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martes, 6 de febrero de 2024

TRADICIONES E INCUMPLIMIENTOS

No se trata de que las tradiciones sean malas o falten a la ley. Nada de eso, pero hay circunstancia que esas obligaciones tradicionales pueden ser muy graves cuando por el cumplimiento de la tradición se oculta y desvía la Voluntad de Dios. Podemos estar cayendo, por cumplir con la ley tradicional, en el pecado de poner a Dios en un segundo plano o, peor todavía, excluirlo de nuestra ley para hacer la nuestra.

Nunca se puede omitir el cuidado de los padres. No está bien, aunque quieras disimularlo con la ley o tradición, despojarte de tu responsabilidades. Honrar padre y madre es, no solo un mandato de nuestro Padre Dios, sino un deber que nace desde lo más profundo de nuestros corazones. No puedes justificarte utilizando todo lo que la ley o tradiciones puedan favorecerte para evitar tu responsabilidad de honrarlos.

No se puede obviar la Voluntad de Dios y reflejarla en los actos cotidianos de nuestra vida, sobre todo, en relación y cuidados con nuestras familias. Nuestras leyes y tradiciones tienen que ser reflejos de la Bondad y Misericordia de nuestro Padre Dios. Sería contradictoria cumplir la ley cuando ese cumplimiento contraviene la bondad y misericordia de Dios. Es evidente que, aunque lo queramos disfrazar, nos damos cuenta de que el amor y la misericordia deben estar presente en nuestras relaciones con los demás. ¡Cuánto más con nuestros padres y familiares!

viernes, 10 de marzo de 2023

NI VIÉNDOSE RETRATADOS RECONOCEN SU PECADO

Mt 21, 33-43. 45-46

Son ellos los garantes del pueblo de Dios. ¿Cómo nos va éste a quitar nuestra autoridad y poder de garantizar el reino de Dios? ¿Quién se cree que es? Sus propuestas desestabilizan el orden establecido en Israel por ellos. La venda que tapa sus ojos les impide ver la verdad. Se resisten a renunciar a su poder, a su orden establecido que le permite vivir de una forma cómoda y superior. Son ellos los guías y los que garantizan el orden y las tradiciones.

El anuncio que trae Jesús, enviado por su Padre, desestabiliza todo ese orden que los sumos sacerdotes, escribas y fariseos sienten como suyo. Se consideran garantes de esa Ley y Profetas y no aceptan el vino y odres nuevos que presenta Jesús. No ha venido a cambiar nada sino a perfeccionarlo, dice y repite Jesús. Porque la Ley no puede obviar el amor y la misericordia de nuestro Padre Dios.

Es evidente que la Ley hay que cumplirla, pero una Ley justa, natural que ya Dios ha imprimido y sellado en el corazón de cada hombre. Nunca una Ley nacida del corazón del hombre. Un corazón corrompido, herido por el pecado y sometido a los vaivenes y pasiones de este mundo. Son los aires nuevos del Evangelio del Amor Misericordioso que deben ser anunciados a todos, de manera especial a los marginados, a los pobres, a las periferias, pero también al pueblo.

Quizás debemos también revisarnos nosotros, que formamos la Iglesia, abiertos a la acción del Espíritu Santo, tratar de respirar ese aire fresco, nuevo y misericordioso que el Espíritu sopla sobre nosotros. Porque toda la Ley se resume en el amor y la misericordia.

martes, 8 de febrero de 2022

¿TRADICIONES O PALABRA DE DIOS?

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Mc 7,1-13

La pregunta que surge al leer este pasaje evangélico es: ¿Están nuestras tradiciones y leyes antes que la Palabra de Dios? ¿Es más importante la ley dictada por los hombres que la Voluntad de Dios? Es decir, anteponemos nuestras tradiciones al amor y bien del hombre. Porque, una cosa es la ley y las tradiciones y otra cosa es el bien del hombre. Y, el hombre, criatura de Dios, es su primera opción. Envía a su Hijo y lo entrega a una muerte de Cruz para rescatarnos de la esclavitud del pecado. No hay mayor Amor que ese, ni más prueba de Amor que entregar su Vida libremente y por amor. Sin condiciones y gratuitamente.

