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sábado, 7 de junio de 2025

TÚ, SÍGUEME

Jn 21, 20-25

—Todos los días le pido a Jesús, el Señor, que me haga discípulo suyo, porque esa es mi meta, seguirle.

Me sorprendió esa oración que me confesó mi amigo Pedro. «Se hace difícil encontrar, aunque realmente las hay, personas que en medio de este mundo pidan eso. No es lo más corriente ni tampoco lo más frecuente». En esos pensamientos, Manuel discernía sobre el seguimiento al Señor.

No cabe duda de que solo la Gracia del Señor es la que puede darte esa capacidad de seguir al Señor. Porque seguirlo exige una condición imprescindible: amar. Y es que en el amor está implícito todo.

—¿Y has notado algún cambio?

—No es fácil advertirlo, pero en el tiempo, al igual que crece la semilla sin apenas notarlo, vas observando que te cuesta más odiar, buscar venganza, ensoberbecerte … y por otra parte descubres que te esfuerzas más en escuchar, servir, perdonar … etc. Vas tomando conciencia de que vas creciendo como persona en tu manera de vivir y de amar tal como el Señor nos ama.

—¿Y cómo lo haces?

—Yo no lo hago, respondió Pedro con absoluta seguridad, lo hace el Señor con su Gracia y Misericordia. Él va modelándome en la medida que yo se lo voy pidiendo. Claro, yo colaboro poniendo de mi parte todo lo que de Él he recibido. Sobre todo, la inteligencia y voluntad recibida.

—Sí, estoy de acuerdo. También yo creo que ese es el camino. Ser perseverante, confiar en que el Señor te escucha y, si te conviene, te irá señalando el camino por donde debes ir y dándote lo que realmente necesitas para que crezcas en amor y santidad.

—A veces - comentó Pedro -  la cosa se tuerce. Se complica el camino y no entendemos por qué ni lo que sucede. Ese es el sentido de nuestras cruces, porque, a veces conviene experimentar el dolor para crecer en amor.

—Sí, creo que es así. Tenemos que confiar en el Señor, el sabe a qué obedece cada cosa y lo que conviene en cada momento para nuestro bien y crecimiento. Son pruebas que sirven para confirmar la veracidad y firmeza de nuestro amor.

Ambos amigos compartían sus vivencias sobre el seguimiento al Señor. Y es que seguirle nos compromete, pero nos da lo que realmente buscamos, la felicidad eterna. Porque de eso se trata, de estar eternamente con el Señor. Él es la Felicidad Eterna.

sábado, 10 de mayo de 2025

SOLO TÚ TIENES PALABRA DE VIDA ETERNA

Igual que ayer, hoy muchos se echan atrás, y no quieren saber nada de la Iglesia, de los curas ni de Dios. Seguir a Jesús exige tomar la decisión de vivir en el amor y la misericordia dándose gratuitamente, o utilizarle para solución de nuestras demandas y apetencias. Y esa es la disyuntiva que nos presenta el Señor: Él o el mundo.

Muchos parecen que no llegan a decidirse y caminan como entre dos aguas, al lado de Dios, para instrumentalizarle como solución de los problemas, y sin llegar a un encuentro personal y una experiencia de amor y misericordia gratuita. Otros se quedan en el camino, desencantados porque no cumple sus pretensiones y demandas mundanas, y otros, quizás los menos, tratan de seguirle, a pesar de sus debilidades y pecados, en la esperanza de encontrar en Él, esa paz y amor misericordioso que les llene de gozo y felicidad. Porque, solo el Señor tiene Palabra de Vida Eterna.

miércoles, 28 de febrero de 2024

LLAMADOS A UNA VIDA DE SERVICIO

Es evidente que seguir a Jesús es complicado. Complica nuestra vida tener que arrodillarse y servir al necesitado, al indefenso, al oprimido y explotado. Primero, esa actitud exige un lavado serio de suficiencia y prepotencia, y luego un empape pleno de mansedumbre y humildad. Y eso no es nada fácil ni está al alcance de nuestras manos. Necesitamos al Espíritu Santo, para eso lo hemos recibido en el día de nuestro bautismo. Con Él todo será diferente y nuestra fortaleza nos irá fortaleciendo para ir superando, día a día, las dificultades que nos pone nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestra prepotencia, nuestra suficiencia…etc.

