra cosa muy diferente es que haya arrepentimiento y, por debilidad, se vuelva, a pesar de no querer y dolerle, a incurrir de nuevo en el delito. En este caso, si hay sincero y verdadero arrepentimiento estamos obligados a perdonar. Por una sencilla razón, porque de esa misma forma nos perdona el Señor. Su Misericordia es Infinita.

Pero, claro, ese perdón se realiza en tanto y cuanto nos arrepentimos; en cuanto hacemos propósito de enmienda y dolor de corazón. Si no tenemos esas intenciones, ¿cómo se nos puede perdonar? ¿Acaso nos estamos riendo del que nos perdona? Y en este caso, ¿de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios?

Jesús no se resiste a perdonarnos, pero quiere y nos pide que reconozcamos nuestra condición pecadora. Somo débiles y nuestra naturaleza está manchada y sometida al pecado original. Venimos a este mundo manchado y, aunque con el Bautismos quedamos limpios, las seducciones de este mundo, el poder maligno del demonio y nuestra carne, egoísta y concupiscente terminan por arrastrarnos al pecado.

Confesarnos pecadores, reconociéndolo y arrepintiéndonos de cometerlo, y pedirle perdón al Señor, nos dará, por su Infinita Misericordia, la oportunidad de limpiarnos y volver a empezar. Por el contrario, quedarnos en el pecado, aceptarlo y no arrepentirnos provocará escándalo. El mal testimonio siempre confunde, arrastra y escandaliza sobre todo cuando se esconde tras la apariencia de buen cristiano. ¿Cuidado!, reconozcamos nuestros pecados y, por y con la Gracia de Dios, arrepintámonos!

viernes, 14 de enero de 2022

PODER PARA PERDONAR LOS PECADOS

Mc 2,1-12

Es evidente que todos buscan a Jesús. Es el que cura, el que libera de toda enfermedad, dolencias y espíritu inmundos. ¿Cómo no van a buscarle y pedirle que les cure? Sin embargo, hay algunos que se obstinan en no creerle y, su soberbia les somete hasta el punto de que viendo sus curaciones y gran poder, no aceptan su Palabra y su Divinidad.

El colmo llega cuando Jesús, viendo la fe de los que le ponen el paralítico delante « al que habían bajado haciendo un abertura por el tejado» le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». La respuesta de aquellos fariseos y herodianos presente – que no aceptaban la divinidad de Jesús, saltó de inmediato: Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Y así sucedió: Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida». Luego, se hace difícil creer que, al menos aquellos fariseos y herodianos que estaban presente no terminaran creyendo en Jesús. Y no lo sabemos, pero, posiblemente ante tal prodigio hayan recapacitado. Sin embargo, la realidad también nos habla de que hoy está pasando lo mismo. Muchos no reaccionan ante hermosos y veraces testimonios que reciben de otros ni ante la Palabra de Dios, que responde exactamente a sus aspiraciones y búsqueda de felicidad.

¿Qué ocurre entonces? La soberbia, el egoísmo y nuestras apetencias carnales e inclinaciones hedonistas  nos ciegan y nos someten al rechazo a la Verdad. El pecado es la causa que nos seduce y no pervierte. Indudablemente, necesitamos el perdón de nuestros pecados.

jueves, 13 de agosto de 2020

UNA ACTITUD MISERICORDIOSA

70 veces 7 (con imágenes) | Dios, Santos
Somos, me atrevo a decir, hijos de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios, porque, por su Misericordia, valga la redundancia, somos perdonados y salvados, y, consecuentemente, hijos de Dios. Esa dignidad la habíamos perdido por el pecado. Ya vinimos a este mundo con ella perdida por el pecado original, pero, por la Gracia de Dios, la rescatamos a la hora de nuestro bautismo.

