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jueves, 6 de julio de 2023

HAY MOMENTOS EN LOS QUE NECESITAMOS EL EMPUJON DEL AMIGO O COMUNIDAD PARA LLEGAR AL SEÑOR.

Hay momentos que nos sentimos bloqueados, sin fuerza para tomar una decisión que nos desbloquee o que nos espabile. No somos capaces de decidir ni de optar por uno u otro camino. Necesitamos un empujón que nos haga decidirnos y que nos lleve al encuentro con el Señor. Necesitamos al Espíritu Santo.

Es evidente, por nuestra propia experiencia, que el camino está lleno de peligros y de momentos en los que nos asaltan las dudas, flaquea nuestra fe y experimentamos debilidad, desgana y parálisis hasta el punto de quedarnos inmóvil sin poder tomar ninguna decisión.

En esos momentos la comunidad, el amigo, el grupo son vitales. Necesitamos dejarnos llevar por la fe alguno de ellos para que, como ese paralítico, podamos escuchar la Palabra de Dios y levantarnos de nuestro letargo, dudas o flaquezas. Observemos que aquel paralítico llego a estar delante de Jesús porque unos amigos o familiares lo llevaron y él se dejó llevar. Quizás a nosotros nos pueda ocurrir algo parecido, nos invitan unos amigos o familiares a conocer a Jesús y, en nuestro caso, quizás no nos dejamos llevar.

Es bueno siempre tener a alguien que nos quiera de verdad y nos aconseje con buena intención buscando siempre nuestro bien. Y lo mejor que nos puede pasar es encontrarnos con Jesús, el Hijo de Dios, que ha venido a salvarnos y, para que no tengamos dudas, ha dado su Vida por la nuestra.

martes, 27 de septiembre de 2022

NUESTROS PECADOS ESTÁN PRESENTES CADA DÍA

¡Sí, somos pecadores y, por nosotros mismos, no podemos liberarnos de esa esclavitud del pecado! Nuestra única esperanza de liberación es el Señor. Por tanto, sabemos que habrá dificultades y eso nos exigirá lucha, pero una lucha sin desesperar ni caer en la resignación. Siempre con la esperanza de que con el Señor saldremos victorioso.

Somos consciente, no debemos negarlos ni esconderlos, de nuestros pecados. Por eso nos llamamos pecadores. Pero, también, sabemos y conocemos la Misericordia de nuestro Padre Dios, y, ¡por eso debemos estar siempre esperanzados y alegres, serenos y tranquilos! Pase lo que pase no debemos perder la conciencia de que Dios, nuestro Padre, está presente. Aprendamos a esperar, a fiarnos de nuestro Padre Dios.

Pero, levantemos también nuestra alma con alegría, con esperanza de que siempre hay gente buena que nos anima y camina con nosotros. Siempre podemos hacer algo, dar esperanza y animar a otros. Tenemos unos talentos que muchas veces no queremos ver ni desenterrar. Simplemente, saber esperar y soportar los malos momentos y los desespero impacientes de nuestro inconformismo son virtudes que debemos practicar y poner de manifiesto con la ayuda del Espíritu Santo.

Sí, la vida en muchos momentos se nos vuelve pesada y no queremos cargar con ella. Pero, nunca olvidemos que la vida es un don. Un don por el que caminamos sea como sea, con dolor o alegría, a la plena felicidad eterna junto a nuestro Padre Dios. Y ese regalo es nuestro gran Tesoro.

sábado, 26 de marzo de 2022

¿ACASO TÚ NO TIENES PECADOS?

Lc 18,9-14
La inclinación natural es acallar nuestra conciencia. Y lo hacemos cuando tratamos de justificarnos, autoengañándonos y traicionando nuestra propia realidad. Distorsionamos la realidad para hacernos ver – autoengañándonos – que la realidad es otra. La cuestión es, simplemente, justificarnos y tranquilizar nuestra conciencia. Nos decimos que somos buenos y, en realidad, hacemos obras buenas.

Esa fue la oración del aquel fariseo delante del Señor: ‘¡Oh, Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. Y, no está nada mal. Es correcta y buena. Pero, exenta de pecados. ¿Es que ese fariseo no tiene pecados para pedir perdón? ¿Acaso hace todo bien? Da gracias, pero ¿hace todo bien? Se descubre un aire de suficiencia, de exaltación de sus cosas buenas y de ser mejor que los otros. ¿Acaso Dios, Padre bueno, ¿ha hecho a algunos malos? ¿No es la maldad la consecuencia del pecado, libremente cometido por el hombre? Luego, el fariseo se exalta y se equivoca y, acallando su conciencia, la instala cómodamente para no inquietarse y, por supuesto, no crecer ni mejorar.

