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miércoles, 6 de diciembre de 2023

ERES, POR SU VOLUNTAD, NECESIDAD PARA LA OBRA DE DIOS

No sobras, eres parte de la obra de Dios y te necesita para darle cumplimiento a su obra de salvación. Quizás sea esa la razón de haberte creado libre, libre para decidir entre el amor o desamor; ente la generosidad y solidaridad o el egoísmo y la avaricia. Tú eres uno de esos panes que se necesitan para que el Señor, por su Gracia y Amor Misericordioso, te convierta en esa semilla que dé frutos de amor y misericordia para salvar al mundo.

Precisamente el Adviento es ese tiempo en el que Dios nos recuerda que ha venido con el propósito de hacerse salvación para nosotros, pero no sin nosotros. Necesita que tú abras tu corazón y dejes entrar esa Palabra de Dios que te cambia, te convierte y te hace pan compartido y fraterno para que otros puedan alimentarse y, simultáneamente, revertir ese amor recibido en otros.

La multiplicación de los panes, de la que hoy nos habla el Evangelio, nos presenta la comunidad de seguidores que experimentan hambre y sed y son saciados por el Señor. Así sucederá con todos los que seguimos al Señor. En Él encontraremos cobijo, alimento y el Amor y Misericordia que nos salva. Pero, necesitamos estar a su lado, seguirle y abrir nuestro corazón para recoger su Palabra y la Gracia de su Alimento espiritual: su Cuerpo y Sangre.

Es verdad, y esto está a simple vista, que nuestra aportación – panes y peces – no son suficiente para alimentar al mundo, y menos de la Gracia del Señor, pero es el Señor quien, por su Amor Misericordioso recoge nuestro pequeño esfuerzo para transformarlo en bien de todos hasta el infinito.

viernes, 25 de junio de 2021

SIN TU COLABORACIÓN NO HAY SALVACIÓN

Mt 8,1-4

Dios ha querido contar con tu colaboración y, para eso, te ha creado libre. No sucede así con los animales y demás seres vivientes. Ellos tienes sus funciones determinadas y carecen de esa capacidad - libertad - que les permite elegir. En cambio, tú, su criatura preferida y creada semejante a Él, ha sido dotada de libre albedrío para que pueda elegir libremente su camino a seguir.

Ahora, si sabemos algo seguro, además de nuestra muerte, es que Dios, nuestro Padre, quiere salvarnos. Lo prueba el envío de su Hijo - libre y por amor - a entregar su Vida para rescatarnos de la esclavitud de nuestro pecado. Pero, esa salvación, rescate y regalo gratuito de Dios, nos exige disponibilidad y colaboración. Y es ahí donde entra nuestra capacidad de elegir. Es decir, de ser creados libres.

Imaginemos por un momento que aquel leproso - el del Evangelio de hoy - bien por timidez, bien porque considera que Jesús no le va a oír, no alza su voz e insiste. ¿Qué hubiese sucedido? ¿Lo hubiese sanado Jesús? Sin embargo, vemos como el leproso insistió y buscó la manera de que Jesús le oyese. Es decir, se preocupó en poner de su parte lo necesario para acercarse a Jesús y suplicarle que le limpiase.

¿Y qué sucedió? Lo leemos en el Evangelio: En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio». 

Esa es la cuestión, hemos sido creados libres, no para quedarnos impasible y mirándole, sino para, libremente y voluntariamente, acercarnos, ponernos en sus Manos y dejar que la acción de su Espíritu nos limpie de la esclavitud de nuestros pecados.

miércoles, 27 de enero de 2021

¿ME ESFUERZO EN SER TIERRA BUENA?

 


Pienso que el Señor me hizo tierra buena, porque me ha creado para ser feliz y para amar. No lo puedo ver de otra manera, porque, de verlo de otra manera, llegaría a pensar que Dios no es del todo bueno. No se puede entender un Dios que no nos haya creado para amar, cuando el mismo nos ha dicho que nos ha creado a su imagen y semejanza. Si, indudablemente, Dios es un Padre Infinitamente bueno y nos ha creado para que seamos felices eternamente.

