Mostrando entradas con la etiqueta escándalo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escándalo. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de noviembre de 2025

EL ESCÁNDALO

Lc 17, 1-6

   Llegó el día de la fiesta principal del pueblo. Terminada la celebración, la plaza estaba a rebosar. No faltaba ni el gato, como solemos decir en esos momentos.

    El alcalde había terminado el saludo anual al pueblo y se daba el pistoletazo de salida a la diversión y a la fiesta. La algarabía pronto se hizo dueña del lugar: música, comidas, bailes, risas… todo era alegría.
 
   Por distintos rincones se formaban tertulias, sobre todo de los personajes más conocidos del pueblo, que, al calor de una copa de vino, comentaban la evolución de la fiesta.

     En una de ellas, Severino, uno de los más longevos del pueblo, hablaba sobre la persona del alcalde.
   —El señor alcalde no aparenta mala persona —dijo—, pero esconde una historia de malas acciones que, si el pueblo lo supiera, le costaría el puesto.
 
   Sorprendido, uno de los presentes, muy implicado en los asuntos sociales del pueblo, preguntó con gesto de sospecha:
    —¿Ha cometido algún delito o algo inmoral?
 
    Y giró los ojos hacia los demás, buscando complicidad.

   —No lo sé —contestó Severino, queriendo evitar sospechas—, pero hay habladurías de que se ha enriquecido ilegalmente.
  —Eso es muy grave —repuso el hombre—. No se puede decir algo así sin pruebas. Pueden escandalizar a la gente y poner en duda el nombre de una persona sin motivos justificados.
 
   En ese momento intervino Manuel, que había sido invitado a las fiestas porque tenía buenos amigos en el lugar. Todos lo miraron, pues conocían su reputación de hombre justo y moral.

   Manuel respiró hondo y, con serenidad, recordó unas palabras de Jesús:
  —En el Evangelio de Lucas (17, 1-6), Jesús dice: «Es imposible que no haya escándalos, pero ¡ay de quien los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar».
 
    Hizo una pausa. Observó el semblante de quienes lo escuchaban, y continuó:
  —Jesús también nos invita a corregir y a perdonar siempre que haya arrepentimiento, y a confiar en que Dios puede transformar la realidad, por oscura e inamovible que parezca.
 
 Severino se quedó mudo. Su cara era un poema, pero en sus ojos se adivinaba arrepentimiento.
  «Nunca quise ofender ni escandalizar», pensó.
  Entendió que sus palabras, sin pruebas, podían causar un daño inmenso.

lunes, 13 de noviembre de 2023

UN PERDÓN QUE EXIGE ARREPENTIMIENTO

El único camino que arregla la convivencia es el perdón. Pero, ese perdón exige que haya arrepentimiento y buenos deseos de evitar volver a las ofensas. La ofensa nos exige una respuesta que reprenda y corrija. Y el perdón exige buena voluntad y deseo de arrepentimiento.  

Ofender, reprender, arrepentirse y perdonar son los cuatro verbos que conjugan nuestro vivir de cada día. Y ante esta realidad inevitable a la que nos inclina nuestro pecado, Jesús propone un camino exigente de perdón fraterno. Posiblemente esté ahí escondida la cruz de nuestra vida, bien porque mal conjugamos esos verbos que utilizamos sin caer en la cuenta, o bien porque nos dejamos arrastrar por las seducciones o los dioses que nos propone el mundo.

De cualquier forma nuestros actos están sujetos a escándalo y eso nos obliga a mirarnos interiormente, a ser prudentes y a pedir la sabiduría para reprender, para arrepentirnos de nuestros pecados de escándalo, a perdonar y a acoger la misericordia de nuestro Padre Dios que nos perdona.

Es evidente que para mantenernos en esa actitud misericordiosa necesitamos fe. Una fe confiada en la Infinita Misericordia de Dios que, primero nos perdona a nosotros y que espera que también nosotros correspondamos perdonando a los demás. Y bueno, muy bueno sería tener en cuenta que cada vez que somos capaces de perdonar, también nosotros somos perdonados. Esa toma de conciencia nos puede ayudar mucho a acrecentar nuestra fe y a crecer en misericordia.

viernes, 4 de agosto de 2023

CUESTA ACEPTAR A QUIEN CONOCEN DE PEQUEÑO COMO MAESTRO

Se hace difícil aceptar la palabra y sus enseñanzas de aquel al que conocemos de pequeño y sabemos sus orígenes. Alguien que ha vivido y crecido junto a nosotros y que sabemos de dónde viene y lo que ha estudiado. ¿De dónde, pues, saca esa sabiduría con la que Jesús exponía su mensaje y hacía esos milagros?