Sin embargo, aquel publicano, del que Jesús habla en la parábola, se humilla; no se atreve a presentar lo bueno que ha hecho y, por el contrario, reconoce sus errores, sus debilidades y pecados. Y, arrepentido y humillándose, pide perdón y misericordia al Padre bueno. Es evidente, esa es la oración que llega al corazón de nuestro Padre Dios, y, como nos ha dicho, nos perdona misericordiosamente. Porque, como termina el Evangelio de hoy: «todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado».

viernes, 14 de enero de 2022

PODER PARA PERDONAR LOS PECADOS

Mc 2,1-12

Es evidente que todos buscan a Jesús. Es el que cura, el que libera de toda enfermedad, dolencias y espíritu inmundos. ¿Cómo no van a buscarle y pedirle que les cure? Sin embargo, hay algunos que se obstinan en no creerle y, su soberbia les somete hasta el punto de que viendo sus curaciones y gran poder, no aceptan su Palabra y su Divinidad.

El colmo llega cuando Jesús, viendo la fe de los que le ponen el paralítico delante « al que habían bajado haciendo un abertura por el tejado» le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». La respuesta de aquellos fariseos y herodianos presente – que no aceptaban la divinidad de Jesús, saltó de inmediato: Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Y así sucedió: Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida». Luego, se hace difícil creer que, al menos aquellos fariseos y herodianos que estaban presente no terminaran creyendo en Jesús. Y no lo sabemos, pero, posiblemente ante tal prodigio hayan recapacitado. Sin embargo, la realidad también nos habla de que hoy está pasando lo mismo. Muchos no reaccionan ante hermosos y veraces testimonios que reciben de otros ni ante la Palabra de Dios, que responde exactamente a sus aspiraciones y búsqueda de felicidad.

¿Qué ocurre entonces? La soberbia, el egoísmo y nuestras apetencias carnales e inclinaciones hedonistas  nos ciegan y nos someten al rechazo a la Verdad. El pecado es la causa que nos seduce y no pervierte. Indudablemente, necesitamos el perdón de nuestros pecados.

lunes, 25 de octubre de 2021

UNA CEGUERA PELIGROSA

 

Posiblemente, nuestra ceguera sea más de la que nosotros pensamos. Vivimos en la cuerda floja y, sin embargo, no advertimos el peligro que corremos en cada instante de nuestra corta vida. Porque, cada instante que vivamos en pecado, y de espalda a Dios, corremos un gran peligro. Nos arriesgamos a perder nuestra felicidad eterna, porque ─ en esta vida ─ nuestro verdadero objetivo es ganárnosla aceptando la Misericordia de Dios y viviendo en su Palabra.

Corremos también el peligro de acostumbrarnos, tanto a nuestra vida de pecado, como a nuestra vida de piedad. La rutina de cada día puede convertirse en una costumbre paralizada, e incluso encorvada, como la mujer del Evangelio de hoy. Sin darnos cuenta paralizamos nuestra vida y nos impedimos crecer, avanzar en amor y misericordia. Nuestra fe queda estancada y adaptada a las normas y cumplimientos.

Y, Jesús, nos despierta, nos sana contando con nuestra disponibilidad y permiso. Busca despertarnos y que espabilemos. Nos sacude para que salgamos de esa idea de poner todo en manos de unas normas y cumplimientos.  Porque, amar es algo más profundo, más personal, complejo y directo a la persona. Y, por supuesto, más comprometido. De modo que busca el bien de la persona por encima del bien personal.

sábado, 22 de junio de 2019

DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN, ALLÍ ESTARÁ...

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Mt 6,24-34
Es bueno preguntarse qué ocurre dentro mí, porque, dentro de mí es donde está la batalla respecto a mis actuaciones afuera, en el mundo en el que vivo. Por eso, interesa preguntarse sobre lo que anida en mi corazón y cuáles son las causas y motivaciones que lo mueven. Porque, es tu corazón, según sus deseos, el que te inclinará a buscar y a actuar de una forma determinada. Sera una buena pregunta, y muy necesaria, que te ayudará a descubrir tus inclinaciones, tus apetencias y tus pecados.

Porque, el pecado no vive afuera, sino dentro de ti, y duerme dentro de tu corazón. Él será el que suscita en tu corazón tus intereses, tus egoísmos y tus malos pensamientos. E incluso trata de dejar dormida tu compasión misericordiosa y te esclaviza atándote a vicios o apegos que te individualizan y te aíslan de servir y preocuparte por el bien de los demás. Y te das cuenta que experimentas debilidad sintiéndote atado y encadenado por esos vicios, aficiones, perezas o distracciones que te van apartando y alejando del Señor, y de la actitud de disponibilidad y servicio a los demás.

