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sábado, 22 de enero de 2022

ASEDIADO POR EL GENTÍO

 

El Evangelio de Marcos resalta como el gentío buscaba desesperado a Jesús. Su fama de curar toda enfermedad, expulsar espíritus inmundos, sanar leprosos, devolver la vista y, sobre todo la vida, llevo al mundo de su época a asediarle hasta el punto de que no le dejaban ni tiempo para comer. Así lo describe Marcos en su Evangelio: (Mc 3,20-21): En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer.

Ante tal atropello, su familia – preocupada por la seguridad de Jesús – entiende que su Vida corre cierta amenaza y peligro, y tratan de disuadirle. Le busca para que se retire y se aparte de ese compromiso que Él anuncia con tanto empeño y, dando muestras aparente de estar fuera de sí. Es evidente que no le entendían. Y hoy, sigue sucediendo lo mismo. Muchos no le entienden, y otros no le siguen porque eso les complican sus vidas. Sería bueno y conveniente reflexionar sobre nuestra propia postura. ¿Dónde nos encontramos nosotros? ¿Estamos también nosotros dispuestos hasta el extremo de entregar nuestra vida?

La actitud de Jesús, por la acción del Espíritu Santo, que dirige a su Iglesia – Colegio Apostólico – sabemos cuál ha sido. Su compromiso de Amor, enviado, y libremente aceptado, por su Padre, ha sido el de anunciar la Buena Noticia. Una Noticia donde el Amor es el centro de la vida que vive en la verdad y la justicia. Un Amor que nos salva por la Infinita Misericordia de Dios que, en Jesús, tiene su mayor expresión y compromiso. Jesús conoce y sabe cuál es su camino y no desiste. Está entregado a cumplir la Voluntad del Padre hasta el extremo de entregar su propia Vida. Y, por sus Méritos – Pasión, Muerte y Resurrección, gana para nosotros la Gloria de la Vida Eterna junto al Padre.

sábado, 9 de enero de 2021

NO TEMAMOS, JESÚS ESTÁ CON NOSOTROS

Nos preocupan muchas cosas que están sucediendo a nuestro derredor y a nivel internacional. La pandemia, la economía, las migraciones y la política. Estos factores, que se interrelacionan, están afectando al ser humano.

Las consecuencias afectan a la familia y a la propia identidad de la persona humana. Son tempestades que nos asustan y nos llenan de miedo y pavor no nos damos cuenta de que el Señor para por nuestro lado.

No perdamos la esperanza y confiemos en que el Señor amainará los vientos y calmará las tempestades. Rememos confiados en la presencia del Señor que ve como se levantan los vientos de las ideologías que atentan contra la identidad de la familia - célula de la sociedad - y la fe de los pueblos. El Señor calmará esos vientos que atentan contra la verdad, la justicia y el amor sometiéndolos bajo su Poder.

El Señor, que es el Camino, la Verdad y la Vida traerá la justicia y conducirá la barca de nuestras vidas por el camino de la concordia  y del amor fraterno.

domingo, 27 de diciembre de 2020

LA FAMILIA

Hoy corren tiempos contrarios a la familia. Da la sensación que la familia molesta y que destruirla es prioritario para algunos poderosos que pretender aislar a sus integrantes e individualizarlos. Es decir, romper la familia y aislar a sus miembros. Sin lugar a duda, la familia es la célula y el fundamento de la sociedad. Sin familias no hay pueblos, y si la familia va bien, también van bien la sociedad y la Iglesia. Y eso es lo que molesta a muchos, la Iglesia.

Destruir la Iglesia pasa por destruir la familia - Iglesia doméstica - que congregadas y unidas formal la Iglesia. O dicho de otra forma: La Iglesia es la reunión de las familias en torno al Altar donde se ofrece Cristo - el Señor - por y para la redención y salvación de todos los hombres. Y es, precisamente, en la familia donde se aprende a ser persona. Persona libre, humilde, solidaria, generosa, abierta al bien y al perdón. Persona capaz de compartir, de servir y de sacrificio. Persona que vive en la verdad y en el respeto al otro y que entiende que la misericordia es la clave del amor y la unidad.