En ese contexto se hace duro y difícil aceptar la superioridad y maestría del hijo de la tierra. Pero ¿cómo nos va a enseñar este que conocemos y sabemos quién es? Es la actitud lógica y de sentido común con la que actuaría cualquier pueblo o comunidad. Podría preguntarnos que diríamos nosotros ahora. Incluso, ¿no lo decimos de muchos compañeros o sacerdotes que nos hablan de Jesús, de su Palabra, de su obra y milagros? Evidentemente, la historia se repite.

Así de sencillo, posiblemente nos resultará difícil dejarnos invadir por la admiración y más fácil nos será escandalizarnos por los que algún compañero cercano y conocido nos pueda hablar de Jesús. Más que palabras nos convendría interiorizar y preguntárnoslo seriamente.

martes, 3 de agosto de 2021

TRADICIONES Y COSTUMBRES

 

La vida, también nuestra vida, está llena de tradiciones y costumbres que nos arrastran hasta llegan a someternos y crear hábitos rutinarios a los que llegamos a endiosar y a aceptar como fundamentos de nuestra fe. ¡Y no los son! Pueden llegar a ser importantes, pero nunca fundamentales. Porque, lo fundamental de nuestra fe no se apoya en actos y cosas externas que nos llegan de afuera, sino en lo que se cuece y nace dentro de nosotros mismos, es decir, en nuestros corazones.

Es el corazón donde nace y se cuece el pecado y también donde nace la fe como resultado de un encuentro profundo y real con Jesús. Por tanto, el escándalo de aquellos que se escandalizan y desvían la atención y el encuentro de otros con Jesús es cosa muy grave. Ya lo dijo Jesús en una ocasión: «Ay de aquel que escandalice: Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar»

Nuestra fe se fundamenta en Jesús y es en Él donde hay que mirarnos. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y es a Él a quién hay que seguir. Por eso, mirarnos en otros equivaldría a cerrar nuestros ojos y ser guiados por ciegos. La realidad es que eso no nos llevaría a ninguna parte salvo a precipitarnos por el precipicio. Jesús lo advierte y nos lo dice claramente: Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Conviene, pues, reflexionar sobre nuestras costumbres y tradiciones y darle la importancia que tienen. Pero, nunca tomarlas como el fundamento de nuestra. Las costumbres y tradiciones están sujeta a cambios y evoluciones, más nuestra fe siempre será la misma y estará fundamentada en Xto. Jesús, el Hijo de Dios que nos la ha revelado.

lunes, 11 de noviembre de 2019

¿ME TOMO EL PULSO DE MI FE?

Resultado de imagen de Lc 17,1-6
Lc 17,1-6
Normalmente todos pensamos que nuestra fe no es muy firme. Todos nos acusamos de tener poca fe, o, en su defecto, una fe débil, pero, ¿en realidad me tomo el pulso de mi fe? Porque, la medida de nuestra fe se descubre en situaciones límites. Y no me refiero a situaciones que son de vida o muerte, sino que quiero significar con límites a ese punto donde tenemos que dar nuestra opinión y soltar nuestra reprimenda y miramos para otro lado.

En mi opinión la Iglesia no debe permanecer callada en tiempos de elecciones. No debe permanecer impávida y en silencio sin orientar y clarificar la postura católica. Debe animar a participar y a depositar el voto siguiendo los criterios de la verdad y la justicia primando la defensa de los más necesitados y excluidos. Es verdad que no debe señalar tanto a favor como en contra a ningún partido ni colectivo político, pero sí orientar el sentido de nuestra participación según los criterios evangélicos. 

