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miércoles, 17 de septiembre de 2025

COMO SI DE NIÑO SE TRATARA

Lc 7, 31-35

    En muchas ocasiones —se decía Pedro— nuestra maduración deja mucho que desear. Como si de niños se tratara, mostramos nuestro lado infantil y nos quejamos, cuando no tenemos razón para ello. O nos alegramos cuando la ocasión demanda silencio o moderación.
    
       —¿Cuál es tu opinión al respecto, Manuel?
   —Me parece acertado lo que dices. Hay ocasiones en que nos mostramos inmaduros y salen a relucir nuestras infantilidades. Nos quejamos cuando toca alegrarnos, o, nos alegramos cuando hay motivos para instalarnos en la queja.
   —Hay momentos —añadió Pedro— que no sabemos cómo actuar. Descubrimos nuestro lado más infantil sin saber responder a las situaciones del momento. Y llegan los líos, las revueltas y protestas.
   —Hay que saber estar, y eso lleva tiempo y maduración. Dejar de actuar como niños y acompasar nuestros sentimientos al ritmo de Dios. En (Lc 7, 31-35) Jesús nos descubre nuestro lado infantil: 
En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la …
    
    Jesús favoreció siempre celebrar la alegría del Reino, sin sustraernos de los sufrimientos que llegan, pero que vividos junto a Él, no tienen el poder de abatirnos.

sábado, 16 de agosto de 2025

LA INOCENCIA DE LOS NIÑOS

Mt 19, 13-15

    Hablábamos sobre los Reyes Magos. Nuestra ilusión nos desbordaba y pensar que venían a dejarnos regalos era algo fascinante. Recuerdo que no dábamos espacio a la duda. Quizás no lo comprendíamos, pero lo creíamos apasionadamente.

     —¿Recuerdas, Manuel, cuando éramos niños? ¡Qué etapa tan bonita! Vivíamos de la ilusión y obedecíamos sin resistirnos. Todo nos parecía mágico y posible. Los Reyes Magos siempre traían buenos regalos.
    —Sí, una época llena de esperanzas. Aunque también recuerdo la llamada a portarse bien. Tanto en casa como en el colegio nos decían: “Si no os portáis bien, los Reyes traerán carbón”.
    —¡Exacto! Mis padres me lo repetían mucho… Y yo procuraba portarme bien para que no se cumpliera esa advertencia.
    —La niñez es así: hermosa, sencilla, sin doblez, llena de ilusión. ¿Ves, Pedro? Son actitudes del Reino que los adultos olvidamos con facilidad.
      —A medida que crecemos, nuestra confianza se reduce, la ilusión se apaga y el corazón se endurece.
     —Y además llega el desencanto: ver cómo el bien parece ceder ante el mal, y sentirnos esclavos de pasiones que no logramos dominar.
      —A veces quisiera seguir siendo niño, con la transparencia y la bondad de entonces.
     —No lo olvides, Pedro: “De los que son como niños es el Reino de los Cielos”. Lo dijo Jesús cuando le presentaron unos pequeños. Les impuso las manos y se marchó de allí (Mt 19, 13-15).

    Cuando éramos niños, nuestros corazones eran limpios, ingenuos y llenos de alegría. Creíamos en la bondad, la justicia y la fuerza del amor. Hoy, quizá, el pecado y el desencanto nos han robado algo de esa pureza. Pero el camino no está cerrado: basta volver al Padre con corazón de hijo para reencontrar la inocencia y la alegría que nos hacen herederos de su Reino.

martes, 12 de agosto de 2025

VULNERABLES E INSIGNIFICANTES

Mt 18, 1-5. 10. 12-14

     Su pensamiento se había detenido en la familia. 
    Es la célula de la sociedad —reflexionaba Pedro—: sin células no hay familias; sin familias no hay pueblos, y sin pueblos no podemos imaginar la vida. La vida nace en la familia, formada principalmente por un hombre y una mujer, y se proyecta en los hijos. De ese núcleo surgen aldeas, pueblos y ciudades. El futuro de todo dependerá siempre de la familia, de donde nacerán las nuevas células que formarán los pueblos venideros. De repente, se detuvo en una idea: ¡qué importancia tienen los hijos!

