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martes, 11 de agosto de 2026

LO PEQUEÑO ES LO GRANDE

Mt 18, 1-5.10.12-14

—La mayoría de los hombres buscan ser grandes en el poder. Piensan que son más grandes cuanto más poder tienen. ¿Están de acuerdo?

Pedro miró a todos los tertulianos y, sin esperar respuesta, continuó:

—Y también relacionan la grandeza con el saber y el conocimiento. ¿Algo que objetar?

Fernando levantó la mano y, mostrándose disconforme, comentó:

—Discrepo en algo. Estoy de acuerdo en lo referente al poder, pero pienso que el conocimiento ayuda y es necesario.

Se hizo un breve silencio que aprovechó Manuel para intervenir:

—Es verdad que primero hay que conocer para decidir, pero el conocimiento no nos da necesariamente la sabiduría para elegir bien.

Guardó un breve silencio, miró a Fernando con ternura y añadió:

—A Dios no se le conoce solamente con elevados pensamientos y muchos estudios, sino con la pequeñez de un corazón humilde y confiado.

Le miró fijamente y agregó:

—La verdadera grandeza del hombre consiste en hacerse pequeño ante Dios.

Cogió la Biblia y, abriéndola por Mt 18,1-5.10.12-14, leyó:

—En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos».

Al terminar de leer el pasaje evangélico, comentó:

—Así pues, quien se haga pequeño como este niño es el mayor en el Reino de los Cielos.

Hizo una pausa, bebió un poco de agua y, con voz suave, comentó:

—Para ser grande ante el Altísimo no es necesario acumular honores y prestigios, bienes y éxitos terrenales, sino vaciarse de sí mismo y abrir el corazón para recibir de Dios.

La idea flotaba en el ambiente. El niño es precisamente aquel que depende de sus padres, que confía en ellos y recibe de ellos cuanto necesita. 

En su pequeñez y vulnerabilidad está también su grandeza. Porque hacerse pequeño no significa despreciarse, sino reconocer que necesitamos de Dios. 

viernes, 12 de junio de 2026

LA GRANDEZA DE LO PEQUEÑO

Mt 11, 25-30

No resulta nada fácil encontrar la paz y el gozo de sentirse feliz.  Muchos la han buscado en el poder, en el dinero y en todo lo que el mundo les ofrece, sin encontrarla.

Es verdad que los primeros pasos son engañosos y, tras la apariencia de un espejismo, la realidad vuelve al primer plano de la vida.

La felicidad no está en las cosas de este mundo, ni tampoco en aquellos que la buscan en la suficiencia.

El Evangelio nos dice, precisamente, que el Padre revela sus misterios a los pequeños (cf. Mt 11,25). No se entra en el Reino por la autosuficiencia, sino por la pequeñez recuperada del corazón creyente.

Aquellas palabras de Manuel hicieron bajar la cabeza a Samuel. Él se había jactado de ser poderoso y hasta prepotente. Presumía de no necesitar nada ni de nadie. Se bastaba a sí mismo.

Manuel había dejado marcado el camino. Ahora nos toca a nosotros encontrarlo tras los pasos de Jesús: Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

sábado, 24 de agosto de 2024

EN LO PEQUEÑO SE ESCONDE LO GRANDE

El sentido común nos dice que lo pequeño tiene poca importancia. Esa es la costumbre y como, de alguna manera, todos tenemos entre ceja y ceja de que lo importante está en las cosas grandes, suntuosas, poderosas y que nos llama la atención. ¿Acaso algo insignificante y pequeño puede ser importante y grande?

Natanael era uno de esos, entre muchos de nosotros, que pensaba de esa manera. No podía imaginarse que de una aldea pequeña e insignificante como Nazaret pudiera venir el Mesías: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Y nosotros, ¿qué decimos?

Porque, lo importante no es lo que pasó, sino lo que nosotros pensamos ahora: ¿Se esconde el Señor en las cosas pequeñas, humildes, débiles e insignificantes? ¿Dónde le busco yo? ¿Acaso creo que Dios está en lo grandioso, en lo que considero importante, en lo notable, en las cosas heroicas y espectaculares? Sería de vital importancia discernir y respondernos a nosotros mismos sobre esa auto pregunta.

