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miércoles, 27 de septiembre de 2023

APOYADO SOLO EN JESÚS

Esa es la clave, despojarse de toda atadura que pueda esclavizarte y hacer que dependas de ella. Porque solo se puede depender de Dios. Sólo Él basta. No se puede servir al dinero, a la fama, al poder, a la ambición a la…etc. y al mismo tiempo a Dios. El primer paso para seguir al Señor es la disponibilidad total, y si no estamos en esa actitud nuestro seguimiento no es pleno.

Por tanto, se hace necesario un ejercicio de renovación constante que se concreta en la escucha diaria y reflexión del Evangelio. Es la Palabra de Dios la que nos guía y nos va habilitando nuestra total disponibilidad para la entrega, para el servicio y todo por amor. Porque, el amor es gratuito. De no serlo deja de ser amor.

El mandato del Señor expresado en el Evangelio de hoy miércoles descubre y revela esa disponibilidad y entrega apoyada en la fe de su Podre y Amor Misericordioso: (Lc 9,1-6): En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en…

No se trata de bienes de confort sino de supervivencia, de aquellos que nos dejan a merced del Amor de nuestro Señor; de aquellos que descubren la medida de nuestra fe y que dejan visiblemente nuestra confianza y apoyo sólido y firme en el Señor. Porque, solo esa experiencia de vivir despojado de todo y apoyado en el poder del Señor nos irá mostrando nuestra fe firme en Él.

Ese poder de expulsar demonios y curar enfermedades nos fortalecerán para que cada día podamos luchar y salir victoriosos frente a los demonios que nos asaltan y nos tientas con las dudas, miedos, futuro y desconfianza. Así podemos derramar en los demás ese perfume de amor misericordioso que cura y fortalece toda dolencia y esperanza.

lunes, 17 de agosto de 2020

SE TRATA DE RESTAR Y NO SUMAR

Mateo 19,16-22 – tendrás un tesoro en los cielos - Roguemos al ...En la medida que sumas, el resultado refleja que tiene más. Más y más suena a esa canción que dice: Todos queremos más... Sin embargo, el seguimiento a Jesús sugiere restar, es decir, quitar lastre a esa carga que todos llevamos encima y que, en muchos momentos nos impide avanzar y seguir el ritmo y los pasos de Jesús. Experimentamos en muchos momentos sentimientos de ataduras y dependencia de todas esas cosas que llevamos encima de nosotros. Tantas cosas nos impiden avanzar.

Por tanto, no se trata de añadir y sumar prácticas, normas, preceptos, cumplimientos e incluso obras. Se trata, sin apartar ni excluir todo lo anterior, de aligerar nuestra carga de tantas cosas que, quizás, entorpecen nuestro camino y oscurecen el horizonte impidiéndonos ver a Jesús. La cuestión es simple, pero, no por simple, fácil. Se trata de despojar y restar, y no añadir y sumar carga que nos impida avanzar y que, al mismo tiempo, nos esclaviza. 

Lo que importa es liberarnos para, de esa forma, entregar libremente nuestra voluntad a Dios. Eso fue lo que ocurrió y lo que nos dice el Evangelio de hoy. Aquel joven rico era buen practicante y, al parecer, religioso y muy buen cumplidor. Como él ha habido y hay muchos, tanto laicos como presbíteros en la Iglesia, pero, quizás,  no libres de carga y dispuestos a seguir a Jesús de manera plena. Se topan con razones y maromas que les atan al puerto del mundo. Y, lo verdaderamente importante es vaciarse de todo aquello que te ata a los intereses y criterios de este mundo. Todo aquello que te paraliza y no deja que el Espíritu Santo actúe en ti.

Aquel joven era rico y sus riquezas le impedían abrir su corazón a la acción del Espíritu y al Amor de Dios. ¿Nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿Sabemos bien que riquezas, apetencias, egoísmos e intereses nos impiden seguir a Jesús? Porque, de eso se trata, de ir limando asperezas, sentimientos, prejuicios, soberbia y bienes materiales que nos nublen la mente y nos enturbien la mirada para que, ciegos y sometidos a la esclavitud de este mundo, nos perdamos en el camino y seguimiento al Señor.

martes, 29 de mayo de 2018

SE TRATA DE DEJAR TODO LO QUE TE IMPIDE SEGUIR AL SEÑOR

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Mc 10,28-31
Cuando te dispone a reflexionar el Evangelio de cada día te asaltan preguntas y desafíos que cuestionan tu vida. Eso, siempre que lo quieras reflexionar desde una seriedad, un compromiso y un intento por hacerlo vida en tu vida. No cabe ninguna duda que, desde esa actitud, te interpela y te compromete. Y experimentas miedo e impotencia, porque te sientes débil, pobre, frágil y fácil de ser vencido. Te experimentas sin fuerzas ni voluntad para enfrentarte a esas renuncias que el seguir a Jesús te plantea.

