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jueves, 26 de diciembre de 2024

COHERENCIA CON TU FE

No es cuestión de aquí sí, pero allá no. Se trata de ser, ahora aquí, pero también mañana allí. Hablamos de la fe, de dar testimonio en todo tiempo y lugar. Hablamos de nuestra coherencia con nuestro compromiso de bautismo. Y eso significa tomar el riesgo que resulta de confesar tu fe en lugares donde predomina lo anticristiano.

Seguir a Jesús traerá problemas. Así le sucedió a El y sus discípulos no serán menos. Es posible que todos no estarán llamados a derramar su propia sangre, pero sí a dar testimonio de su fe y ser coherente con ella. Y eso será una lucha constante. La verdad y el amor misericordioso exigirá descubrir la mentira y, si hay arrepentimiento y dolor de contrición, perdonarla. Y eso dará dolor y mortificación, y, a veces, traerá sangre y muerte.

La coherencia con tu fe traerá problemas, sobre todo con aquellos que tu sola presencia les molesta y le descubre sus mentiras y viles intenciones. Y sus consecuencias serán en muchos lugares ocasiones de persecuciones nefandas para los cristianos. De hecho eso está sucediendo, posiblemente en muchos lugares del planeta en este momento.

Digamos, el sacrificio del protomártir Esteban se está repitiendo en muchos lugares de nuestro planeta. Hay muchos cristianos, por los que rezamos cada día, que son perseguidos hasta el extremo de entregar sus vidas al ser coherentes con su fe. Terminamos esta humilde reflexión pidiendo por todos los cristianos perseguidos y para que nuestra fe sea fortalecida hasta el extremo de dar la vida por confesarla.

viernes, 14 de julio de 2023

LO NORMAL ES SENTIR MIEDO AL SEGUIR A JESÚS

Posiblemente hoy, en muchas partes del planeta, no se nos exija dar la vida o entregarla de forma martirial, pero sí soportar el que dirán, las molestias de vernos pisoteados y excluidos de nuestros derechos y las dificultades que comportan dar nuestro testimonio de fe y entrega incondicional y gratuita al servicio de los demás, incluso de los enemigos.

Ser testigo y dar testimonio exige el mismo heroísmo que para ser mártir. Quizás la perseverancia de vivir en esa espiral de enfrentamientos, de circunstancias ridículas que nos exige mostrar nuestra fe cada día y en cada instante, nos supone un heroísmo más fuerte que el propio martirio.

Se hace pues totalmente difícil y duro aceptar seguir a Jesús. No se puede entender ese seguimiento sino desde la fe, desde la confianza de abandonar todas nuestras esperanzas en la Palabra del Señor. Una Palabra que da sentido a nuestra vida, que nos fortalece y llena de paz y amor misericordioso y que nos da Vida Eterna.

Y no se puede asumir desde nuestra propia condición humana. Nuestra razón no supera someternos al dolor y sacrificio de manera voluntaria y sumisa. Y menos gratuita y por amor. No entra en nuestra cabeza. Por tanto, solo desde la fe, don que únicamente nos puede darnos nuestro Padre Dios, podemos encontrar la fortalece, el deseo y la motivación para decidirnos a dar nuestra vida por amor como la dio el Señor por nosotros.

viernes, 10 de agosto de 2018

CONTRA CORRIENTE

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Jn 12,24-26
Supongo que en esta vida todos quieren subir, tener éxito y situarse en los puestos más altos. Supongo que nadie estudia, se esfuerza y se prepara para ocupar los últimos puestos, para fracasar o para no triunfar en esta vida. Supongo que esa es la lógica de todos, pero no la de Jesús. Hoy nos lo deja muy claro en el Evangelio.

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

Pocas palabras, pero muy concretas, claras y suficientes para descubrirnos el camino. La cuestión es olvidarse de uno y, no por eso dejarse de preparar, sino, prepararse, valga la redundancia, para servir hasta el punto de estar disponible y dispuesto a entregar su vida. Ejemplos hay muchos en la Iglesia y hoy celebramos a uno de ellos, San Lorenzo mártir.

La cuestión es que ahora nos toca a nosotros. ¿Estamos preparados para dar íntegramente nuestra vida hasta la última gota de nuestra sangre? Hay muchos lugares donde eso está pasando en estos momentos, pero, ¿y tú y yo, también estamos dispuestos? Indudablemente, la disponibilidad que tengamos descubre también nuestra fe. 

Es posible que el miedo y nuestro poco valor nos paralice, pero pensemos que el Espíritu Santo nos dará valor y fortaleza para serles fieles al Señor.

martes, 29 de agosto de 2017

JUAN PREPARA LA LLEGADA DE JESÚS

Mc 6,17-29
La vida de Juan el Bautista no tiene sentido sin Jesús. Toda su vida está pensada para preparar la llegada del Mesías. Desde el vientre de su madre, santa Isabel, Juan manifiesta la exultante alegría saltando ante la visita de María, la Madre de Jesús, a su madre. Ya, desde el vientre materno, proclama que ese que va a nacer es el Señor, el Mesías enviado.

Y toda su vida es un prepararse para la hora de la llegada del Mesías prometido. Proclama la libertad que nos hace libres para servir, no para servirnos. Proclama la liberación de todas nuestras esclavitudes que nos someten y nos hacen prisioneros de nuestras apetencias y apegos. Él, siendo encarcelado, siempre fue libre, y entregando su vida por la Verdad, alcanzó su plena libertad.

Juan dedicó toda su vida en relación con Jesús. Su misión de preparar el Reino de Dios con la venida del Mesías no fue buscar ningún antídoto para protegerse de las amenazas a las que era sometido, sino a compartir su propia pasión con la Pasión que Jesús iba a padecer voluntariamente como remisión y salvación de todos nuestros pecados. Y eso debe quedarnos muy claro en nuestro camino de seguimiento al Señor.

Proclamar su Palabra, no es ningún antídoto para vivir mejor o salvarnos de los peligros y amenazas, sino para ofrecernos a compartir con Él su Pasión y ser liberados y salvados de nuestros pecados. Juan fue, no sólo precursor de su venida, sino que también le precedió en la muerte, ofreciéndola martirial, como signo de fe y entrega a la misión para la que había sido designado.

Descubramos con verdadera fe y esperanza nuestra amistad con el Señor, y, a pesar de que la vida se nos presente llena de peligros y amenazas, sepamos que muriendo en, con y por Xto. Jesús, también con Él resucitaremos.