    —Te noto muy concentrado, ¿en qué piensas?—En la familia y la importancia de los hijos. Una familia sin hijos es como un árbol sin frutos, ¿no te parece?
    —Sí, aunque no todas pueden tenerlos; algunas, queriendo cumplir su misión, se ven llamadas a adoptarlos. Eso ayuda a equilibrar las dificultades de otras que no pueden mantenerlos o, simplemente, los rechazan. Pero coincido: el fundamento de la familia es la procreación.
    —Me atrevería a decir que los hijos son el gran valor y el futuro de la sociedad. ¿Estás de acuerdo?
    —Más que de acuerdo. Son también una referencia para nosotros. Mira lo que dice Jesús cuando los discípulos le preguntan —Mt 18, 1-5.10.12-14—, quién es el mayor en el reino de los cielos. Él llama a un niño, lo pone en medio y dice: «Si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos. El que se haga pequeño como este niño es el más grande en el reino. Y el que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí». Luego añade la parábola de la oveja perdida y concluye que no es voluntad del Padre que se pierda ni uno solo de estos pequeños. Conviene leerlo con calma para comprenderlo en profundidad.
    —Sí, creo que es lo mejor. Pero tu referencia es importante. Ser como un niño tiene mucha miga.
   —¡Y tanta! Los niños confían en sus padres; son alegres, sociables, juguetones e ingenuos hasta el punto de no ver nada imposible… ni siquiera un mundo más humano. Son confiados y abiertos a todo lo que viene de sus padres. ¿Somos así con nuestro Padre Dios? La cuestión está en no perder esa confianza e ingenuidad con Él. En y con Él todo es posible.
   —Verdaderamente, no perder esa confianza con nuestro Padre Dios, tal como la teníamos con nuestros padres, es la clave que Jesús nos revela en este evangelio. Creo que lo he entendido.

    Pedro comprendió entonces que ser como niño no es quedarse en la infancia, sino crecer, conservando la confianza, la fe y la certeza de que nuestro Padre Dios está siempre presente y pendiente de nosotros. En Él, todo buen sueño puede hacerse posible.

sábado, 1 de marzo de 2025

A SU PROPIA IMAGEN

Cuando era niño disfrutaba con los cuentos que, de niño, me contaron y pude leer: Pinocho, Blanca Nieve y lo siete enanitos, Caperucita Roja, los tres cerditos, Pulgarcito, El gato con botas …etc. De niño nuestra mente y corazón está abierto a todo, y nuestra ilusión desborda, es ingenua capaz de soñar y abrirse a todas las posibilidades. Nada hay imposible y recibida la palabra del cuenta cuento, nuestra fe es absoluta.

Esa es precisamente lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy. Tenemos que ser como niños para entrar en el Reino de Dios. Y, tenemos que serlo porque el Misterio de Dios no está al alcance del hombre sino cuando Dios quiera y se presente delante de él. A nosotros nos toca abrir nuestro corazón de niño, ilusionarnos, responder con generosidad y entrega y soñar con la Bondad y Misericordia de un Padre Bueno y Misericordioso.

Eso sí, nos ha dejado huellas, incluso su Rostro, en su Hijo unigénito y enviado, nuestro Señor Jesucristo, a anunciarnos su Amor Misericordioso y su camino de salvación. Dios es nuestro Padre y sólo manteniendo una actitud limpia, confiada, inocente y abierta como la de un niño, podemos entrar en el Reino de los Cielos.

¿Qué sucede? Que endurecemos nuestros corazones, exigimos pruebas, demostraciones y toda garantía para creer y fiarnos. Y es que si eso sucede, ¿haría falta la fe y la Pasión de nuestro Señor? ¡Por supuesto que no! Por tano, seamos como niños y fiémonos de nuestro Padre Dios. Un Padre siempre quiere lo mejor para sus hijos.

miércoles, 2 de octubre de 2024

UN CORAZÓN LIMPIO Y DE BUENAS INTENCIONES

No cabe duda de que durante nuestra niñez somos esponjas limpias que empiezan a chupar y a llenarse de toda el agua que les llega. Con esto quiero significar la ingenuidad, limpieza y verdad, como cuando niños, sale de nuestro corazón y se transmite al mundo. Sabemos que los niños son transparentes y todo en ellos es puro y limpio. No hay nada oculto, se manifiestan como son.

Pero, también sabemos que en la medida que crecen, sus aguas puras empiezan a enturbiarse y a contaminarse de mentiras y apariencias. Su corazón se contamina de esas tentaciones que les seducen el mundo, demonio y carne, y todo empieza a ser diferente y peligroso. Volver a la raíz de la pureza es el reto que se nos presenta y al cual debemos volver.

Se trata de volver a ser como niños, pequeños y humildes siempre en actitud de aprender y obedecer. Siempre sabiéndonos necesitados, débiles y pequeños y perdonados por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Siempre abiertos a reconocernos pecadores y necesitados de perdón.

sábado, 17 de agosto de 2024

LA ALEGRÍA QUE VIENE CON LOS NIÑOS

Es indudable que una casa con niños desborda bullicio, desorden, pero también alegría. Imaginarse una casa sin niños sería imaginar una casa triste, silenciosa, sin movimientos y sin esperanzas. Que decir de los pueblos sin niños. Dejarían de ser pueblos.