Primero hay que despojarse de todas aquellas maromas que te atan al puerto de tu vida. Y eso cuesta y duele. Son tus apetencias, tus apegos, tus hábitos, tus comodidades, tus costumbres, tus egoísmos... Son tus ambiciones, tus afanes, tus ilusiones mundanas, tus honores, tus logros, tus privilegios y todo aquello por lo que te sientes atado a tu entorno y a tu mundo. Son todas esas cosas con las que tú crees ser feliz y con las que experimentas cierto gozo y bienestar. Es tu humanidad limitada, pobre y pecadora.

¿Cómo descubrir que vas por camino erróneo? ¿Cómo experimentar que todo eso tiene su tiempo contado y termina siempre mal? Sólo hay una posibilidad y un camino, experimentarlo y seguirle, a pesar del dolor y del desapego. La experiencia te irá despejando la incógnita y te irá aclarando el camino. El gozo y la libertad al desprenderte de todo aquello, aparentemente gozoso, pero caduco, te despejará la incógnita que te hará ver donde realmente está la verdadera felicidad y la verdadera plenitud. Todo lo de aquí abajo tiene poco valor y muy relativo. Está destinado al fuego.

Pero, en la medida que caminas, experimentarás que renunciando a lo que te impide ser libre y darte en generosidad y amor, ganarás más de todo lo que tenías. Estarás mejor considerado y más arropado. Es verdad que siempre tendrás a tus espaldas la amenaza de la persecución, pero eso no impedirá que dento de ti haya más paz, más gozo y más plenitud. Porque, la felicidad que tu buscas no está en las cosas y el placer que el mundo te puede dar, sin en la capacidad que tú tengas para amar.

sábado, 11 de julio de 2015

PENDIENTE DE TI, SEÑOR


(Mt 19,27-29)

Sucede que, a menudo, no entendemos el significado de las cosas, y, o nos alejamos, porque nos sabemos o nos experimentamos incapaces de cumplir y vencernos, o nos angustiamos, con lo que se nos hace irresistible el camino, porque la propuesta de Jesús es superior a nuestras fuerzas...

En ambos casos nos equivocamos y no actuamos con sabiduría, prudencia ni sentido común., porque se impone primero escuchar y, segundo, reflexionar antes que actúa de forma precipitada y descomprometida. Porque, lo primero de todo, es confiar en la Palabra del Señor. Hay que saber que el Señor no nos puede mandar cosas superiores a nuestras propias fuerzas. Sería injusto, y eso no cabe en la Bondad del Señor. Y, segundo, que con la Gracia del Señor podemos vencer todas las dificultades que nos presenta nuestra propia naturaleza y las del mundo.

Dejarlo todo, al parecer la mayor dificultad de la que nos habla hoy el Evangelio, no significa despojarte de todos tus bienes. No es cuestión de quitar un pobre para ponerse otro. Se trata de compartir lo necesario para que, viviendo tú, también pueda remediarse el otro. En ese sentido, son los que más tienen y les sobra, los que están llamados a procurar que los más necesitados y desposeídos puedan satisfacer sus necesidades a un cierto nivel de dignidad.

Se trata de administrar lo que hemos recibido, por la Gracia de Dios, en bien de todos aquellos que lo necesiten y les podamos ayudar para que vivan dignamente como nosotros. No se trata de compasión, sino de compartir dignamente dándoles la oportunidad de responder a su propia dignidad de hijos de Dios. 

Dejarlo todo es poner por encima de todo y todos a Dios, siendo Él el Norte y Guía de nuestra vida. Dejarlo todo es optar por seguir al Señor anteponiéndolo a familia, hijos, hermanos, ocio, intereses y otros... Es vivir y actuar como lo han hechos Patriarcas, discípulos y elegidos del pueblo de Dios dándolo todo por ser fiel al mandato del Señor. 

Dejarlo todo es vivir injertado en el Señor en correspondencia a su Amor, y responder, por su Gracia, con la misma moneda en y para los hermanos. Porque sólo con esa única moneda del amor al prójimo podemos dar respuesta cumplida a su Palabra.

Y ya sabemos la respuesta del Señor. Se la dio a Pedro: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna».