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jueves, 27 de marzo de 2025

CORAZONES ENDUREDICIDOS

La realidad de tus circunstancias te pone en tu sitio. Si andas con corazones endurecidos, tu corazón también se endurecerá. Alejarte de Dios endurece tu corazón porque si no estás con y en Él, estás con el mundo, demonio y carne, y en ese ambiente tu corazón se endurece y deja de ser tierno, compasivo y misericordioso.

Y un corazón endurecido se cierra a la verdad, a la escucha de la Palabra de Dios, y se pierde en la oscuridad de la confusión y del sin sentido. El corazón endurecido se justifica, y ello le lleva a señalar a Jesús como príncipe de los demonios con poder para expulsar a los demonios. Cosa absurda y disparatada, porque el demonio no se va a expulsar a sí mismo.

Otros, cerrados a la fe, exigen signos y pruebas que le abran los ojos, cuando el signo fundamental lo tienen delante. Y es que cuando te traiciona a ti mismo terminas por cerrarte a la evidencia y justificar tus razonamientos auto traicionándote. Además, si Dios te muestra su Poder y su Rostro, la encarnación, celebrada hace unos días, no hubiese hecho falta.  Y menos la redención y muerte de nuestro Señor Jesús. Por tanto, se hace necesaria la fe y el fiarnos de la Palabra de nuestro Señor, y poner toda nuestra confianza en Él.

martes, 19 de septiembre de 2023

UN CORAZÓN MISERICORDIOSO Y COMPASIVO

Porque nuestro Padre Dios es Misericordioso y Compasivo todos nosotros, sus hijos, estamos salvados. Otra cosa es que rechacemos esa salvación y no la queramos. Y lo hacemos cuando damos la espalda a Dios, nuestro Padre, y nos alejamos de Él e incluso le negamos.

Al separarnos de nuestro Padre nuestro corazón se endurece y endurecido le cuesta ser misericordioso y compasivo. Es verdad que nos compadecemos cuando oímos abusos, tragedias, guerras y sufrimientos de mucha gente. Pero, también es verdad que de la misma manera que lo conocemos y vemos en los medios y televisiones, los olvidamos y pasamos a lo nuestro.

¿Se nos ha ocurrido pararnos y rezar por todas esas personas que sufren? ¿Se nos ha ocurrido dolernos y compadecernos y hasta sufrir por todas esas personas que lo pasan mal? Jesús, nuestra Referencia y Modelo, se compadeció de aquella viuda que había perdido todo lo que tenía, su hijo. Lo mismo hizo con la viuda del templo que puso las dos monedas que tenía. Y hace con todos aquellos que abren su corazón y se dan a los que sufren y necesitan consuelo. Porque, precisamente, Él está ahí.

Observemos que la viuda no se da cuenta de que Jesús pasa en ese momento. Quizás ni le conoce. Sin embargo, Jesús si la ve y sabe de su tragedia. Quedarse viuda y sin hijos era algo así como quedarse excluida de la sociedad de aquella época. Y Jesús, que lo sabe, se compadece de aquella viuda. ¿No crees que también se compadece de todos nosotros, sobre todo en el extremo de nuestra necesidad? Quizás esa necesidad no sea tanto material sino espiritual. La cuestión es que no nos damos cuenta como la viuda y a pesar de que Jesús nos llama, nos advierte, quizás de la manera que tú menos lo esperas, no respondemos a su llamada. Tendríamos que estar más atentos porque no se trata de gestos o acciones espectaculares como con aquella viuda de Naín, sino de cosas sencillas que posiblemente no le damos importancia o no queremos ver.

miércoles, 18 de enero de 2023

DUREZA DE CORAZÓN

Nos cuesta reconocer la verdad y el bien. Sobre todo cuando nos afecta a nuestra situación social y económica. Este sujeto, se dicen, compromete nuestro estado de poder y deja en entredicho nuestra ley. Ahora la ley del sábado queda en ridículo y fuera de contexto. Se pone antes el bien del hombre y, en consecuencia, la ley del sábado queda postergada a la prioridad del bien de la persona.

Sus corazones no lo aceptan. Se engañan y traicionan y buscan justificarse. ¿Qué hacer entonces? ¡Acusarle! Buscar razones apoyadas en la mentira para derribar sus acciones y sus propuestas. Saben que lo que propone y hace Jesús está bien y es lo bueno, pero sus corazones están ciegos, ensoberbecidos y llenos de ira. Y de esa forma la verdad queda oculta y desplazada por la mentira egoísta.