Los niños representan el futuro, la inocencia, la alegría, la obediencia y confianza en sus padres y personas mayores. Los niños llenan los pueblos y naciones de futuro y esperanza, y también de crecimiento hacia una perfección ascendente y mejor. Pero, tampoco hay duda de que los niños traen también problemas, tristezas y situaciones difíciles que nos complican la vida. Pero, esa es la esencia de la vida y la esperanza de vivir con sentido.

Me viene al pensamiento que éste que ahora escribe está humilde reflexión, también fue niño y, como es de suponer, nación en una familia y, en mi tiempo, en mi casa, nada de hospitales. Y, este niño, dio alegrías y también tristezas. Y en su desarrollo y camino ha experimentado alegrías y tristezas, salud y enfermedad, y ha hecho vida en su camino formando otra familia que ha originado lo mismo, alegrías y tristeza.

Pero, ¿qué es la vida? Una suma de alegrías y tristezas que nos sirven para madurar, para crecer y para darnos cuenta de que este mundo es un camino en busca de una verdad y de una vida eterna. Jesús, el Hijo de Dios, nos lo dice en este Evangelio: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos».

Tratemos, pues, de ser siempre niños, es decir, hijos confiados, obedientes y esperanzados en el Padre, que nos ha creado, nos ha dado la vida y nos espera para compartir con Él su Gloria, plena de felicidad eterna. Nunca olvidemos que nuestra Padre Dios es un Padre Bueno, Misericordioso y, a pesar de nuestras inocentadas como niños, nos acoge, nos abraza y bendice. Mantengamos siempre esa alma de niños e hijos de Dios.

sábado, 25 de mayo de 2024

UNA MIRADA HACIA NUESTRA DEBILIDAD INFANTIL

Es verdad que en nuestra etapa de niño experimentamos la vulnerabilidad. Nos experimentábamos – ahora de mayor lo recordamos – débiles, pequeños y necesitado de todo, a casis todo. No nos dábamos cuenta de la enorme dependencia que teníamos de nuestros padres y de nuestros mayores. Llegábamos a despertar en ellos sentimientos de generosidad hacia nuestra impotencia y debilidad. Y nos sentíamos defendidos y protegidos por ellos.

¿Cuáles son, ahora, nuestros sentimientos con nuestros padres y mayores? Posiblemente los hayamos olvidados, o nos queda un vago recuerdo que se escapa a nuestro intelecto. Y ese es nuestro reto: valorar el amor de nuestros padres e incluso mayores (maestros, vecinos, amigos de nuestros padres…).

¡Y, por encima de todo esto, está el Infinito Amor Misericordioso de Dios! ¿Lo entendemos? ¿Lo sabemos valorar? ¿Nos damos cuenta? Supongo, al menor para mí, de que no soy capaz. Se me escapa entender esa filiación eterna y gratuita con mi Padre Dios. Es algo tan grande y tan hermoso que no llega a abarcar mi imaginación.

Y es ese sentido que me gustaría seguir siendo niño: creerme todo, confiar todo, obedecer todo lo que viene de mi Padre Dios. Sí, Padre Bueno, quiero seguir siendo niño, tu hijo predilecto al que amas y quieres llevarlo a tu regazo para que esté contigo la eternidad. Sí, Padre, yo quiero, y te pido que me ayudes, me des esa educación, esa sabiduría para entenderlo y estar siempre como un niño pendiente de Ti. Gracias Padre.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

JOSÉ, HERODES Y LOS NIÑOS


Mt 2, 13-18

El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre las tres figuras que aparecen en él. Figuras que pueden estar muy bien representadas en cada una de nuestras actitudes en el tiempo presente y que, sumergidos en un mundo de luces, egoísmos y ambiciones pasen desapercibidas delante de nuestros ojos. Por tanto, abrámoslo y dejemos que la Voz de Dios entre en nuestros corazones.

Quizás, como ocurrió con José, el Señor, que es nuestro Padre y nos quiere con locura, nos habla una y otra vez. Somos sus hijos y quiere por encima de todo nuestro bien y salvación eterna en pleno de gozo y felicidad. Por lo tanto, ¿cómo no pensar que Dios nos toca, nos habla y busca nuestro bien?

Ahora, ¿le escuchamos? Ponemos nosotros atención a la voz de Dios? Es evidente que el testimonio de José no deja lugar a la duda: Se levantó, tomó al Niño y a su Madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del Profeta: «de Egipto llamé a mi hijo». Ahora podemos preguntarnos: ¿Y cuál es mi testimonio?

