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sábado, 8 de agosto de 2026

CUESTIÓN DE VÍNCULO

Mt 17, 14-20

Las situaciones límites nos sorprenden y nos mueven a hacer cosas insospechadas o que nunca habíamos imaginado.  Incluso, descubrimos cosas que jamás habíamos pensado realizar.

De esta manera, Manuel hablaba a sus amigos tertulianos en la terraza de Santiago.

—Hay gente que, independientemente de lo que crea, busca la ayuda de alguien del que espera recibir la solución de su problema.

Abrió la Biblia y, aludiendo al evangelio de Mateo 17, 14-20, comentó:

—Se acercó un hombre a Jesús, pidiéndole de rodillas que tuviera compasión de su hijo. Se lo había traído a sus discípulos y no habían sido capaces de curarlo.

Cerró la Biblia y con firmeza dijo:

—Jesús les reprocha su poca fe. Y les dice que si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría.

Hizo una pausa y añadió:

—Nada nos sería imposible con Él.

Hay mucha gente buena, generosa, de buenos sentimientos y solidaridad. Pero eso no significa que sea cristiana, incluso aun estando bautizada y siendo religiosa.

Porque ser cristiano no es ante todo aceptar una cultura, con los valores que la acompañan, sino acoger y custodiar un vínculo: un vínculo entre Dios y cada uno de nosotros, entre mi persona y el rostro amable de Jesús. 

La fe no consiste principalmente en tener mucha fuerza o muchos valores, sino en vivir unidos a Cristo.

Este vínculo es el que nos hace ser cristianos (Papa Francisco 01/05/2024).

La experiencia nos descubre nuestra incapacidad y nos ayuda a reconocer que nuestra fe es todavía incipiente.

También, por otro lado, eso debe ayudarnos a mirarnos con humildad y a situarnos en nuestro lugar de pequeñez y pecadores. Y a sostenernos en la esperanza de que con Él nada nos será imposible.

martes, 21 de julio de 2026

MÁS ALLÁ DEL VÍNCULO DE SANGRE

Mt 12, 46-50

Sebastián consideraba que la sociedad era el resultado de muchas familias y que, como consecuencia, surgían los pueblos.

—Somos seres en relación —dijo— con la mirada puesta en Manuel. No se concibe al ser humano individualmente…

Y sin dejar de mirarle, le preguntó.

—¿Qué piensas al respecto? ¿Crees que el hombre puede vivir sin relacionarse?

Manuel, sin apenas inmutarse y muy seguro de sí mismo, respondió.

—El hombre ha sido creado para amar. Y el amor implica relación. De ahí que su vida se inicie en una familia y durante muchos años dependa de ella…

Hizo una pausa, tomó la Biblia y dijo.

—Ese es el ámbito donde el ser humano se desarrolla, aprende a convivir y, sobre todo, a amar. Y a distinguir lo bueno de lo malo…

Entonces, abrió el evangelio de Mateo 12, 46-50, y leyó:

—En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo»

Al terminar de leerlo, comentó.

—Jesús amplía el concepto de familia hacia la fraternidad: «Estos son mi madre y mis hermanos».

Vino a la memoria de muchos la llamada a la relación con los demás que nace en la familia y en todos los que la rodean.

Todos los presentes entendieron que la relación fraternal va más allá de los vínculos de sangre.

Es evidente que la solución que el mundo busca no depende únicamente de pactos y acuerdos, sino, sobre todo, de la conciencia de que estamos unidos por un vínculo de amor que trasciende razas, culturas y fronteras.

martes, 28 de enero de 2025

UN NUEVO VÍNCULO DE HERMANDAD

Hay una unión más grande y fuerte que la propia de los vínculos de sangre. Es evidente que en este mundo nos unen y forman la familia el vínculo de la sangre. Pero, por encima de ese vínculo de sangre está el vinculo de la fe. Fe un un solo Padre que nos crea y nos ama con misericordia infinita.

