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domingo, 26 de julio de 2026

EL TESORO ESCONDIDO

Mt 13, 44-52

La vida es una búsqueda interminable. Todo nuestro camino es una incesante marcha en busca del tesoro escondido.

—Pero, ¿qué esperamos encontrar y qué valor le damos a ese tesoro que buscamos? —dijo Honorio con cara de extrañeza.

Manuel, sin pensarlo, replicó rápidamente.

—La felicidad, la seguridad de que con él podremos solucionar nuestras inseguridades y problemas… Es la salvación que todos buscamos y queremos.

Honorio se quedó mirándole y, frunciendo el ceño, dijo.

—¿Acaso piensas que ese tesoro existe?

Manuel, dirigiéndole una mirada confiada y firme, le respondió.

—No solo pienso que sí, sino que está al alcance de tu mano…

Y abriendo la Biblia, agregó.

—En el evangelio de Mateo 13, 44-52, Jesús nos dice: el reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo…

Al terminar de leer todo el pasaje evangélico, añadió.

—El tiempo es oro y debemos aprovecharlo. Es importante aprender a descubrir lo que realmente vale: entrenarse para reconocer las gemas preciosas de la vida y distinguirlas de las baratijas.

¡No desperdiciemos el tiempo y la libertad en cosas triviales, pasatiempos que nos dejan vacíos por dentro, mientras la vida nos ofrece cada día la perla preciosa del encuentro con Dios y con los demás! Es necesario aprender a reconocerla: necesitamos discernimiento para encontrarla. (Papa Francisco 30-07-2023).

viernes, 19 de junio de 2026

¿DÓNDE ESTÁ TU TESORO?

Mt 6, 19-23

Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón. Y todo a tu alrededor se moverá en ese sentido.

Marco empezaba a entender. Buscamos lo que interiormente deseamos.

Es evidente que lo que anida dentro de mí es lo que consume mi tiempo, enreda mis preocupaciones y devora mis ansias.

Según la respuesta que demos a lo que anida dentro de nosotros, se verá condicionada nuestra manera de vivir, nuestras inquietudes y nuestra forma de entender la realidad.

miércoles, 30 de julio de 2025

QUEMADOS POR UNA ACTITUD DE BÚSQUEDA

Mt 13, 44-46

        Aquel día, Pedro se sentía pletórico. Era uno de esos días hermosos que invitan a vivir intensamente y a gritar:
            —¡Viva la vida!

           Además, el clima acompañaba: el cielo parecía pintado, como en uno de esos paisajes de Vincent van Gogh. Pedro tenía un deseo profundo de buscar, de indagar, de preguntar… Una inquietud que incluso a él le resultaba extraña. Siempre había sentido cierto impulso interior, pero aquella mañana era diferente. ¡Se sentía tan bien!

           —Qué bien te veo, Pedro —exclamó Manuel al encontrarse con él en la terraza—. Tu cara refleja alegría, paz… Pero también una especie de inquietud. ¿Qué te pasa? 
        —No sé cómo explicarlo, pero sí, es verdad: me siento justo como dices. Siento algo dentro que me quema. Es como si estuviera buscando algo importante, como si se tratara del mayor tesoro de la vida. ¿Tú qué opinas?
        —Se me ocurre que podría ser una llamada a dar un paso más. Te lo digo desde la fe, porque no lo sé interpretar de otra manera. Hay momentos en los que uno siente un impulso interior, una llamada a ir más allá, a descubrir algo nuevo. Como si despertara una vocación escondida. 
        —Pues no lo sé con certeza, pero creo que no estás lejos de lo que siento. Tengo deseos de buscar y de pedir luz para esa búsqueda. Es como si estuviera yendo tras el tesoro más grande que uno pueda encontrar. Y mira, ahora que lo pienso, quizás todo esto tenga que ver con el Evangelio que leí hace unos días: la parábola del tesoro escondido (Mt 13, 44-46). Me tocó el corazón. 
        —Eso lo explica todo. Yo te entiendo, Pedro. Pero sabes que si lo contaras a alguien que no vive su fe, te tomaría por loco. 
        —Ni de broma se me ocurre compartir esto con alguien que no cree… o cuya fe esté, digamos, dormida. 
        —Eso es: dormida, no muerta. Muchos hoy solo obedecen a su razón, y creen que el verdadero tesoro está en el poder, el dinero, el éxito o en todo aquello que los haga importantes en este mundo. No se dan cuenta de que todo eso se queda aquí. 
        —Exacto. Al final, solo nos llevamos las obras de amor que hayamos hecho. 
        —Claro, hay cosas importantes en esta vida, pero la más esencial es la vida eterna, para la que hemos sido creados. Ese es el Tesoro que todos llevamos inscrito en el corazón: la impronta de Dios. Y es ese el tesoro que debemos descubrir.