A veces pensamos que no tenemos faltas, y aunque confesamos que las tenemos no sabemos donde están ni cómo aparecen. Y nos cuesta descubrirlas.  Sería bueno rebuscar, indagar y reflexionar, dentro de nuestro corazón, los motivos por los que hacemos las cosas, porque es ahí donde se encuentra la clave de nuestras actuaciones. Nos preguntamos: ¿Lo hacemos por y para Gloria de Dios, o lo hacemos buscándonos a nosotros mismos para darnos satisfacción? 

Sabemos que en la medida de nuestra forma de actuar estaremos más o menos cerca de la Voluntad Dios. Y en esa medida, quizás sin darnos cuenta, nos alejamos hasta el punto de, si no romper con su amistad, sin enfriarla de tal manera que quedamos a merced del mundo, demonio y carne. Entonces, ese alejamiento puede ser muy grave hasta el extremo de romper con Dios. Tratemos, pues, de despertar y de llenar nuestros corazones de buenos propósitos e intenciones, que vayan dirigidas a poner a nuestro Padre Dios en el centro de nuestra vida y a nuestros hermanos como objeto de nuestro servicio.

viernes, 14 de junio de 2019

EL PECADO DUERME EN NUESTRO CORAZÓN

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No son las seducciones que vienen de afuera con las que corremos más peligro y con las que el mundo trata de tentarnos y contaminarnos para destruir nuestra alma, sino las que nacen dentro de nosotros y pervienten nuestra forma de pensar o dan riendas suelta a nuestras apetencias y deseos egoístas e impuros. El pecado no está afuera sino dentro de nosotros, hasta el punto de gestarse en él el deseo de nuestro corazón aunque no se llegue a materializar.

Por eso, el Señor, nos advierte y nos dice: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna».

Necesitamos la asistencia del Espíritu Santo para fortalecer nuestra alma. Eso significa que podemos vencer la adversidad que está presente en el recorrido de toda nuestra vida. No se trata de ser fuerte, sino de tener fortaleza, que es cosa muy diferente. En eso nos enseña mucho la Virgen María, nuestra Madre, cuya fortaleza nos muestra el camino para perseverar y sostenernos firmes hasta aceptar nuestras adversidades en nuestro camino propio de nuestra cruz.

Una cruz que llega hasta apartar de nuestras vidas todo aquello que se levanta como barrera o muralla que nos impide ver a Jesús. Un Jesús que, como hizo María, ocupa el primer puesto en su vida y al que también nosotros debemos de poner en la nuestra apartando todo lo demás. Un Jesús que nos invita a perseverar, fielmente a sostenernos fieles en la unidad conyugal y no repudiar a nuestras mujeres. Un Jesús que busca nuestro bien señalándonos el verdadero camino de salvación.

domingo, 19 de mayo de 2019

UNA NUEVA FORMA DE AMAR

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No cabe duda que el amor humano tiene sus límites que vienen marcados por su propia naturaleza humana. El hombre y la mujer buscan siempre obtener algo a la hora de amar. Incluso con respecto a los hijos, aunque aparentemente lo tengamos escondidos. Todo padre y madre espera que su hijo le atienda en la época de su vejez. Es como una recompensa al amor dado. Sin embargo, a pesar de sus limitaciones es el amor que más se aproxima al estilo de Jesús.

El amor humano siempre busca recompensa y lo que da lleva una segunda intención de recibir. El hombre no ama si no hay interés, aunque no lo descubra o esté escondido que no llega a percibirlo, pero siempre está ahí y aparece en el momento menos inesperado. Y, si no es correspondido como él piensa, pronto aparece el deseo de venganza, de envidia y de enfrentamiento.

Jesús nos propone un mandamiento nuevo, porque realmente es nuevo, es diferente y sorprendente. Hasta tal punto que no se entiende. Amar sin condiciones dándolo todo sin pedir nada a cambio no entra en la cabeza del hombre y la mujer. Amar, incluso al enemigo, no sólo no lo entienden sino que no pueden vivirlo porque, su naturaleza está herida por el pecado. Necesitan la Gracia de Dios y el concurso del Espíritu Santo.

Jesús nos invita a amarnos los unos a los otros, y, si nos invita es porque sabe que, contando con Él, para lo que Él se ofrece, podemos lograrlo. Si se hace necesario poner algo de nuestra parte, pues se nos ha dado la capacidad de decidir y de libertad, pero, sólo por nuestra cuenta quedaremos vencido por el pecado. Necesitamos ponernos en manos del Señor y abrirnos a la acción del Espíritu Santo para, en, con y por Él salir victoriosos en la lucha contra el pecado y el mal que nos impide amar al estilo que nos ama Jesús.

viernes, 12 de abril de 2019

Y HOY SIGUEN CON LA INTENCIÓN DE APEDREARLE

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La Iglesia es perseguida y muchos siguen queriendo tirar piedras sobre ella e incluso matando a muchos por no apostatar. Se obstinan en no creer en Jesús y,  a pesar de sus buenas obras siguen obstinados en no creer en su Palabra ni que se manifieste como el Hijo de Dios Vivo. 