Somos hermanos en la fe unidos en la Voluntad del Padre. Un Padre que nos ama y nos libera de la esclavitud del pecado, que nos separa de Él, perdonándonos con su infinita misericordia. Por eso, por encima del vínculo de sangre, no une el vínculo de la fe en un mismo Padre, creador del Cielo y de la tierra, del hombre y todo lo que ella contiene.

Y es allá, en el otro mundo, donde estaremos unidos todos como hermanos bajo la Voluntad y Amor de un solo y mismo Padre.

martes, 24 de septiembre de 2024

UNA ESCUCHA HASTA LO MÁS PROFUNDO DEL CORAZÓN

Todo palabra que se escucha abierto a que llegue al corazón, cambia, transforma y da un giro nuevo a tu vida. Porque, cuando la palabra escuchada penetra hasta lo más profundo de tu corazón, tu vida se revuelve, se inquieta, se mueve y trasciende más allá de lo que está delante de sus ojos.

Jesús propone romper barreras que limiten tu libertad. Propone caminos de riesgos que exijan perdón, misericordia y abiertos a la libertad. Propone límites insospechados e imprevisibles que rompan con toda tradición, costumbre, propuestas y razonamientos humanos que nos encorsetan y nos limitan hasta el punto de que nos ven como fuera de sí o locos.

Jesús vivió esa experiencia de verse tomado como alguien fuera de sí. Y, efectivamente, esa era su actitud, la de Alguien que ha venido para sacarnos de nuestras comodidades instaladas en lo establecido, en la tradición, en la costumbre y en el placer de permanecer inmóvil en la seguridad de quienes no caminan a lo nuevo, a la novedad del amor misericordioso que nos anuncia Jesús.

Y no es escuchado, ni se le entiende. Incluso por sus propios familiares. Y es que sólo aquellos que conectan con Él y con su Palabra, pueden llegar a ser su padre, madre, hermanos…etc.

jueves, 12 de octubre de 2023

VÍNCULOS RENOVADOS EN UNA NUEVA FRATERNIDAD

Los vínculos de sangre siempre están ahí uniéndonos por ese «ADN» genético que nos relaciona y une como hermanos o familia. Sin embargo, desde el principio estamos unidos más fuertemente con el Vínculo fraterno espiritual, materializado en el bautismo, que nos da esa Dignidad de ser hijos de Dios y, en consecuencia, hermanos en Xto. Jesús, nuestro Hermano mayor.

María, la Madre de Dios, vivió en esa línea de espiritualidad y de renovación hasta el punto de irse viendo como Madre, pero también como Hermana por la Gracia de Dios, de todos aquellos que a su vera iban construyendo ese camino eclesial según las instrucciones y mandatos de su Hijo, nuestro Señor.

Las palabras de Jesús en este pasaje evangélico de hoy nos descubre y nos revela esa otra y nueva dimensión de la fraternidad que nos une al seguir y vivir en la Voluntad de nuestro Señor Jesús:  Lucas 11, 27-28 Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».

Y, María, su Madre recoge el testigo y es la primera que vive y cumple su Palabra. María es Madre y Hermana porque oye su Palabra y la lleva a su Vida cumpliéndola según la Voluntad de Dios. Ella es la primera, la que confía pacientemente y la que no desfallece. Se sostiene firme hasta el extremo de permanecer fiel al pie de la Cruz. María, Madre y Hermana, enséñanos a permanecer fieles y firmes hasta el último momento de nuestra vida y cruz.

martes, 26 de septiembre de 2023

¿VÍNCULOS DE SANGRE O DE AMOR?

El Evangelio de hoy deja meridianamente claro que el vínculo con Jesús no es tanto el de sangre sino el del amor. Un amor nacido desde la escucha de su Palabra y materializado en el compromiso con los demás, sobre todo los necesitados y más pobres. A la llamada de que su Madre y hermanos le buscan, Jesús responde: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

La Palabra de Jesús es Palabra de Dios y va dirigida a cada uno de nosotros, a todo el universo, a toda criatura porque todos han sido creados por Dios. Por lo tanto, el Evangelio, Palabra de Dios, ha sido escrito para ti y si tienes la oportunidad de leerlo debes escuchar esa Palabra y ponerla en práctica en tu vida. Otra cosa que no tengas esa posibilidad de conocerla y leerla y no la conozca. Cada cual sabe realmente cuan es su situación y las posibilidades que tiene de conocerla, leerla, escucharla y llevarla a su vida. Y cada cual responderá de esa su responsabilidad ante Dios.