Pedro y Manuel continuaron su conversación en esa misma dirección, sintiéndose ambos llamados a una búsqueda más profunda. Sus vidas, sus pasos, sus preguntas, eran parte del camino hacia ese Tesoro escondido del que habla el Evangelio. La vida, al final, es eso: una oportunidad y un examen que todos debemos afrontar con valentía para alcanzar lo único que no pasa: el Reino de Dios.

viernes, 20 de junio de 2025

TESOROS DE LA TIERRA Y DEL CIELO

Mt 6, 19-23

«La experiencia nos dice que eso de ahorrar tiene sus más y sus menos, pensaba Pedro. Viendo llegar a Manuel, camino de la tertulia, aprovechó la ocasión para preguntarle.
—Buenos días, ¿me interesaría saber qué opinas del ahorro?
—¡Hombre”, según mi opinión dependerá de como lo enfoques. —Me explico: si ahorras desde el punto de vista de la eficacia, de invertir bien, de no despilfarrar y otros, me parece razonable. Pero, si se trata de busca seguridad y apoyar tu vida en los bienes, dinero y riqueza, creo que es un gran error.
—¿Y en qué te basas?, —Dijo Pedro algo asombrado.
—Mira, todo en este mundo termina, bien o mal. Todo pasa a otro y, tarde o temprano se consume, se destruye. Y, no sólo me estoy refiriendo al dinero y bienes, sino también a la fama, éxito, prestigio personal, poder … etc. Poner nuestra esperanza y felicidad en estas cosas nos encorva, nos dobla y nos consume. Al final es una carga muy pesada que termina por destruirnos, y hasta nos ciega y nos impide crecer, madurar y ver la realidad.
—¿Y cuál es la realidad, —preguntó Pedro bastante extrañado.
—La realidad es que sólo el amor y la misericordia – verdaderos tesoros – son los que nos llenan de esperanza, de gozo y de vida. Esos son los tesoros que merecen la pena tener en cuenta y ahorrarlos en el sentido de tener muchos actos de ese estilo. ¿Entiendes?
—A ver si lo que dices se refiere a esto: hablas de amar, es decir de desprendimiento de uno mismo para preocuparse y mirar para otros. De actos de misericordia, de servicio, de darse, de …
—Evidentemente, desprenderse enriquece. No hay mayor riqueza. Y esa riqueza nunca se destruye, es riqueza de vida eterna.
Ambos amigos habían dado en el clavo, no se trata de atesorar tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesórense tesoros en el cielo, donde no hay polilla no carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban.

miércoles, 11 de junio de 2025

UN COMPROMISO: ANUNCIAR

Mt 10, 7-13

   Es evidente que cuando tienes una alegría sientes inmediatamente la necesidad de compartirla, incluso con desconocidos. Se experimenta en las competiciones, donde se funden en aplausos y hasta abrazos aficionados, tantos amigos como desconocidos. Y es que el gozo de tener una gran noticia no se puede mantener callado.

    Manuel que ensimismado en esos pensamientos estaba gozando de saberse hijo de Dios, y por tanto, llamado a la plena felicidad eterna, comento:

      —¿No se nota, Pedro, cuando estoy alegre, que hasta mi cara cambia de color y mi mirada está llena de alegría y esperanza hasta contagiar al que está a mi lado?
     —Es cierto, cuando nos sucede eso sentimos ese deseo de compartirla la buena noticia.—¿Hay mayor alegría que la de sentirse hijo de Dios y llamado a una vida eterna en plenitud de gozo y alegría? ¿Y somos capaces de transmitirla?
      —Supongo que ese es el reto, pero no parece que lo hayamos descubierto.—Esa es la cuestión, darnos cuenta y descubrir el tesoro que tenemos y darlo a conocer. Y es que cuando lo descubrimos vendemos todo, como hizo Bernabé, y nos entregamos a dar a conocer esa gran Noticia.

       Manuel y Pedro habían descubierto esa realidad a la que estamos todos llamados. Cada cual según sus posibilidades y talentos recibidos, pero todos dejando el centro de nuestro corazón para situar en él la gran Buena Noticia que salva al mundo.

jueves, 27 de febrero de 2025

DICHOSO AQUEL QUE PONE SU CONFIANZA EN EL SEÑOR

No se trata de un negocio, ni de un hallazgo, ni siquiera de la lotería o cualquier otro tesoro que puedas hallar en este mundo. No hablamos tampoco de riquezas, fama, prestigio, honores, placeres o todo lo que el mundo te pueda ofrecer. Hablamos de un Tesoro inigualable, de algo que no pasa, que siempre está. Eso sólo lo hace diferente, inmenso, eternamente gozoso. Estamos hablando del Señor. En Él está puesta toda nuestra esperanza, todo nuestro gozo y felicidad eterna.

Es el Señor, y por estar en y con Él daremos nuestra vida. Pero, pensemos, no la damos nosotros, la dará Él en nosotros. Porque, todo es Gracia, y todo nos viene de Él. Es verdad, y es evidente y real, que nosotros la administramos, pero todo existe y es por el Señor. Somos sus criaturas y gozamos de libertad para decidir ser gozosos eternamente o no, porque Él la ha puesto en nuestras manos.