También nos puede a nosotros ocurrir lo mismo. Quizás nuestra impotencia y nuestros pecados no nos dejan ver nuestra debilidad y, si no rechazamos a Dios, sí creemos en un dios que nos hemos fabricado nosotros y que hemos ido adaptando a nuestra medida. Un dios al que no escuchamos sino al que interrogamos y respondemos nosotros mismos. Nuestra razón está muy lejos de la capacidad para entender a Jesús. No entenderemos lo que nos dice, y en la medida que queramos entenderle nos perdemos y alejamos más.

Porque, al querer entenderle y no poder, nuestra soberbia se despierta y nos ensoberbece más hasta el punto de rechazarle y de coger piedras para apedrearle. Tenemos que estar con mucho cuidado, sobre todo, con el demonio que está al acecho y al notar confusión y debilidad en nosotros se aprovecha para llevarnos a su terreno y tentarnos con nuestra propia suficiencia y soberbia.

Busquemos dentro de nosotros mismos las razones que nos ayudan a encontrarnos con el Señor. Porque, está dentro de nosotros. No lo busquemos afuera. Escuchemos la voz en la profundidad de nuestro corazón y dejémonos conducir por él, puesto que si somos semejante al Señor buscaremos, a pesar de nuestras caídas y errores, reflejarle en nuestro diario actuar.

Y eso, si miramos hacia nuestro interior, es lo que realmente hacemos. Queremos portarnos bien; queremos hacer buenas obras; queremos para los demás lo que deseamos para nosotros. Luego, ¿por qué no lo hacemos? El pecado nos ciega y esconde la parte buena de nuestro corazón sacando lo malo, lo contaminado, lo que incluso no queremos hacer.

domingo, 7 de abril de 2019

EL PECADO DA LA OPORTUNIDAD DE CAMBIAR

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Nuestra naturaleza es débil y propensa al pecado. Estamos sujetos a la tentación de pecar y, tarde o temprano, nuestra debilidad e ignorancia nos hundirán en el pecado. Pecado que puede realizarse de muchas maneras, bien sea por cometer alguna falta; bien por inmadurez e inocencia; bien por omisión de algo que hubiese podido evitar o mejora o bien por complicidad con otro. Todas esas circunstancias pueden ser ocasiones para mejorar y cambiar nuestras actitudes ante esos hechos.

No se trata de justificarnos, sino de asumir nuestra condición pecadora y tratar, con la Gracia de Dios, superar esos comportamientos para convertirlos en buenas acciones en y para el bien de las personas. Por lo tanto con esa actitud Jesús nos enseña hoy a tener compasión y saber dar la oportunidad al pecador para que pueda salir de su estado y situación de pecado.

Ante esa mujer pecadora y sorprendida en adulterio Jesús defiende, no su pecado, sino su oportunidad a resarcirse de su culpa. Observemos con que palabras termina el Evangelio: Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

Vemos claramente que Jesús lo que trata es llamar la atención a que todos somos pecadores y que en este pecado concreto la mujer tiene unos cómplices que han pecado con ella. Por eso, con esa sabiduría propia del Hijo de Dios dice: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». Un signo inequívoco de la buena, compasiva y misericordiosa intención del Señor. Todos se sintieron pecadores y marchándose, empezando por los más viejos, se supone que eran los que más pecados tenían, se fueron alejando de aquel lugar.

sábado, 19 de enero de 2019

¿ESTÁS ENFERMO?

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Mc 2,13-17
Nadie quiere estar enfermo, y menos oír hablar de enfermedades. Todos buscamos la salud y el bienestar. Sin embargo, la vida nos enseña que tenemos que vivir con la enfermedad y estar preparados para afrontarla. Sin embargo, es bueno conocer la enfermedad y procurar prevenirla, pues si nos coge de improviso puede afectarnos de forma más peligrosa y pasarlo muy mal.

Cuando el pronóstico del tiempo predice lluvias, conviene llevar el paragua. Sin él podemos mojarnos y quedar empapados y refriados gravemente. Hay un gran peligro, no saber que estamos enfermos y, por tanto, no sentir necesidad de acudir al médico. 

Jesús nos lo advierte en el Evangelio de hoy: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores». Es por tanto muy peligroso no darnos cuenta de nuestras enfermedades - pecados - y pasar desapercibido ante ellos, pues, de ser así no buscaremos al médico, nuestro Señor Jesús, el único que realmente puede liberarnos y salvarnos de esa situación de esclavitud y pecado.