El Obispo José Ignacio Munilla ha hecho una reflexión que nos puede servir de orientación - ver aquí -, pero que echo de menos no haya más y proliferen en la Iglesia en estos momentos. Creo que no es inclinarse por ningún partido, eso corresponde a cada persona, pero si creo que la Iglesia tiene el deber de orientar y formar a los católicos y creyentes comprometidos. Y la prueba que no hay ninguna intención política es que esta reflexión sale publicada el día después de los resultados electorales.

Y es que el Evangelio de hoy nos llama a cuidarnos de no provocar escándalo y de reprender a aquellos que los puedan provocar y realizar. Porque, podemos permitir el escándalo, la manipulación y perversión cuando permanecemos en silencio y omitimos y ocultamos la debida orientación y formación a los fieles dejándolos, sobre todo a los más indefensos a merced de los que intencionadamente buscan sus intereses. Permitimos el escándalo, y eso nos hace cómplice, cuando no reprendemos ni alzamos la voz contra los que escandalizan a los más pequeños e inocentes.

lunes, 12 de noviembre de 2018

EL PERDÓN NECESITA DE LA FE

Resultado de imagen de Lc 17,1-6
No está en nuestras manos el perdonar porque nuestra naturaleza, herida por el pecado, es superada por las incomprensiones, las envidias, los odios, los gustos, las costumbres, aficiones...etc. Todo eso cuando se hace presente en la convivencia de cada día suscita enfrentamientos y luchas que sólo con el perdón pueden superarse. Necesitamos, pues, el perdón y eso es cuestión de fe. Una fe que necesitamos pedir y aumentar con el cultivo de la oración y la perseverancia. Una fe que es un don de Dios.

Pero, el mayor peligro está en la influencia sobre otros, los más débiles y pequeños, a los que se les puede iniciar en el pecado. Ese es el sentido del escándalo del que se habla en el Evangelio de hoy.  ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

Se trata de aquellos que no se arrepienten sino que insisten y viven con y en el escándalo. Porque, el perdón siempre está abierto a la misericordia para aquellos que se arrepienten. A pesar de nuestro dolor y de lo que puede suponer darlo, pero es necesario perdonar como el Señor también, por su Infinita Misericordia, nos perdona a nosotros de nuestras caídas y pecados. Pero, mucho cuidado con aquellos que se empeñan en escandalizar a los pequeños y a los que están sometidos y esclavizados, sin ninguna defensa, por el pecado.

Porque, una cosa es pecar y, arrepentidos pedir perdón, y otras provocar e incitar a otros al pecado sin ningún síntoma de arrepentimiento e incluso perseverando en esa actitud. De cualquier modo la convivencia es tarea ardua y difícil y más perdonar. Por eso, se hace necesario pedir esa Gracia, que necesitamos para poder perdonar. La fe es la roca donde apoyamos nuestra perseverancia con la esperanza de superar todos esos obstáculos que nos impiden perdonar.

domingo, 30 de septiembre de 2018

EN EL NOMBRE DE DIOS

Resultado de imagen de Mc 9,38-43.45.47-48
Mc 9,38-43.45.47-48
Muchas personas nos fanatizamos pensando que sólo por nuestro camino encontramos la recta senda que nos lleva al Padre. Quizás no sea esa la palabra exacta o sea excesiva. pero, posiblemente, forzamos mucho a los demás a caminar por nuestro mismo camino. Y los caminos del Señor son muchos, dispersos y diferentes, pero todos llevan al mismo lugar, es decir, a encontrarnos con Él.

No importa por donde vayas si lo haces alabando y glorificando al Señor y viviendo en su Palabra y según su Voluntad. Quienes actúan en su Nombre no están contra Él sino que reman en el mismo sentido. Por tanto, dejarlo actuar nos dice el Señor: En aquel tiempo, Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros». Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros. Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.

Todos estamos en la Iglesia aunque algunos vivamos fuera de la comunidad o aparentemente apartados. Eso no significa que cada cual haga lo que le venga en ganas. No se trata de eso, sino de advertir y comprender que hay diversidad de carismas, tal y como dice Pablo - 1ª Co 12 - y que es el Espíritu Santo quien nos dirige y nos sitúa. Por lo tanto, no entorpezcamos la labor de muchos que, con planes y actuaciones diferentes a la nuestra, actúan en nombre de Dios y proclaman la Buena Noticia de salvación.