¡No desperdiciemos esa oportunidad que se nos ha dado! Hemos sido creados a la vida para ser feliz y a eso estamos llamados. De hecho, eso es lo que buscamos afanosamente cada día. Queremos ser felices, vivir felices y que la paz esté siempre en nuestros corazones, ¿dónde está?

Abre los ojos, tu mente, tu corazón y despierta. Esa alegría, felicidad y paz que buscas está en el Señor. Ama y date a los demás. Nada de lo que hagas con y por amor quedará sin recompensa. No escandalices y sé ejemplo para los demás, sobre todo para los más pequeños e indefensos que creen en tu Padre Dios.

Arranca de ti, apártalo de tu vista, cierra tus ojos, mira para otro lado antes de deleitarte y entregarte a la impureza del placer. Deja todo, así sea tu comodidad, tus intereses, tus pasiones o vanidades si te inducen e inclinan a alejarte del Señor o a faltar a su Palabra. Tu Tesoro no está ahí, son cosas perecederas y desaparecerán. Sólo queda el gozo de permanecer y estar con y en el Señor. Él es esa felicidad eterna que buscas. ¡Créetelo, y no pierdas el tiempo!

miércoles, 31 de julio de 2024

¿DÓNDE ESTÁN TUS TESOROS?

Posiblemente habrás advertido que si hubieses tenido ayer la madurez y la experiencia que tienes hoy todo en tu vida sería distinto. Hubieras cambiado muchas cosas en tu vida y la hubieses orientado de otra manera. No habrías cometido muchos de los errores que has cometido y, posiblemente, todo hubiese sido diferente en el mejor de los sentidos.

Pero, ¿por qué ha sucedido eso? ¿Dónde estaban enterrados esos talentos que no fuiste capaz de ver ni de advertir? ¿Por qué tanta precipitación, debilidad o inclinación a dejarte llevar y seducir por la pereza, comodidad o placer? ¿Por qué no buscar, no indagar y preocuparte por interiorizar tu propia vida y descubrir esos tesoros que mantenías ocultos?

Nunca es tarde tengas la edad que tengas. Siempre hay tiempo, mientras te dure la vida en este mundo, de encontrar ese gran Tesoro que llevas dentro de tu alma. Simplemente, sólo tienes que buscarlo y confiar en que lo encontrarás. Porque, tu verdadero Tesoro está dentro de ti, en lo más profundo de tu corazón. Allí está tú, obra de Dios y semejante a Él, tu Creador, esperándote para ofrecerte su Infinita Misericordia, perdonar todas tus ofensas y, reconciliado en Él, darte la gloria eterna.

De modo que busca, corre y vende todo lo que tienes para comprar y quedarte con ese gran Tesoro que es el «encuentro con Dios Padre».

domingo, 30 de julio de 2023

GOZO, ALEGRÍA Y FIRMEZA EN SABER QUE EL REINO DE DIOS ES LO QUE REALMENTE TE HACE FELIZ.

Nada de lo que consigas en este mundo referido a tus propias satisfacciones, riqueza, poder, admiración y un largo etc. te podrán dar el gozo y la alegría de saberte inquieto, disponible y dispuesto a buscar el Tesoro del Reino de los Cielos. Es ahí, precisamente, donde se esconde esa felicidad plena que buscas.

Y esa búsqueda te exigirá destreza, compromiso, riesgo y creatividad. Saber por donde buscar y perseverancia para buscar serán dos de las condiciones que tendrás que exigirte para la búsqueda del Reino, donde esperas encontrar esa felicidad eterna que buscas. Nunca esperes, con los brazos cruzados, que venga a ti.

La prueba necesita riesgo, fiarse y creer en que la puedes conseguir. De ahí se concluye y desprende que escuchar la Palabra de Dios es el Camino, la Verdad y la Vida. Poner todas nuestras esperanzas en Jesús que nos señala y enseña el camino para encontrarle. Él es ese Tesoro escondido en nuestro corazón – Reino de los Cielos – que nos llena plenamente de gozo y alegría.

Es evidente que todos buscamos un tesoro en nuestra vida. Un tesoro que podemos concretar en ser feliz. Pero, también es evidente que esa felicidad no llega. O dicho de otra forma, no se sostiene en el tiempo. Hay rachas o temporadas de cierta bonanza y felicidad y otras donde la inestabilidad, la angustia e infelicidad está presente. Y nuestra vida en este mundo transcurre en esas coordenadas.

Descubrir que ese tesoro está escondido en nuestro corazón y sembrado desde el inicio de nuestra creación es la mayor alegría y el mayor tesoro – valga la redundancia – que podamos encontrar en el camino de nuestra vida. Un Tesoro que es Jesús, nuestro Señor, y que en Él está precisamente todo lo que buscamos y queremos.

domingo, 9 de julio de 2023

¿DÓNDE ESTÁ EL VERDADERO TESORO QUE ME DA DESCANSO, GOZO Y PAZ?