De ahí que sea muy importante reflexionar e interiorizar todos los actos de nuestra vida. Diría que nuestro camino debe ir en estrecha sintonía con Jesús y, desde Él, e injertados en el Espíritu Santo medir todas nuestras acciones dejándonos llevar por sus impulsos y acciones. En esa línea esforzarnos interiormente y tratar de vernos para descubrir nuestros fallos, nuestros vicios, nuestras desviaciones, nuestros egoísmos y pecados que se alejan de la Voluntad de Dios.

Hagamos un sincero esfuerzo para examinarnos y ver nuestras enfermedades, pues, nuestro Señor Jesús ha venido para limpiarnos y salvarnos.

lunes, 13 de agosto de 2018

SUJETOS A LA LEY

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Jesús sabe lo que va a ocurrir y quiere poner en aviso a sus amigos. No quiere que los acontecimientos les coja de sorpresa. Pero, hay algo que debe de darnos esperanza y alegría. Aunque siempre una muerte duele, la noticia de la resurrección debe alegrarnos el alma y llenarnos de gran esperanza.

Sí, Jesús anuncia su Pasión, pero añade que al tercer día resucitará. Y eso debe ser la gran Noticia, porque nos anuncia que la muerte no tendrá la última palabra ni tampoco la victoria. Y esa Noticia nos debe descubrir y anunciar también nuestra resurrección. Porque, si el Maestro vencerá a la muerte, también nosotros, en Él, venceremos a la muerte. ¿Qué significa eso?

Significa que ya la muerte es algo que no debe agobiar nuestra alma sino que se convierte en un tránsito y paso de un estado material a espiritual. Significa que la muerte, algo cierto y real, no debe ser lo más temido, sino el llegar a ese momento en Gracia y unido al Señor. Significa que, si por nuestro Bautismo hemos iniciado una vida nueva y para siempre unidos a Cristo Jesús, por la muerte pasamos a disfrutar de esa vida junto al Señor. De ahí la importancia de escuchar las Palabras de Jesús y sentirnos esperanzados en ellas.

A pesar de estar sujetos, por la ley de los hombres, al pago de impuestos, Dios no nos exigirá nada. Estamos libres de impuestos para el cielo. Dios nos quiere y nos recibe gratuitamente. Somos sus hijos por el Bautismo y nos espera con los brazos abiertos. Por eso, no debemos contaminar nuestras almas con el pecado y tratar de permanecer unidos al Señor para que Él responda por nosotros liberando de la esclavitud del pecado.

martes, 27 de marzo de 2018

LEJOS DE JESÚS TODO SE HACE OSCURIDAD

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Jn 13,21-33.36-38
Todos tenemos experiencia de fracasos y decepciones, pero sería malo no aprender de esos fracasos. Cuando queremos emprender el camino por nosotros mismos, creyéndonos preparados y autosuficientes, la oscuridad empieza a apoderarse de nuestra vida. La parábola del hijo pródigo -Lc 15, 11-32- nos lo deja ver muy bien, y se repite con mucha frecuencia en nuestras vidas.

El pecado, siendo el veneno que nos mata y nos aleja de Dios, no es lo más importante, porque ante él está la Misericordia de Dios. Estaríamos hablando de condenación sin la Pasión del Señor. Precisamente, esta Semana grande nos visualiza el Amor de Dios y su Misericordia. A pesar de nuestros pecados y ofensas estamos salvados si así lo decidimos. Eso supone creer y confiar en el Señor.

Nunca perdamos de vista nuestra condición de pecadores, los somos y estamos sometidos a pecar en cualquier momento. Esa es nuestra condición humana, heridos por el pecado original que ya, en el Bautismo, limpiamos por la Gracia del Espíritu Santo para, con Él, superar todas las pruebas y dificultades que nos irán saliendo al paso en nuestro camino. Nuestro destino es destino de cruz y necesitamos ir bien acompañados para no desfallecer y levantarnos.

Pero, nunca desesperemos por nuestros muchos pecados. Tengamos siempre la confianza de levantarnos y de regresar a la compañía del Señor. Él ha venido para eso, para purificarnos y darnos santidad. Sabe y conoce nuestros pecados, pues por ellos ha dado su Vida, y desde la Cruz nos ha lanzado ese grito de Misericordia a todos aquellos que estamos dispuestos a recibirla. Siempre hay tiempo, y siempre estamos a tiempo. 

Lejos de Jesús no hay esperanza de salvación. Todo se oscurece y, aunque el mundo nos ofrece falsos espejismos que nos deslumbran en primer momento, pronto se desvanecen para volver al vacío y la vaciedad. Volvamos a la luz y dejémonos alumbrar por la Gracia del Espíritu Santo.

sábado, 17 de febrero de 2018

NECESIDAD DE LIMPIARNOS

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Lc 5,27-32
La higiene es algo innato y necesario al ser viviente, y, como debe ser, también al hombre. Tiene libertad para hacerlo, pero la necesita y le es imprescindible para su salud. Y no de vez en cuando, sino diariamente. Cada día necesitamos asearnos y mantenernos higiénicamente limpios. Nuestra salud depende de la calidad de nuestra higiene, y, por mucho y bien que la practiquemos, la necesitaremos realizar todos los días.

Y de la misma forma que necesitamos la higiene cada día, también necesitamos limpiar nuestro corazón de todas las impurezas a que nos somete el pecado. Somos pecadores y no podremos librarnos de sus tentaciones y amenazas sin el esfuerzo de limpiarnos cuidadosamente de él alejándonos también de sus peligros. Necesitamos, pues, también limpieza cada día y a cada instante.

Pero, ocurre que la limpieza de nuestros pecados no la podemos hacer de cualquier manera, forma o lugar. Necesita una circunstancia y a Alguien especial. Sólo Dios puede perdonar tus pecados y sólo en Él podemos encontrar esa posibilidad de que nuestros pecados sean perdonados. Por lo tanto, tendremos que acudir a Él. Sin embargo, siendo así nuestra situación, es el Señor quien nos busca y quien ha dada el primer paso para ofrecernos su Perdón.

Dios sale a nuestro encuentro para ofrecernos su Misericordia perdonándonos todos nuestros pecados cada vez que lo necesitemos. Sabe de nuestra condición pecadora, débil y limitada, y, comprendiéndonos, nos ofrece, por amor, su perdón misericordioso. En Él podemos apoyarnos y descargar todas nuestras culpas, fracasos, miserias, fatigas, debilidades, errores, torpezas, tentaciones y pecados. Él nos comprende, nos fortalece, nos acoge, nos escucha y nos perdona. Sabe que le necesitamos.

Y es que nada somos ni podemos sin Él. Por eso da el primer paso y nos busca para rescatarnos y liberaros del pecado. Pero, seremos nosotros los que tendremos que seguirle y dejarnos conducir por Él. Nos ha creado libres para que podamos optar y decidir. No nos resultará fácil, pero confiando y permaneciendo en Él lo logramos, porque Él tiene Palabra de Vida Eterna.

jueves, 6 de julio de 2017

LA SALVACIÓN NO ES PARA ESTE MUNDO

(Mt 9,1-8)
Nuestro cuerpo está sometido y sujeto a las leyes terrenales. Estamos contenidos dentro del espacio y el tiempo, y, por tanto, sujeto a sus leyes. El tiempo pasa y deteriora nuestro cuerpo. Estamos, pues, destinados a morir. Morir nuestro cuerpo terrenal, que es corrupto, pero no nuestra alma y nuestro cuerpo glorioso, como el de Jesús, destinado a vivir eternamente. 

Meternos en esas profundidades, insuperables para nosotros, es perdernos. Nos basta la Palabra del Señor y su Resurrección. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y todo lo que ha dicho y prometido se cumplirá. Sólo basta Él y su Palabra.

La primera reacción del Señor es salvar a paralítico. Es indudable que lo primero y principal es perdonar sus pecados. Es decir, limpiar su alma para salvarlo. Y así lo hace: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Es lo importante y lo que todos necesitamos. Alcanzar la Misericordia del Señor para salvarnos. Porque, nuestro cuerpo volverá a enfermar. Curado de esta parálisis, vendrá otra u otra enfermedad que será la definitiva. Lázaro, el íntimo amigo de Jesús fue resucitado por Él, pero tuvo que morir más tarde. Porque, en este mundo todos tenemos que morir y compartir nuestra muerte con Jesús. 

Pero no sólo una muerte corporal, sino también una muerte a nuestro egoísmos y ambiciones terrenales. Una muerte de nuestra vida al éxito mundano y a nuestros proyectos y vanidades. Una muerte que nos limpia de nuestros pecados por la Misericordia de Dios. Pecados que sólo Dios tiene poder para perdonarlo y que en el Evangelio de hoy lo deja claro: ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Él se levantó y se fue a su casa. 

viernes, 30 de junio de 2017

RECONOZCO MIS PECADOS

(Mt 8,1-4)
Persigo al Señor y quiero seguirle, no porque sea bueno, sino porque necesito que Él me saque del fango que es mi vida; del fango de mis pecados y de la impotencia de mis debilidades. Porque, el mundo en el que vivo, no me limpia, sino me hunde más en mis miserias y pecados. Necesito dar riendas sueltas a ese amor que arde dentro de mí y que, encendiéndolo, experimento paz y felicidad.