El verdadero vínculo está en eso, en conocer la Palabra de Dios y llevarla a tu vida. En eso se identifican su Madre y sus hermanos, escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Y es su Madre, también nuestra Madre, la primera discípula y el primer testimonio de escucha y cumplimiento de la Palabra de Dios. Y, aprovechando su maternidad de Madre queremos mirarnos en ella y tratar de imitarle en la escucha y cumplimiento atento y comprometido en cada día de nuestra vida.

Ese es el camino, el reto de cada día, empezar de nuevo desde la Palabra de Dios, su escucha atenta y, asistidos en el Espíritu Santo, esforzarnos en llevarla a nuestra vida de cada día sabiendo que el Señor camina y está con nosotros.

martes, 19 de julio de 2022

VÍNCULOS DE SANGRE Y ESPÍRITU

Por encima del vínculo de sangre está el vínculo espiritual. Un vínculo más fuerte y que enlaza y une espiritualmente desde el amor misericordioso en una misma fe. Un vínculo que nos hermana más fuertemente que el de sangre. Somos hermanos en Xto. Jesús por el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios que nos acoge, acepta y perdona por los méritos de la Pasión y Muerte de su Hijo.

Es verdad que en la familia – vínculos de sangre – crecen esos valores de unidad y amor misericordioso que se acrecientan y maduran trascendiendo por la fe y el amor más allá de la familia. Es innegable e indudable que todo aquel que cumple y vive en el amor misericordioso está vinculado espiritualmente con Jesús. Es como nos dice Él en el Evangelio de hoy: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Sin lugar a duda, el mayor vínculo es el del amor. Un amor misericordioso capaz de darse hasta el extremo, y de forma incondicional y gratuita, hasta la muerte.

―¿Qué piensas al respecto, Pedro? ―preguntó Manuel.

―Creo que el amor establece un vínculo más fuerte que el de la sangre.

―Evidentemente ―respondió Manuel. Hay familias rotas, separadas y enfrentadas sin posibilidad de entenderse o perdonarse. En cambio, cuando está por medió el vínculo espiritual – amor misericordioso por la fe en Jesús – todo se mira de otra manera. Y, aunque haya conflictos siempre hay esperanzas de misericordia y perdón.

―Sí, estoy de acuerdo ―concluyó Pedro.

No cabe ninguna duda, si el mundo estuviese unido y fundamentado en el amor misericordioso, al estilo de Jesús, todo se vería de otra manera. Y las cosas sería de otra manera. ¿No lo creen así?

martes, 20 de julio de 2021

MÁS QUE HERMANOS DE SANGRE

 

La relación que Dios nos pide está injertada e implícita en el amor. Es el amor lo que nos une y nos hermana, y ese es el sentido que Jesús antepone a su Madre. No se trata de rechazo ni de trato despectivo, sino de dejar claro que nuestra relación con nuestro Padre Dios es una relación de amor verdadero. Creados por amor estamos llamados y destinados a amarnos.

Desde esa perspectiva se entiende la respuesta de Jesús a quienes le avisan de que su Madre y hermanos quieren hablarte: En aquel tiempo, mientras Jesús estaba hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: « ¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte». Pero Él respondió al que se lo decía: « ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre». 

La relación con nuestro Padre Dios está por encima de cualquier relación de sangre. Dios nos ha creado por amor y por amor nos ofrece esa Buena Noticia, en el Hijo, de salvación. Por tanto, nuestra relación de sangre es importante, pero, por encima de ella está nuestra relación de fe. Fe en seguir y vivir la Palabra de Dios. Y Jesús - Dios encarnado - aprovecha para dejar claro que los hermanos son los más próximos en la fe y en los que abren su corazón a ella. De ahí en reconocernos hermanos en la fe y de esforzarnos en amarnos como Dios nos ama.