Despertemos porque Herodes sigue de pie. También en nuestro tiempo hay muchos Herodes que están atentando y amenazando a muchos niños. Tanto afuera como dentro del vientre de sus madres. Niños explotados, usados para placer sexual, obligados a trabajos y a la militancia militar, mal tratados, expoliados de sus derechos…etc. ¿Dónde estamos nosotros? ¿Actuamos de manera indiferente siendo cómplices de Herodes o buscamos en ese Niño Dios nacido en Belén anunciar su Vida, su Amor Misericordioso y defender la vida de esos otros niños amenazados de peligros y muerte?

Pensemos seriamente donde nos encontramos y que, desde nuestra sencillez, humildad y posibilidades, hacemos o podemos hacer al respecto. Porque muchos niños están en este momento en peligro y amenazados de muerte.

lunes, 26 de septiembre de 2022

SENSIBLES Y COMPASIVOS ANTE LA DEBILIDAD

El niño es el ser más indefenso del planeta. Y, lo es por muchos años. Necesita una protección, no solo física sino espiritual y psíquica de sus padres, e incluso de su entorno familiar y social. Por eso, los derechos de los niños son sagrados. Derechos a la vida, a ser protegidos de escándalos que los confundan y los orienten mal.

El niño necesita mucha protección porque su debilidad intelectual y pequeñez lleva mucho tiempo para madurar. Y madurar en el bien, la verdad y fraternidad. Orientarle, desviarle y utilizarle será muy grava. Jesús lo denuncia hoy gravemente en el Evangelio: (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

Por tanto, recibir, acoger, educar y buscar el bien del niño es recibir al Señor y abrirle nuestro corazón. Y sabemos la dificultad por la que pasan los niños hoy, empezando por el tiempo de gestación que pasan dentro del vientre de sus propias madres. Los peligros que, aparentando derechos de género ideológico, aplican a edades tempranas e inmaduras que los niños no pueden asimilar ni entender.

Así sucede también entre los mayores donde la ambición al poder, al desenfreno de los placere, las riquezas, el éxito y todo lo que da autoridad de poder someter al otro desencadena enfrentamientos y luchas. Tratemos, tal y como nos dice Jesús en el Evangelio de hoy lunes: -Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros» - hacer el bien y sumarnos a todos los que lo hacen. Porque, quienes hacen el bien en la verdad y la justicia están amando. Por tanto, no lo impidamos porque no va contra nosotros sino a nuestro favor.

sábado, 2 de octubre de 2021

ENTRE LOS MÁS PEQUEÑOS

Mt 18,1-5.10

Ser humilde significa estar entre los más pequeños. Es esperar siempre para el último puesto en actitud de obediencia y de servicio. Pero, es también a oponerse al crecimiento de ser más fuerte, más poderoso y más importante para gobernar y mandar, quizás sin la actitud de servir sino que le sirvan. Porque, ese no es el crecimiento que Jesús quiere ni el que le gusta.

Jesús nos ha dicho que ha venido a servir, no a ser servido - Mt 20-28 - y quien quiera ser primero que busque el último lugar, es decir, el de servir. La pregunta que suscita nuestra conciencia es: ¿Queremos mandar, tener poder, dinero y bienes? ¿Queremos ser fuertes, poderosos y los primeros? La respuesta es bien clara, nos la da Jesús: (Mt 18,1-5.10): En una ocasión se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: « ¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como...

Queda muy claro, ser como niño implica tener un corazón limpio, inocente, puro, obediente, indefenso y sin exigencias y derechos. Significa se pequeño y poner todas tus esperanzas en tu padre. Así son los niños, confían y ponen todas sus esperanzas en su padre. Ahora, con respecto a nuestro Padre Dios, ¿pensamos y actuamos nosotros de esa manera y con esa intención? ¿Damos la mano y nos asimos a nuestro Padre del Cielo confiando en su Bondad, Misericordia y Amor?

lunes, 28 de septiembre de 2020

UN AMOR UNIVERSAL



No se puede entender un amor individual, sectario o enclaustrado a un colectivo particular. El amor no puede permanecer encasillado o circunscrito a una parcela determinada. El amor no puede pertenecer a un grupo selectivo ni permanecer cerrado a otras corrientes y perspectivas diferentes siempre que el denominador común sea la verdad, la justicia, la libertad y el respecto a los derechos de las personas. El Amor, por tanto, es universal, pues, de no ser así dejaría inmediatamente de ser amor y convertirse en egoísmo y egolatría.

