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viernes, 14 de agosto de 2026

UNA SITUACIÓN COMPLEJA

Mt 19, 3-12

Posiblemente, nadie quiere ser el malo. O dicho de otra forma, todos queremos ser el bueno, el que gana y tiene la razón.

Pero sucede que hay muchas razones, pero una sola verdad y, aunque se pueda llegar a ella por distintos caminos, si la buscan, tienden a converger; no pueden subsistir separadas.

—¿A qué viene esa historia ahora de malos, buenos, separados y unidos? —dijo Pedro.

—Viene —respondió Manuel— a que hay muchos matrimonios y familias enfrentados y al borde de la ruptura…

Le miró fijamente y replicó:

—Y las consecuencias las pagan otros, sobre todo los hijos.

Tras un breve silencio se oyó una voz:

—Doy fe de ello. Yo soy uno de esos hijos, y puedo certificar que somos los que en mayor medida pagamos las consecuencias.

El ambiente enmudeció a la espera de ver lo que pasaba.

Manuel encogió los hombros y con gran parsimonia comentó:

—Es un problema complejo y muy difícil de analizar. Cada caso tiene sus propias circunstancias y hay que tratarlo con mucho cuidado, desde el respeto y la libertad.

Hizo una pausa, tomó un respiro y, volviendo al tema, dijo:

—No es fácil, y menos realizar una lectura literal del texto, sin matices. Jesús señala «la dureza de corazón» de algunos y el plan de Dios, que tiene que ver con la plenitud y la complementariedad.

Había mucha atención, pues era un asunto que todos de alguna manera habían vivido en carne propia o en la de gente próxima.

Alguien se levantó y frunciendo el ceño, preguntó:

—¿Y qué se puede hacer cuando el matrimonio tiene problemas serios?

Manuel, con mucha paciencia y cara compasiva, añadió:

—No hay recetas.  Cada caso presenta sus propias heridas, por las que cada cual, según sus circunstancias, toma sus propias decisiones; otros soportan mejor la situación a pesar del dolor, ofensas y abusos… pero es necesario encontrar el equilibrio que se sostenga desde el respeto y la libertad…

Manuel, con verdadera compasión, le miró y añadió:

 —Lo verdaderamente importante es apoyarnos en el criterio de que estamos llamados a la plenitud. Y eso no basta con permanecer unidos; hay que cuidar aquello que hace posible esa unión.

Tomó la Biblia e indicó el pasaje evangélico (Mt 19, 3-12) donde Jesús habla del repudio a la mujer, y tranquilamente dijo:

—El Señor busca la compasión y el deseo de aliviar el sufrimiento. Lo que toca es acoger, acompañar, animar, reconocer que la realidad es compleja y apoyar, hasta que la persona se sienta capaz de liberarse.

Todos asintieron manifestando su total acuerdo. Solo desde la buena intención, la verdad y la comprensión podemos entender y darles salida a estas situaciones. 

Ponerse en el lugar del otro siempre ayuda a ver las consecuencias de nuestros propios actos: ¿me gustaría a mí que me hicieran esto?

viernes, 16 de junio de 2017

MÁS ALLÁ DEL HECHO CONSUMADO

(Mt 5,27-32)
Está claro que no nos libra del pecado el hecho de no haberlo cometido. Es verdad, que no habiéndolo cometido queda en la sombra y oculto a los hombres, pero no a Dios. Por lo tanto, más allá de que se cometa el pecado o no, está la intención y voluntad de cometerlo. Y esa intención y voluntad confirman y dan carácter de haberse cometido.

Por lo tanto, no basta con reprimirse y abstenerse de cometer ese deseo de poseer sexualmente a una mujer, sino también de luchar contra el pensamiento de desearla y no dejarlo asentarse dentro de tu corazón. Es una lucha diaria y tentadora, pues las pasiones están dentro y, como fuego, excitan tu naturaleza masculina ante otra femenina. Y esa es la normalidad y lo natural, que no se hará pecado mientras tu lucha sea por no dejarla morar en tu corazón.

De ahí que Jesús nos dice hoy: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna». 