Es la hora de buscar el descanso deseado: «Las tan anheladas y deseadas vacaciones» Sin embargo llegado el momento nos agobiamos buscando el lugar, la ruta o donde creemos que lo vamos a pasar bien. Luego, terminados esos días de supuesto descanso experimentamos quizás más cansancio o no terminamos por sentirnos descansados y en paz.

¿Qué ha sucedido? Nos preguntamos, porque van pasando los años y con ellos las vacaciones y todo sigue igual. O mejor, siempre se repite lo mismo: de descanso nada. Posiblemente más agobio, enfados, incomodidades, atascos, inseguridades, calor y menos dinero en casa o más deudas.

¿Está el verdadero descanso en las vacaciones, tener y poder, dinero, comodidades…etc. Porque la experiencia nos va descubriendo y alertando que detrás de todos estos logros hay simplemente esfuerzos, afanes, luchas, confrontaciones, enfados, envidias, venganzas, intranquilidad y, sobre todo, cansancio. Experimentas que con tanto vives más inseguro e intranquilo.

Seguramente no has buscado donde realmente está esa paz y gozo. Posiblemente te resulta muy barato y cercano. Quizás por ser tan pequeño, tan humilde y tan al alcance de todos piensas que no te va a dar lo que tú buscas. La única solución es probar, acercarte a ese lugar aparentemente sencillo y humilde y dejar llenarte de su ambiente, de su aire fresco, de su quietud y, sobre todo, de su Palabra. Sereno y paciente, escúchale y dejarte invadir por su mirada y verdad. Seguros que empezarás a sentir gozo, tranquilidad y una paz que te llena y te relaja felizmente.

Descubres tu propia pequeñez y en ella te experimentas más humilde. Descubres que solo en el Corazón de nuestro Señor Jesús encuentras el alivio y descanso tan buscando en donde no está, el mundo. Solo tienes que abrirte, despojarte de todo lo que te impide avanzar y lastra tu camino. Entonces te darás cuenta de que tu verdadero Tesoro es el Señor. Y está a tu lado, tan cerca que solo tienes que tenderle la mano.

miércoles, 27 de julio de 2022

ABRIRNOS A LA GRACIA

Todo depende de la Gracia de Dios sin discusión. Pero, sin embargo, Dios ha querido tu colaboración, de modo que para recibir la Gracia tienes tú que poner a disposición, con total disponibilidad y por amor todo lo que has recibido de Dios – talentos – y esforzarte en aplicarlos según la Voluntad de Dios. Luego, su Gracia hará lo que tú no puedas.

Diríamos que, porque así lo ha querido nuestro Padre Dios, en cierto sentido dependerá de nosotros que recibamos la Gracia y el don de la fe. No podremos recibirlas por nosotros mismos, pero, sí abriéndonos, por la libertad que nuestro Padre Dios nos ha dado, a su Palabra.

En el Evangelio de hoy se nos advierte claramente de esto que decimos: (Mt 13,44-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.» También es semejante el Reino de los

 

Es evidente, pensó Manuel, «cuando encuentras algo de mucho valor, tomas lo que tienes y lo vende para quedarte con ese Tesoro que has encontrado».

―Todo dependerá del valor que le des a ese Tesoro encontrado ―exclamó Pedro.

―Indudablemente ―agregó Manuel. Vender y dejar todo lo que tienes por ese Tesoro significa que es tu mayor aspiración, lo buscado y deseado. Es, precisamente, ese Reino de Dios que todos buscamos.

―Y cuando lo descubres ―compartió Pedro― dejas todo para comprarlo.

 

Dejar todo es poner al Reino de Dios en el primer lugar de tu vida. Atrás queda el egoísmo, la soberbia, la avaricia, la ambición, el poder, la fama, el éxito, las comodidades, los apegos y apetencias…etc. Nos reconocemos pecadores y que fallaremos, pero confiamos en la Gracia de Dios, su Infinita Misericordia y nuestra humilde colaboración para resistirnos, levantarnos y seguir adelante.

viernes, 17 de junio de 2022

SOLO LO DADO, POR AMOR Y GRATUITO, VIAJA CONTIGO DESPUÉS DE LA MUERTE

Mt 6,19-23

Todo lo que hayas guardado en este mundo, se quedará en este mundo. De modo que, las riquezas, bienes, tesoros, éxitos, fama y cuanto más acumule pertenecen a este mundo y, una vez acabado su tiempo y su disfrute, se quedarán aquí. No podrás llevarlos contigo. Así que surgen dos pregunta: ¿Para qué acumularlos? ¿Y cuál vale acumular?