Y por el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios hemos sido rescatados, en la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, que enviado por el Padre y encarnado en Naturaleza Humana, ha entregado su Vida para devolvernos y rescatarnos nuestra dignidad de hijos de Dios perdida por nuestros pecados. Y, ahora, podemos preguntarnos, ¿cuántas veces hemos sido perdonados por nuestro Padre Dios? Y descubrimos que por la Infinita Misericordia de Dios somos perdonados siempre. Una y otra vez hasta el fin de nuestros días en este mundo. Esa es nuestra esperanza y el aliento que nos impulsa a levantarnos y continuar el camino.

Claro, todos sabemos que ese perdón, por la Misericordia de Dios, se fragua en la medida que nuestro arrepentimiento es sincero. Es decir, hay una condición innegociable, ese acto de contrición necesario para que el perdón se realice. Porque, sin contrición esa petición de perdón es falsa e hipócrita. Y de esa misma forma que somos perdonados, nos preguntamos, ¿También nosotros perdonamos así?

Pues nos toca a nosotros ahora reflexionar sobre esas tantas oportunidades que tenemos cada día de ser misericordiosos en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad y ambientes sociales. Pero, no lo hagamos solo, sino abiertos a la acción del Espíritu Santo después de pedirle su asistencia y auxilio.

sábado, 7 de marzo de 2020

EL PERDÓN, LA PUERTA QUE TE ABRE LA AMISTAD CON DIOS

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Mt 5,43-48
Sin perdón llegar a Dios te será imposible, porque, la puerta que te abre la amistad con Él es, precisamente, el perdón. No hay otra alternativa sino la del perdón. Y no un simple perdón a aquellos que me son simpáticos o familiares, sino el perdón, precisamente a aquellos que te son antipáticos o enemigos 

Sabemos, por experiencia, que no es tarea fácil. Ni para lo primero, y menos para lo segundo. Y no todo queda en eso, sino que si pretendo enfrentarme al perdón sólo con mis fuerzas me será imposible. Sin el auxilio y la asistencia del Espíritu Santo, que ya he recibido en la hora de mi bautismo, no podré alcanzar la misericordia que necesito para perdonar a los que me hacen daño. Mi naturaleza humana no me lo permite, pues, herida por el pecado su forma de pensar y razonar exige venganza y reparación.

Es verdad que el daño producido tiene que ser reparado, pero la misericordia y, por tanto, el perdón es anterior, sin condiciones. Otra cosa es que se consuma verdaderamente cuando hay dolor de contrición, arrepentimiento y se repara el daño producido. Indudablemente, necesito  la Gracia de Dios y la fuerza del Espíritu Santo para poder derramar la misericordia que necesito dar y la humildad que necesito tener. De cualquier forma, sin la presencia del Espíritu Santo en mí y abierto a su acción estaré de antemano derrotado.

jueves, 19 de septiembre de 2019

¡SEÑOR, PERDONA MIS PECADOS!

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Lc 7,36-50
Con frecuencia utilizamos las invitaciones para conseguir favores con los que obtener algún beneficio, o para darnos la satisfacción de desprestigiar o ridiculizar a alguien que nos molesta o irrumpe en nuestra vida y nos interpela. De cualquier manera, nuestros egoísmos son la causa de muchos enfrentamientos y de rupturas que nos impiden crecer en el amor.

Precisamente, el Evangelio de hoy nos relata un episodio donde un acomodado fariseo rogaba a Jesús que fuese a su casa a comer. Sus intenciones no parecen buenas y menos cuando, a la primera de cambio, duda de Jesús cuando piensa que ignora la situación de aquella mujer que le enjuga, seca y perfuma sus pies llenándolos de besos. Doy por hecho que conocemos ese relato evangélico - Lc 7, 36-50 -  y si me equivoco les invito a que lo lean de manera reflexiva. Nos toca de lleno y nos abre muchos interrogantes que nos conviene escrutar y reflexionar profundamente.

¿Dónde está la altura de mi amor? Porque, si es de poca altura estaré más cerca del fariseo Simón que de aquella mujer pecadora. ¿Y cuál será mi actitud, arrogante, suficiente o humilde reconociendo mis pecados? Necesitaré la reflexión de cada día sobre mis actitudes y obras, así como el seguimiento y reconocimiento de mis pecados, porque en ese ejercicio iré, por la Gracia de Dios, encontrando, creciendo y mejorando la calidad de mi amor.