Supongo que todo queda muy claro y sobran comentarios. Lo mismo ocurre en el plano matrimonial. El amor no tiene tiempo, porque dura siempre. El amor no está en los sentimientos, porque no son sentimientos, ni afectos, ni caricias, ni pasión. El amor es buscar el bien y la libertad del otro. Y en este caso que nos ocupa, el matrimonio, el amor es el nexo que nos une y nos ayuda a soportarnos, a buscarnos en la verdad, bien y justicia. A dar frutos de vida y a acompañarlas en el amor.

Y todo lo que no sea así y sea con la intención de repudiar y separar, induce al adulterio. Esto dice el Señor: «‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio». 

viernes, 24 de febrero de 2017

¿EN DÓNDE DESCANSA LA RUPTURA?

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(Mc 10,1-12)
Cuando hay un enfrentamiento, ¿qué sucede? ¿En dónde está apoyado ese enfrentamiento? Buscando y sumergiéndose en esas profundidades del alma, quizás podamos hallar alguna razón que pueda arrojar luz donde descansas las razones y causas que den lugar a esas rupturas familiares.

Parece claro que cuando una relación se tensa, algo sucede. Pero descubrir el por qué no parece tan claro ni tan fácil. Indudablemente cada cual tiene sus razones. También parece claro que cada uno piensa de una manera diferente. Todos somos irrepetibles, por lo tanto habrá matices y diferencias que nos enfrentan. Para eso, Jesús nos habla de la misericordia. Él es Misericordioso, pues de otra manera no podría perdonarnos nuestros pecados.

¿Podría ser esa la razón? Necesitamos perdonar misericordiosamente nuestras diferencias y aceptarnos tal cual somos, pero siempre con un esfuerzo de crecer y perfeccionarnos. Es decir, de acercarnos y unirnos. ¿Se hace difícil? Posiblemente sí, porque mandan nuestros sentimientos y son libres para presionarnos y violentarnos y enfrentarnos. Sentimientos egoístas, pasionales, repudiables, de odio, venganza, ...etc. Cada cual busque el suyo.

Ahora, nuestro Padre Dios no nos ha dejado a la deriva. Nos ha adjuntado en nuestra creación una libertar y voluntad. Y con ellas podemos cambiar el rumbo de nuestros sentimientos. ¡No destruirlos, pero si someterlos! Y cuando la pasión quiera enfrentarnos y separarnos, podemos combatirla y someterla con nuestra voluntad y, por supuesto, injertados en el Espíritu Santo. Por y con amor y por obedecer y cumplir la Voluntad de Dios.

Porque es nuestro Padre; porque creemos en Él; porque en Él se esconde nuestra eterna felicidad y gozo pleno; porque lo que el mundo nos ofrece no es sino engaño, miseria y muerte. Por experiencia esa pasión en poco tiempo desaparece, y así todo lo demás. Porque sólo Dios quiere nuestra plena y eterna felicidad y gozo eterno. Prueba nos ha dado entregando a su Hijo para salvarnos y darnos esta oportunidad de corresponder a su Infinito Amor.

viernes, 14 de agosto de 2015

EL TEMA SIGUE DE ACTUALIDAD

(Mt 19,3-12)


Siempre ha existido la polémica matrimonial, pero esta polémica nace en el corazón del hombre. Jesús nos lo ha dejado claro: « ¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre». 

Es en el corazón del hombre donde se alimenta esta polémica, que contraviene la Ley de Dios. Moisés tuvo que ceder por la dureza de corazón de aquellos hombres, pero la Ley de Dios siempre ha sido clara. El problema está en la raíz del pecado, la carne, que se resiste a la fidelidad y obediencia del hombre y la mujer. 

El asunto está en que el aparente amor se apoya en arena movediza. Si es la pasión y el sexo la base en la que se fundamente la unión matrimonial, la unidad está sobre la cuerda floja. A las primeras contrariedades de la simple convivencia; a las primeras dificultades encontradas en las diferencias de caracteres y gustos, así como de ideas o criterios, nacen los enfrentamientos que necesitan mucha terapia de amor, de verdadero amor.

Un amor que escucha, que es paciente, que renuncia a su propio ego y satisfacción. Un amor que espera y comparte su propia satisfacción dando la oportunidad de que el otro satisfaga también sus esperanzas carnales y humanas. Un amor que va mucho más allá que la búsqueda de su propio ego y encuentra gozo en hacer feliz con quien comparte su proyecto de vida. Un amor que entiende que el camino significa, no sólo placer, sino dolor, porque en el dolor se encuentra el verdadero sentido del amor.