El Amor llega a todos los rincones perfumando de buen olor con la verdad, la justicia, la libertad, la fraternida y la unidad. Un amor que no cumple estas premisas sería un amor falso, apoyado en apariencias y en la mentira. Por eso, la grandeza de amar está en proporción directa con la humildad. A más amor, más humildad. Y es que para amar se necesita imperiosamente ser humilde, y, por tanto, pequeño.

Y ser pequeño es hacerse niño. Es decir, ser como un niño consiste en tener un corazón abierto a la obediencia, a la pureza e ingenuidad de vivir en la verdad y sin mentiras. Sin dobleces ni malas intenciones que busquen aparentar y engañar. Y es que el amor nace en todos los rincones donde brote la semilla de la verdad, de la justicia, de las buenas intenciones y los valores que respetan los derechos naturales de las personas.

Porque, donde se respira esta atmósfera nace el verdadero y único amor. Un amor universal que une y rema en un mismo sentido por y para todos.

miércoles, 2 de octubre de 2019

EN LA SENCILLEZ Y NATURALIDAD COMO LOS NIÑOS

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Mt 18,1-5.10
Nuestras aspiraciones son humanas y nos arrastran a la materialidad. Trabajamos para destacar y ser admirados por los demás y nos gusta, gozamos de ellos, divulgar y enseñar todo lo bueno que hacemos para darnos valor ante los demás. Sin embargo, escondemos las que nos parece que no nos dejan tan bien. Por otro lado, al estar formados por cuerpo y alma, también tenemos aspiraciones espirituales y trascendentes,

La lucha está servida y cada día nace un nuevo día cargado de nuevos afanes, pero también problemas. Cada día es una lucha contra nosotros mismos y tenemos que sobreponernos a nosotros mismos, a nuestras apetencias, pasiones, comodidades y egoísmos. La lucha está servida entre lo material y lo espiritual. Sin darnos cuenta primamos nuestras aspiraciones materiales sobre las espirituales y eso nos supone un serio peligro.

Queremos destacar y ser más que los demás y tratamos de ridiculizar o empequeñecer la imagen de los que nos rodean. Escondemos nuestros defectos y exaltamos nuestras virtudes. De alguna manera vivimos en la apariencia y en la falsedad mostrándonos no como realmente somos, sino como nos gustaría que los demás pensaran de nosotros. Buscamos los fallos de los demás para enaltecer los nuestros. Todo lo contrario a lo que realmente pensamos que debe ser, pero nos escondemos hipócritamente en nosotros mismos.

Y Jesús nos propone ser como niños. Niños, que no significa ser como un niño, sino hacernos pequeños y sencillos y reconocernos pecadores y no mejor que otros. Ser consciente de que necesitamos a Dios y somos pequeños ante Él. Ser naturales, confiados y abiertos a abrirnos al Señor y a confiar en Él. De eso se trata, de abajarnos y de reconocernos pequeños ante Dios y de tomar conciencia de sabernos protegidos, vigilados y cuidados por tus ángeles enviados a acompañarnos y a auxiliarnos en nuestro vivir de cada día.

sábado, 17 de agosto de 2019

UN CORAZÓN DE NIÑO

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Mt 19,13-15
Por naturaleza somos desconfiados y nos cuesta creer. Con los años nuestros corazones se han ido endureciendo y abrirlos en actitud de disponibilidad nos cuesta mucho. Se vuelven tierra dura e impenetrable donde hasta al agua le cuesta abrirse camino.. Necesitamos ablandarlos, renovarlos y abonarlos con tierra nueva y buena para que en él germine la buena semilla y dé frutos.

Se hace necesario un corazón nuevo capaz de confiar y de creer. Un corazón capaz de vivir intensamente la Buena Noticia de salvación. Un corazón confiado, sencillo, humilde y dispuesto a abrirse al amor del Padre y, desde Él. a los demás hombres y mujeres que le rodean. Necesitamos un corazón de niño que confía y cree. Porque, así somos desde niño y así tenemos que volver a transformar nuestros corazones, endurecidos por el transcurrir del tiempo, si queremos acoger y aceptar el Reino de Dios y encontrarnos verdaderamente con el Señor.

Las actitudes para acoger el Reino de Dios se fundamentan en una abandonada confianza y una fe ciega y confiada en la Palabra de Dios. Y decimos ciega porque nuestra capacidad intelectual nunca podrá alcanzar a comprender tan alto misterio, pero si puede razonarlo y comprenderlo con los ojos de la fe. Estas son las actitudes que presentan los niños y que de mayores hemos perdido al endurecer nuestros corazones. Regresar a nuestro origen primero y adoptar una actitud como si de un niño se tratara es vital para poder entrar en el Reino de los Cielos.

Por lo tanto, la cuestión es abrir nuestros corazones con toda confianza y en una actitud de disponibilidad abiertos a la fe. Una fe que recibimos del Señor. Pero, sin olvidar que es una propuesta que el Señor nos hace y eso corresponde a un esfuerzo que nosotros tenemos que hacer. Se trata de volver a ser como niños.

sábado, 2 de marzo de 2019

CONFIADOS COMO NIÑOS

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Si observas a un niño de darás cuenta que obedecen y confían en lo que le dicen los mayores, sobre todo sus padres, que le procuran todo el bien que pueden y, porque confían en sus palabras y en lo que les enseñan. Saben y lo entienden que sus padres procuran darle todo lo que les hace falta para su buen desarrollo, su crecimiento y preparación para su futuro.

Los niños, observamos y sabemos, son sencillos, humildes y abiertos a recibir las enseñanzas de sus mayores, que también comporta un peligro si se les enseña con mala intención cosas malas y que no convienen a su bien. Y esa es la actitud que nuestro Señor Jesús quiere mostrarnos hoy, tal y como debemos proceder ante sus enseñanzas y, sobre todo, a su Palabra. Porque, sucede que en la medida que crecemos y y dejamos de ser niños, prevalece nuestra razón y nos cerramos a todo lo nuevo y a todo aquello que no entra en nuestra razón.

Endurecemos, ese corazón tierno, suave, humilde bueno, inocente y abierto de niño, como una piedra y nos cerramos a la Palabra de Dios. Pasamos, de recibir todo lo que somos y tenemos, a exigir y poner condiciones atodo lo que Jesús nos propone y a rechazar todo lo bueno, porque, de la boca de nuestro Señor Jesús no puede salir nada malo sino, precisamente, todo lo que nos hace bien y nos conviene.

Será cuestión, y una buena oportunidad, aprovechar esta reflexión para ponernos en presencia del Señor y esforzarnos en abrir nuestro corazón a su Palabra y a sus enseñanzas. Tratemos de fijarnos en los niños y recordar nuestra etapa de niño y de experimentar como se ha endurecido nuestro corazón con las ambiciones y afanes con los que el mundo nos tienta y trata de seducirnos: mundo, demonio y carne.

sábado, 18 de agosto de 2018

DERECHOS ADQUIRIDOS

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Mt 19,13-15
Se puede decir que vivimos la época de los derechos. Se habla mucho de derechos, pero, quizás, poco de deberes. Deberes que, tanto en cuánto se es responsable tienen mayor aplicación y responsabilidad en sus cumplimientos. Sobre todo respecto a los niños, unos niños que siendo menores están desprotegidos e indefensos.

Jesús salió en defensa de los niños y nos advirtió que tendríamos que ser como ellos para entrar en el reino de los cielos. Defender a los niños era algo en los tiempos de Jesús muy difícil de entender, algo contracultural y contracorriente que exponía tu persona y tu pensamiento. Pero, Jesús, no se detiene y pone a los niños como ejemplos para entrar en el reino de los cielos. 

Porque, los niños representan lo pequeño, lo débil, los que demandan más amor y protección, los que están desamparados y sin voz, incluso en las horas tempranas que viven en el vientre de sus madres. Niños que necesitan tu voz, tu defensa y tu valentía. Jesús, el Señor, nos invita a ser pequeños y humildes como los niños.

Gracias a Dios, hoy, los niños, ya gozan de ciertos derechos y privilegios. Son preferentemente llamados a ser los primeros en los aeropuertos a la hora de embarcar y van apareciendo sus preferencias y cuidados poco a poco, pero todavía hay mucho que hacer. Son víctimas de pederastas, de esclavitudes laborales e incluso utilizados como soldados. Se hace necesario elevar la voz y salir en defensa de los niños porque ellos son los preferidos del Señor.

Miremos a los niños, porque nos conviene fijarnos en ellos y no apelar a méritos ni a derechos adquiridos para el cielo. Primero, porque allí todo es gratuito, y, segundo, porque nunca alcanzaremos a merecerlo.

martes, 14 de agosto de 2018

PARA SER GRANDE ES NECESARIO ABAJARSE Y HACERSE PEQUEÑO

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Mt 18,1-5.10.12-14
Nuestras ambiciones y pretensiones están muy lejos de las de Dios. Interpretamos que ser importante y primero es directamente proporcional a la importancia, a la labor y a los cargos que desempeñamos. Creemos que los más grandes en títulos, cualidades y labores son los primeros y más importantes, y, ¡qué equivocados estamos!

Hoy, Jesús, nos da una lección de humildad y de abajamiento. Ser primero es ser último. Quien quiera ser primero que se queda para el final y recoja todo lo que los otros no quieren hacer o consideran de menor importancia. Quien quiera ser primero que se ponga a la cola y empiece por hacer y servir todo lo que los otros necesiten y, de alguna manera, no le den tanta importancia. Quien quiera ser primero que se fije en un niño e intente en ser como él. Es decir, ingenuo, atento a lo que le dicen, obediente y dócil y abierto a aprender. Un niño, maleable y disponible a imitar los que su padre le dice.

Un niño, pobre, pequeño, indefenso, dependiente, en manos de sus padres, desamparado, perdido y necesitado de protección y salvación. Todo lo contrario de poderoso, fuerte, independiente, orgulloso, suficiente y no necesitado de ayuda. Dueños de sí mismo y que se basta por él mismo. Está claro que el camino es inverso al que nosotros pensamos y por aquí nos desviamos y nos alejamos cada vez más de Dios. Nos perdemos.

Somos hijos de Dios y como hijos debemos experimentarnos pequeños, necesitados de Él y, como los niños, dependiente de su Amor que, afortunadamente, nos protege, nos cuida y nos busca en los momentos más peligrosos e indefensos de nuestras vidas.

sábado, 26 de mayo de 2018

PARECERSE A UN NIÑO

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Mc 10,13-16
Los pobres, los indefensos, los desvalidos, los inocentes y todos los excluídos y marginados socialmente ocupan preferentemente el primer lugar en el Corazón de Padre Dios. Eso está meridianamente claro, pues Jesús lo ha dicho varias veces en su proclamacíón evangélica a lo largo de su vida pública: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado -Mc 9, 30-37-.» 

Ahora, ¿hay alguien más inocente, desprotegido, impotente, pobre y sin voz, necesitado y excluído que un niño, sobre todo,  en los tiempos que vivió Jesús en la tierra?  Pero también ahora y hoy mismo. ¿No son los niños las primeras víctimas de todo lo que acontece y ocurre en este mundo? Son utilizados y explotados en trabajos donde los someten a jornadas intensivas, y forzados, como esclavos, a trabajar con salarios ínfimos, a parte de privarles de su infacia y derecho al juego y a ser educados.

 Son militarizados, son víctimas para uso y satisfacciones sexuales y pornografía, y también condenados a muerte sin poder defenderse en los vientres de sus propias madres. Sí, realmente son los últimos y como dice Jesús, serán los primeros. Por eso, hoy, en el Evangelio declara : «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él»

Si tú y yo queremos también ser de los primeros tendremos que esforzarnos en ser como niños, y eso quiere decir que debemos buscar y ocupar el último lugar. Ese lugar que nos predispone a servir, a renunciar a previlegios y honores, a ser generosos, a compartir y a darnos gratuitamente en beneficios y bien de los demás.

  Sí, parecernos como niños es un buen camino a tomar y una bendición, porque es la búsqueda de abrirnos dócilmente a la acción del Espíritu Santo. Estar en esa actitud será siempre estar atento a la Palabra de Dios, porque un niño está despierto a aprender, a escuchar y a dejarse llevar por el que sabe más. Y ese eres Tú, Señor, que nos habla en nombre de tu Padre del Cielo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

LA RESPONSABILIDAD DE EDUCAR

Lc 17,1-6
Simplemente, estás obligado a hacer el bien para no escandalizar. Porque, escandalizas cuando actúas mal y das mal ejemplo. Sobre todo a los niños, que se fijan mucho y bien en lo que ven hacer a los mayores. Desde esa perspectiva, los padres y madres de familia tienen una gran responsabilidad. De ellos depende la buena educación de sus hijos, que no consiste en grandes cosas ni esmerados conocimientos intelectuales u otros métodos. Todo más sencillo, tal es dar ejemplo de sencillez y humildad con sus propias vidas.

Ejemplos de actitudes apoyadas en la verdad, en el dialogo, en la justicia, en la compresión y la escucha y en el servicio. Ejemplos de valores que nos ayuden a ser más persona cada día; ejemplos de los valores espirituales que nos dignifican y nos dan esperanza de una vida trascendente que nos llena de alegría, de paz y de vida eterna, vocación que duerme en nuestros corazones.

Y, puede ocurrirnos, que, al leer este Evangelio, pensemos que esto no va con nosotros. Que los escandalizadores son otros, pero nunca nosotros. Quizás conviene que nos miremos bien y reflexionemos sobre nuestros propios actos, porque podemos estar incurriendo, quizás, sin darnos cuenta, en el pecado de escándalo cuando damos mal ejemplo o confundimos a otros con nuestro proceder. Es posible que no seamos tan culpables porque no lo hacemos consciente, pero debemos revisarnos para, tomando conciencia, mejorar nuestro testimonio.