Ante esta realidad, ¿cómo se puede anteponer, al bien del hombre, tradiciones y costumbres que se limitan a actos externos de limpieza o higiene? Está bien que se cumplan, pero nunca con carácter de ley ni de exigencia. El cumplimiento nunca será tabla de salvación, porque, lo verdaderamente importante es la intención del corazón. Un corazón bien intencionado siempre estará en la línea de la verdad y la justicia. Y, evidentemente, cumplirá las leyes y lo establecido siempre que sea para  bien del hombre. Nunca por mero cumplimiento.

Partiendo de que Dios – nuestro Padre – nos ama con un Amor Misericordioso y, por eso, nos salvamos, ¿no tenemos también nosotros que amar de la misma forma? ¿Y, la Misericordia no está antes que la ley? Por tanto, las tradiciones y las leyes que las rigen, nunca pueden someter la conducta del hombre. Sólo el amor puede condenarlo. Esa fue una de las controversias que Jesús tuvo con los fariseos de su tiempo. Ellos anteponían sus tradiciones y leyes antes que el amor y la búsqueda del bien del hombre. Hacen extensivas muchas leyes y tradiciones al pueblo, cuando son exclusivas sólo para los sacerdotes, tal como era esta de lavarse las manos ante de ofrecer un sacrificio.

No miran para el bien del hombre, sino someten al hombre a la tradición o ley. ¿No ha creado Dios al hombre para que administre y goce de todo lo creado para su bien y provecho? Luego, ¿cómo se puede anteponer todo lo creado «para y en función del hombre» a la criatura – creada a imagen y semejanza de Dios (el hombre)  – objeto del Amor Infinito y Misericordioso de Dios? No perdamos nunca de vista que, lo primero es la Voluntad de Dios.

martes, 3 de agosto de 2021

TRADICIONES Y COSTUMBRES

 

La vida, también nuestra vida, está llena de tradiciones y costumbres que nos arrastran hasta llegan a someternos y crear hábitos rutinarios a los que llegamos a endiosar y a aceptar como fundamentos de nuestra fe. ¡Y no los son! Pueden llegar a ser importantes, pero nunca fundamentales. Porque, lo fundamental de nuestra fe no se apoya en actos y cosas externas que nos llegan de afuera, sino en lo que se cuece y nace dentro de nosotros mismos, es decir, en nuestros corazones.

Es el corazón donde nace y se cuece el pecado y también donde nace la fe como resultado de un encuentro profundo y real con Jesús. Por tanto, el escándalo de aquellos que se escandalizan y desvían la atención y el encuentro de otros con Jesús es cosa muy grave. Ya lo dijo Jesús en una ocasión: «Ay de aquel que escandalice: Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar»

Nuestra fe se fundamenta en Jesús y es en Él donde hay que mirarnos. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y es a Él a quién hay que seguir. Por eso, mirarnos en otros equivaldría a cerrar nuestros ojos y ser guiados por ciegos. La realidad es que eso no nos llevaría a ninguna parte salvo a precipitarnos por el precipicio. Jesús lo advierte y nos lo dice claramente: Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Conviene, pues, reflexionar sobre nuestras costumbres y tradiciones y darle la importancia que tienen. Pero, nunca tomarlas como el fundamento de nuestra. Las costumbres y tradiciones están sujeta a cambios y evoluciones, más nuestra fe siempre será la misma y estará fundamentada en Xto. Jesús, el Hijo de Dios que nos la ha revelado.

martes, 9 de febrero de 2021

NO TE QUEDES EN LAS NIMIEDADES, SINO MIRA AL INTERIOR Y PROFUNDO DE TU CORAZÓN, ALLÍ ESTÁ LA VERDAD

 

Al principio de la Biblia leemos que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. ¿Te has parado a pensar dónde está esa semejanza? En lo físico no debe ser, porque Dios es Espíritu, luego estará en lo espiritual, en los sentimientos del corazón y, sobre todo, en el amor. Dios es amor y nosotros tenemos mucho de eso. Sin amor no podríamos vivir. Necesitamos imperiosamente amar y ser amado.