Por eso, consciente de mis pecados corro al Señor para pedirle que me limpie. Creo profundamente que Tú, Señor, puedes limpiarme, y como ese leproso, acudo a Ti para pedírtelo. Pero antes, Señor, te llevo mis miserias y mis fracasos; mis pasiones y mis debilidades; mis pecados y mis errores. Esa es la basura de todo lo impuro que hay en mi vida, y que constituye mi lepra. Sí, Señor, yo también tengo lepra. Una lepra incurable sin tu Gracia. Una lepra con la que el mundo va minando, no sólo mi cuerpo, sino también mi alma. Una lepra a merced del Maligno, que me despedaza y me condena.

Señor, dame esa conciencia de pecado y de arrepentimiento, Porque sin ella, ¿a dónde voy? ¿Qué puedo esperar de este mundo perverso y mal intencionado que sólo quiere atrapar mi cuerpo y mi alma para condenarme. Un mundo regido por el príncipe del mal, que nos tienta y nos aplastas en nuestras debilidades. Mi vida no tiene sentido de otra forma sino en tu presencia.

Sería absurdo dejarnos someter por este mundo que sólo nos puede ofrecer miseria y perdición. Claro, las presentas bajo la falsa del espejismo tratando de seducirnos con luces y cantos de sirena, pero que luego, atrapados, saca a relucir su cara de perdición y de muerte.

Quiero, Señor, seguir tus pasos y, confiado en tu Amor y Misericordia, esperar que, cuando llegue el final, caer en tus Manos y quedar limpios para toda la eternidad.

lunes, 5 de diciembre de 2016

LA FE PONE EN CAMINO DE CONVERSIÓN

(Lc 5,17-26)
Todo movimiento indica fe. Quizás no sea la suficiente, pero es siempre fe. Al menos esperanza de que tu ideal sea realizado, y que con ese sentimiento de esperanza tu camino se sostiene por y en la fe. Supongo que aquellos hombres, a súplicas del paralítico, le acercaron a Jesús con la intención de que lo curara.  Y eso deja de manifiesto que albergaban la esperanza de que el enfermo fuese curado. No cabe duda que debajo de ese movimiento e intenciones hay fe.

Sin embargo, los allí presentes dudan al escuchar que Jesús prioriza el perdón de los pecados, verdadera salud, anteponiéndola a la corporal, en este caso la parálisis. Rechazan ese poder de perdonar porque sólo se lo atribuyen a Dios, y sugieren que Jesús está blasfemando a proclamar que perdona los pecados. De esta manera y en estas circunstancias, Jesús les dice: « ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles. Pero ocurre que las cosas se olvidan y esas palpables pruebas del poder del Señor no fueron suficientes para que muchos abrieran sus corazones y se convirtieran. Al contrario, siguieron cerrados a la Palabra del Señor y preparaban la forma de condenarle.

No nos basta con la salud corporal, pues sabemos que ésta es caduca y de nada nos vale. No es completa. Por eso, Jesús, nos desvía a que nos demos cuenta de nuestros pecados. Limpiar nuestra alma de nuestro egoísmo, soberbia y vanidades es curarnos para la eternidad. Jesús, el Señor, ha venido para eso, no sólo para darnos la salud corporal, sino también la salud espiritual. Y esa es eterna.

jueves, 2 de julio de 2015

EL GOZO DEL ARREPENTIMIENTO

(Mt 9,1-8)

Todos hemos experimentado el gozo de sentirnos perdonados, pero primero hemos llevado el sentimiento temeroso del arrepentimiento de nuestros pecados. Nos reconocemos pecadores e indignos de merecer el perdón de nuestros pecados, y la Misericordia del Señor nos llena de gozo y alegría. Nos olvidamos incluso de nuestros defectos físicos al vivir la experiencia de ser aceptados, acogidos, queridos y perdonados por el Señor.

Un Señor que nos deja pasmados con su Poder. Un Señor al que no se le puede rechazar ante sus obras y poder sobre la vida y la muerte. Un Señor que perdona nuestras debilidades, nuestras limitaciones y nuestros pecados, y, ante nuestras dudas, nos da testimonio de su amor y poder ofreciendo, primero su perdón a aquel paralitico que le acercan y presentan, y luego ante nuestra perplejidad y murmuraciones, nos plantea la alternativa de hacernos visible esa Misericordia de los pecados sanándole también su enfermedad física.

No hay argumento ni resistencia que pueda enfrentarse a esa autoridad y poder sobre la vida y la muerte. Estamos verdaderamente ciegos si no somos capaces de reflexionar y ver el Poder y el Amor del Señor. Son hechos probados y que pertenecen a la historia y que la Iglesia conserva, da crédito y transmite a través de los siglos a toda la humanidad. No se puede rebatir ese hecho como tantos otros de la Vida de Jesús. Verdaderamente es el Hijo de Dios.