Ahora, ha convenido, porque así le ha parecido bien, que seamos libres y que podamos elegir creer en Él o rechazarle. Y esto ha sucedido desde el momento que el hombre quiso ser como Dios - pecado original - y fue desterrado a la tierra a ganarse el pan con el sudor de su frente y a ser protagonista de su propia elección. Creado libre para que pudiera elegir dar frutos de amor o dar frutos egoístas pensando en sí mismo.

La parábola del sembrador nos descubre esa posibilidad de convertir nuestro corazón en tierra buena y dar los frutos que, queramos o no, deseamos dar desde lo más profundo del corazón. Son frutos de amor que, amenazados por ese deseo del mal - pecado -  también cultivado en nuestro corazón, irrumpe en nuestra vida y nos inclina al mal y a apartarnos del amor de Dios.

Sin embargo, Dios no nos ha abandonado nunca, somos sus hijos y desea recuperarnos. Para eso ha enviado a su Hijo predilecto que nos enseña el Camino, la Verdad y la Vida para dar los buenos pasos y llegar a recuperar, por la Gracia y Mediación de su Hijo, nuestra dignidad perdida de hijos de Dios, alcanzando su Infinita Misericordia y gozar de y con Él la Gloria de Vida Eterna.

Conviene leer despacio y abiertos a la acción del Espíritu Santo este pasaje del Evangelio de - Marcos 4, 1-20 - y reflexionarlo aplicándolo a nuestra vida. ¿Qué tierra considero que soy? ¿Y cómo puedo revertirla para que bien abonada dé frutos? En tus manos está.

lunes, 6 de julio de 2020

ERES LIBRE, Y ESO TE HACE RESPONSABLE

Pin en Sagrada Escritura
Mt 9,18-26
Con frecuencia nos olvidamos de que somos libres, pero, quizás no entendemos bien lo que significa ser libre. Para muchos es, quizás, hacer lo que le viene en ganas o lo que le apetece y gusta. Para otros, no consiste en eso sino en hacer lo correcto y lo que es bueno para todos. Para mí, es buscar la verdad y la justicia, y eso concuerda con el amar, porque, cuando amas buscas siempre el bien del otro. Y el bien del otro será siempre la verdad, pues solo la verdad es lo bueno y lo justo.

Es casi un movimiento reflejo cuando hablamos: la verdad es que... Es una expresión que con mucha frecuencia oímos decir. Y es que a todos nos gusta y nos atrae la verdad. Porque, hemos sido creados para vivir en la verdad y esa capacidad nos la da nuestra libertad. Somos libres para manifestar y vivir en la verdad, que es la que hace feliz al hombre. 

Experimentamos que cuando no vivimos en la verdad, nuestra conciencia nos interpela y nos atormenta. Y es que, la mentira nos hace infelices y nos angustia. Por tanto, hemos sido creados para vivir en libertad y, esa libertad, Jesús quiere que la pongamos por obra y la utilicemos. Quizás, entre comillas, sea lo único que, por la Gracia de Dios, podamos dar libremente. Dios cuenta contigo y Jesús espera que tú te decidas y pongas en Él toda tu confianza y fe.