Nuestra subida a Jerusalén, nuestra propia Jerusalén, está llena también de dificultades. Quizás no tantas ni tan duras como las de Jesús, nuestro Señor, pero sí, en proporción a nuestras limitaciones, lo suficiente duras como para impedirnos seguir adelante. La receta para terminar nuestra propia subida la sabemos:  Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos». Eso debe bastarnos para dejar claro la característica de cómo ha de ser nuestra subida:  servir y servir, sobre todo a los más pobres y necesitados. Y si piensas otra cosa y tu objetivo es otro, debes desistir o dejarlo. Ese no es el Camino, la Verdad o la Vida.

domingo, 14 de enero de 2024

A PESAR DE NUESTROS PECADOS – TRAICIONES – JESÚS CONFÍA EN NOSOTROS

¿Por qué eso es así? Me refiero a misterio inefable de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. No merecemos nada y sin embargo Dios, nuestro Padre, nos da todo: la vida, el sustento y la oportunidad de ser infinitamente dichoso y feliz a su lado eternamente.

¿Se puede entender esto? De ninguna manera. Es imposible para la mente humana entenderlo, solo por la fe podemos creerlo. Ahora, la fe la podemos apoyar en muchas evidencias y razones que nos ayudan a sostenerla: El testimonio de los que le conocieron encarnado en naturaleza humana como nosotros; sus Palabras, Vida y Obras; la correspondencia de lo que Jesús dice y lo que sentimos, queremos y experimentamos dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón. Su Misericordia Infinita ante la traición de Pedro. Todo eso y muchas más cosas nos hacen y ayudan a creer en Jesús, el Hijo de Dios.

Hoy sucede lo mismo, Jesús pasa por nuestra vida y muchos no se enteran. Incluso, se les señala como el Cordero de Dios pero muchos no hacen caso y le vuelven la espalda. Es imprescindible tener una actitud de búsqueda, de encuentro con Él. Eso fue lo que tenían aquellos dos discípulos que a la voz de Juan siguieron a Jesús. Hambre y sed de Dios.

Podemos preguntarnos: ¿Tengo yo sed y hambre de encontrarme con Jesús, el Hijo de Dios? ¿Le busco y me acerco a Él para conocerle? ¿O por el contrario me es indiferente y no doy un paso para escucharle ni conocerle?

miércoles, 29 de noviembre de 2023

A PESAR DE LAS TORMENTAS Y DIFICULTADES DE LA VIDA.

Seguir a Jesús no es nada fácil ni tampoco difícil, simplemente imposible. Nuestra razón y nuestras fuerzas son incapaces de entender y soportar todo lo que nos puede pasar por seguir a Jesús. Estamos perdidos y no podremos vencer por nuestras propias y simples fuerzas. Necesitamos, para eso lo recibimos el día de nuestro bautismo, al Espíritu Santo. ¡En y con Él todo será totalmente diferente! Ahora sí, fortalecidos en el Espíritu Santo y confiados por la fe a Él, nuestra batalla está ganada. ¡Ahora sí seremos invencibles!

Eso nos llena de esperanza y fortaleza. No hay que temer a aquellos que pueden matar el cuerpo, pero nada pueden hacer contra el alma. Eso sí, debemos temer a nosotros mismos que podemos, por el pecado y nuestra naturaleza herida, renunciar al Amor Misericordioso de Dios y abrazar las vanidades y placeres de este mundo. Entonces sí, podemos matar nuestra alma que nos une a nuestro Padre Dios. Es ahí donde está el peligro.