El Evangelio de hoy te lo explica claramente. Lo de aquí abajo, se quedará aquí abajo. Y no hay que pensarlo mucho, pues observamos que realmente así sucede. Solo lo que te vale para llevártelo contigo es lo que hayas dado con generosidad, gratuidad y por amor. Es eso lo que cuenta y, en consecuencia, lo que importa. Tu verdadero y único Tesoro, que cuenta para Dios, es el amor que hayas gastado en beneficio de los más necesitados.

—Me quedo perplejo —Pedro— al comprobar que el mundo mira para otro lado. Aquí abajo vale el poder, las riquezas, el éxito, la fama…etc. Y es lo que la gente busca. ¿Estamos ciegos? —me pregunto.

—Te lo preguntas tú, y también yo —dijo Pedro.

—Grande tiene que ser nuestra ceguera que no somos capaces de darnos cuenta de lo que hacemos.

—Pero, no solo eso —Manuel— sino que nuestra debilidad puede con nosotros y la oscuridad nos paraliza hasta el punto de quedar sometidos a los intereses mundanos. Solo la Gracia de Dios puede sacarnos de esta oscuridad y llevarnos a la luz.

—Efectivamente —replicó Manuel— lo que has guardado para ti se quedará aquí. Eso no te lo podrás llevar, pero lo que has dado a los demás durante tu vida sí lo llevarás contigo después de la muerte, y ese será, como dice el Papa Francisco, el mérito de Jesucristo en nosotros. —Porque, lo que tienen su contento aquí tendrán que rendir estrecha cuenta, pues, esta vida no es para gozar sino de expiación. Estamos pagando nuestros pecados que, por el mérito de nuestro Señor Jesucristo, alcanzan la Misericordia de nuestro Padre Dios.

miércoles, 28 de julio de 2021

UN TESORO ESCONDIDO

 

No cabe ninguna duda que el gran Tesoro de nuestra vida está escondido, pero, no por eso lejos de nosotros sino, todo lo contrario, muy cerca. Posiblemente, el estar tan cerca nos puede desorientar y no verlo. Buscamos ese Tesoro en el mundo y, por supuesto, no lo encontramos. No lo encontramos porque no está en el mundo. Ese campo, donde permanece escondido el gran Tesoro, es nuestro corazón. Y es en él donde tenemos que buscarlo.

Indudablemente, está muy bien escondido porque no lo vemos ni lo descubrimos. Miramos para el mundo y buscamos esa felicidad eterna en las cosas que el mundo nos ofrece, y ahí no se encuentra ese Tesoro buscado y deseado. La avaricia, la soberbia, la riqueza, el poder y los placeres se encargan de poner tierra por medio para que no veamos el lugar donde está nuestro Tesoro. Y nos empecinamos en seguir buscando en las cosas que nos ofrece este mundo.

Nos cuesta encontrarlo y darnos realmente verdadera cuenta de lo que significa el Reino de Dios. Y es que encontrarlo no es simplemente darte cuenta de donde está, sino renunciar a esa vida de egoísmo, de placer y de pensar solo en ti. Encontrar ese Tesoro te exigirá un cambio de actitudes en tu vida y te moverá a tomar riesgos que no sabrás a donde te llevan, pero, tras las aparentes tormentas y peligros, vendrá la calma, el gozo y la felicidad que te decidirá a vender todo los que tienes para compara ese hermoso y gran Tesoro.

domingo, 26 de julio de 2020

¿BUSCAS TÚ TAMBIÉN UN TESORO?

Evangelio según san Mateo (13,44-52), del domingo, 30 de julio de 2017 |  Evangelio, Evangelio del dia, Lectura de hoy
Mt 13,44-52
Supongo que todos buscamos un tesoro que nos haga vivir felices, porque, todos buscamos la felicidad. Pero, para muchos el tesoro varía según sus deseos de felicidad y según su inmediatez de conseguirla. Muchos, y mirémonos si estamos nosotros entre ellos, se sienten felices con abundancia de dinero, con poder y con la satisfacción de satisfacer todos sus placeres y apetencias. Para ellos, su felicidad no tiene que pasar ninguna prueba ni cruz, sino satisfacerla, incluso a costa del esfuerzo y sufrimiento de otros.

Otros aspiran a mandar, pero, no solo mandar en un lugar o puesto concreto, sino a mandar sobre los otros hasta someterlos y esclavizarlos a su antojo. Depositan sus aspiraciones en ese objetivo y ese es su tesoro. Pero, hay otros que su tesoro lo ponen en la indiferencia y centran su vida en vivir para sí. Eso sí, aprovechan todo lo que pueden sacar de los demás sin ningún miramiento pensando solo en sí mismo. 

Sin embargo, quiero llamar la atención a que esos tesoros son tesoros, valga la redundancia, caducos y que se terminan en un tiempo limitado y todo queda en nada. Y, al mismo tiempo, la vida depositada en ellos se consume y termina perdida en la iniquidad y la desesperación. Por eso, ¿cómo llamar tesoro a esas cosas caducas y limitadas? Porque, un tesoro es algo tan valioso que llena totalmente la vida y la hace plena. Pero, ¿existe ese tesoro? Y si existe, ¿dónde está?

El evangelio de hoy nos describe y nos enseña donde realmente está el verdadero y único Tesoro y nos invita a dejar todo lo demás para quedarnos solo con Él. Porque, cuando te encuentras con el verdadero Reino de Dios, todo lo demás se empequeñece y aminora su valor, pues nada se puede comparar a encontrarse con Jesús, que encarna, es y anuncia el Reino de Dios. Y nos habla de un Padre - Abbá- que nos espera, nos abre los brazos para recibirnos en un Reino pleno de felicidad y eternidad.

viernes, 22 de junio de 2018

DEPENDE DE LA MIRADA CON QUE SE MIRE

Resultado de imagen de Mt 6, 19-21 por Fano
No cabe duda que tu mirada hace mejor o peor las cosas. Hablamos de la mirada, pero todo dependerá de la manera que tú te dispone frente a las cosas. Puedes enfrentarte a regañadiente, molesto y agresivo, o puede que las aceptes, trates de adaptarte y sacarle el mejor provecho y disfrute. Porque, dependiendo de como te enfrentes la situación no va a cambiar. Lo más prudente, inteligente y de buen gusto es aceptar lo que hay y tratar de mejorarlo con paciencia, buen humor y viéndolo positivamente.

Todo eso lo resumimos con la mirada. Dependerá de la mirada con que mires tu vida y todo lo que te rodea; tus circunstancias, tus limitaciones, tu ambiente, tu momento y todo lo que de alguna manera incide en ti. Conviene limpiar esa mirada y cargarla de buenas intenciones para ver las cosas de otra manera y con otra disponibilidad y agradecimiento. Conviene tocar nuestra mirada de gratitud y de ver con claridad todo lo que tenemos, la vida, la salud, los amigos, los enemigos que nos dan la oportunidad de crecer en el amor y la satisfacción de darnos y entregarnos por servir y mejorar la vida de todos.

Son esos nuestros verdaderos tesoros y los que debemos ahorrar. No depositándolos en el banco sino en nuestro corazón. Porque, allí ni la polilla ni la carcoma los roen ni nadie te los puede quitar. Los llevarás junto contigo hasta presentarlo a Dios. Por eso necesitamos al mejor inversor, que nos ilumina y nos señala donde podemos invertir esos nuestros talentos, recibidos gratuitamente, y hacerlo de forma gratuita tal y como los hemos recibido. 

Y sabemos donde está quien nos da la Luz que nos ilumina el camino del verdadero tesoro que es el amor. Un tesoro incorruptible que nos acompaña y que nos da la Vida Eterna. 

domingo, 7 de agosto de 2016

DETRÁS DEL TESORO, ¡¡PERO DEL VERDADERO!!

(Lc 12,32-48)

Se puede ir detrás de muchos tesoros. Son esos pequeños ideales que nos forjamos a lo largo de nuestra vida, pero lo único verdaderamente importante es saber y darnos cuenta cual es el verdadero Tesoro que merece la pena luchar por él y gastar toda la vida en encontrarlo y guardarlo.

Hay muchos tesoros falsos y aparentes que nos seducen y nos vuelven ciegos y empecinados. Son tesoros efímeros, caducos y que de la misma manera que relucen y aparentan dar brillo, se apagan y quedan en la oscuridad. Son tesoros que parecen estar al alcance de la mano, pero que nos someten y dominar y nos esclavizan encadenándonos a ellos. Son tesoros engañosos y llenos de mentiras y falsedades.

Y debemos cuidarnos de ese peligro que nos acecha en todo momento en el transcurso de nuestra vida. Porque hay tesoros que se adecuan a todas nuestras épocas y nos seducen en cualquier momento de nuestra vida. Diríamos que a cada edad corresponde un tesoro. Sin embargo, la única realidad es que hay sólo un verdadero Tesoro, y ese Tesoro no hay que buscarlo fuera sino dentro.

El verdadero Tesoro está dentro de cada uno de nosotros. Es el Reino de Dios que está impreso en nuestro corazón. Es la huella de Dios que nos mueve a buscar el gozo y la felicidad eterna en el amor. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y tratar de limpiar y perfeccionar esa semejanza en el esfuerzo de parecernos lo más posible a nuestro Creador, es la máxima aspiración y el Tesoro mayor y verdadero que realmente buscamos. 

Porque en Él satisfacemos todas nuestras aspiraciones y alcanzamos nuestra meta final: La Vida Eterna. Todo lo demás es historia para un día. No vale para nada acumular tesoros que mueren por sí mismo y que el tiempo acaba con ellos. Pidamos al Señor que busquemos el verdadero Tesoro que persiste y que nos llena plenamente y eternamente.

miércoles, 27 de julio de 2016

EL HALLAZGO DE UN TESORO

(Mt 13,44-46)

No se encuentra un tesoro todos los días, y cuando tienes la suerte de encontrarlo, lo lógico es celebrarlo. Pero, aquí no hablamos ni se trata de un tesoro cualquiera, se trata de ese Tesoro que todos buscamos y queremos, aunque muchos lo hagan inconscientemente. Me refiero al Tesoro de la Vida Eterna. Ese Tesoro que todos tenemos plantado en nuestro corazón y que desde que tenemos uso de razón empezamos a buscarlo.