Así ocurrió con aquel personaje del que habla hoy el Evangelio y también con aquella mujer enferma de flujo de sangre. Ellos pusieron su capacidad de libertad, aún en contra de los prejuicios de su tiempo, sobre todo la mujer, cuya vida no tenía ningún valor. Es decir, si tanto el personaje como la mujer no dan el paso por buscar y encontrarse con Jesús, ¿hubiesen sido curados? Y, al respecto, ¿das tú también esos pasos por encontrarte con Jesús?

lunes, 10 de septiembre de 2018

EL AMOR, MOTOR DE NUESTRA VIDA

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Sólo por amor actuamos, pero, puede ocurrir que ese amor sea humano y sujeto a errores. Un amor egoísta sometido a la ambición, a la envidia, al beneficio propio, a la satisfacción del puro placer, a la búsqueda de tu propia vanidad y a muchas cosas más. Un amor que se aleja de la verdad y vive en la apariencia y en la mentira. Ese motor no es bueno y nos empuja a al mal y a la destrucción.

Necesitamos un amor diferente, una amor ágape como el del Padre. Jesús se mueve por amor, pero un amor unido al Padre y que sólo hace lo que ve al Padre. El Padre que sólo ama en la Verdad y es bondadoso y misericordioso. El Padre es libre y actúa libremente por verdadero amor. Él no necesita nada y menos de nosotros. Somos sus criaturas y nos ama por Voluntad propia buscando siempre nuestro bien. Jesús, asociado al Padre, actúa según la Voluntad del Padre y lo hace desde la libertad.

El amor nace desde la libertad. No se impone sino se propone, pero contagia y mueve a hacer otro tanto lo mismo. Eso descubre que todos queremos ser buenos y vivir en la verdad, pero, sometidos por nuestra naturaleza humana al pecado, somos tentados al mal, es decir, la envidia, el egoísmo, la vanidad, la soberbia...etc.

Pero, ¿qué ocurre?, que nos aferramos a la ley, muchas veces por envidia, por deseos de ser mejores que otros y aprovechamos sus debilidades para marcar nuestro territorio y demostrar que somos nosotros los que cumplimos y los que estamos más arriba. ¿No es lo importante servir?, pues la ley debe estar al servicio del hombre y todo lo que no sea para su bien debe ser modificado en su beneficio. Esa es la propuesta de Jesús, amar por encima de la ley, porque de lo que se trata es de curar y sanar al hombre.

Y esa es la misión de Jesús. Ha venido a manifestar a los hombres que Dios los ama y los quiere salvar, y les propone un plan de salvación que pasa por hacer su Voluntad. Una Voluntad que se concreta en amar sirviendo al hombre. Jesús no sólo nos lo dijo, sino que lo ha hecho y vivido cada día de su permanencia en este mundo. Y lo sigue haciendo a través de todos los que en Él permanecen injertado y viviendo en su Voluntad.

sábado, 17 de marzo de 2018

INTERPRETAN SEGÚN LES PARECE Y CONVIENE

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Jn 7,40-53
Todo en torno a la figura de Jesús se desarrolla en medio de confusión e ignorancia. Unos, porque no saben bien lo que dicen las Escrituras, y otros porque creen que Jesús es el verdadero Cristo. Y se forma un debate a favor y en contra, y algunos quisieron detenerle, pero nadie le echó mano. El lío estaba formado y la disensión situaba al Señor como debate y signo de contradicción entre los hombres. Ya lo había profetizado Simeón -Lc 2, 34- a María cuando fue presentado en el templo.

¿Qué decía Jesús, porque sus Palabras cosechaban asombro y admiración? A nadie dejaba indiferente hasta el punto que muchos quedaban impresionado de oírlo hablar. La respuesta de los guardias, que pretendían detener al Señor, centra la cuestión y nos muestra la fuerza de las palabras de Cristo: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre» (Jn 7,46).

Y esa reacción sólo se tiene cuando lo que se oye te toca el corazón y descubres que es la verdad. Esa Verdad que también está inscrita dentro de ti y al oírla quedas identificado con ella. Porque, tú sabes lo que es bueno, lo que es justo, y lo que tiene sentido común y conviene a la comunidad. Todos sabemos cuando mentimos, o cuando hacemos algo que realmente no está bien. Y, al parecer, por todo lo que se deduce en el Evangelio, las Palabras de Jesús, no sólo son hermosas, sino que hablan en Verdad.

