Mostrando entradas con la etiqueta cumplimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cumplimiento. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de agosto de 2024

SÓLO EL CONTACTO CON JESÚS NOS LIBERA DEL SIMPLE CUMPLIMIENTO.

No sólo es el cumplir, sino el amor misericordioso que sólo podemos recibir al estar en contacto con Jesús y recibir su Cuerpo y Sangre como alimento espiritual que nos fortalece, nos da paz y sabiduría para amar como Él nos ama. La vida es un libro de sabiduría, pero sólo sabremos leerla si caminamos unidos a Cristo Jesús.

El hecho de cumplir está muy bien, pero por sí solo no nos basta para darle verdadero sentido al amor. Partimos de que somos pecadores y el cumplimiento de los mandamientos nos acerca mucho al Señor. Pero, sólo en Él podemos encontrar el don de la gratuidad y la misericordia.

Verdaderamente estamos llamados a ser libres. Y es esa libertad la que nos ayudará a superar toda ley y todo precepto desde un amor incondicional y gratuito. Se trata de no permanecer atado al poder y tener para ser, sino desde el ser, injertado en el Espíritu Santo, hacer y obrar en entera libertad. Es entonces cuando el despojo de lo que se tiene importa poco, porque el valor de descubrir que estamos en el Señor llena toda nuestras esperanzas de vida.

No nos salva ni libera el cumplimiento. Eso sí, nos hace mejores, pero continuamos atado al tener y poseer. Sólo nos libera el Señor, que nos da la capacidad de amar gratuitamente poniendo todo lo que somos y tenemos a su servicio. Fue ese el problema de aquel joven rico que, siendo bueno, prefirió seguir atado a sus riquezas antes que liberarse poniendo en el centro de su corazón al Señor.

Vivir para el Señor significa tener la prioridad en tu vida de hacer la Voluntad del Padre según la Palabra de nuestro Señor Jesús. Una Palabra que precisamente cumple esa Voluntad del Padre: Amarnos con misericordia infinita. Amén.

miércoles, 12 de junio de 2024

UN CAMINO DE PERFECCIÓN

De mayor, conoces y sabes, que eres imperfecto, pero cuando naces la imperfección está meridianamente clara. Un bebé abandonado tiene muy poco tiempo de vida. De pequeño somos totalmente dependiente y sin una familia, unos padres, nuestra vida tendría pocas posibilidades de desarrollarse y subsistir.

Sin embargo, de mayores también experimentamos nuestra impotencia y la necesidad de ayuda. Somos seres creados para relacionarnos y asistirnos unos a otros. Mirado de una forma potencial y en futuro, nuestro camino es un camino de perfección. En la medida que crecemos, nos formamos y desarrollamos, nuestra dependencia de nosotros mismos va también creciendo. Y nuestro futuro será alcanzar la perfección como nuestro Padre y Creador es Perfecto.

Digamos que esa es nuestra verdadera misión aunque muchos la ignoren y miren para otro lado. Nuestro camino es un camino de perfección que no lo podremos conseguir sin la asistencia y auxilio del Espíritu Santo. Necesitamos mirarnos diariamente en la Palabra de Dios y, meditándola, tratar de llevarla a nuestra vida y cumplirla.

Infringir esos mandatos revelados por nuestro Señor Jesús e impresos en nuestro corazón, nos hace hijos de poca importancia en el Reino de nuestro Padre. En cambio, cuando los cumplimos y lo hacemos centro de nuestro diario vivir, nos hace grande en el Reino de nuestro Padre.