Se trata, por tanto, de sumar y de no escandalizar. Es decir, de no entorpecer y alejar a los más débiles e inocentes - niños - de la presencia de Dios. La advertencia de Jesús sobre esos que escandalizan son muy duras hasta el punto que nos sugiere apartarnos de esas ocasiones de pecado que, a pesar de que nos apetezcan, ponen en peligro y riesgo nuestra presencia y amistad con el Señor.

lunes, 13 de noviembre de 2017

LA RESPONSABILIDAD DE EDUCAR

Lc 17,1-6
Simplemente, estás obligado a hacer el bien para no escandalizar. Porque, escandalizas cuando actúas mal y das mal ejemplo. Sobre todo a los niños, que se fijan mucho y bien en lo que ven hacer a los mayores. Desde esa perspectiva, los padres y madres de familia tienen una gran responsabilidad. De ellos depende la buena educación de sus hijos, que no consiste en grandes cosas ni esmerados conocimientos intelectuales u otros métodos. Todo más sencillo, tal es dar ejemplo de sencillez y humildad con sus propias vidas.

Ejemplos de actitudes apoyadas en la verdad, en el dialogo, en la justicia, en la compresión y la escucha y en el servicio. Ejemplos de valores que nos ayuden a ser más persona cada día; ejemplos de los valores espirituales que nos dignifican y nos dan esperanza de una vida trascendente que nos llena de alegría, de paz y de vida eterna, vocación que duerme en nuestros corazones.

Y, puede ocurrirnos, que, al leer este Evangelio, pensemos que esto no va con nosotros. Que los escandalizadores son otros, pero nunca nosotros. Quizás conviene que nos miremos bien y reflexionemos sobre nuestros propios actos, porque podemos estar incurriendo, quizás, sin darnos cuenta, en el pecado de escándalo cuando damos mal ejemplo o confundimos a otros con nuestro proceder. Es posible que no seamos tan culpables porque no lo hacemos consciente, pero debemos revisarnos para, tomando conciencia, mejorar nuestro testimonio.

Nuestra vida está en el escaparate de la vida, valga la redundancia, y en ella hay niños. Cuidado con escandalizarlos. Las Palabras de Jesús a este respecto son duras: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.»

Los niños son intocables para el Señor, y sabemos lo mucho que se hace contra ellos y como se les utiliza para el placer y la explotación laboral. Incluso, para la guerra. ¡Cuántos tendrán que pagar por eso! Pero nosotros también debemos denunciar todos estos atropellos y, desde nuestras posibilidades, denunciar estos abusos y pecados de escándalos. 

Debemos tener fe en el Señor y, confiado en Él, hacer todo lo que podamos, desde la oración, a la implicación en defender el derecho de los niños a la vida y a tener una infancia donde puedan ser niños y fijarse en buenos ejemplos. Ellos son el futuro del mundo.

jueves, 23 de febrero de 2017

VIVIR BAJO LA MIRADA DEL SEÑOR


https://c1.staticflickr.com/8/7665/26896935532_6dfaa5c0c8_b.jpg
(Mc 9,41-50)
Quieras o no quieras, tus pasos están bajo la mirada de Dios. Nada de lo que hagas se escapa a su mirada, así que todo lo que hagas revestido de buena intención y bañado de amor será bien acogido y recompensado por la Infinita Bondad y Misericordia de Dios. Por lo tanto, lo que importa no son las cosas y bienes que puedas acumular, sino la huella de amor que puedas dejar en el camino de tu vida.

Se te tendrá en cuenta todas tus buenas acciones, y así nos lo dice hoy el Evangelio: «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa ». De la misma forma, Jesús nos descubre la ira de Dios con aquellos que escandalicen a uno de estos pequeños que creen: "mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar". 

Descubrimos en sus Palabras el gran valor que tiene el hacer el bien y, también, la gravedad que con nuestro mal testimonio podamos alejar a otros, sobre todo a los más pequeños e inocentes, de la fe. También nos habla el Señor de la ocasión de pecado. Sabemos y conocemos nuestra debilidad. Nuestra naturaleza, tocada y gravemente herida por el pecado original, está inclinada a pecar. Y si no nos cuidamos de ponernos en esas situaciones difíciles de vencer y que nos pueden, seremos presa de ellas y caeremos.

Por lo tanto, tendremos que actuar así: Y si tu mano te es ocasión de pecado, cortatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.

 Es decir, hay que quitarse del fuego, porque si no puedes quemarte. Hay que evitar lugares donde tus pasiones son exacerbadas y la tentación se hace intensa y difícil de ser vencida. Tratemo, pues, ser sal y luz de las buenas, para salar y alumbrar el gusto y la sabiduría del Evangelio.

lunes, 7 de noviembre de 2016

ESCÁNDALO

(Lc 17,1-6)
Somos responsables de nuestros actos, pero cuando con ellos influimos directamente en otros y, quizás, de modo negativo, nuestra responsabilidad es mayor. Es mayor hasta el punto de poder escandalizalos y alejarlos del camino que lleva al encuentro con Jesús. Respecto a eso, Jesús nos dice:  «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos».

Es una dura advertencia, porque a veces actuamos negligentemente y no advertimos que podemos estar dando mal ejemplo a quien nos ve y se relaciona con nosotros. Somos el espejo para mucha gente que se siente interpelada y animada por nosotros. Y depende de nosotros que le fallemos y le demos mal ejemplo. Son débiles y no lo comprenderán. Por eso tenemos que tener mucho cuidado. Ya nos lo advierte Jesús.

Somos responsables de nuestro proceder y actuar en nuestra familia, en nuestro ambiente y entorno, y debemos tener cuidado y estar muy atentos a lo que hacemos y como actuamos. Porque con un mal ejemplo y testimonio podemos dar al traste con la fe de muchos otros que nos miran. No todos tenemos la misma fortaleza y su fe es débil y se tambalea al menor contratiempo. Y, ante Dios, somos responsables de esas personas. Ellas son la causa para que nosotros nos esforcemos en actuar bien y darle ejemplo en la vivencia de la Palabra y cumplimiento de la Voluntad de Dios.

Por eso debemos estar en contante vigilancia e injertados  en el Espíritu Santo, para que fortalecidos e iluminados en Él podamos dar buen testimonio y ser luz para los que están cerca de nosotros y nos miran como ejemplo. Seamos, pues, conscientes de ese esfuerzo y esa actitud para siempre intentar obrar bien intencionado a fin de que nuestras obras y ejemplos sean favorables en dar buen testimonio y ayudar a acercar a los hombres al Señor.

domingo, 27 de septiembre de 2015

ESCÁNDALO

(Mc 9,38-43.45.47-48)


Somos responsables hasta cuando dormimos. Es una manera de expresar la gran responsabilidad que tenemos con la actitud y los actos de y en nuestra vida. Nada, aunque nos parezca insignificante, pasa desapercibido, y nuestro testimonio de vida tiene suma importancia y trascendencia.

Observamos que cuando se habla de una persona se sacan a relucir detalles y actitudes que parecían no se notaban o trasmitían, y nos sorprende todo, bueno o malo, que ha transmitido esa persona. Con nuestros actos damos ejemplo y es nuestra responsabilidad que nuestros testimonios sean buenos y den ejemplo para que otros los imiten y les sirvan de referencia. Sobre todo a los niños que se fijan y están aprendiendo. 

La escala de valores, valores que defiendan la verdad y la justicia y que se apoyen en el amor gratuito tal y como nos ha enseñado Jesús. Es eso lo importante, venga de donde venga, porque quienes hagan eso no estarán en contra de Jesús, sino a su favor. 

Todo el que viva y defienda la verdad y la justicia será bendecido y recompensado por Jesús, porque eso es estar a su favor y defenderle. Necesitamos rodearnos del ambiente que nos facilite y nos ayude a vivir en esa actitud auténtica y verdadera. Y ello nos exige desprendernos de todo aquello que nos obstaculiza y nos interrumpa nuestro camino. A pesar de ser cosas que estén muy dentro de nosotros y muy arraigadas y que representen una gran dificultad a la hora de desprendernos.

Ese es el significado de esas expresiones: Y si tu mano te es ocasión de pecado, cortártela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga».

