Mostrando entradas con la etiqueta fidelidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fidelidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2026

FIDELIDAD

Lc 1, 57-66.80

La verdad está muy relacionada con el sentido común.  Toda persona de bien busca hacer el bien, valga la redundancia. Y a eso se le llama sentido común.

No se entiende cómo hay personas que se inhiben de hacer el bien e incluso hacen el mal. Da la sensación de que han perdido el juicio.

—Cuando nos encontramos con alguien que es contrario al bien —explicaba Pedro—, decimos que le falta un tornillo…

Guardó silencio y, mirando alrededor, añadió:

—Porque lo natural en el ser humano es buscar la verdad y obrar el bien.

Y mirando a Manuel, agregó:

—¿No te parece?

Manuel, poniendo cara de conformidad, respondió:

—Totalmente de acuerdo, lo lógico es mirar por el bien común y hacer lo que es bueno para los demás.

En el ambiente flotaba ese sentimiento de verdad y justicia. Todos asentían, reflejando en los rostros el estar de acuerdo.

Hay momentos en la vida en los que tenemos que aprender a comunicarnos con los gestos y las miradas. Y a saber que las leyes naturales marcan nuestro camino…

Manuel levantó la mirada hacia el cielo y sin titubeos exclamó:

—Pero tú, Señor, también, si así lo determinas, puedes cambiar esas leyes naturales que rigen nuestra naturaleza y…

Hizo una pausa, bebió un poco de agua y, abriendo la Biblia por Lucas 1, 57-66.80, agregó:

—Hiciste realidad el sueño de esos ancianos, Zacarías e Isabel, cuando ellos ya no lo esperaban…

Y, confirmando nuestras debilidades y vacilaciones, comentó:

—Pero incluso quienes buscan sinceramente el bien pueden encontrarse con dificultades para confiar plenamente en Dios.

Y mirando a Pedro, concluyó:

—Se sentían excluidos, humillados, decepcionados…

Dio una mirada alrededor y, reflejando una suave sonrisa, dijo:

—Ante el anuncio del nacimiento de un hijo, Zacarías se quedó incrédulo, porque la naturaleza humana ya no permitía esperar algo así.

Entonces, fijando su mirada en todos, afirmó:

—¿Cómo hubiésemos respondido nosotros?

Muchos comprendieron las palabras de Manuel y agacharon las cabezas. Se hace necesario aprender a fiarse y a callar frente al misterio de Dios.

Y a contemplar en humildad y silencio su obra, que se revela en la historia y que tantas veces, como dijo el Papa Francisco, supera nuestra imaginación.

viernes, 17 de mayo de 2024

FIELES POR LA MISERICORDIA DE DIOS

Podemos asegurar ser fieles y no fallar, y asegurarlo una y mil veces. Y hasta dar pruebas de ello. Pero, queramos o no, tendremos que reconocer nuestra fragilidad, nuestra debilidad y nuestra condición humana y pecadora. Posiblemente, en este diálogo de Jesús con Pedro se esconde el descubrirle esa condición pecadora y la garantía, a pesar de sus pecados, de la siempre fidelidad del Señor. Pedro lo experimentará en esa noche irrepetible de sus tres negaciones a reconocerse amigo y fiel al Señor.

Y eso nos sostiene a cada uno de nosotros y, en su conjunto, a la Iglesia. No nos salvamos por nuestras obras, por nuestros méritos ni por todo el bien que hagamos. Si, verdaderamente eso vale, pero nunca será suficiente para una salvación plena junto al Señor. Nunca lo mereceremos. Si lo logramos será por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios, puro regalo gratuito por Amor. Un amor que solo entenderemos cuando estemos en su presencia.

Y sabernos amado misericordiosamente nos fortalece, nos renueva, nos da ánimo para empezar de nuevo, para seguir en la lucha a pesar de la cruz que siempre estará tentándonos y probándonos. Ese es el camino y esa es la esencia de sentirnos Iglesia, camino sinodal que nos sostiene unidos, fortalecidos y, sobre todo, amados por el único que nos ama de verdad, nos perdona misericordiosamente y nos salva.

viernes, 14 de junio de 2019

EL PECADO DUERME EN NUESTRO CORAZÓN

Resultado de imagen de Mt 5,27-32
No son las seducciones que vienen de afuera con las que corremos más peligro y con las que el mundo trata de tentarnos y contaminarnos para destruir nuestra alma, sino las que nacen dentro de nosotros y pervienten nuestra forma de pensar o dan riendas suelta a nuestras apetencias y deseos egoístas e impuros. El pecado no está afuera sino dentro de nosotros, hasta el punto de gestarse en él el deseo de nuestro corazón aunque no se llegue a materializar.

Por eso, el Señor, nos advierte y nos dice: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna».

Necesitamos la asistencia del Espíritu Santo para fortalecer nuestra alma. Eso significa que podemos vencer la adversidad que está presente en el recorrido de toda nuestra vida. No se trata de ser fuerte, sino de tener fortaleza, que es cosa muy diferente. En eso nos enseña mucho la Virgen María, nuestra Madre, cuya fortaleza nos muestra el camino para perseverar y sostenernos firmes hasta aceptar nuestras adversidades en nuestro camino propio de nuestra cruz.

Una cruz que llega hasta apartar de nuestras vidas todo aquello que se levanta como barrera o muralla que nos impide ver a Jesús. Un Jesús que, como hizo María, ocupa el primer puesto en su vida y al que también nosotros debemos de poner en la nuestra apartando todo lo demás. Un Jesús que nos invita a perseverar, fielmente a sostenernos fieles en la unidad conyugal y no repudiar a nuestras mujeres. Un Jesús que busca nuestro bien señalándonos el verdadero camino de salvación.

sábado, 7 de noviembre de 2015

EN LO PEQUEÑO SE DESCUBRE LA VERDAD

(Lc 16,9-15)


Cuando lo que me importa no ocupa el centro de mi corazón, todo lo que se haga es pura apariencia. Las raíces no son profundas, y los frutos salen contaminados y podridos aparentando lo que no son. A veces vivimos auto engañados en realidades distorsionadas, y aparentamos quereres que, realmente, no lo son. A la menor tempestad se derrumban y se descubren.

Esa es la razón de muchas sorpresas, que la propia vida pone al descubierto: matrimonios rotos, separados, enfrentados; familias que se odian; abortos; injusticias, explotaciones, guerras de poderes...etc. Se descubre el dios economía, que suplanta a todo lo demás. El amor queda enterrado, bloqueado y pospuesto al interés económico. 

Experimentamos un dios de conveniencias y en función de nuestros propios intereses. Y, claro, ese dios no es el Dios de Jesús, el Señor. Él nos ha enseñado otro Dios. Un Dios comprometido, fiel y amoroso. Un Dios que nos ama incondicionalmente, pues de no ser así no tendríamos escapatoria, y que permanece a nuestro lado como mendigando nuestro mísero amor. Un Dios que, indudablemente no merecemos, pero que, a pesar de eso, nos llama y nos ofrece la salvación.

A poco que profundizamos en nosotros mismos, descubrimos que nuestra propia raíz de fe no está muy profunda. También que nuestro regadío, y la calidad de nuestra agua no es todavía lo suficientemente pura, pero que, confiados y esperanzados en el Espíritu de Dios, y por su Gracia, lleguen a serlo.

Necesitamos, Señor, que aumentes nuestra fe, y que nuestro corazón vomite toda la basura, superflua y caduca, que lo alimenta. Y que las raíces del amor bueno profundicen y germinen en buenos frutos que sostengan la fidelidad y perseverancia en lo fundamental, el Amor de Dios.