Partiendo de esa premisa, María es la primera hermana en la fe, pues fue ella quien acepta la Voluntad del Padre y se ofrece como su esclava: Hágase su Voluntad. Las Palabras de su Hijo, nuestro Señor, la engrandecen y la exaltan, pues es ella su primera Madre y hermana en la fe.

martes, 21 de julio de 2020

VÍNCULOS DE SANGRE - PARENTESCO ESPIRITUAL

Mateo 12, 46-50 | Evangelio del dia, La voluntad, Evangelio
Mt 12,46-50

Conocemos un parentesco que nos viene dado por vínculos de sangre y que constituyen nuestra familia natural. Sin embargo, por circunstancias de la vida, hay muchos parentescos que vienen constituidos, no por vínculos de sangre, sino por otras relaciones que la vida misma se encarga de unirlos en el vínculo familiar.

Desde el punto de vista espiritual hay un parentesco muy fuerte, que incluso supera al sanguíneo. Todos venimos al mundo dentro de un contexto familiar, al menos así ha sido pensado y dispuesto por Dios, que hace que tengamos una familia unida por vínculos sanguíneos. El hombre, rompiendo ya esa disposición de Dios, ha alterado esas relaciones, rompiendo la familia y alterando el orden natural de la misma. Sin embargo, lo más frecuente es lo más natural, la familia humana unida por vínculos de sangre.

Hoy, en el Evangelio, Jesús nos habla de unos vínculos diferentes y, quizás, mucho más fuerte que los propios vínculos sanguíneos. Se trata del parentesco espiritual. Porque, todos los que, por la fe, tratamos de adaptar nuestra vida a la Voluntad de Dios, conformándola y siguiendo sus enseñanzas y mandatos con sumisa, libre y total obediencia, constituimos una relación fraternal de hermanos, hermanas, padres, madres...etc. 

Porque, Jesús lo explica y enseña con claridad meridiana: « ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Supongo que cada cual puede y piensa libremente lo que entienda o quiera, pero, la más grande unidad está bendecida por el amor. Un amor que es el mandato que Dios, nuestro Padre común, nos revela en su Hijo Jesucristo. Por eso, viviendo en esa obediencia y Voluntad del Padre, todos somos hermanos.

martes, 28 de enero de 2020

VÍNCULOS DE SANGRE Y DE FE

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Mc 3,31-35
El hombre viene relacionado por vínculos de sangre. Si pedir permiso nacemos en una familia. Una familia que hoy muchos no valoran y quieren destruir en esta sociedad en la que vivimos. La familia no es algo que se nos ha dado socialmente ni por una especial forma de pensar y sentir. La familia es algo natural que nace desde el corazón del hombre, ser racional y en relación que necesita amar y, por ello, relacionarse.

Pero, es que el hombre necesita a la familia porque es consecuencia del amor entre un hombre y una mujer. La naturaleza así lo ha querido y de esa relación sexual nace un nuevo ser, que necesita el calor y el amor de sus progenitores formando una familia. Son vínculos de sangre que unen fuertemente a las personas y las relacionan entre sí. Sin embargo, hay un vínculo más fuerte que la sangre, la fe. 

Por la fe, las personas se experimentan unidas de forma espiritual y estrechamente relacionadas en el amor. Una unión que las une de forma plena hasta incluso estar dispuestas a darse, por verdadero amor, hasta el extremo de entregar sus vidas. Un amor que busca el bien, la justicia y la verdad como eslabón de su unidad por encima de todo. Un amor que les vincula como hermanos, hermanas, padre o madre. 

Un amor que Jesús expresó de esta forma: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

sábado, 12 de octubre de 2019

VÍNCULOS DE SANGRE

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Lc 11,27-28
Los vínculos de sangre unen a las personas en familias y grupos. Incluso, hay vínculos de raza, de ideas y pensamientos, de ideologías y todo aquello que les identifica y les agrupa. Pero, al mismo tiempo, esos vínculos excluyen también a aquellos que no son de la misma sangre, o piensan diferente, o pertenecen a otra ras, pensamiento o ideología. Los vínculos unen pero también excluyen. Dicho en otras palabras, los vínculos de cualquier tipo no son lo suficiente fuertes para mantener unidas a las personas y tienden a individualizarlas en grupos, familias y etnias diferentes y hasta enfrentadas.

