viernes, 3 de julio de 2026

BIENAVENTURADOS LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO

Jn 20, 24-29

Nos cuesta creer en aquello que no hemos visto o experimentado. Ese modo de pensar estaba muy metido en el corazón de Andrés.

«Para creer en algo tengo que verlo y experimentarlo por mí mismo», se decía.

La realidad es que muchos son los que no creen hasta que han visto; sin embargo, la realidad nos dice que también hay muchos que, aun viendo, se resisten a creer.

Es el caso de quienes dejan que sus ideologías o intereses apaguen el sentido común. Incluso, conociendo el mal, miran para otro lado y permiten que se haga.

Andrés defendía a ultranza esa idea: Para creer, hay primero que ver.

Manuel, que le había oído hablar, le dijo:

—No siempre es necesario ver para creer. Cuando lo que te dicen viene de alguien cuya palabra tiene credibilidad, crees sin vacilaciones…

Guardó un breve silencio y añadió:

—¿Acaso si tu padre te dice algo no le crees?

Andrés movió la cabeza para otro lado, buscando donde refugiar su mirada. El corazón le había sobresaltado.

Manuel abrió la Biblia y señalando el evangelio de Juan 20, 24-29, dijo:

—Ocurrió cuando los discípulos estaban reunidos y faltaba Tomás. Habían experimentado la presencia de Jesús, y así se lo transmitían a Tomás…

Hizo una pausa, miró para Andrés y, con ternura, agregó:

—Pero Tomás no acepta el testimonio de los demás. 

Cerró la Biblia, bebió un poco de agua y dejó unos segundos de silencio para que todos reflexionaran.

—Por la Gracia de Dios recibió aquella segunda oportunidad y experimentó personalmente la presencia del Señor…

Suavemente y con paciencia concluyó:

—Su respuesta fue: Señor mío y Dios mío.

Y mirando para todos los allí reunidos, finalizó con estas palabras:

—Jesús termina diciendo: ¿Por qué me has visto, has creído? Bienaventurados los que creen sin haber visto.

Muchos son los que han visto y no creen. Es más, siguen encerrados en sus ideas. 

Ya ocurrió en tiempos de Jesús: muchos vieron sus milagros, e incluso tuvieron noticia de su resurrección, y aun así no se abrieron a la fe. Y hoy continúa sucediendo lo mismo.

Bienaventurados los que creen sin necesidad de haber visto. Bienaventurados aquellos que se fían de la Palabra de Dios.

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