Esa es precisamente la lucha de cada día. Y para eso necesitamos el Espíritu Santo, porque permaneciendo en Él y abriéndonos a su acción venceremos en todas las luchas y enfrentamientos contra las tentaciones que nos amenazan y nos invitan a pecar. Es decir, a apartarnos de nuestro Padre Dios.

Sí, es evidente y de sentido común que el camino es muy difícil e imposible si nos atrevemos a recorrerlo nosotros solos y con nuestras propias fuerzas. Y lo será también si vamos de la mano del Espíritu Santo. Claro, necesitamos poner todo de nuestra parte y confiar – creer – en la fortaleza del Espíritu Santo. Jesús, nuestro Señor y modelo de Camino, Verdad y Vida nos precede y nos enseña, asistido en el Espíritu Santo y unido a su Padre Dios, el camino para vencer. No es que podamos, digo, sino que ganamos seguros. Estamos, pues, salvados si aportamos todo nuestro esfuerzo y creemos en nuestra salvación. Jesús nos lo anunció y nos lo dice cada día en la Eucaristía. Él ha vencido a la muerte, ¡ha resucitado!, por tanto, nosotros, injertados en Él, también venceremos. ¡Adelante!

viernes, 14 de julio de 2023

LO NORMAL ES SENTIR MIEDO AL SEGUIR A JESÚS

Posiblemente hoy, en muchas partes del planeta, no se nos exija dar la vida o entregarla de forma martirial, pero sí soportar el que dirán, las molestias de vernos pisoteados y excluidos de nuestros derechos y las dificultades que comportan dar nuestro testimonio de fe y entrega incondicional y gratuita al servicio de los demás, incluso de los enemigos.

Ser testigo y dar testimonio exige el mismo heroísmo que para ser mártir. Quizás la perseverancia de vivir en esa espiral de enfrentamientos, de circunstancias ridículas que nos exige mostrar nuestra fe cada día y en cada instante, nos supone un heroísmo más fuerte que el propio martirio.

Se hace pues totalmente difícil y duro aceptar seguir a Jesús. No se puede entender ese seguimiento sino desde la fe, desde la confianza de abandonar todas nuestras esperanzas en la Palabra del Señor. Una Palabra que da sentido a nuestra vida, que nos fortalece y llena de paz y amor misericordioso y que nos da Vida Eterna.

Y no se puede asumir desde nuestra propia condición humana. Nuestra razón no supera someternos al dolor y sacrificio de manera voluntaria y sumisa. Y menos gratuita y por amor. No entra en nuestra cabeza. Por tanto, solo desde la fe, don que únicamente nos puede darnos nuestro Padre Dios, podemos encontrar la fortalece, el deseo y la motivación para decidirnos a dar nuestra vida por amor como la dio el Señor por nosotros.

jueves, 20 de enero de 2022

EN BUSCA DE JESÚS

 

Hay una pregunta que es determinante y vital en nuestra vida: ¿Dónde está la cima de ese deseo de felicidad que arde dentro de nosotros? Porque, será ese deseo el motor que moverá todas nuestras aspiraciones y esfuerzos en nuestra vida. Ahora, antes conviene preguntarnos ¿Queremos realmente alcanzar y vivir ese deseo de plenitud en gozo y felicidad eterna? Porque, es ahí donde está la diferencia. De quererlo, buscaremos, indagaremos, escucharemos, nos moveremos…etc. Pero, de no quererlo, o mejor, cruzarnos de brazo, terminaremos por resignarnos y quedarnos en la mediocridad, entre dos aguas: «ni frío ni caliente». Eso significaría desperdiciar ese inmenso regalo de Felicidad y Vida Eterna gozosa de la que nos habla y nos ofrece Jesús.

¿Qué decidimos? ¿Para qué buscamos a Jesús? ¿Simplemente, le buscamos para solucionar nuestros problemas (enfermedades, economía, satisfacciones…etc), o le buscamos, también, para seguirle e intentar imitarle? Porque, Él es el único Camino que responde a ese deseo profundo y escondido en nuestro corazón que nos da la Felicidad que tanto anhelamos y buscamos. Él es verdaderamente, el Camino, la Verdad y la Vida.

Concluimos: ¿En qué grupo nos encontramos nosotros? ¿En el de los que le buscan para satisfacer simplemente nuestras necesidades y vivir para nosotros mismos? ¿O en el grupo que, aparte de buscarle para que nos ayude a soportar la dureza del camino, nuestras enfermedades y contratiempos, queremos seguirle, esforzarnos en imitarle y, con y por su Gracia y la acción del Espíritu Santo, compartir nuestra vida con los demás? La pelota está en tu tejado. De ti depende. Jesús te espera, te anuncia el Amor de su Padre y te llama.

jueves, 6 de mayo de 2021

PERMANECER EN EL SEÑOR

 

No puedes seguir a alguien de lejos y a distancia, pues terminarás por perder sus huellas. Dicen que la distancia es el olvido - así lo canta la gente - y no les falta razón. Distanciados de Jesús, el mundo nos engulle ya que nuestra naturaleza, herida por el pecado, está sometida y esclavizada a las seducciones del mundo.

Es, por tanto, obvio y necesario permanecer en el Señor si queremos defendernos y resistir las acometidas de las seducciones de este mundo. Porque, estando al lado y con Jesús - injertado en Él - el príncipe del mundo está vencido. De ahí, lo vital e importante es permanecer, tal y como nos invita Jesús: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado». 

La cuestión es sencilla, guardar sus mandamientos, pero, no por eso es fácil. Para y por eso hemos recibido al Espíritu Santo en la hora de nuestro bautismo. Él nos acompaña en el camino duro y difícil, nos asiste y nos auxilia siempre contando con nuestro permiso libre y voluntario. Ahí está nuestro reto.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

SEGUIR EXIGE COMPROMISO



Pertenecer a un grupo, comunidad partido no presenta gran dificultad. Sin embargo, seguir sus directrices y vivirla con el espíritu de ese grupo, comunidad o partido es harina de otro costal. Esta apreciación nos lleva a significar y descubrir que seguir no es tanto ir detrás de alguien como de hacerlo con vida y compromiso. Es entonces cuando descubrimos que lo verdaderamente importante y difícil es comprometerse.

Porque, seguir a alguien no comporta ir detrás de él, sino de vivir comprometido con su causa. Y eso significa estar disponible a todo. Pero, ¿qué entendemos por todo? Todo es aceptar la misma actitud y disponibilidad con la que actuó Jesús en su periplo por este mundo. Es estar disponible a salir de ti mismo, de tus comodidades y seguridades. No todo consiste en cumplir con sobriedad y austeridad los cumplimientos establecidos, sino en salir de mis seguridades y ponerme en las manos del Espíritu Santo.

Estamos vivos y, mientras vivimos y caminamos, llamados a la Vida Eterna. Por tanto, no es nuestro destino acabar ni morir en este mundo, sino servirnos de catapulta para continuar nuestra vida en el otro. Y eso supone dejar que los muertos entierren a sus muertos, porque, los llamados a la vida tenemos que poner en primer lugar al único y verdadero Camino, Verdad y Vida.

Seguir a Jesús es levantar la mirada y, firmes en la esperanza y la fe puesta en Jesús, seguirle sin titubeos y sin volver la mirada atrás, porque lo que verdaderamente importa es el presente y la Vida Eterna que nos espera.

lunes, 17 de agosto de 2020

SE TRATA DE RESTAR Y NO SUMAR

Mateo 19,16-22 – tendrás un tesoro en los cielos - Roguemos al ...En la medida que sumas, el resultado refleja que tiene más. Más y más suena a esa canción que dice: Todos queremos más... Sin embargo, el seguimiento a Jesús sugiere restar, es decir, quitar lastre a esa carga que todos llevamos encima y que, en muchos momentos nos impide avanzar y seguir el ritmo y los pasos de Jesús. Experimentamos en muchos momentos sentimientos de ataduras y dependencia de todas esas cosas que llevamos encima de nosotros. Tantas cosas nos impiden avanzar.