Ante tales obras sólo se pueden refutar negándose porque sí, y ya está. No se puede argumentar ni dar razones que las puedan contradecir. La evidencia es nítida, clara, diáfana, sin contradicciones e histórica y llena de testigos. El único argumento es no creer y decir que es un simple cuento. Pero lo mismo, siguiendo esa línea podíamos decir de todo lo que la historia nos cuenta y nos transmite. Entraríamos en un puro relativismo donde cada cual hace y cree lo que le apetece, le gusta o le conviene.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos deja de forma clara y patente su Misericordia y su Poder para perdonar los pecados, nuestros pecados. Porque esa es la Misión que lo ha traído hasta nosotros. Se ha hecho Hombre para, igualado a nosotros menos en el pecado, perdonarnos los nuestros y asumirlos para el rescate con su propia Muerte de Cruz.

Sólo, Señor, unas humildes palabras de gratitud impresionado por tanto Amor y Misericordia inmerecida y asombrado por tanta grandeza y poder imposible para nosotros comprender. Alúmbranos Señor nuestra pobre y mísera mente para, abandonados en tus Manos, entregarnos a tu fidelidad y obediencia. Amén.

martes, 15 de abril de 2014

CUANDO ME ALEJO DE TI, SEÑOR, SE HACE LA OSCURIDAD

(Jn 13,21-33.36-38)


Ocurre muchas veces en nuestra vida, de repente se hace de noche y la oscuridad reina en nuestro corazón. La oscuridad de nuestra soberbia, de nuestra vanidad, de nuestra suficiencia, de nuestra avaricia... que nos hacen subir, creernos más que otros, dignos de elogios, de privilegios, de centro de los demás, de tenidos como importantes, de ser servidos más que servir, de...

Y las tinieblas nos ciegan, nos confunden, nos mueven a actuar, ni como creemos ni como debemos, sino como no debemos actuar y en sintonía con el Maligno. Así le ocurrió a Judas aquella noche, se alejó de Jesús y perdió su contacto, su diálogo con Él... y las tinieblas se apoderaron de su corazón. Y así también nos ocurre a cada uno de nosotros cuando pensamos que sin el Señor podemos encontrar el camino y la solución a nuestros problemas.

Ese es el efecto del pecado, una ruptura con Dios pensando que en las cosas de este mundo encontraremos solución y remedio a nuestro deseo de paz, alegría y felicidad. Y nada más lejos de la realidad. La solución pasa únicamente por el regreso a Dios en Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y en Él ha sido glorificado el Padre, y el Padre lo glorificará a Él y en Él nosotros seremos también, por el Amor del Padre y el Hijo, glorificados.

Gracias Señor por tu Inmenso Amor y por tu Misericordia, pues a pesar de romper contigo por nuestro amor a nosotros mismos, Tú, Misericordiosamente, nos perdona y nos abre tus brazos para acogernos y salvarnos.

miércoles, 9 de abril de 2014

¿REALMENTE SOMOS LIBRES?

(Jn 8,31-42)


Cuando nos atrevemos a reflexionar sobre la libertad, nos damos cuenta que nuestra libertad, valga la redundancia, no es libre sino que está sometida al pecado. Pecado de lujuria, pecado de soberbia, pecado de venganza, de odio, de egoísmo, de riqueza, de poder, de suficiencia, de pereza, de comodidad, de ira, de desobediencia, de...etc. La lista en numerosa y ancha, de ahí el peligro de escoger el camino de la puerta ancha y espaciosa.

Porque el pecado nos somete, no nos deja ser libres para elegir ese deseo profundo que habita en nuestro corazón y nos llama al amor, a hacer el bien, a desear la concordia, la justicia, la paz y la fraternidad entre todos los hombres. Porque el pecado nos arrastra e inclina a desobedecer, a dejar nacer y crecer dentro de nosotros esos sentimientos de soberbia, de ira, de lujuria, de venganza...etc. 

Entendemos de forma clara que lo que nos somete nace y tiene vida dentro de nuestro corazón. Ahí dentro nace el pecado y es ahí donde se ensucia nuestro corazón, no con las cosas de afuera. Sólo Jesús nos puede dar esa libertad que deseamos y queremos. Él, que es la Verdad Absoluta, nos hará libres rompiendo esas cadenas de esclavitud que nos someten.

Señor, Tú eres nuestra libertad y nuestra verdad. Sólo en Ti podemos romper esas cadenas de esclavitud que nos impiden ser y actuar como verdaderamente queremos ser. Danos tu Gracia para poder liberarnos. Amén.