Hagamos el esfuerzo de permanecer unidos y de, vengamos de donde vengamos, vivir en el amor que Jesús, el Señor, nos ha transmitido y nos regala gratuitamente. En Él seremos recompensados y salvados.

lunes, 10 de noviembre de 2014

ESCÁNDALO Y SUS CONSECUENCIAS

(Lc 17,1-6)
 
Escandalizar trae consecuencias graves, porque inicia e inclina a otros a hacer lo mismo. Pero también confunde, incita la ambición, inicia a la mentira, a triunfar injustamente, a ambicionar...etc. El escándalo destruye y siembra el mal en otros. Por eso Jesús le dedica estas duras palabras: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

Advierto, y me sorprende, pues hasta hoy no lo había advertido de forma consciente, que el escándalo es inevitable. Y la realidad así lo corrobora. Sin embargo, son muy duras las palabras con las que Jesús los amenaza Es para echarse a temblar.

Supongo que eso ocurre porque muchos se alejan de Señor y rechazan al Espíritu Santo. Si eso ocurre, quedan a merced del Maligno que los somete y utiliza para hacer el mal ofreciéndoles riquezas, poder, placer y las cosas del mundo. Jesús sufrió su acoso en el desierto y fue tentado a lo fácil, al poder y la vanidad, y lo mismo nos ocurre a nosotros.

Cuidarnos de nosotros mismos, indicación del Señor Jesús, significa permanecer en Él y abiertos a la acción del Espíritu Santo, para que asistidos por su Gracia no dejar que el demonio se apodere de nuestro corazón y con nuestros actos podamos escandalizar a los más pequeños, e incluso, diría yo, también a los grandes que se hacen pequeños y respiran buenas intenciones.

¡Dios mío!, líbranos de, con nuestra vida y palabra, ser motivo de escándalo para otros, sobre todo para los niños, los más indefensos y a merced e influencias de los más grandes. Amén.

jueves, 16 de octubre de 2014

PERDIDOS EN EL CAMINO


(Lc 11,47-54)

Sin darnos cuenta se nos cuela el diablo y nos desvía o aparta del Señor. Esa es y será siempre su intención y estará siempre pendiente de cumplirla. Perdemos en norte si nos empeñamos en dirigir nosotros el rumbo de nuestro camino, en lugar de ponernos en tus Manos, Señor, y asistidos por el Espíritu Santo caminar dirigidos por Él.

Es nuestra propia vanidad, por elevarnos y destacar por encima de los demás, la que nos tienta y nos inclina a no escucharte e incluso a rechazarte. Ocurre que cuidamos lo superfluo, la superficialidad, la fachada, el vestido, lo de afuera... Ponemos la atención en lo espectacular, en lo grandioso, en las apariencias, el interés, e impedimos pensar, buscar o discernir a otros, manipulándoles, sometiéndoles y dirigiéndoles según nuestra voluntad y egoísmo.

Somos barreras o paredes que se levantan e impiden ver o entrar a los que quieren hacerlo. Apoyamos nuestros criterios en nuestras ideas y usamos la religión para fortalecer y aumentar nuestro poder con el fin de manipular a los demás a nuestro antojo. Caminamos en la dirección de los criterios humanos y en el poder de la demagogia y la mentira y marginamos la Piedra angular de nuestra fe. La Roca donde debemos apoyarnos y fortalecernos.

Y eso no es sólo de ayer, sino también de hoy. La Iglesia se resiente interiormente por luchas y divisiones de criterios humanos y de ansias de poder; de vanidades y egoísmos. Es la propia Iglesia la que a veces no deja acercarse y aleja con sus escándalos y divisiones.

No perdamos el norte y acerquémonos a Jesús, el Hijo de Dios Vivo, que nos sostiene, dirige y fortalece, y nos une para como el Padre y el Hijo son uno, así también lo seamos nosotros. Amén.

lunes, 11 de noviembre de 2013

CONSECUENCIAS DE NUESTRO ACTUAR



No se trata de alborotar ni de armar escándalo en el sentido estricto de la palabra. Se trata de que nuestro actuar deja consecuencias que puede intoxicar o purificar a los demás. En uno u otro sentido decimos que escandalizamos a los demás, sobre todo a los más indefensos e ingenuos, que como siempre son los más débiles y pequeños, es decir, los niños, cuando les inducimos a cometer malas acciones.

Es tan importante y grave que Jesús dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños».