Por tanto, no se trata de añadir y sumar prácticas, normas, preceptos, cumplimientos e incluso obras. Se trata, sin apartar ni excluir todo lo anterior, de aligerar nuestra carga de tantas cosas que, quizás, entorpecen nuestro camino y oscurecen el horizonte impidiéndonos ver a Jesús. La cuestión es simple, pero, no por simple, fácil. Se trata de despojar y restar, y no añadir y sumar carga que nos impida avanzar y que, al mismo tiempo, nos esclaviza. 

Lo que importa es liberarnos para, de esa forma, entregar libremente nuestra voluntad a Dios. Eso fue lo que ocurrió y lo que nos dice el Evangelio de hoy. Aquel joven rico era buen practicante y, al parecer, religioso y muy buen cumplidor. Como él ha habido y hay muchos, tanto laicos como presbíteros en la Iglesia, pero, quizás,  no libres de carga y dispuestos a seguir a Jesús de manera plena. Se topan con razones y maromas que les atan al puerto del mundo. Y, lo verdaderamente importante es vaciarse de todo aquello que te ata a los intereses y criterios de este mundo. Todo aquello que te paraliza y no deja que el Espíritu Santo actúe en ti.

Aquel joven era rico y sus riquezas le impedían abrir su corazón a la acción del Espíritu y al Amor de Dios. ¿Nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿Sabemos bien que riquezas, apetencias, egoísmos e intereses nos impiden seguir a Jesús? Porque, de eso se trata, de ir limando asperezas, sentimientos, prejuicios, soberbia y bienes materiales que nos nublen la mente y nos enturbien la mirada para que, ciegos y sometidos a la esclavitud de este mundo, nos perdamos en el camino y seguimiento al Señor.

sábado, 30 de mayo de 2020

TÚ SÍGUEME

No mires para otro lado, nos lo dice a nosotros también. Sí, a ti y a mí. Estamos en este mundo porque estamos en el pensamiento de Él desde siempre, desde el principio y para siempre. Y si nos ha creado es porque también quiere algo de nosotros. Para eso nos ha creado libres, es decir, con capacidad de respuesta y de elección. Pero, te ha dado la capacidad de conocer lo bueno y también lo malo, de ahí tu responsabilidad de utilizar esos talentos de forma a colaborar con el bien y la verdad.

JUAN 21, 20-25 | Dios, Citas bíblicas católicas, Frases cristianasY eso depende sólo de ti. Tú tienes la respuesta y la decisión. Eso se desprende de la respuesta de Jesús a Pedro en el Evangelio de hoy: «Señor, y éste, ¿qué?». Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme». Está claro, la misión de Pedro como la tuya y la mía es seguir a Jesús. Y seguirle implica hacer su Voluntad y no la nuestra. Eso quiere decir que, nadie mejor que Él, sabe de nuestros talentos y nuestras virtudes y capacidades para responder a lo que Él nos pide y quiere de cada uno. 

Todo lo que tenemos lo hemos recibido gratuitamente de Él y también nos ha dicho que espera de cada uno de nosotros - parábola de los talentos - . Por tanto, dependerá de nosotros que, por la acción del Espíritu Santo, respondamos a lo que el Señor nos pide. Porque, sería un disparate querer responderle por nosotros mismos siguiendo nuestros criterios e impulsos. ¿Para qué ha venido entonces el Espíritu de la Verdad? ¿Para qué nos lo ha enviado el Padre? ¿Para qué se ha ido Jesús Resucitado?