Reconocerme pecador es estar en una actitud orante y de alabanza dando gracias al Señor por el perdón de mis pecados. Porque, sólo Él me puede librar de mis egoísmos y esclavitudes que me someten y me enfrentan a los demás.

viernes, 7 de junio de 2019

EL AMOR ES VERDADERO AMOR CUANDO DUELE

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Jn 21,15-19
Es difícil descubrir el verdadero amor cuando te sientes cómodo y a gusto. No estoy diciendo que estando a gusto y cómodo no se esté amando, pero eso nos gusta a todo y si el amor consistiese en eso a todo nos gustaría amar. O dicho de otra forma, nos sería fácil amar. El verdadero amor empieza a descubrirse cuando empieza a doler. No sé si fue la madre Teresa de Calculta la que dijo que el amor se descubre cuando verdaderamente duele, porque en el dolor es cuando amar cuesta y cuando las exigencias prueban tu verdadero amor. Por eso, no hay amor más grande que aquel que da la vida por otro.

Otra condición del amor es la gratuidad. El amor nos busca correspondencia, ni respuesta, ni pone condiciones. Sólo sabe dar gratuitamente sin pedir nada a cambio. Esa clase de amor es el que enseña Jesús. Lo hizo durante su vida pública en este mundo, y lo sigue haciendo ahora desde la derecha del Padre, donde se encuentra después de Resucitar y Ascender a los Cielos.

Es ahí, a la derecha del Padre, donde ruega por todos nosotros pidiéndole al Padre que nos enseñe a amar como Él, su Hijo, siguiendo su Voluntad. Por eso, Jesús, le pide a Pedro que si le ama tendrá que manifestar ese amor también a los demás. El va a ser el Primado y el responsable de mantener ese amor vivo para testimonio de los demás. Pero, también Jesús sabe de nuestras imperfecciones, de nuestras debilidades y de nuestros pecados. 

Y sabe que somos presa de nuestra naturaleza humana, débil y herida por el pecado. Por eso, deja en manos de Pedro y de sus apóstoles el perdón de nuestros pecados para que tengamos siempre la posibilidad de levantarnos y volver al camino del amor misericordioso.

lunes, 18 de marzo de 2019

EL CORAZÓN HUMANO ES COMPASIVO

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La experiencia nos lo dice y lo observamos con frecuencia. El hombre tiene un corazón compasivo y generoso y lo comprobamos ante las miserias humanas y en aquellos que sufren y que son débiles. ¿Cuántas veces nos ponemos de parte de los inocentes, de los más débiles frente a los fuertes y poderosos? En estas circunstancias nos compadecemos y experimentamos el deseo de ayudar y de defenderlos.

Hay muchas quejas y lamentos en favor de aquellos que en estos momentos están sufriendo en muchos lugares del planeta debido a las guerras, a las explotaciones y riquezas y a la ambición de muchos que anteponen sus intereses a las personas humanas, incluso a costa de sus vidas. Por un lado nos encontramos con que el corazón humano se compadece, pero, hay otros que se endurecen y provocan el sufrimiento de otros.

 Ante esta realidad de cada día Jesús dice lo siguiente: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».

Ante estas sabias palabras, sencillas, concisas y breves, no se puede agregar más ni expresarlo más claro. Todo está dicho y todo está meridianamente claro. No juzgues para que no seas juzgados.  Ante muchas cosas que, quizás tengas tu juicio, mejor callar y no juzgar, porque en esa medida serás tú también juzgado. Mejor ser compasivo y abrir tu corazón a la comprensión y al perdón, porque en esa medida serás tú también perdonado. 