Amar cuando el camino va a favor de la corriente es algo que entienden y hacemos todos. Pero, amar cuando las dificultades nublan el horizonte y se complica seguir los pasos que el camino te presenta, exige esfuerzos continuos y renuncias de tus ideas y aspiraciones. Porque son las de Dios las que tenemos que seguir, las que nos convienen y marcan el camino de nuestra propia felicidad.

Y todo esto es nos será imposible afrontarlo desde nosotros mismos. Primero, porque nuestra humanidad nos inclina al egoísmos y al pecado, y segundo, porque estamos esclavizados y sometidos a la tentación que el Maligno tratará de presentarnos muy asequible, atractivo y gozoso. Y hasta intentará convencernos de que es lo mejor y de que tenemos derecho a la vida y a la felicidad. Al final terminamos echando la culpa y utilizando mecanismos de defensa que nos llevan al auto engaño.

Por eso, injertados en el Señor y abiertos a la acción del Espíritu Santo, pedimos su intervención para que con su Fuerza y Poder, podamos mantenernos unidos y firme en la promesa de nuestro amor y de la familia. Amén.

viernes, 28 de febrero de 2014

LO UNIDO POR AMOR NUNCA SE SEPARA

(Mc 10,1-12)


Sé que hay separaciones y frustraciones matrimoniales. Sé que hay hasta razones por las que parecen justificadas algunas separaciones, y sé que las familias, por estas separaciones, están en peligro. Hay muchas situaciones que no entiendo y en algunos momentos me desoriento y me pierdo. Como tus discípulos, Señor, hoy quiero yo también preguntarte para que me lo aclares más y mejor.

Es claro que donde hay amor el separarse no tiene sentido, y también es claro que muchas separaciones están motivadas por un egoísmo utilitarista y placentero que, desaparecido este, la atracción desaparece y, demagógicamente, lo confunden, porque interesa y es lo más fácil, con amor. 

El amor que no es verdadero, y por lo tanto no es amor, está asentado en una conducta individualista desprovista y vacía de responsabilidad. Esto es todo lo contrario al amor, es la antítesis del amor, y en este sentido diría que todas las separaciones derivan de esa realidad. Cuando el amor es verdadero esto no sucede porque viene del Señor y está garantizado y unido por Dios.

Así, la familia, célula y fermento de la convivencia en el amor, hace justicia y genera paz. Y los pueblos, nacidos de familias juntas, garantizan la convivencia entre hombres responsables  y de buena voluntad. Es el ideal de todos los pueblos pero están ciegos por los egoísmos que el demonio alimenta entre ellos.

Sólo el Señor es la solución que nos dará luz y fuerzas para desterrar el libertinaje e irresponsabilidad y acoger el verdadero amor responsable que nos una en paz y justicia.

viernes, 16 de agosto de 2013

SE HA ENDURECIDO NUESTRO CORAZON

(Mt 19,3-12)


Cuando dejas que tu corazón se endurezca empiezas a pensar en ti mismo. Desde ese momento el primero eres tú y el segundo también. Todo gira en torno tuyo y prima tu voluntad. Voluntad que está dirigida por tus apetencias y egoísmos. Sin darte cuenta has convertido tu mundo en un mundo absurdo, caótico y en ruinas, donde prima la ley del más fuerte, del más poderoso y egoísta.

Es la sociedad que estamos construyendo. Padres viejos porque llegan tarde al matrimonio responsable. Planteado como una etapa final donde hay que sentar la cabeza y formar un familia. Padres que deberían ser abuelos. Es decir, sustituimos los padres por los abuelos.

Convivencias pactadas por intereses, por apetencias y por enamoramientos románticos, construidas sobre arenas movedizas manejadas por las pasiones, sentimientos o emociones. Menos por el amor responsable y comprometido. Desde esa visión material, la Voluntad de Dios es algo que estorba e interesa eludir y pasar por debajo la mesa. El mundo guiado por ciegos va camino de la perdición.

Dios ha revelado su Plan y su Voluntad sobre el hombre y la mujer, pero el hombre, más fiel a sus pasiones e irresponsabilidades, desobedece la Voluntad de Dios. Así vemos y experimentamos las consecuencias que se derivan del deseo del hombre de hacer su voluntad.