Por eso, como somos débiles y propensos a tropezar con la misma piedra, necesitamos orar y alimentarnos con el Cuerpo y la Sangre del Señor para, arrepentidos, liberarnos de la tentación y provocación de escandalizar. Tenemos la promesa del perdón, y experimentamos que, por la Misericordia de Dios, somos sostenidos y perdonados siempre que nos duela nuestra actuación y nos arrepintamos de corazón.

De la misma manera tendremos que perdonar nosotros cuando, reprendido el pecador, presente un corazón sincero y arrepentido. Porque sin arrepentimiento no hay perdón, condición indispensable para que el perdón se produzca. Así, descubrimos que, siempre que sintamos dolor y arrepentimiento por el mal hecho a alguien, encontraremos la comprensión y Misericordia del Padre Dios.

Pidamos que el Señor, como hicieron los apóstoles, nos aumente nuestra fe, porque es tan pequeña que se resquebraja al menor descuido y tropiezo.




jueves, 23 de mayo de 2013

EL MEJOR INTERÉS


(Mc 9,41-50)

Ahora, cuando lo más importante parece estar en las subidas o bajadas de interés sobre el dinero, resulta que distraídos en ese intercambio de intereses materiales caducos y que al final no sirven, obviamos el tesoro más importante: "darnos y dar", porque es dándose como se recibe el tesoro eterno de la dicha y el gozo.

Las apariencias nos engañan, y lo que parece disfrute y gozo, pronto, pasado su tiempo, se convierte en tristeza, pues nada en este mundo perdura sino todo aquello que se haga con amor, amor verdadero, gratuito e injertado en Xto. Jesús e iluminado por el Espíritu Santo. Porque es ahí donde se encuentra la única Verdad que todos buscamos y deseamos.

Por eso, todo aquello que sea ofrecido gratuito, desinteresado y por el hecho de que sois de Cristo, les aseguro que no perderá su recompensa. Y esto es seguro, sin peligro de quiebra, de crisis por robo o engaño. Pero sin tasas ni impuestos tampoco, simplemente así como suena: "gratuito". Sólo se necesita amar, que aun cuando aparenta ser duro y sufrido, pronto veremos que detrás se esconde el gozo y la felicidad eterna.

Todo lo contrario ocurrirá con aquellos que, no sólo busquen sus intereses caducos, sino que en su carrera inútil arrastren y escandalicen a otros más pequeños que creen y buscan darse en amor a los demás.  Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Realmente es para pensárselo seriamente. Tú eres quien decides.


lunes, 12 de noviembre de 2012

INCITAR AL MAL...

 Lucas 17, 1-6 “Si tu hermano te ofende siete veces al día, y...

es algo que se contagia y se imita, porque en la edad temprana, los niños, no saben distinguir lo que está bien hecho y lo que está mal. Ellos están grabando en sus blancas mentes vacías aquellos criterios que le enseñan sus ojos. Dicen los expertos que lo que los niños no aprendan en los primeros cinco años, le será difícil aprenderlo luego en toda su vida.

La experiencia nos lo dirá, y por lo que yo puedo aportar puedo decir que debe ser así. Lo constato en mi nieto, tres años, y en los descubrimientos que hace cada día. Por eso estoy empeñado en aprovechar al máximo el tiempo para enseñarle todo lo que pueda sobre Jesús y la fe en Él.

Será terrible para aquellos que puedan escandalizar a uno de estos pequeños, y escandalizar consiste en sugerirles insolidaridad, desunión, permitirles caprichos y infundirles malos hábitos con nuestro ejemplo y nuestra conducta. No es algo tan difícil de cometer si no tenemos los ojos bien abiertos.

Simplemente, negarnos a responder al teléfono estando presentes y delante de un niño es enseñarles a que mentir es necesario y no tan malo, y así muchas cosas más. Hay muchos ejemplos que podemos descubrir donde, muchas veces inconscientes, escandalizamos a los más pequeños. Es entonces cuando descubrimos que guardamos poco amor, porque el amor enciende la fe y nos empuja a vivir en verdad.

 Pidamos al Espíritu Santo que nos abra la mente y nos ayude, también nosotros colaborando en dejarnos ayudar, a que seamos ejemplos vivos y transparentes para ser imitados por los más pequeños. Amén.