No hay otra escuela donde se pueda educar, porque la escuela tradicional es la que se encarga de enseñar conocimientos, pero es solamente en la familia donde se educa. Y lo hacen los padres según sus convicciones y credos. Y claro, ahí aparece la Iglesia que anuncia la Buena Noticia de salvación y nos descubre que Dios es un Padre bueno que nos ama y nos salva. Y eso parece que a muchos no le gusta.

Jesús vivió esa experiencia familiar. Pasó sus primeros años hasta su madurez bajo la potestad de José y María - Sagrada Familia -  y en el Evangelio de Lucas se nos dice: El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

martes, 28 de enero de 2020

VÍNCULOS DE SANGRE Y DE FE

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Mc 3,31-35
El hombre viene relacionado por vínculos de sangre. Si pedir permiso nacemos en una familia. Una familia que hoy muchos no valoran y quieren destruir en esta sociedad en la que vivimos. La familia no es algo que se nos ha dado socialmente ni por una especial forma de pensar y sentir. La familia es algo natural que nace desde el corazón del hombre, ser racional y en relación que necesita amar y, por ello, relacionarse.

Pero, es que el hombre necesita a la familia porque es consecuencia del amor entre un hombre y una mujer. La naturaleza así lo ha querido y de esa relación sexual nace un nuevo ser, que necesita el calor y el amor de sus progenitores formando una familia. Son vínculos de sangre que unen fuertemente a las personas y las relacionan entre sí. Sin embargo, hay un vínculo más fuerte que la sangre, la fe. 

Por la fe, las personas se experimentan unidas de forma espiritual y estrechamente relacionadas en el amor. Una unión que las une de forma plena hasta incluso estar dispuestas a darse, por verdadero amor, hasta el extremo de entregar sus vidas. Un amor que busca el bien, la justicia y la verdad como eslabón de su unidad por encima de todo. Un amor que les vincula como hermanos, hermanas, padre o madre. 

Un amor que Jesús expresó de esta forma: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

domingo, 30 de diciembre de 2018

LA FAMILIA, CUNA DE LA EDUCACIÓN

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Lc 2,41-52
Todo lo que se aprende en familia emerge a lo largo de la vida de sus miembros. Es posible que también la sociedad, desde la cultura de su propio entorno y ambiente tenga también parte de influencia, pero es en la familia donde realmente se afirma la personalidad, las virtudes y los criterios que regirán tu vida a lo largo de todo el camino.

Jesús tuvo unos buenos referentes en sus padres. No obstante, ambos habían sido elegidos por Dios para que acompañaran a Jesús hasta el momento de su vida pública. Y José y María tuvieron su importante papel en la formación religiosa de Jesús. El Evangelio de hoy nos habla de la fiesta de la Pascua, donde solían ir cada año los padres de Jesús. Y allí sucede que: al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Esta actitud de los padres que acuden en busca de Jesús nos puede servir de luz y guía para preguntarnos también nosotros si realmente buscamos a Jesús con ese afán e inquietud por encontrarlo. Es verdad que son sus padres, pero, para nosotros es nuestra salvación y dependerá de que lo encontremos para conseguirla. En Él están todas nuestras esperanzas y, desde esa perspectiva, nuestra búsqueda debe ser constante y perseverante.

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

Quizás a nosotros nos cueste más de tres días encontrarle, y también, posiblemente, no le entendamos muchas cosas de las que nos dice, pero, a pesar de ello, igual que María y José, debemos ser perseverantes, confiar y seguirle. Él no nos engaña ni nos defrauda. Es el Señor y nos lo ha demostrado, en eso llevamos ventaja, entregando su Vida y muriendo por amor a todos nosotros.

martes, 25 de septiembre de 2018

HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE

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Lc 8,19-21
Hay momentos que no tenemos ganas de hacer nada y que, de hacerlos, necesitamos mucha voluntad e ir contra corriente. Es decir, sobreponernos a nuestra pereza, desgana, caprichos, apetencias y egoísmos para hacer eso que nos cuesta y que es nuestro compromiso dentro de la familia, de la comunidad o del trabajo.

La Voluntad de Dios está siempre relacionada con el bien, porque Dios no puede hacer nada malo. Y el bien en relación con los demás, con los más próximos, sobre todo con los débiles y pobres que más lo necesitan. Así nos lo enseña Jesús y nos lo aclara cuando le anunciaron:  «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

Nos incluye a todos los que nos esforzamos en cumplir la Voluntad de Dios. Una Voluntad que Jesús, con su vida y sus obras, nos la descubre y enseña. Y pareciendo que deja a su Madre y familiares algo desconcertados no es así. Todo lo contrario, su Madre es la primera, porque ella cumple la Voluntad de Dios. Ella es la sierva que se humilla y abre su corazón y su seno para que el Hijo de Dios more en él y tome la naturaleza humana.

Jesús nos enseña que por encima de los vínculos de sangre, que existen entre las familias, hay un vínculo más fuerte por encima de todos y que se extiende a todos, la Vida de la Gracia, donde también están incluidos sus familiares y de manera especial su Madre.

viernes, 17 de agosto de 2018

EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

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Mt 19,3-12

A la hora de plantearnos el matrimonio planteamos también primero nuestros proyectos y nuestros planes. Y, ¿cuáles son nuestros proyectos y nuestros planes? Sin lugar a duda que ahí entran en gran medida nuestras apetencias y apetitos y nuestros intereses. Entre otras cosas porque no podemos separarnos de nuestra naturaleza humana, carnal, egoísta, débil y pecadora. Estamos sometidos y esclavizados a nuestras tendencias e inclinaciones puramente carnales y humanas. Liberarnos no es cosa que podamos hacerlo nosotros solamente.

Y si queremos satisfacer nuestras pasiones y gustos a nuestra manera y según nuestra humanidad lo lógico y de sentido común es que caigamos en el error. Para botón de muestra la realidad que nos rodea, infinidad de matrimonios en crisis y separados. Por lo tanto, lo primero es escuchar lo que Jesús dice al respecto cuando le pregunta aquellos fariseos: 

«¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?». Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre». Supongo que todo queda meridianamente claro. Otra cosa es que yo quiera organizar mi vida a mi manera y a mis gustos. Que no son los gustos del Señor, y, por lo tanto, lo que no nos conviene. Porque, ¿quién sabe lo que mejor conviene al hombre? Desde ahí medimos nuestra fe.

El hombre sigue empeñado en hacer las cosas a su manera y no se calla. Vuelve a preguntar a Jesús y a echarle en cara lo que les había permitido Moisés: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?». Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no hablo de unión ilegítima- y se case con otra, comete adulterio».

El plan de Dios está claramente definido y el matrimonio es el núcleo donde el amor se hace visible y necesario, pues sin amor - ágape - no se puede alcanzar la máxima expresión de felicidad y gozo eterno. En eso manifestamos y descubrimos que somos semejante al Señor, en el amor. Y es el amor lo que realmente florece la vida y la convivencia en paz y verdad entre los hombres.

domingo, 31 de diciembre de 2017

PRESENTACIÓN DE JESÚS

Hoy, el Evangelio, nos habla de la presentación de Jesús en el Templo. Así lo manda la Ley de Moisés y así lo cumple José y María, la Sagrada familia. Conocemos la historia y lo que sucedió en esa presentación en el Templo. Estos últimos días el Evangelio nos ha hablado de eso. Pero, ¿podemos hacernos también nosotros una pregunta?

