| Mt 6, 19-23 |
Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón. Y todo a tu alrededor se moverá en ese sentido.
—¿Qué significa eso de tesoro y corazón? —preguntó Marco, frunciendo el ceño.
Manuel, con una ligera sonrisa, le miró y dijo:
—Significa que lo que viva dentro de ti será lo que buscarás en tu vida…
Y, sin dejar de mirarle fijamente, añadió:
—Si buscas riqueza, todos tus actos irán dirigidos a conseguir dinero… y, según lo que desees, buscarás…
Hizo una pausa y agregó:
—¿No has oído esta frase? «Dime con quién andas y te diré quién eres». Se aproxima mucho a la del tesoro y corazón.
Guardó unos segundos de silencio y, observando su reacción, concluyó:
—Las compañías, amistades y el entorno que una persona frecuenta revelan su verdadera personalidad, valores y carácter.
Marco empezaba a entender. Buscamos lo que interiormente deseamos.
Es evidente que lo que anida dentro de mí es lo que consume mi tiempo, enreda mis preocupaciones y devora mis ansias.
Según la respuesta que demos a lo que anida dentro de nosotros, se verá condicionada nuestra manera de vivir, nuestras inquietudes y nuestra forma de entender la realidad.
—Un corazón libre de apegos desordenados —continuó Manuel— es un corazón luminoso, que ilumina a los demás, que hace ver el camino que lleva a Dios…
Le miró con ternura y siguió:
—Jesús lo deja muy claro en Mt 6, 19-23 cuando nos habla de no atesorar tesoros en la tierra donde la polilla y la carcoma los roen…
Al terminar de leer, dijo:
—Recemos al Señor para que nos dé esta prudencia espiritual para comprender bien dónde está nuestro corazón y a qué tesoro lo tenemos apegado.
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