En lugar de ellos, y por la unidad y amor entre ambos, ha venido el Espíritu Santo. Un Espíritu que nos dirige, nos auxilia y nos fortalece desde la aceptación voluntaria y libre de dejarle actuar en nosotros. Por eso, Señor, desde esa disponibilidad y confiando en Ti abro mi corazón para que el Espíritu enviado por el Padre me alumbre el camino para poder seguirte con firmeza, valor y docilidad.

sábado, 15 de julio de 2017

TRAS LA SANGRE DE CRISTO

(Mt 10,24-33)
Seguir el camino que Jesús ha trazado es aceptar un camino de sangre y sufrimiento. El fue llevado como cordero mudo para ser trasquilado y no abrió su boca para quejarse. Soportó todo insulto y malos trato, y no hizo nada por defenderse. Acepto todo insulto y reproches de Pilato y del Sanedrín, sin responder ni tratar de defenderse -Hch 8, 26-25.

Es a ese Jesús a quien seguimos. Un Jesús llevado como oveja muda para ser trasquilada; un Jesús que no protesta y, siendo injustamente sentenciado, acepta su condena y sufrimiento. Por tanto, nuestro camino está marcado por el dolor de resistir ante la mentira, la violencia y la condena que rechazan al Señor y a todos sus seguidores. Sufriremos como Él, sin embargo, todo saldrá a la luz, nos dice el Señor.
No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.

Tengamos miedo sólo al pecado. Es decir, a romper nuestra amistad con el Señor, y a dejarnos dominar por el diablo. Porque es ese el que nos puede desviar del camino que Dios nos señala. Confiemos en la Palabra del Señor y que Él estará siempre con nosotros, y nos defenderá llegado el momento del peligro.

Y no olvidemos sus Palabras: Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

sábado, 18 de mayo de 2013

LO QUE EXIGE MI CABEZA

(Jn 21,20-25)


En repetidas ocasiones miramos más lo que hacen y dicen otros, que lo que nos dice Jesús. Estamos más pendientes de los acontecimientos y hechos que suceden en nuestro entorno que la misma y única Palabra del Señor. Y Jesús nos advierte como hizo con Pedro: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme».

No debemos prestar más atención a las cosas de nuestra misma Iglesia que a la Palabra del Señor que proclama y predica la Iglesia. Ocurren muchas cosas dentro de la Iglesia. Muchas cosas que nos pueden parecer bien y otras mal, y otras que no llegamos a entender. Las conductas de todos los que formamos la Iglesia no es la misma, pero en algunos casos son conducta, al menos aparentemente, contrarias a la Palabra de Dios.

Y no debemos dejarnos llevar por lo que hacen y dicen otros. Sólo la Palabra del Señor es nuestra guía y nuestro camino. Y a pesar de encontrar contradicciones y ejemplos que nos confunden y desvían, debemos esforzarnos en solo seguir a Jesús. Él es el único y verdadero Camino, Verdad y Vida. Y seguirlo, unidos en Iglesia, a Él, porque todo aquello que no venga de Él no nos conviene.


domingo, 21 de abril de 2013

LLENARNOS DE OTRAS COSAS

(Jn 10,27-30)


No cabe duda que en la vida buscamos vida. Vida que se traduce en sentirnos felices y satisfechos; vida que significa sentirnos inmensamente llenos de paz y de amor; vida que nos colma de eternidad. Pero el secreto de la vida se esconde en la forma y lugar donde buscamos.

Muchos buscamos donde no debemos y desesperamos al buscar en lo perecedero y caduco. No se puede encontrar vida eterna donde solo hay vida caduca. Las cosas de este mundo no nos satisfacen de forma eterna, sino que son pasajeras e incompletas. El mundo no es el lugar de la vida sino de la muerte, y para nosotros, hijos de Dios, es solo un camino de salvación.

En el Señor estamos seguros y en Él encontraremos la felicidad plena y la vida eterna. Él es el Pastor que da la Vida por sus ovejas, que las protejes y cuida que ninguna se pierda. Siempre tendremos su protección y sus cuidados. Nunca nos abandona y en Él encontraremos la paz y la felicidad que buscamos. Todo dependerá de nuestra fe y confianza.