Hoy sucede lo mismo. Hay muchas leyes que solo buscan un redito político y de poder y, a pesar de ser partidistas y no buenas, las implantan para sostenerse en el poder y en el control de los demás. La prioridad para ellos, los que tienen el poder, es el poder – valga la redundancia – y todo lo demás, incluso la misma verdad y justicia, queda sometida a sus intereses.

Y Jesús actúa a pesar de que nadie le pide que intervenga. Ve el abuso de poder y mira a los que lo imponen con ira y dolido por la dureza d sus corazones. No se puede quedar quieto. Será la constante de toda su vida pública. Posiblemente nos esté diciendo también a cada uno de nosotros que debemos actuar aunque eso nos suponga un camino de cruz. Porque la verdad no se puede dejar dentro y en silencio. Hay que proclamarla y transmitirla. Amar es la única verdad que une, hace justicia y salva a los hombres y no podremos callarnos ante la mentira.

sábado, 13 de abril de 2019

CUANDO LA PALABRA NO INTERESA

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Hay momentos decisivos en nuestra vida cuya elección marcará la decisión más importante y trascendental a la que aspiramos: El hallazgo y descubrimiento del gran Tesoro de nuestra felicidad eterna. Y es que ante lo razonable y la verdad se anteponen los intereses, el poder, la riqueza y la felicidad inmediata. Es el pecado del hombre que cierra los ojos ante la verdad y se vence al placer, la gloria y el disfrute de esta vida.

Aquellos sumos sacerdotes y fariseos no se detuvieron a pensar qué hacía Jesús, sino que sólo pensaron en la amenaza a su poder y gloria. Las consecuencias de lo que se desprendía de las Obras y Palabras de Jesús les amenazaba con dejarles sin poder religioso y civil ante el poder romano. Y no estaban dispuestos a consentirlo. Era, pues, necesario que muriese un sólo hombre para salvar al pueblo. 

Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación». Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos—. Desde este día, decidieron darle muerte.

El ansia de poder, de riqueza, de vanagloria y de el gozo inmediato les cerraron los ojos y endurecieron sus corazones. También nos ocurre a nosotros hoy. Obviamos la Palabra de Dios para afirmar la de los hombres en aras de mantener nuestros criterios y apetencias. No queremos cambiar porque nos sentimos seducidos por el placer, la gloria y el poder inmediato. El camino nos parece lejos, largo, cansado y con cruces, y cerramos nuestro ojos a la Verdad.

Buscamos razones para justificarnos y auto engañarnos y seguir nuestras mentiras disfrazadas de aparentes verdades. Nos ocultamos a la Luz porque permanecemos en la oscuridad y nos resistimos a salir de ella. Cerramos nuestros ojos y como ciegos nos dejamos guiar por otros ciegos - Mt 15, 14 -.

sábado, 2 de marzo de 2019

CONFIADOS COMO NIÑOS

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Si observas a un niño de darás cuenta que obedecen y confían en lo que le dicen los mayores, sobre todo sus padres, que le procuran todo el bien que pueden y, porque confían en sus palabras y en lo que les enseñan. Saben y lo entienden que sus padres procuran darle todo lo que les hace falta para su buen desarrollo, su crecimiento y preparación para su futuro.

Los niños, observamos y sabemos, son sencillos, humildes y abiertos a recibir las enseñanzas de sus mayores, que también comporta un peligro si se les enseña con mala intención cosas malas y que no convienen a su bien. Y esa es la actitud que nuestro Señor Jesús quiere mostrarnos hoy, tal y como debemos proceder ante sus enseñanzas y, sobre todo, a su Palabra. Porque, sucede que en la medida que crecemos y y dejamos de ser niños, prevalece nuestra razón y nos cerramos a todo lo nuevo y a todo aquello que no entra en nuestra razón.

Endurecemos, ese corazón tierno, suave, humilde bueno, inocente y abierto de niño, como una piedra y nos cerramos a la Palabra de Dios. Pasamos, de recibir todo lo que somos y tenemos, a exigir y poner condiciones atodo lo que Jesús nos propone y a rechazar todo lo bueno, porque, de la boca de nuestro Señor Jesús no puede salir nada malo sino, precisamente, todo lo que nos hace bien y nos conviene.

Será cuestión, y una buena oportunidad, aprovechar esta reflexión para ponernos en presencia del Señor y esforzarnos en abrir nuestro corazón a su Palabra y a sus enseñanzas. Tratemos de fijarnos en los niños y recordar nuestra etapa de niño y de experimentar como se ha endurecido nuestro corazón con las ambiciones y afanes con los que el mundo nos tienta y trata de seducirnos: mundo, demonio y carne.