Posiblemente, ahí se esconde la respuesta de Jesús a esa mujer que le dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» A lo que Jesús respondió: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».

Y es que la Palabra de Dios viene a unir y a establece la misma dignidad de hijos de Dios en todos, sin distinción de ninguna clase. Para Dios todos son sus hijos por encima de los vínculos de sangre, de familias, de razas, de etnias, de ideologías...etc. Dios, nuestro Padre, no excluye a nadie. Precisamente, sus preferidos son los excluidos, los pobres, los marginados, los que no cuenta y los que no parecen importantes ni significativo para nadie. Por ellos empieza su Reino y, sin excluir a nadie, está abierto a todos, a ricos y pobres.

Nos propone estar unidos, como el Padre y Él lo están. Por eso, Jesús prioriza la escucha y el cumplimiento de la Palabra ante que cualquier clase de vínculo, incluido el de sangre. Y en sus Palabras se esconden el más hermoso de los piropos a su Madre, porque en ella se cumple lo que Jesús dice. Es ella la primera que se humilla y abre su corazón al Plan de Dios ofreciéndose como la esclava del Señor para que se haga su Voluntad. Es la bienaventurada por excelencia.

Pero, ¿qué ocurrirá ahora en nuestra vida? Posiblemente, estaremos de acuerdo con Jesús, pero, ¿quiere significar eso que cambiará nuestra actitud en cuento se refiere a escuchar la Palabra y esforzarnos en cumplirla? Porque, esa es la cuestión y la conclusión que nos demanda esta reflexión. Puede suceder que la leamos, incluso que la reflexiónemos, pero, si no es para llevarla a nuestra vida y cumplirla no seremos bienaventurados como ha dicho el Señor a aquella mujer.

martes, 24 de septiembre de 2019

SANGRE Y VÍNCULOS

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Lc 8,19-21
Nos llama la atención oír como muchos cristianos, sobre todo los que están integrados en comunidades específicas, se llaman hermanos. Nos extraña y nos tienta la risa e incluso el ridículo. Nos suena a falsa e hipocresía por un lado, pero, por otro, quizás sea una reacción a que nos interpela en lo más profundo de nuestro ser y nos descubre nuestra incoherencia respecto a nuestra fe y a esa hermosa oración que rezamos todos los días, el Padrenuestro. Porque, si somos de los que rezamos el Padrenuestro, ¿no nos confesamos hijos de un mismo Padre y, por supuesto, hermanados por el vínculos de la fe? La clave es creerlo. Por lo tanto, las dudas o rechazos nos molestan cuando escuchamos con alegría confesarlo a otros. 

Jesús, al ser avisado de que su Madre y hermanos le buscaban, exclamó: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen». Todos sabemos que venimos a este mundo en familia y nacemos relacionados donde hemos nacidos. Nadie nos ha pedido permiso ni ha contado con nosotros, sino que nacemos en el lugar que nos ha tocado nacer. Ahora, en estos tiempos modernos, algo ha cambiado y, al parecer, se pretende cambiar la ley natural. Muchos son hijos del laboratorio y de los avances científicos que, sin ninguna autoridad manipulan la vida y amenazan con destruirla. 

Pero, dejamos este tema para otro momento y nos introducimos en los vínculos humanos que nos hermanan por la sangre, pero que no por ello establecen siempre una fraternidad desapegada de egoísmos y apoyada en la disponibilidad generosa. De hecho, percibimos muchas familias rotas y desestructuradas que incluso llegan a enfrentarse. Sin embargo, Jesús aprovecha ese momento para establecer verdadero vínculo espiritual desde la fe. Somos hermanos porque nos une la fe en un mismo Padre y, porque, su Amor, nos relaciona amorosamente hasta el punto que es ese amor mutuo el que nos salva.

