Mostrando entradas con la etiqueta juzgar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juzgar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de abril de 2024

EL SEÑOR JESÚS VINO A ESTE MUNDO, NO PARA JUZGARNOS, SINO PARA SALVARNOS.

La fe nos salva y nos libera del pecado de este mundo. Creer en Jesús, el Hijo de Dios, significa seguirle, escucharle y adecuar nuestra vida según su Palabra. Y es eso lo que nos devuelve la dignidad de hijos de Dios y nos salva.

No ha venido el Hijo, nuestro Señor, a juzgarnos, sino a anunciarnos esa Buena Noticia: estamos salvados porque el Padre ha querido que por los méritos de su Hijo, nuestro Señor, nuestros pecados sean perdonados. Y eso comporta, claro, que pongamos toda nuestra confianza en la Palabra del Señor, la escuchemos y la cumplamos.

Y hoy, y cada día, el Señor sigue anunciando e Infinitol Amor Misericordioso de su Padre caminando junto a nosotros en el Espíritu Santo, que nos asiste, nos ilumina y nos mueve a anunciar también esa Buena Noticia.

Sin embargo, el Padre, sabiendo de nuestra debilidad y caídas, ha querido que tengamos la oportunidad de arrepentirnos, de propósito de enmienda y de ser perdonados por la Pasión y muerte de su Hijo, por la que, nuestro Padre Dios nos da su Infinita Misericordia.

Dicho de otra forma, estamos salvados. Dios, nuestro Padre, ha dejado en nuestras manos la oportunidad de elegir nuestra salvación. Ella pasa por creer en la Palabra de su Hijo, nuestro Señor, y llevarla a cumplimiento en nuestra vida. Con su Pasión y muerte de Cruz, Jesús, el Hijo de Dios, por mandato de su Padre, aceptado libre y voluntariamente, nos ha dada esa posibilidad, por la fe, de salvarnos. De manera, Dios, nuestro Padre, ha dejado nuestra salvación en nuestra elección.

lunes, 26 de junio de 2023

MÁS PENDIENTE DE LA PEQUEÑA FALTA DEL OTRO QUE DE LA NOTABLE MÍA

Es algo innato y adherido a nuestra herida naturaleza humana. Nos fijamos más en las pequeñas debilidades y faltas de los otros que en las grandes y propias nuestras. Y, pienso, es algo innato que viene añadido a nuestra condición humana. Si no a todos, si a casi todos. Siempre sentimos y apreciamos más las faltas del que tenemos enfrente que las nuestras propias. ¿A qué es debido?

Desde mi humilde opinión pienso que al pecado. Ese pecado de orgullo, de prepotencia, de envidia, de deseos de sentirnos más que otros, de verme mejor que los otros … etc. Nos resulta más fácil y gozoso descubrir la mota en el ojo ajeno que la viga en el nuestro. No creo que haga falta decirlo con mis torpes palabras, mejor que el Señor nadie lo puede decir: (Mt 7,1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que…

Conviene tener muy en cuenta lo que nos advierte el Señor: «con el juicio que juzguemos seremos nosotros juzgados». Tener muy presente ese pensamiento en nuestra mente y corazón nos ayudará grandemente a no atrevernos a juzgar, a moderar nuestros juicios y a ser prudentes para que cuando nos toque a nosotros seamos también medidos con esa misericordia infinita de nuestro Padre Dios.

Por tanto, seamos misericordiosos porque de esa manera garantizamos, Palabra de Dios, que nuestro Padre Dios, cuya Misericordia es Infinita, la tenga también con nosotros.

miércoles, 14 de abril de 2021

LUZ Y AMOR

 

La mentira se aparta de la luz. Busca siempre esconderse en la oscuridad donde siempre se encuentra a gusto y en su medio preferido - las tiniebla - donde no puede ser descubierta. Se oculta tras las apariencias de verdad para engañar. El mentiroso se aparta de la luz para no ser descubierto. Todo lo contrario y opuesto a la verdad que, gusta y busca la luz para ser vista y para el bien de los demás.

La verdad es buena, hace bien y todos la aplauden y la buscan. La verdad descubre el amor, porque quien ama, vive y busca siempre la verdad. La Verdad con mayúscula, Dios, nos demuestra su Infinito Amor en la entrega de su Hijo a una muerte de Cruz para salvarnos, a todos los que creen en Él, de la esclavitud del pecado.

Dios envía a su Hijo al mundo, no para juzgarlo, sino para salvarlo. Indudablemente, quienes no creen en Él ya están juzgados y, por el contrario, los que creen no necesitan de juicio. La Misericordia de Dios es Infinita y Justa. Su Justicia es Misericordiosa  hasta el punto de darnos siempre la oportunidad de sacar nuestras obras a la luz para que sean vistas y puedan ser lavadas en la verdad.

Siempre hay una esperanza mientras caminamos por este mundo. Dios nos ama y ha enviado a su Hijo para saldar nuestra deuda del pecado. Ahora, nos toca a nosotros confiar en Él y, asistidos por su Gracia, pagarla con nuestro sincero arrepentimiento y esfuerzo en creer en su Palabra y hacerla realidad en nuestras vidas.

lunes, 18 de marzo de 2019

EL CORAZÓN HUMANO ES COMPASIVO

Imagen relacionada
La experiencia nos lo dice y lo observamos con frecuencia. El hombre tiene un corazón compasivo y generoso y lo comprobamos ante las miserias humanas y en aquellos que sufren y que son débiles. ¿Cuántas veces nos ponemos de parte de los inocentes, de los más débiles frente a los fuertes y poderosos? En estas circunstancias nos compadecemos y experimentamos el deseo de ayudar y de defenderlos.

Hay muchas quejas y lamentos en favor de aquellos que en estos momentos están sufriendo en muchos lugares del planeta debido a las guerras, a las explotaciones y riquezas y a la ambición de muchos que anteponen sus intereses a las personas humanas, incluso a costa de sus vidas. Por un lado nos encontramos con que el corazón humano se compadece, pero, hay otros que se endurecen y provocan el sufrimiento de otros.

 Ante esta realidad de cada día Jesús dice lo siguiente: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».

Ante estas sabias palabras, sencillas, concisas y breves, no se puede agregar más ni expresarlo más claro. Todo está dicho y todo está meridianamente claro. No juzgues para que no seas juzgados.  Ante muchas cosas que, quizás tengas tu juicio, mejor callar y no juzgar, porque en esa medida serás tú también juzgado. Mejor ser compasivo y abrir tu corazón a la comprensión y al perdón, porque en esa medida serás tú también perdonado. 

Se trata pues, de dar y de darse, porque en esa medida a ti también se te dará. Por lo tanto. quizás puedas opinar en algunos momentos y alumbrar desde la comprensión, la generosidad y la invitación misericordiosa a encontrar respuestas y caminos de verdad, justicia y paz, pero siempre desde el amor y la luz recibida en y desde el Espíritu Santo, que nos asiste, nos guía y nos conduce hacia la Verdad.

lunes, 25 de junio de 2018

BUSCANDO LA JUSTICIA Y LA VERDAD

Resultado de imagen de Mt 7,1-5
Sin lugar a duda, quienes buscan la verdad buscan el bien y mejorar la vida de las personas, y todo desde una actitud misericordiosa y bien intencionada. Ese es el mensaje que, al menos a mí me parece, de lo que nos dice Jesús, el Señor, en el día de hoy.

Se trata de no juzgar maliciosamente ni de armarse de deseos de venganza contra el otro. La cuestión y la finalidad es ayudar y trata de corregir el camino a quienes se hayan perdido o tomen un rumbo equivocado. Un camino que quizás nosotros conozcamos por haberlo recorrido antes o por también tomar el camino del mismo error. Un camino que de alguna manera hemos vivido y por el que hemos experimentado nuestros propios errores y pecados. Un camino que nos da, desde la acción del Espíritu Santo, experiencia, sabiduría y luz.

Y, de manera generosa y bien intencionada debemos compartir y ofrecer. No se trata de juzgar al caído ni de creernos mejores, sino de tratar de ayudar a corregirse compartiendo nuestros fracasos y éxitos para perfeccionarnos y crecer desde la Palabra que el Señor nos da y nos alimenta. Por lo tanto, no juzgue sin antes mirarte y ver tus propios errores, porque sólo así podrás ver la brizna que hay en el ojo de tu hermano y cuidarte de la viga que tienes en el tuyo.

lunes, 26 de junio de 2017

LA TENTACIÓN DE JUZGAR

(Mt 7,1-5)
Siempre estamos tentado a juzgar a los demás. Y pocas veces nos lo hacemos nosotros mismos. Reflexionar sobre nuestros actos nos vendría muy bien, y evitaríamos caer en la tentación de juzgar a los demás. Porque esa es la medida con la que seremos también juzgados nosotros.

Pensar que, tal y como yo juzgue, así también seré juzgado yo. Da escalofrío y ayuda a ser más tolerante y misericordioso. Porque, son Palabras de Jesús: Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».

No se trata de opiniones subjetivas o pareceres según lo interpretamos. Son Palabras del propio Jesús, que nos descubre nuestra misericordia y nos anima a aplicarla con respecto a los demás. Y es que nuestra misericordia está en estrecha relación con nuestro perdón. Y, ambos están contenidos en el amor. Porque quien no ama no puede ser misericordioso, y menos, perdonar.

Sucede que ves con claridad y prepotencia la brizna del ojo de tu prójimo, pero no adviertes la viga que tienes en el tuyo. Y esa ignorancia te empuja a atreverte a juzgar a los demás y a exigirle corrección sin ofrecerle el perdón y la misericordia. Sin embargo, lo pide y lo exiges para ti. Nos vendría bien recordar la parábola del rey que quiso ajustar cuentas con sus súbditos - Mt 18, 23-35 -, porque, muchas veces esgrimimos que estamos cansados de perdonar, pero no advertimos que Dios nos perdona todos los días.

Hagamos el esfuerzo de mantenernos pacientes y misericordiosos respecto a las situaciones y actitudes del prójimo, porque, antes de atrevernos a juzgar, pensemos que también nosotros seremos juzgados de nuestras faltas y pecados.

viernes, 24 de octubre de 2014

LOS TIEMPOS QUE VIVIMOS

(Lc 12,54-59)

El otro día me preguntaba un amigo sobre el tiempo. En pleno otoño hace más calor que en el propio verano. La ropa de invierno se avergüenza de estar en las tiendas cuando afuera el verano salta con gozo y alegría. ¿Qué tiempos son estos?

Sin embargo, pensamos en ellos, nos preparamos y los analizamos para que no nos sorprendan. Atrasamos o adelantamos las temporadas y modificamos nuestros hábitos según cambien los tiempos. ¿Tan listos que somos ante los comportamientos de los tiempos que nos tocan vivir, y qué torpes somos para escrutar los tiempos en los que Dios ha querido que viviésemos?

¿Acaso no vemos y advertimos que sucede en nuestro mundo y en nuestra hora? ¿Acaso no observamos las desigualdades, las injusticias, la ideologías personales que los hombres se imponen unos a otros? ¿Acaso no vemos los asesinatos de niños indefensos vivos en el vientre de sus madres? ¿Qué es lo que vemos, solamente el tiempo y las tempestades? ¿O es que no sabemos discernir y distinguir el bien del mal?

No quedarán en el olvido, y sepamos claramente que todo lo que hagamos ahora, a pesar de ocultarlo con retoricas demagógicas y apariencias de verdad, será descubierto cuando llegue la hora y el momento: « ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

Pidamos al Espíritu Santo luz y voluntad para conducirnos por los caminos que Él nos señala y nos traza. Amén.