Se trata pues, de dar y de darse, porque en esa medida a ti también se te dará. Por lo tanto. quizás puedas opinar en algunos momentos y alumbrar desde la comprensión, la generosidad y la invitación misericordiosa a encontrar respuestas y caminos de verdad, justicia y paz, pero siempre desde el amor y la luz recibida en y desde el Espíritu Santo, que nos asiste, nos guía y nos conduce hacia la Verdad.

viernes, 18 de enero de 2019

PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE

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Sólo Dios tiene poder para perdonar los pecados. murmuraban algunos judíos de los que estaban presente. Jesús advierte esos pensamientos y les reta a que presencien que Él es el Hijo de Dios enviado, según las profecías, a liberar al pueblo de la esclavitud del pecado. Y les dice: ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Luego, si Jesús, el Hijo de Dios, tiene poder para perdonar los pecados, será realmente Dios, porque no dice; En el nombre de Dios, sino que habla en primera persona y perdona los pecados. Está en estrecha sintonía con el Padre y el Espíritu Santo y forman la Trinidad. Es decir, un sólo Dios y tres Personas.

Pero, cuando no queremos claudicar ni cambiar nuestra situación porque nos encontramos cómodos y bien, cerramos los ojos a toda realidad. Puede esta sucedienco eso ahora mismo en nuestras vidas. Nos encontramos a gusto tal como estamos y apostamos por seguir así. Eso explica que los ricos, es decir, los acomodados y contentos con la realidad que vivimos, no queremos cambiar. Son los que sufren, los que lo pasan mal y son excluidos y marginados, los que están dispuesto a escuchar y agarrarse al cambio que Jesús les propone.

Sin embargo, no es esa la prioridad de Jesús, pues su principal objetivo es salvarnos de la realidad de la muerte. Pero, de la muerte del alma y de la condena eterna. No es esta vida la principal. Podemos morir, y de hecho habrá que vivirlo en este mundo, pero no significa la verdadera muerte, sino el paso de la muerte por el pecado a la Vida Eterna por la Misericordia de Dios. 

Por eso, presta más atención al perdón de los pecados, porque son ellos el verdadero peligro y la perdición eterna. Sin embargo, en algunas circunstancias, como es el caso del Evangelio de hoy, Jesús tiene que echar mano a la curación de aquel paralítico para mostrarnos el poder de Dios.

lunes, 12 de noviembre de 2018

EL PERDÓN NECESITA DE LA FE

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No está en nuestras manos el perdonar porque nuestra naturaleza, herida por el pecado, es superada por las incomprensiones, las envidias, los odios, los gustos, las costumbres, aficiones...etc. Todo eso cuando se hace presente en la convivencia de cada día suscita enfrentamientos y luchas que sólo con el perdón pueden superarse. Necesitamos, pues, el perdón y eso es cuestión de fe. Una fe que necesitamos pedir y aumentar con el cultivo de la oración y la perseverancia. Una fe que es un don de Dios.

Pero, el mayor peligro está en la influencia sobre otros, los más débiles y pequeños, a los que se les puede iniciar en el pecado. Ese es el sentido del escándalo del que se habla en el Evangelio de hoy.  ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

Se trata de aquellos que no se arrepienten sino que insisten y viven con y en el escándalo. Porque, el perdón siempre está abierto a la misericordia para aquellos que se arrepienten. A pesar de nuestro dolor y de lo que puede suponer darlo, pero es necesario perdonar como el Señor también, por su Infinita Misericordia, nos perdona a nosotros de nuestras caídas y pecados. Pero, mucho cuidado con aquellos que se empeñan en escandalizar a los pequeños y a los que están sometidos y esclavizados, sin ninguna defensa, por el pecado.

Porque, una cosa es pecar y, arrepentidos pedir perdón, y otras provocar e incitar a otros al pecado sin ningún síntoma de arrepentimiento e incluso perseverando en esa actitud. De cualquier modo la convivencia es tarea ardua y difícil y más perdonar. Por eso, se hace necesario pedir esa Gracia, que necesitamos para poder perdonar. La fe es la roca donde apoyamos nuestra perseverancia con la esperanza de superar todos esos obstáculos que nos impiden perdonar.

jueves, 5 de julio de 2018

NECESITADOS DE PRUEBAS

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Mt 9,1-8
Nuestra humanidad, limitada y pecadora, está ávida de pruebas y demostraciones que nos convenzan. Simultaneamente, a las propuestas y mensaje de cualquier tipo, surge espontáneamente la solicitud de la prueba que afirme y nos demuestre lo que se dice. Ayer lo veíamos con Tomás. Un Tomás que hay también dentro de cada uno de nosotros. Pedimos y exigimos ver y tocar para creer.