No obstante debemos asumir que lo verdaderamente importante de nuestra vida se esconde en lo pequeño. Lo máximo empieza en lo mínimo, y no al revés. La felicidad se esconde en la grandeza de lo sencillo, de lo que pasa casi sin darnos cuenta, de lo suave y silencioso que está delante de nuestros ojos. Precisamente, Dios está en la suave briza, nos recuera algo esta frase.

Busquemos, pues, en lo sencillo y cotidianos de cada día la presencia de Dios Un Dios que viene a nosotros desde la humildad de Nazaret después de tomado naturaleza humana en un simple y humilde pesebre de Belén.

domingo, 16 de junio de 2024

LO GRANDE NACE DE LO PEQUEÑO

No es la primera vez que lo pienso y lo digo, lo grande nace de lo pequeño. Es algo tan simple y claro que todos lo sabemos, aunque posiblemente no hayamos pensado ni caído en ello. De cualquier forma, el sentido común nos lo deja bien claro: todo tiene un principio y para llegar a ser grande hay primero que ser pequeño. Se trata de nacer y crecer para, luego, llegar. Todo, por consiguiente, tiene su recorrido.

La vida camina sin que nadie pueda pararla. Igual que la semilla sembrada crece y da fruto sin que nadie se dé cuenta. Todo está en manos de Dios. El hombre es simple criatura que, siendo libre, administra este mundo donde Dios lo ha plantado.

Sin embargo, algo muy importante gravita en el pensamiento del hombre: Dios está por encima de todo y nos crea indefensos y pequeños para que lleguemos a ser grandes en, por y para alabanza de su Nombre. De ahí la importancia de la humildad y de ser de los últimos en el Reino de Dios. Es decir, no buscarnos sino darnos en servicio a los demás, porque en esa medida seremos también nosotros juzgados. Y es ahí donde está el límite de nuestro infinito camino, llegar a ser pequeño para luego ser grande por la Infinita Gracia y Misericordia de nuestro Padre Dios.

lunes, 29 de abril de 2024

UN DIOS ALCANZABLE DESDE TU PEQUEÑEZ

Solo desde lo pequeño podemos llegar a lo grande. Todo, incluso lo grande, empieza desde lo pequeño. Y solo siendo pequeño puede ir construyendo lo grande. La propia experiencia que la vida nos va dejando nos alumbra esa premisa de nacer de lo pequeño. Nuestro propio desarrollo empieza de un embrión gestado en el seno de una madre y, tras su desarrollo, llegar a ser una gran persona. Es decir de lo pequeño a lo grande.

De la misma forma no podremos llegar a Dios si no partimos de nuestra pequeñez. Reconocernos pequeños, limitados y simples criaturas será imprescindible para confiar y fiarnos de nuestro Padre Dios. Solo el misterio de Dios le es revelado a la gente sencilla, pequeña y humilde. El soberbio, engreído y suficiente se queda en sus lucubraciones, divaga y no pasa de ahí. No acepta nada que no sea digerido y razonado por él. El misterio de Dios le queda muy lejos para su intelectualidad. Se pierde en su misma soberbia y se cierra al misterio del Dios Creador y Redentor.

Por el contrario, cuando entendemos y aceptamos nuestra condición de hijo, de pequeño y necesitado, confiamos en las palabras de nuestros padres. Depositamos en ellos nuestra confianza y seguimos sus órdenes. De la misma manera, considerándonos criaturas de nuestro Padre Dios, pequeños y llenos de humildad nos abrimos y escuchamos su Palabra aceptándola desde lo más profundo de nuestros corazones.