Porque es la Verdad la que te hace libre de tus esclavitudes, de tus mentiras, de tus egoísmos, de todo aquello que te somete y te encadena. Y, realmente, Jesús es la Verdad, es el Camino y la Vida, y sus Palabras producen ese efecto en aquellos que le oyen y abren las puertas de sus corazones para dejarse liberar por ellas.

 Pero, también, es signo de contradicción en aquellos que se cierran a la verdad, a la caridad y misericordia; aquellos que esconden la justicia para otros y la falsean para beneficiarse. Ahí también encontraremos nosotros, los cristianos, la misma piedra de la contradicción, porque no actuamos como lo hace el mundo, sino buscando la justicia, la paz y la verdad injertados en Cristo.

domingo, 30 de junio de 2013

PRIMERO SER LIBRE Y LUEGO...

(Lc 9,51-62)


Se necesita liberarse para luego decidir a dónde quiero ir, porque siempre nuestra decisión está mediatizada por los apegos, intereses y esclavitudes. Una decisión auténtica pasa primero por ser libre. Y ser libre exige estar desapegado de todo aquello que nos pueda desviar de la verdad, la verdad que supone encontrar el camino que todos buscamos: "Ser felices y eternos".

Y este camino solo se encuentra en Jesús. Es un camino difícil, donde el perdón prioriza toda respuesta violenta y el amor es la brújula que nos orienta y nos acompaña en todo momento. No podemos estar en el camino con Jesús y pensando en otras cosas, porque son esas cosas las que en muchos momentos serán obstáculos para impedirnos amarle. Amarle en los hermanos y en las cosas que nuestro propio ambiente nos demande y nos exija.

Hemos pensado en regalarnos una tarde plácida, tranquila y nos disponemos a descansar y disfrutar de un ambiente distendido y placentero, pero de repente suena el teléfono o alguien se cuela en nuestra vida y sentimos que debemos atenderle y correr en su ayuda. ¡Se nos ha chafado la tarde! ¿Que elegimos? Le respondemos al Señor como en el Evangelio de hoy: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre» Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

 Sólo siendo libres podemos tratar de dar respuesta a la pregunta que Jesús nos hace hoy. Y ese don de ser libre pasa por agarrarnos a Él y abrir nuestro corazón para que el Señor, en el Espíritu Santo, nos libere esclavitudes y apegos.
de nuestras

lunes, 10 de diciembre de 2012

NO SE TRATA DE UNA SIMPLE CURACIÓN...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 17-26


sino que se trata de la salvación integral. Es decir, se trata de la curación del cuerpo y del alma, porque el cuerpo, tarde o temprano, tendrá que perecer, para muerto a la vida de este mundo, resucite a la vida gloriosa en la presencia de Dios para toda la eternidad.

Esa es la finalidad de Jesús, y la que no entienden aquellos contemporáneos suyos ni tampoco los hombres de este mundo que a mí me ha tocado vivir. Buscamos la vida, la felicidad, pero la buscamos dando rienda a nuestras apetencias, a nuestros placeres y a vivir bien sin mirar el lado del que sufre y es víctima de la explotación y las injusticias.

Nos preocupa primero nuestra vida y nuestra felicidad. Jesús hizo lo contrario, se preocupó primero por los demás que por sí mismo, hasta el punto de dar su vida. Ese compromiso de amor y según la Voluntad del Padre, le llevó a tratar de explicar y enseñar que lo primero es el arrepentimiento de nuestra indiferencia y egoísmo y luego el pan de cada día. Porque no solo de pan vive el hombre.

Se hace necesario reflexionar sobre ello, y pararnos a meditar sobre lo importante y primero en nuestra vida, porque podemos estar distraídos y dar más importancia a algo corrupto y perecedero y dejar de lado lo importante y eterno. Y es que aquel que pierde su vida la ganará para siempre.