Ocurrió con aquel paralítico, buscamos primero el pan, la materialidad, la salud y la curación, y obviamos el perdón y la paz de conciencia. No nos damos cuenta que la salud necesita al perdón, pues, sufrimos cuando nuestra conciencia está cargada de culpa y de malas obras. Eso empeora nuestra enfermedad y nos hace sufrir. Quizás, Jesús, que conoce nuestra naturaleza mejor que nosotros, comienza primero por el perdón de los pecados. Su bondad le hace ir primero a lo que más duele, aunque el hombre experimente más el dolor físico.

Pero, aquellos escribas se fija en esa autoridad de perdonar los pecados. Para ellos sólo Dios puede perdonar, y Jesús se está igualando a Dios, ¿cómo puede ser eso? No entra en sus cabezas y menos en sus corazones soberbios y mal intencionados. Se resisten a aceptar a Jesús como el Mesías enviado. No comprenden ni agradecen que será muy importante, y primero, liberarnos del sentimiento de culpa, para luego sanar nuestras propias parálisis que nos someten, nos desactivan y no nos dejan caminar.

De modo que, cegados por esa ceguera, valga la redundancia, que les oscurece su mente y venda sus ojos, persisten en resistirse a la Gracia de Dios. Ven pero no entienden, ni oyen, ni se abren a la Vida de la Gracia.

sábado, 17 de febrero de 2018

NECESIDAD DE LIMPIARNOS

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Lc 5,27-32
La higiene es algo innato y necesario al ser viviente, y, como debe ser, también al hombre. Tiene libertad para hacerlo, pero la necesita y le es imprescindible para su salud. Y no de vez en cuando, sino diariamente. Cada día necesitamos asearnos y mantenernos higiénicamente limpios. Nuestra salud depende de la calidad de nuestra higiene, y, por mucho y bien que la practiquemos, la necesitaremos realizar todos los días.

Y de la misma forma que necesitamos la higiene cada día, también necesitamos limpiar nuestro corazón de todas las impurezas a que nos somete el pecado. Somos pecadores y no podremos librarnos de sus tentaciones y amenazas sin el esfuerzo de limpiarnos cuidadosamente de él alejándonos también de sus peligros. Necesitamos, pues, también limpieza cada día y a cada instante.

Pero, ocurre que la limpieza de nuestros pecados no la podemos hacer de cualquier manera, forma o lugar. Necesita una circunstancia y a Alguien especial. Sólo Dios puede perdonar tus pecados y sólo en Él podemos encontrar esa posibilidad de que nuestros pecados sean perdonados. Por lo tanto, tendremos que acudir a Él. Sin embargo, siendo así nuestra situación, es el Señor quien nos busca y quien ha dada el primer paso para ofrecernos su Perdón.

Dios sale a nuestro encuentro para ofrecernos su Misericordia perdonándonos todos nuestros pecados cada vez que lo necesitemos. Sabe de nuestra condición pecadora, débil y limitada, y, comprendiéndonos, nos ofrece, por amor, su perdón misericordioso. En Él podemos apoyarnos y descargar todas nuestras culpas, fracasos, miserias, fatigas, debilidades, errores, torpezas, tentaciones y pecados. Él nos comprende, nos fortalece, nos acoge, nos escucha y nos perdona. Sabe que le necesitamos.

Y es que nada somos ni podemos sin Él. Por eso da el primer paso y nos busca para rescatarnos y liberaros del pecado. Pero, seremos nosotros los que tendremos que seguirle y dejarnos conducir por Él. Nos ha creado libres para que podamos optar y decidir. No nos resultará fácil, pero confiando y permaneciendo en Él lo logramos, porque Él tiene Palabra de Vida Eterna.