No cabe ninguna duda que la vida es el don más preciado que tenemos. Debemos de dar gracias a Dios cada día al levantarnos, porque eso significa que estamos vivos y que podemos hacerlo. Pero también sabemos que esa vida se termina, y desearíamos que no fuese así. Ese deseo que experimentamos en lo más profundo de nuestro corazón es la huella de Dios que nos interpela y nos dice que estamos llamados a la Vida Eterna. Ese es el único y verdadero Tesoro que interesa descubrir y creer.

No es una quimera porque es lo que sentimos y queremos. Pero, principalmente es lo que Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha prometido y nos lo ha demostrado con su Resurrección. Él ha Resucitado y nos ha dado la prueba verdadera de que puede hacerlo. Y nos ha dicho que volverá para que los que hayamos muerto  y creamos, Resucitemos con y en Él. ¿Te parece eso un gran Tesoro?

Y cuando descubrimos esa promesa y verdad, y experimentamos la Grandeza de Dios en nosotros en y por la acción del Espíritu Santo, no es de extrañar que empecemos a vender todo lo que tenemos para adquirir ese Inmenso y Gran Tesoro que es el Reino de Dios. Porque todo lo demás queda descubierto como basura y nimiedades que no puede compararse con el Reino de Dios. 

Danos, Señor, la capacidad de discernir y de distinguir el verdadero Tesoro que se esconde en tus Palabras y Promesas. Danos la sabiduría de saber, valga la redundancia, dónde buscarlo y, encontrado, supeditar todo a Él.

sábado, 18 de junio de 2016

EL TESORO ESTÁ DENTRO DE MÍ

(Mt 6,24-34)

La costumbre, quizás ciega, es buscar afuera lo que está dentro. No percibimos el Tesoro que anida en nuestro corazón y buscamos afuera tesoros caducos que no se sostienen por sí mismos. No nos damos cuenta que somos templos de Dios y que Él, el Tesoro escondido, mora en nuestro corazón.

Sin embargo, gastamos nuestro hermoso tiempo buscando donde no podemos hallar, y persistimos con tenacidad a pesar de la experiencia que nos descubre el vacío y la miseria de los tesoros del mundo. No podemos buscar dos tesoros, porque sólo uno será el verdadero Tesoro. De la misma forma, no podemos servir a dos señores porque cumpliremos y serviremos a uno y dejaremos al otro.

La vida es nuestro gran valor y nos ha sido dada para vivirla en plenitud eterna. Ese es nuestro verdadero Tesoro, vivir la Vida Eterna en la presencia del Padre. Por lo tanto, todo lo demás no es que sobre, porque lo necesitamos, pero nuestro Padre Dios que nos ve y nos conoce sabe de nuestras necesidades y de lo que necesitamos para recorrer el camino de nuestra vida. Somos sus hijos, lo más valioso que Él ha creado y no dejará de darnos y proveernos de lo que necesitamos.

Pero, tampoco entendemos que viviremos de balde, porque hemos recibido unos talentos que tendremos que poner a trabajar para que, lo que Dios ha puesto para el bien de todos sus hijos llegue a todos. Pidamos corresponder a esos talentos que Dios nos ha concedido para que todos sus hijos, hombres y mujeres del planeta, tengan lo necesario y suficiente para vivir en justicia verdad y paz. 

Por eso, la justicia en los bienes de este mundo, que Dios ha creado para bien y abundancia de todas las necesidades de los hombres, sus hijos, deben estar bien distribuidas equitativamente para el disfrute y satisfacción de todos. Sobre todo, de los más carentes y necesitados. En tus Manos, Señor, nos abandonamos y ponemos toda nuestra confianza.

viernes, 17 de junio de 2016

LA CABEZA LLENA DE BASURA

(Mt 6,19-23)

Cuando una persona se da cuenta que lo que tiene no sirve para siempre, y que pasa con el tiempo. Se da cuenta que su valor no tiene gran importancia. Es verdad que lo necesitamos para el recorrido de esta vida, pero al final sabes que no te lo vas a llevar y que se destruirá o pasará a manos de otro que todavía se queda por algún tiempo más.

Cuando vemos claro nos damos cuenta del verdadero valor de las cosas, y experimentamos que sólo nos sirven para administrarlas en este espacio de mundo que nos ha tocado vivir. Y sentimos que, de usarlas bien, nos alegramos y experimentamos gozo y felicidad. Más que si de ellas hacemos un uso egoísta y malo. Llegamos a la conclusión que compartirlas da mucha más felicidad que almacenarlas y guardarlas.