 La razón es que caminamos en esa intención y esfuerzo: guardar y cumplir los mandatos – la Ley – que nuestro Señor Jesús nos ha revelado y enseñado a cumplir con su Palabra y su Vida. Y seremos menos o más importantes en la medida que los cumplamos. El objetivo es ese, irnos perfeccionando en el cumplimiento de la Ley que Jesús, el Señor, nos ha mostrado y testimoniado.

lunes, 16 de agosto de 2021

SE TRATA DE VIVIR EN LA VERDAD Y TRANSPARENCIA

 

 

Todos queremos quedar bien, y bien quiere decir que, ante los demás nadie quiere quedar como un mentiroso, una mala persona o un injusto y aprovechado. Todos queremos quedar bien. Luego, ¿qué ocurre cuando comprobamos que la realidad no es esa? En el fondo de cada persona se esconde un deseo de vivir en la verdad y, en consecuencia, proceder justamente en su día a día.  Y eso se nota en el proceder de cada persona ante los demás.

Sin embargo, las apariencias engañan y la realidad no es tal cuan se dice y se trata de presentar. Cumplir no es tan difícil, pero amar es otro cantar y lo complica todo. No es lo mismo cumplir que amar. Si el cumplir deja justificada tu colaboración, el amor va más profundo hasta el darse plenamente por el alivio del que sufre y necesita ayuda. El cumplimiento cumple y termina, pero el amor acompaña y se compadece.

Y esto es lo que hizo y hace Jesús. Acompaña a quien sufre y padece; está al lado de quien se siente solo, desorientado y camina sin rumbo. Su amor le implica más allá de mero cumplimiento hasta el extremo de darse plenamente sin condiciones. Experimentamos que el amor es algo más profundo y comprometido, y que no está a nuestro alcance. Para amar necesitamos seguir a Jesús y estar con Él, porque, solo de Él nos viene la fuerza y la capacidad de amar como Él nos ama.

Amar complica nuestra vida, pero tras esa aparente dificultad se esconde esa plena felicidad que buscamos y ese Tesoro que ansiamos encontrar y que solo en Jesús hallaremos.

lunes, 12 de octubre de 2020

NO SE ES COMO SE DICE, SINO COMO SE VIVE

 

La confianza que se gana cuando lo que se dice va en auténtica coherencia y consonancia con lo que se hace, se pierde cuando sucede lo contrario. Y, una vez perdida, el recuperarla se hace arto difícil. Y esto que experimentamos ocurre hoy de manera alarmante. La confianza ha casi desaparecido en el mundo de nuestro tiempo. Se dice lo que luego no se cumple, de tal forma que no hay confianza ni cumplimiento de la palabra dada, y, por supuesto, se habla con ligereza, indiferencia y sin compromiso.

Jesús significa la dignidad de la palabra bendiciendo a aquellos que la dicen y la cumplen cuando, respondiendo a aquella mujer, que le dice: « ¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Él le responde: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan». Precisamente, su Madre encarna esa figura de aceptar la Palabra de Dios y, aceptada, llevada a la vida con toda obediencia, fidelidad y voluntariedad. Su respuesta:  Hágase en mí su Voluntad lo expresa muy claramente. Por eso es bendita y dichosa, porque ha aceptado la Palabra de Dios y la ha cumplido hasta el final de su vida en este mundo hasta su Asunción al Cielo.

María, Madre bendita, tu testimonio y ejemplo nos fortalece y nos anima a hacer nosotros, por y con tu intersección lo mismo, esforzándonos en vencer nuestros pecados y amar como el Señor nos ama.

miércoles, 12 de junio de 2019

PERDIDOS EN LAS TRADICIONES

Resultado de imagen de Mt 5,17-19
Mt 5,17-19
No son las tradiciones lo que realmente marcan el sentido de nuestra fe, sino esa actitud que, quizás escondida en la tradición, da plenitud a la Palabra que Jesús, el Hijo de Dios, nos ha revelado. Está fuera del contexto quedarnos en la romería, en la promesa de la caminata al santuario, en rezar un rosario con los brazos en cruz y un sin fin de promesas y costumbres que solo cobran sentido en esos días de celebraciones y rituales. No es esto lo importante, ni siquiera lo que nos revela Jesús.