Hago esta simple reflexión porque, posiblemente nos aferramos a las tradiciones sin más quedándonos atrapados en nimiedades y tonterías que no significan nada ni tienen sustancia suficiente para cuestionar las actitudes y comportamientos del hombre. Eso fue lo que sucedió en el pasaje evangélico que hoy nos narra  Marcos 7, 1-13 - en el que Jesús se ve interpelado por los fariseos y requerido a cumplir con las tradiciones de los antepasados: Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan:

 « ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres».

Sería bueno  limpiar todas nuestras actitudes desde la óptica del amor. Porque, lo verdaderamente importante no son las normas y leyes que, legisladas por los hombres, no miran precisamente al bien del hombre, sino que lo que importa es buscar siempre el bien del hombre amándole y amándonos tal y como nos amó Jesús y nos ama nuestro Padre Dios.

miércoles, 12 de junio de 2019

PERDIDOS EN LAS TRADICIONES

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Mt 5,17-19
No son las tradiciones lo que realmente marcan el sentido de nuestra fe, sino esa actitud que, quizás escondida en la tradición, da plenitud a la Palabra que Jesús, el Hijo de Dios, nos ha revelado. Está fuera del contexto quedarnos en la romería, en la promesa de la caminata al santuario, en rezar un rosario con los brazos en cruz y un sin fin de promesas y costumbres que solo cobran sentido en esos días de celebraciones y rituales. No es esto lo importante, ni siquiera lo que nos revela Jesús.

Se trata de, con nuestras costumbres y tradiciones, dar sentido pleno a la Palabra de Dios, que consiste plenamente en vivir en la verdad, en la justicia, en el compartir con el más necesitado, en asistir al pobre y desamparado, al impedido o impotente que espera nuestra ayuda. Consiste en amar como Jesús nos amó durante el tiempo que pasó en la tierra junto al hombre y la mujer. Consiste en darle importancia y sentido a lo que verdaderamente es importante y tiene sentido. 

Desde ahí y en esa actitud podemos reflexionar y contemplar esta Palabra que Jesús nos propone hoy. Una Palabra que habla del cumplimiento de la Ley, sin omitir lo más simple, lo más pequeño o sin aparente importancia, porque todo lo que va dirigido a dar plenitud al amor humano será tenido en cuenta y de vital importancia. No así lo superfluo, lo van al, lo carente de sentido y despojado de verdadero amor.

Cuidemos, pues, de vivir en actitudes banales, sin sentido y que no reflejan ni dan testimonio del amor al prójimo que nos propone Jesús. En actitudes apoyadas en tradiciones que obedecen a costumbres y formas de expresar una fe rancia, vacía, sin contenido y simplemente ritualista y puntual. Una fe concretada en actos desencarnados de la realidad que pierden todo su sentido y se alejan de la propuesta que nos hace Jesús. Y es, desde ahí, desde esa perspectiva, de donde Jesús nos advierte que «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

martes, 6 de febrero de 2018

TRADICIÓNES Y COSTUMBRES

Mc 7,1-13
Es muy fácil caer en las tradiciones y costumbres. Referirse a lo que se hacía antes paraliza nuestros corazones y nos impide avanzar y ver. Jesús desmintió y desbarató muchas tradiciones que se cumplían al pie de la letra sin tener en cuenta que son las personas lo verdaderamente importante y lo que Dios ama. Buscar, luego, su bien es lo primero y fundamental.