Todo lo vivido y conseguido aquí en la tierra respecto a bienes materiales, riquezas y salud está muy bien, pero no es la mejor solución, porque nuestro destino está en otra parte, que nunca pasa y que nos dará el gozo y la plenitud de felicidad eterna. Necesitamos alimentar nuestra verdadero deseo de plenitud, tal es la felicidad eterna. Ese es el verdadero Ideal que debemos perseguir.

Y buscar el verdadero camino no está en la riqueza ni la fama, ni la salud, ni bienes u otras cosas. El verdadero camino está en el amor y el perdón. Está en vivir amando y perdonando, es decir, llenando nuestro corazón y nuestras manos de buenas razones que den esperanza y gozo a las personas que salen al encuentro de nuestras vidas. Ese es el único y verdadero Tesoro al que debemos aficionarnos y aspirar, porque es el Tesoro que llevamos dentro y que nos satisface plenamente.

Pidamos esa Gracia, para que  nuestro corazón sepa cribar lo bueno de lo malo; lo eterno de lo efímero; el bien del mal. Y para que nuestras vidas atesoren tesoros, valga la redundancia, para el cielo, no para este tiempo caduco y pasajero.

viernes, 19 de junio de 2015

CUANDO HAY LUZ LAS COSAS ESTÁN CLARAS

(Mt 6,19-23)


Suele ocurrir que cuando no tenemos las cosas claras es porque nuestras intenciones no son tampoco claras. Y terminamos diciendo: "Ya lo tengo claro, hago esto y lo otro..." Desde el momento que hemos tomado una decisión correcta, la luz se ha hecho. Porque de tomar una mala o injusta, nuestra conciencia nos deja intranquilos y confusos.

Nos afanamos en amontonar muchas cosas, pero de poco nos vale en cuanto esas cosas son caducas y terminan por desaparecer. No queremos ver y nos dejamos tapar por la oscuridad. Sabemos que los bienes y riquezas de este mundo terminan por desaparecer, pero seguimos en nuestro papel y no cambiamos. Tenemos los ojos enfermos y vendados y no vemos lo que está ocurriendo a nuestro derredor.

Nuestro objetivo es ganar, amontonar bienes y riqueza y ser más grandes que los demás. No nos importa otra cosa, sino el poder y la grandeza. Buscamos la admiración de los otros y despertar sus envidias, a pesar de que sólo conseguimos sufrir, cargarnos de problemas y de disgustos y de ser infelices.

Jesús nos propone un nuevo proyecto:«Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben» (Mt 6,20). El cielo es el granero de las buenas acciones, esto sí que es un tesoro para siempre.

Este es el mejor proyecto, porque es un proyecto que no se acaba, que permanece. Es un proyecto de futuro y eso es lo verdaderamente importante, el futuro. Porque de nada vale lo bueno de las cosas si sólo son para un momento. Queremos y deseamos que las cosas, sobre todo las buenas y gozosas, duren y permanezcan, y esas son las que nos ofrece Jesús, las buenas obras hechas desde la limpieza del corazón y las buenas intenciones.

Obras alumbradas por la luz de la verdad y la justicia, que buscan permanecer para siempre, porque son los tesoros que no se corrompen porque están custodiados y sostenidos en el amor.

miércoles, 30 de julio de 2014

NO ESTÁ DELANTE DE NOSOTROS

(Mt 13,44-46)


Una cosa de tanto valor no está a la vista de todos. Se precisa buscarlo y perseverar en el esfuerzo hasta encontrarlo. Todo lo que tiene valor, cuesta conseguirlo. Y el Reino de Dios, el Tesoro más grande, necesitará el mayor esfuerzo de búsqueda para encontrarlo y conseguirlo.

Sin embargo, el Señor nos deja muchas pistas y nos descubre con su Palabra la ruta a seguir para encontrar ese maravilloso Tesoro que es el Reino de Dios. De momento lo deja impreso en nuestro corazón con letras de fuego. Todos sentimos un deseo irresistible de ser feliz, y de preservar esa felicidad eternamente. Y experimentamos que, cuando nos damos para hacer el bien común de forma gratuita y desinteresada, el corazón se nos llena de paz y de gozo. Es decir, sentimos felicidad.

Descubrimos, entonces, que dentro de nosotros mora el mayor Tesoro, porque es felicidad inmensa y eterna lo que nos promete precisamente el Reino de Dios. De forma que, cuando hacemos vida esa inclinación amorosa al bien que habita en nosotros, estamos haciendo presente y descubriendo el Reino de Dios. Y una vez descubierto y experimentado no abandonaremos nunca esa oportunidad hasta el extremo de dejar todo lo demás para cuidar exclusivamente ese Tesoro encontrado.

Danos la Gracia, Señor, de descubrir y valorar ese Tesoro que llevamos sellado en nuestro corazón para, experimentado, no abandonarlo ni perderlo jamás. Amén.