Se trata de, con nuestras costumbres y tradiciones, dar sentido pleno a la Palabra de Dios, que consiste plenamente en vivir en la verdad, en la justicia, en el compartir con el más necesitado, en asistir al pobre y desamparado, al impedido o impotente que espera nuestra ayuda. Consiste en amar como Jesús nos amó durante el tiempo que pasó en la tierra junto al hombre y la mujer. Consiste en darle importancia y sentido a lo que verdaderamente es importante y tiene sentido. 

Desde ahí y en esa actitud podemos reflexionar y contemplar esta Palabra que Jesús nos propone hoy. Una Palabra que habla del cumplimiento de la Ley, sin omitir lo más simple, lo más pequeño o sin aparente importancia, porque todo lo que va dirigido a dar plenitud al amor humano será tenido en cuenta y de vital importancia. No así lo superfluo, lo van al, lo carente de sentido y despojado de verdadero amor.

Cuidemos, pues, de vivir en actitudes banales, sin sentido y que no reflejan ni dan testimonio del amor al prójimo que nos propone Jesús. En actitudes apoyadas en tradiciones que obedecen a costumbres y formas de expresar una fe rancia, vacía, sin contenido y simplemente ritualista y puntual. Una fe concretada en actos desencarnados de la realidad que pierden todo su sentido y se alejan de la propuesta que nos hace Jesús. Y es, desde ahí, desde esa perspectiva, de donde Jesús nos advierte que «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

martes, 16 de diciembre de 2014

VALE MÁS TU CONCLUSIÓN FINAL QUE LA TOMADA EN EL MOMENTO

(Mt 21,28-32)

La capacidad de madurar, para decidir o elegir es muy importante. Y ella va unida a la de discernimiento. Discernir, es decir, reflexionar es fundamental, porque nuestras decisiones necesitan tiempo al igual que la fruta para llegar a la madurez. No, a veces, podemos dar una respuesta rápida si esa no ha sido reflexionada. O corremos el riesgo de equivocarnos con muchas probalidades si la tomamos a la ligera o muy rápidamente.

Eso parece que sucedió en la parábola que Jesús dirige hoy a los sumos sacerdotes. El primero de los hijos decidió rápido y se negó a obedecer al padre. Luego, reflexionada la respuesta, se arrepintió y cumplió la orden del padre. Todo lo contrario ocurrió con el segundo hijo, asintió a obedecer al padre, pero luego no hizo el menor caso y no cumplió la orden del padre.

A la luz de la razón observamos que es el primer hijo quien obedece y hace la voluntad del padre. Y así se afirma en este pasaje evangélico. Y Jesús concluye: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él».

Sobran palabras, pues queda bien explicito que no cumple la voluntad del Padre sólo la palabra, si no va acompañada del hecho. Aprovechamos para pedir al Espíritu Santo que nuestras palabras hechas en verdad y justicia estén siempre apoyadas en los hechos de la vida. Amén.

lunes, 6 de octubre de 2014

EL AMOR SE CONCRETA EL EL PRÓJIMO


(Lc 10,25-37)

No se trata de dar cumplimiento a la ley con la palabra sino con la vida. Amar a Dios no es cosa muy difícil. Es posible, y de hecho mucha gente lo hace a través de los actos de piedad y de cumplimientos de la Ley. Cumplir con el precepto dominical, hacer ayunos, dar limosna y expresarle a Dios nuestro amor a través de oraciones y ritos es una tarea posible.

Pero eso es sólo el cincuenta por ciento del amor que le debemos a Dios. El otro cincuenta por ciento consiste en amar al prójimo. Y amarlo de tal manera que si no lo hacemos, la primera parte no se cumple y queda falseada o mentida. Amar supone demostrarlo con hechos. Hechos que sólo se descubren cuando el amor duele. Y el amor duele cuando se hace con los enemigos.

Porque hacerlo con amigos de alguna manera estamos en deudas con ellos. Sólo con aquellos que tenemos pendiente rencores, ofensas y nos sentimos alejados, tenemos la posibilidad de expresar que amamos de verdad. Y eso es harina de otro costal. Eso sí que es imposible lograrlo por nosotros mismos. Para ello necesitamos la Gracia y la asistencia del Espíritu Santo. Sin Él nada podemos. Y ahí, sin lugar a duda, manifestamos al Señor que nos esforzamos de verdad en amarle.

La parábola del samaritano nos lo aclara todo y despeja cualquier duda. Porque eso es lo que hace a cada instante el Señor con cada uno de nosotros. Amarnos a pesar de nuestras diarias y constantes ofensas y rechazos. Así, de esa misma manera, el Señor quiere que nos amemos también nosotros.

domingo, 28 de septiembre de 2014

LAS PALABRAS NO DICEN NADA

(Mt 20,28-32)
 
Una vez más, el Evangelio nos descubre que son las obras lo verdaderamente importante, y no las palabras. Porque de nada vale decir que iré si luego no voy. No podrás ocultar tu incumplimiento, y tu palabra quedará en entredicho. Quizás valdría más decir no, o decir sí, y cumplirlo en el caso que corresponda. Las medias tintas son todavía peor porque descubren indiferencia, tibieza y falta de responsabilidad.

 Quizás nuestra situación puede estar acomodada, situada y establecida de tal forma que decimos sí a muchas cosas, pero nos movemos poco respecto a la palabra que hemos dado. O incluso hacemos mutis alegando ciertas razones que existen en nuestra cabeza, pero no en la realidad. Sin embargo, estamos donde haya un cumplimiento o acto que se nos vea o que nos resulte cómodo.

El reto de Jesús debe ponernos en guardia, porque posiblemente aquellos que consideramos más alejados, más pecadores o más incumplidores, que han dicho en primera instancia que no, son los que compadecidos y arrepentidos, luego ponen sus brazos para echar una mano y ser misericordiosos y generosos. Y es que lo dice Jesús, y si Él lo dice y nos lo advierte debemos mirarnos seriamente.

Porque de nada me sirve decir que tengo fe y te sigo, Señor, si luego te veo por la calle o junto a mí en la parroquia, o en mi propia casa y te doy la espalda negándote. Dame fe, Dios mío, para que mi palabra vaya acorde con mi vida en tu seguimiento y mi cumplimiento. Amén.

lunes, 3 de marzo de 2014

SEGUIR A JESÚS NO ES UN MERO CUMPLIMIENTO

(Mc 10,17-27)


Puede parecer, y parece que nos va esa forma de pensar,  que seguir a Jesús se reduce a un mero y simple formulario de cumplimientos: ir a misa, dar alguna limosna, no matar, no levantar falso testimonio, no cometas adulterio...etc Y cumplidas estas normas y ley, todo se acaba ahí. No sería tan difícil reducir el seguimiento a Jesús en unas concretas leyes.

No se trata de eso, la ley está para cumplirla pero el amor va más lejos y supera a la ley. Es, no sólo generoso sino misericordioso. Se entrega más allá de lo meramente legislado y su inquietud le lleva a darse y entregarse sin condiciones. Digamos que su ley sería la de olvidarse de sí para estar atento al otro. Cuando se ama no hay límites ni leyes que delimitan tu amor, se da todo y se vive en la presencia y atención a estar siempre disponible al servicio y la entrega.

Se comprende que aquel joven agachara la cabeza porque estaba muy apegados a tantos bienes que tenía. E igual nos ocurre a nosotros. Apegados a tantas apetencias, al estado del bienestar y el hedonismo, a las comodidades de cada día, queremos con la ley y su cumplimiento quedarnos tranquilos.

Señor, sé de mis fracasos, de mis apetencias, de mis cumplimientos y quiero liberarme para seguirte sin condiciones. Libérame y dame la Gracia de seguirte tal y como Tú quieres, porque eso es lo que también yo quiero.