| Mt 9, 14-17 |
En muchas ocasiones nos apartamos de otros porque no entendemos su manera de actuar. Estamos cerrados a las nuestras y todo lo que se realice de otra forma nos choca.
—¿Entiendes, Manuel —dijo Pedro— el porqué a muchos no les interesa lo que dicen y hacen otros?
Algo extrañado y, encogiéndose de hombros, Manuel respondió:
—Supongo que porque esas diferencias cuestionan las suyas. Cuando te ves diferente a otros, tratas de darle más importancia a lo tuyo…
Hizo un breve silencio y, convencido de lo que decía, argumentó:
—Creo que les cuesta reconocer que Dios también puede actuar de una manera distinta a la que ellos esperan.
Pedro, algo molesto, arremetió con agresividad:
—Pero la Ley insiste en la necesidad del ayuno, y…
Manuel con suavidad y ternura salió al paso:
—No se dan cuenta de que cuando el Novio, nuestro Señor Jesús, está entre nosotros, ¿qué necesidad tenemos de ayunar?…
Entonces, con decisión y firmeza, puso los ojos en Pedro y dijo:
—Esa es la cuestión. Admitir que Jesús es el Hijo de Dios, el esperado, y mientras está con nosotros no tiene sentido ayunar…
Hizo una pausa y, abriendo los brazos, agregó:
—De lo que tenemos que ayunar es de todo aquello que nos aparta del Señor.
Guardo un breve silencio y, abriendo los ojos para llamar la atención, concluyó:
—Porque Él nos ha prometido que estará con nosotros hasta el fin del mundo. De modo que ayunemos de todo aquello que nos impide amar misericordiosamente.
Pedro y sus compañeros guardaron silencio. Habían comprendido que, más que las reglas y las costumbres, lo importante era permanecer con el Señor.
Y es que está entre nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.
Tu comentario se hace importante y necesario.