Nuestra vida está en el escaparate de la vida, valga la redundancia, y en ella hay niños. Cuidado con escandalizarlos. Las Palabras de Jesús a este respecto son duras: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.»

Los niños son intocables para el Señor, y sabemos lo mucho que se hace contra ellos y como se les utiliza para el placer y la explotación laboral. Incluso, para la guerra. ¡Cuántos tendrán que pagar por eso! Pero nosotros también debemos denunciar todos estos atropellos y, desde nuestras posibilidades, denunciar estos abusos y pecados de escándalos. 

Debemos tener fe en el Señor y, confiado en Él, hacer todo lo que podamos, desde la oración, a la implicación en defender el derecho de los niños a la vida y a tener una infancia donde puedan ser niños y fijarse en buenos ejemplos. Ellos son el futuro del mundo.

sábado, 25 de febrero de 2017

LIMPIEZA DE CORAZÓN

(Mc 10,13-16)
Si el corazón está nuestra vida dejara de latir terminaría nuestro camino terrenal. Sólo, entonces, nos quedaría lo que en él hayamos guardado. Sí, porque en nuestro corazón se encuentra todas nuestras buenas y malas intenciones que derramamos a lo largo de nuestra vida. Allí quedan registradas. Se hace, pues, necesario mantenerlo limpio y bien cuidado.

Es verdad y de sentido común que, al principio, en su comienzo, nuestro corazón estaría limpio. Sus primeros pasos fueron cargados de inocencia y de buenas y limpias intenciones. Nuestro mundo era un mundo de verdad, de ilusiones limpias, de fantasías y generosidad. Un mundo de colores y de amor. Un mundo donde el amor se plasmaba en el buen corazón de todos los niños. Era la época honrada e idealista de nuestra infancia.

Pero, no podemos quedarnos ahí. La vida sigue su camino y crecemos. Y el crecimiento comporta crisis y también madurez. Una madurez que se ve amenazada por la contaminación y el aire viciado de la mentira y el pecado.Un madurez que se endurece y corre el peligro de ensuciar nuestro puro y limpio corazón de niño. La época adulta trae una constante lucha entre ese bien sembrado en nosotros desde niño y el adquirido por el ejercicio de nuestra libertad y voluntad durante la llegada a la madurez.

Se trata del bien y el mal. Se trata de comer del árbol prohibido tomando la fruta prohibida. Se trata de despojar nuestro corazón de todas sus buenas intenciones para que prevalezca las malas. Se trata de conservar nuestro corazón joven, puro y limpio. Se trata de una lucha a muerte. Y en ese torbellino de tentaciones, de luchas, de tiras y aflojas, nuestra meta es sostenernos en el Señor y no dejarnos arrastrar por las mentiras que nos arrastran y ensucian nuestros corazones.

Quizás es eso a lo que Jesús se refiere, al menos a mi, humildemente, me lo parece o entiendo. Debemos mantenernos siempre puros y limpios, para de esa forma mantenernos siempre jóvenes como niños, y sostener nuestro corazón lleno de verdadero y buenas intenciones.

sábado, 13 de agosto de 2016

UN CORAZÓN DE NIÑO

(Mt 19,13-15)

La pureza es signo de limpieza, de inocencia y de buena intención. Un corazón puro es un corazón limpio que vive en la verdad y la justicia. Así son los corazones de los niños ingenuos, inocentes, sin malas ni segundas intenciones. Todo transparencia, sin hipocresías ni falsedades.

Son corazones nuevos, dóciles, limpios de toda impureza y entregados a ser moldeados como si de un alfarero se tratara. Un corazón de niño está fuera de toda responsabilidad y, lleno de inocencia, está preparado y dispuesto para se moldeado en la Voluntad de Dios. Parecernos a ellos es alcanzar el Reino de los Cielo, porque, Jesús, en el Evangelio de hoy nos lo dice: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos».

Y esa es la lucha interior de nuestro camino: "Transformarnos y convertir nuestro contaminado corazón, enfermo, viejo y herido, en un corazón parecido al de un niño, que, por la Gracia de Dios, sea convertido en un corazón nuevo según la Voluntad de Dios. 

Y para eso necesitamos ser dócil y sencillo. Humilde y dispuestos a dejarnos moldear como vasija de barro en manos del alfarero. Pidamos al Señor esa Gracia y abramos nuestro corazón con humildad y sencillez.