Es decir, se trata de que si no llegamos a considerarnos hermanos en el mas sentido estricto de la palabra no hemos entendido ni comprendido nada del Mensaje del Señor.

martes, 23 de enero de 2018

UNIDOS POR EL AMOR

La familia genera vínculos de sangre y eso, sin lugar a duda, une y ata. Las familias están unidas por vínculos de sangre, pero ese vínculo no es definitivo. Es verdad que realiza una fuerte atracción de unidad, pero no es suficiente. Hay familias rotas, a pesar de los vínculos, por la soberbia, por la envidia, por la ambición y el poder. Y eso enfrenta a sus miembros hasta tal punto que llegan al extremo opuesto, es decir, a odiarse hasta la muerte.

La historia se ha encargado de descubrir esta realidad y es muy frecuente ver a hermanos y familiares separados. Esto significa que los vínculos no son suficientes. Se necesita algo más, algo mucho más fuerte y poderoso. Y eso sólo es el amor. El amor nos mantiene, a pesar de las diferencias y pensamientos, unidos. Actúa como el pegue que nos sostiene unidos y que nos ayuda a superar todas nuestras apetencias e ideas diferentes. Nos hace humildes y nos fortalece hasta el punto de superar nuestras inclinaciones y deseos impuros y llenos de ambiciones.

Es ese el sentido que Jesús, en el Evangelio de hoy, le da a esa llamada que le envía su Madre y familiares. Se detiene en pensar que no son los vínculos de sangre lo que hacen su familia, sino todos aquellos que cumplen la Voluntad de su Padre. Deja muy claro que el vínculo fundamental que le une con su Madre es hacer la Voluntad de Dios. Y esa fue la opción que eligió María, su Madre, al ser anunciada por el Ángel Gabriel que había sido elegida para ser la Madre del Hijo de Dios.

Sus palabras fuero someterse humildemente a la Voluntad de Dios, porque para ser la Madre del Hijo, primero es hacer la Voluntad del Padre. También nosotros tendremos que elegir entre, hacer nuestra voluntad o hacer la Voluntad del Padre. Realmente, ese es el reto. Si queremos ser hermano de Jesús tendremos que decidir en hacer mi voluntad o hacer la del Padre. Y yo, Señor, quiero ser tu hermano, por eso, te pido que me ayudes a hacer la Voluntad de tu Padre.

martes, 26 de septiembre de 2017

EL INTERÉS DE ACERCARSE

Lc 8,19-21
A la hora de escuchar, puede ocurrir que no estemos lo suficientemente cerca. Estar cerca es imprescindible para poder escuchar. Y el hecho de acercarse exige movimiento, camino y esfuerzo, que a veces no son lo suficientes para lograr acercarse. Pero, la actitud del intento y la disponibilidad terminan por conseguir lo que se proponen.

Escuchar la Palabra presupone ponerla en acción, porque sin llevarla a cabo, la escucha pierde todo su valor. Y no hay otra forma de emparentarse con Jesús que esa. El vínculo que nos une con Él es el cumplimiento de la Voluntad de Dios. Por tanto, se trata de escuchar y poner en práctica lo escuchado. Así de claro lo dice Jesús: En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

A simple vista, parece que Jesús deja en mal lugar a su propia Madre, pero no es así. Ocurre todo lo contrario, porque es su Madre la primera que cumple la Voluntad de Dios. Su presencia nos descubre esto que decimos. Ella, María, la Madre de Jesús, obedece la elección de Dios para que sea la Madre de su Hijo. Se ofrece confiada en el Señor; acepta sin temor el dolor y sufrimientos que tal misión le supone, y, por su Sí decidido, Jesús está presente entre lo hombres diciendo lo que narra el Evangelio de hoy. Por lo tanto, lejos de ser un reproche a María, su Madre, es un hermoso piropo y elogio.

El Señor nos alecciona a darnos cuenta que la Palabra de Dios no sólo es escucharla, sino también hacerla vida en nuestras vidas. Necesitamos romper las barreras que nos separan de la escucha atenta de la Palabra y acercarnos, venciendo las dificultades, para escucharla y vivirla. Podemos reflexionar y preguntarnos, ¿qué tiempo dedico a reflexionar la Palabra de Dios?