Podríamos incluir aquí muchas corrientes de nuestro tiempo que se aferran a lo antiguo. No se acepta en muchos sectores y grupos de la Iglesia el tomar la comunión en la mano, y, menos aún, lo que la Iglesia ha convenido hacer respecto a la participación de los seglares como ministros extraordinarios para distribuir la comunión. ¿Acaso no son bautizados y, por la Gracia del Espíritu de Dios, sacerdotes, profetas y reyes? ¿No repartió Jesús su Cuerpo en la mano de sus discípulos? ¿No tomaron sus discípulos el Pan, transformado en el Cuerpo del Señor con sus propias manos? ¿No somos nosotros también discípulos y enviados a evangelizar?

Luego, ¿por qué no se acepta lo que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, ha convenido delegar para el bien de todos? Se necesitan muchas manos para llegar a todos los lugares, sobre todos a aquellos enfermos que necesitan también alimentarse espiritualmente del alimento del Cuerpo del Señor. ¿Acaso son los sacerdotes más puros que los seglares? Tratemos de reflexionar y ver las cosas desde la mirada del Señor.

Tengamos muchos cuidados con los manipuladores que se agarran a las tradiciones y costumbres para utilizarlas en sus conveniencias e intereses. Y es que la envidia, el resentimiento, la suficiencia y el creerse mejor que otros nos vendan los ojos y nos endurecen los corazones impidiéndonos ver las cosas desde la Verdad que está precisamente en el Señor.

El comió con los impuros; curó a los impuros; repartió su Cuerpo y su Sangre entre los impuros, y sus discípulos, en su memoria, hacían los mismo, dando el Pan, convertido en el Cuerpo del Señor, en las manos. Hagamos una seria reflexión desde el interior de nosotros mismos.

martes, 7 de febrero de 2017

IMPORTA EL CORAZÓN, NO LA NORMA O EL MÉTODO

(Mc 7,1-13)
Parece que estamos más inclinados a las normas y tradiciones que a las buenas intenciones. De nada sirve aplicar los métodos o tradiciones si luego tu corazón no alberga buenas intenciones. Porque no se ama con las normas ni los métodos o formas de orar, sino con el corazón. Es lo que nos dice Jesús, ama y luego haz lo que quieras. Porque el que ama hará siempre las cosas en verdad y con justicia.

Y es que ocurre eso en nuestra vida. Cuidamos las cosas externas, apariencias, sin importarnos tanto lo que pensamos intencionadamente en nuestro corazón. Porque es ahí donde reside y se genera el mal. No queremos decir que las tradiciones no sean importantes y buenas conservarlas, pero siempre y cuando sean y estén en función del bien del hombre. El tiempo camina y nosotros no seguimos el ritmo, porque nuestras horas en este mundo están contadas, y eso conlleva formas nuevas de vidas y costumbres. Y a eso hay que adaptarse, sin perder que todo está para el bien de las personas.

Precisamente, eso es lo que significa ser libre, buscar el bien. Quien es libre ama, porque amar busca eso, hacer el bien. Pero, eso que ocurría en tiempo de Jesús, sigue vigente hoy. Incluso, diría que ha aumentado en exageración, pues parece que las leyes y costumbres someten al hombre. Incluso, los caprichos de los mismos gobernantes. ¿Qué ocurre con las personas mayores? Antes, según las tradiciones, daban dinero y bienes para el Templo y se libraban de cuidar a sus padres, que no podían disponer de esos bienes. Y ahora, los que tienen dinero los ponen en residencias, y los que no tienen, lo hacen en hospitales o centros geriátricos públicos.

La clave está en quitárnoslo del medio y nos desviamos del cuarto mandamiento. Es decir, cumplimos con lo externos, pero falseamos las intenciones de nuestro corazón. Quien honra al padre expía los pecados; quien glorifica a la madre es como quien reune un tesoro (cf. Sir 3,2-6). Son nuestros padres una ocasión y oportunidad para ganarnos la Vida Eterna atendiéndolos y cuidándolos. Sin embargo, el mundo los ve como molestia y obstáculos, y trata de sacudírselos. En eso se esconde la eutanasia.