viernes, 6 de noviembre de 2026

CARIDAD NO ES SER TONTO

Lc 16, 1-8

En muchas ocasiones, ser buena persona se confunde con ser idiota. Muchos consideran que al creyente comprometido y practicante se le puede engañar fácilmente.

Confundir la bondad con la idiotez es una equivocación. La persona buena y justa no tiene por qué ser ingenua. Al contrario, debe saber oponerse a lo malo y a lo injusto. Y para ello necesita espabilarse y permanecer atenta a quienes intentan aprovecharse de su buena disposición.

En ese momento, Pedro, aprovechando que Manuel hizo una pausa, dijo:

Manuel, asintiendo con la cabeza, añadió:

Entonces, tomó la Biblia y leyó:

Muchas caras fruncieron el ceño. Estaban desconcertados y asombrados ante la duda de que Jesús alabara el engaño o la injusticia.

Sin embargo, era todo lo contrario; el evangelio no nos lo presenta como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora.

Jesús no alaba el robo ni la inmoralidad, sino los recursos, la rapidez mental. Jesús destaca la astucia del administrador; no legitima los medios injustos que utiliza.

Jesús dirige aquí una llamada de atención a los “hijos de la luz” (v. 8). Contrapone la pasión, el ingenio y la entrega que muchas personas ponen en sus negocios y objetivos materiales con la apatía, la indiferencia o la falta de visión con que, a veces, los creyentes afrontamos la evangelización y nuestra propia vida cristiana. 
Porque:

 No tenemos que aceptar todas las peticiones que nos hagan.

 No debemos confundir perdonar con permitir que se repitan las injusticias.

 No podemos llamar humildad a nuestra incapacidad para defender lo justo.

 No debemos confundir la bondad con la falta de carácter.

 Y tampoco podemos utilizar nuestra condición de buenas personas como excusa para permanecer pasivos ante el sufrimiento ajeno.

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