Y es cuando experimentamos que nuestra carga se hace más ligera y nuestro yugo menos pesado. Porque, seguir al Señor injertado en el Espíritu Santo, tal y como decíamos ayer domingo, seremos capaces de aligerar y soportar nuestra carga y nuestro yugo. Y todo por una sencilla razón: Somos consciente de que Dios, nuestro Padre, va con nosotros, está pendiente de nosotros y nos fortalece en nuestro empeño de ser fiel y obediente a su Palabra y asiduos a relacionarnos con Él a través de nuestro diálogo – oraciones –.

lunes, 27 de noviembre de 2023

NO ES CUESTIÓN DE GRANDEZA NI DE CANTIDAD

El valor no está en la apariencia de grandeza o de abundancia de nuestros actos. Se esconde en la intención que, evidentemente, no se mide por su grandeza o cantidad. Naturalmente, lo que da valor a mis obras no son la espectacularidad de su grandeza sino la intención de su motivo. Es decir, algo tan misero y pequeño como dos reales pueden valer tanto o más que un tesoro depositado con segundas intenciones.

La lección que hoy Jesús nos da en su Evangelio es tan sencilla y simple como esos dos reales que la viuda dejó en en tesoro del templo. Su intención, a pesar de no tener y, quizás por no tener, era ponerse en manos de Dios. Y es que para los pobres es la única solución a sus problemas: ponerse en manos de Dios. De ahí que son los pobres los que más posibilidades tienen de escuchar la Palabra de Dios. Y, precisamente, a los que Dios ha venido a salvar.

Sabemos por tanto que a un rico le será más difícil. Su corazón está seducido por las riquezas, poder y los placeres de este mundo. Un pobre parece que no tiene otra alternativa. Diríamos entonces que la pobreza es una gran virtud y una gran suerte o posibilidad porque nos ayuda a acercarnos y escuchar al Señor. De ahí que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.

Ahora que terminamos el año podemos ver y reflexionar sobre todos nuestros pequeños actos y obras. Quizás no estemos satisfechos; quizás nos ha parecido que nuestras oraciones y actos han sido, además de insignificante, sin la debida atención o concentración. Sí, no estamos contentos. Sin embargo, nuestro Padre Dios puede ser que valore nuestros actos de otra manera. Porque, para Él lo importante es nuestro verdadero esfuerzo e intención. Demos gracias a Dios por todo lo que hemos y vamos recibiendo y pongamos todo nuestro esfuerzo en hacer nuestras obras de acuerdo con su Voluntad.

jueves, 9 de diciembre de 2021

LA GRANDEZA VA DE LO PEQUEÑO A LO GRANDE

 

Ser pequeño implica ser grande, porque, para ser pequeño hay que tener un gran corazón, humildad, fortaleza y gran capacidad de renuncia para resistir a las apetencias y apetitos que el mundo te ofrece en cada instante de tu vida. Ser pequeño en el reino de los cielos exige ser pequeño en este mundo. Y ser pequeño en este mundo significa abajarte a todo afán de grandeza, de poder, de placeres y riqueza.

Entendemos el camino que tomó Juan el Bautista a acomodarse en el desierto y tener una vida austera y entregada - alejada de toda tentación mundana - a proclamar la Buena Noticia de la llegada del Reino de los cielos. Una vida que nos pedirá la renuncia de todo aquello que nos vicia y nos acomoda hasta el punto de volvernos esclavos de las apetencias que nos ofrece el mundo.

Preparar el Adviento es prepararnos nosotros interiormente y, desde la pequeñez de sabernos criaturas e hijos de Dios, disponer nuestro corazón a vivir en la Voluntad de nuestro Padre Dios. Y, para ello, necesitamos estar su lado y en constante diálogo fortalecido en la frecuencia de los sacramentos, Eucaristía y Penitencia, que nos alimentan y reconcilian con nuestro Padre Dios y su Voluntad. Voluntad que nos conviene porque nos hace bien, nos libera y salva

lunes, 8 de noviembre de 2021

SER PEQUEÑO TE HACE GRANDE

 

 

Cuando te consideras pequeño estás disponibles a pedir perdón por tu pequeñez. Tu corazón se siente humilde y pequeño y abierto al arrepentimiento y a la misericordia y disponible a n permanecer en las caidas sino en actitud constante de levantarte por y gracia por la Misericordia de Dios.

Ser pequeño presupone ser humilde, porque, el pequeño primero es humilde. Precisamente, por eso, la humildad te hace pequeño, aunque tú te sientes grande. Y es esa humildad lo que te acerca a Dios y, por su Gracia te hace grande. Por  eso, ser pequeño, ante los ojos de Dios te hace grande y te convierte en su preferido. Tanto es así que el mismo Jesús dice: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños.

Busquemos humildemente , en la humildad - valga la redundancia -  la fuerza de nuestra fe. Una fe que se alimenta en las entrañas de nuestra pequeñez y nos invade de esperanza. De una plena esperanza de sentirnos queridos y perdonados misericordiosamente por nuestro Padre Dios.

martes, 27 de octubre de 2020

PEQUEÑO - DÉBIL - HUMILDE

Lc 13,18-21


 

Dios no busca en la grandeza sus testigos para anunciar su oferta y apuesta que ha hecho por el hombre, en el que ha puesto su confianza.  Y no la busca porque, para grandeza ya está Él, Señor de todo lo creado, visible e invisible. ¿Para qué buscar grandeza y poder si más grande que Él no hay nadie? 

Por tanto, Dios se hace pequeño - hombre - y busca y vive entre los pequeños, porque quiere enseñarnos su poder y grandeza haciendo de lo pequeño lo grande y de lo débil lo poderoso. Sin embargo, la abajura de Dios es tan grande manifestación de amor que no nos presiona ni nos impone nada. 

Nos creó libe para que le reconozcamos por voluntad propia su ascendencia sobre nosotros. Es nuestro Creador y Salvador, y no nos ha creado para luego abandonarnos y condenarnos, sino para, reconociéndole nuestro Señor y Padre, darnos esa Vida plena de gozo y felicidad Eterna.

Por tanto, reconozcamos nuestra pequeñez, nuestras debilidades y seamos humildes reconociendo a Dios como nuestro Padre y Señor.

viernes, 2 de octubre de 2020

LA LLAMADA A SER PEQUEÑO

 

Mt 18,1-5.10

Según la lógica humana, la grandeza del hombre está en el poder y le viene dada por las riquezas. De modo que el dinero tiene gran importancia para, y según el hombre, ocupar puestos relevantes y de gran importancia. Desde esta perspectiva, ser grande e importante comporta tener riquezas y, por tanto, poder. Y será más grande e importante aquel que tenga más poder. Así que buscar los primeros puestos conlleva ser grande.

Esa fue la pregunta que los discípulos le hacen a Jesús en el Evangelio de hoy. Es lógico que los apóstoles, como hombres y desde la lógica humana, aspiren y quieran ser grandes y, por tanto, ocupar los primeros puestos. Es la manera que ellos descubren para ser el más importante. Sin embargo, Jesús no tiene esta lógica, o dicho de otra manera, la lógica de Dios no coincide con la nuestra. 

La lógica de Dios es otra y su preferencia en importancia está en los más pequeños. Esos son sus preferidos. Y lo son porque son indefensos, débiles y pequeños. Se sienten inseguros y buscan y necesitan seguridades. De ahí que busquen a un Padre. Un Padre bueno que les guarde, les defienda y les proteja. Y que sientan la necesidad de abrirse a su llamada, a su Buena Noticia y su promesa de Salvación. Evidentemente, son los pobres los que escuchan. Y el mejor ejemplo es el niño. Un niño se siente débil, inseguro y busca la seguridad y protección de un padre y una madre.

Esa es la actitud que nos pide el Señor Jesús cuando nos dice: (Mt 18,1-5.10): En una ocasión se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: « ¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien... 

Reconocer nuestra pequeñez y nuestra pobreza y, como si de un niño se tratara, buscar el amor y la protección de su Padre del Cielo. Ese es el que será más importante delante de Dios.

viernes, 31 de julio de 2020

DIFÍCIL DESCUBRIR LA GRANDEZA ENTRE LO HUMILDE Y SENCILLO

Evangelio Mateo 13, 54-58 Del Santo Evangelio según San Mateo En ...
Mt 13,54-58
Nuestros pensamientos se elevan y esperan, no lo pequeño, sino lo grande. Esa es la lógica natural, tanto tú como yo aspiramos a cosas grandes y lo nacido de lo pequeño no nos despierta grandeza ni poder. Por eso, los contemporáneos de Jesús le rechazan, ¿cómo admitir a un Mesías esperado, nacido desde y entre ellos mismos? Imposible. 

« ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?».

¿No crees que a ti también te pueda ocurrir esto? Incluso, quizás ya te haya ocurrido, y por eso, como los contemporáneos de Jesús, piensas lo mismo. No nos imaginamos a un Mesías débil, pobre y a mercede del poder y la fuerza de los grandes y poderosos de su tiempo. ¿Cómo entonces nos va a liberar y salvar? No creemos sino en la fuerza y el poder del más fuerte. Y ese es el Mesías que nos imaginamos y queremos, y al que evidentemente esperamos.

Por tanto, nos resulta difícil creer en un Mesías como el presentado y anunciado por el Evangelio. Nos damos cuenta que, ineludiblemente, hace falta la fe para fiarnos y seguir a Jesús. Posiblemente, Jesús nos dirá lo mismo que les dijo a sus contemporáneos y no moverá un dedo si nosotros no nos abrimos al don de la fe. 

Para eso, nosotros hemos recibido, en nuestro bautismo, al Espíritu Santo, que nos asistirá, nos acompañará y nos auxiliará para que recibamos la fe - don regalado por nuestro Padre Dios - y abramos nuestro corazón a esa fe que nos pide Jesús y que necesitamos para creer en Él.

domingo, 5 de enero de 2020

EN LO ALTO Y EN LO BAJO

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Jn 1,1-18
Dios está por encima de todo y su grandeza es inalcanzable hasta tal punto que no podemos comprenderla. Dios sobrepasa toda imaginación y su misterio es incomprensible. Pero, tanto por encima como por debajo, porque, como no dice hoy en el Evangelio San Juan, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios, la Palabra se encarnó en naturaleza humana hasta hacerse hombre como tú y como yo. Hombre igual a nosotros menos en el pecado.

Y esa pequeñez es incomprensible también. ¿Cómo Alguien tan grande se puede hacer tan pequeño, hasta el punto de ser ridiculizado, abofeteado, maltratado, empequeñecido, rechazado, castigado y sacrificado en una muerte de cruz? ¿Es posible que su grandeza pueda padecer empequeñeciéndose tanto a merced de sus criaturas? Ese abajamiento y pequeñez es tan grande misterio que no lo podemos entender. Tanto y en cuanto a su grandeza como a su abajamiento.

La conclusión es que Dios nos ha amado tanto que no se puede dudar. La pruebas de su Amor son tan grandes, tan claras y a la vista de todos que entregó su Vida a una muerte de cruz para demostrárnoslo. Él, que estaba junto a Dios y era Dios se empequeñeció tanto que nos es imposible comprenderlo. Él, que todo  lo que existía lo había hecho, tomó cuerpo humano como el mío y, menos en el pecado, pasó por todo lo que un hombre puede pasar hasta sufrir la ignominia del pecado de los demás.

Por eso, cargó con tu pecado y con el mío, y con el de todos los hombres. Por eso, voluntariamente, encarnado en naturaleza humana, vino a dar testimonio del Amor del Padre, y a ofrecernos con su humillación, rebajándose a nuestra misma condición, sin dejar de ser Dios, a liberarnos con su muerte de la esclavitud del pecado y a devolvernos por su mérito, la dignidad perdida de ser hijos de Dios.

martes, 14 de agosto de 2018

PARA SER GRANDE ES NECESARIO ABAJARSE Y HACERSE PEQUEÑO

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Mt 18,1-5.10.12-14
Nuestras ambiciones y pretensiones están muy lejos de las de Dios. Interpretamos que ser importante y primero es directamente proporcional a la importancia, a la labor y a los cargos que desempeñamos. Creemos que los más grandes en títulos, cualidades y labores son los primeros y más importantes, y, ¡qué equivocados estamos!

Hoy, Jesús, nos da una lección de humildad y de abajamiento. Ser primero es ser último. Quien quiera ser primero que se queda para el final y recoja todo lo que los otros no quieren hacer o consideran de menor importancia. Quien quiera ser primero que se ponga a la cola y empiece por hacer y servir todo lo que los otros necesiten y, de alguna manera, no le den tanta importancia. Quien quiera ser primero que se fije en un niño e intente en ser como él. Es decir, ingenuo, atento a lo que le dicen, obediente y dócil y abierto a aprender. Un niño, maleable y disponible a imitar los que su padre le dice.

Un niño, pobre, pequeño, indefenso, dependiente, en manos de sus padres, desamparado, perdido y necesitado de protección y salvación. Todo lo contrario de poderoso, fuerte, independiente, orgulloso, suficiente y no necesitado de ayuda. Dueños de sí mismo y que se basta por él mismo. Está claro que el camino es inverso al que nosotros pensamos y por aquí nos desviamos y nos alejamos cada vez más de Dios. Nos perdemos.

Somos hijos de Dios y como hijos debemos experimentarnos pequeños, necesitados de Él y, como los niños, dependiente de su Amor que, afortunadamente, nos protege, nos cuida y nos busca en los momentos más peligrosos e indefensos de nuestras vidas.

sábado, 11 de noviembre de 2017

TU SANTIDAD SE ESCONDE EN LO PEQUEÑO

Lc 16,9-15
Siempre hemos oído que la vida se compone de cosas pequeñas. O, visto de otro ángulo, las cosas grandes empiezan por cosas pequeñas. Y, el sentido común y la experiencia nos hablan de que todo lo grande ha tenido un comienzo pequeño. Nuestra propia vida empieza por ser una célula, un embrión y un feto, para luego, crecido y desarrolado convertirse en persona, y como persona, de lo pequeño, por la Gracia de Dios, llegar a lo grande.

Es cierto, lo grande nace de lo pequeño. O lo pequeño es el comienzo de algo grande. Y grande es cumplir cada día con nuestros compromisos pequeños y cotidianos. Tales como el trabajo, la atención, la actitud y disponibilidad a ayudar, a prestarse a colaborar, a la solidaridad...etc. Se nota cuando las personas se mueven en estas actitudes y nos dan buen ejemplo y testimonio. Lo importante son vivir en los valores que se desprenden del amor. 

Porque, amar comporta el compromiso de ser justo, auténtico, verdadero, sincero, sin sengundas intenciones, honrado, solidario, sencillo y humilde. Por eso, en amar a Dios y al prójimo como Dios quiere están contenido todos los valores que buscan el bien, la verdad y la justicia. Un gran edificio, de esos muchos que hoy son maravillas del pasado y monumentos históricos admirados en todo el mundo, empezó por colocarse una piedra sobre otra, y por muchos hombres moviendo cada uno herramientas y materiales para colocarlos de forma que formaran el esqueleto de ese gran edificio.

Y dependió de todos que cada movimiento y cada piedra y material necesario fuera meticulosamente bien colocado e instalado para que hoy, después de siglos, el edificio se sostenga firme, hermoso y admirado por todos. Las cosas pequeñas tiene gran importanci, pues de ellas nacen las grandes. La santidad que Dios quiere para nosotros consiste en hacer bien las cosas pequeñas de cada día. Tus oraciones, tu disciplina, tu servicio, tu trabajo, tu... Cada cosa en su sitio.

Pero, mantener esa constancia y disciplina exige esfuerzo continuado y perseverante. En un mundo lleno de tentaciones será difícil sostenerse en esa exigencia. Necesitamos esta con Dios y que sea Él nuestra prioridad en todo. Prestarse al servicio de otras cosas como el dinero y el poder será poner en peligro nuestra relación con Dios, y, por supuesto, sostener nuestra disciplina diaria que nos lleve a la santidad.