¿Presentamos nosotros también al Señor en nuestra vida? Porque, en los templos le visitamos y le adoramos, pero, ¿le presentamos a los demás, a aquellos que no le visitan ni quieren oír hablar de Él? Hoy puede ser un día importante para reflexionar sobre eso, y para pensar de qué forma podemos darle a conocer y anunciar al mundo que ha nacido. En principio, la familia puede ser una buena oportunidad para encontrarle, porque en ella damos nuestros primeros pasos y tenemos la oportunidad de aprender los valores del amor.

El primer punto de la reflexión se nos para en la importancia que tiene la familia. Debe ser mucha y grande, porque fue elegida por el Padre para su Hijo. Dios quiso que su Hijo naciera en una familia, y, simplemente por eso, la familia debe ser muy importante. Porque, de no ser así, Dios hubiese escogido otra forma. Y, ahora, aparcados en esa reflexión, ¿qué debemos hacer nosotros para potenciar, animar y defender a la familia en el mundo actual en el que vivimos?

Supongo que a nadie se le escapa el rol importantísimo que tiene la familia en la sociedad. Se ha dicho, y se debería seguir recordando, que la familia es la célula de la sociedad. En estos últimos años de crisis ha sido la familia la que ha ayudado a sostener a muchos de sus miembros, y con ello a las estructuras sociales de los pueblos, ciudades y naciones. La familia cuida y garantiza la vida, la fraternidad y la solidaridad en la sociedad y fortalece la convivencia, la armonía y la paz. Dependerá de como estén las familias para medir la salud de los pueblos.

Creo que es obvio que las familias estén protegidas, valoradas y apoyadas, porque son verdaderas escuelas de formación y forja de verdaderos hombres. Hombres que educados en la verdad, la justicia, la fraternidad y la paz hacen que los pueblos vivan en armonías y pleno desarrollo de amor, justicia y paz.

viernes, 18 de agosto de 2017

HABLAMOS DE PALABRA

Mt 19,3-12
La palabra ha sido siempre un acto de compromiso y de cumplimiento. Nos orgullecemos de nuestros antepasados cuando decimos que sus palabras dadas eran ley, y no necesitaban ser escrita para sostenerse siempre en la verdad y compromiso. Y hoy también, le damos mucha importancia a la palabra, aunque no parece cumplirse como antes. De cualquier forma, se mide la seriedad de una persona por el cumplimiento de su palabra.

Pero, no parece así cuando entran en juego otros intereses hedonistas, placenteros o de otra índole. La palabra dada en el compromiso matrimonial se incumple y se tira por la borda. Sin embargo, seguimos manteniendo nuestras palabras ante los demás y hasta políticamente. ¿Qué confianza puede dar aquella persona que rompe su palabra ante su mujer o marido, la Iglesia y ante sus invitados? ¿Acaso merece confianza de creerle?

Y, a la vuelta de la esquina seguimos hablando de palabras y compromisos. Y asegurando que yo digo esto, que yo cumplo lo otro, que mi palabra... Fanfarronadas, mentiras, incoherencias, ninguna seriedad y nada de credibilidad para que después ocupen un puesto de responsabilidad en la sociedad. Ese es el panorama que nos deja ver el mundo en que vivimos. Y sin embargo no pasa nada. Bueno, si pasa, porque sólo tenemos que echar un vistazo al mundo que nos rodea para ver como está.

Hoy Jesús pone el punto en la llaga y establece la indisolubilidad del matrimonio: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio». 

No cabe ninguna duda que la sociedad se fundamente en la unidad familiar. Y es en ella donde se forjan los  verdaderos hombres, que respetan las leyes apoyadas en la Ley Natural, en los derechos humanos y la justicia, verdad y paz. Y se esfuerzan en darle cumplimiento siendo ejemplos para la comunidad. Es así como se forjan los pueblos cuyas células son las familias.

domingo, 2 de julio de 2017

NADA DEBE ANTEPONERSE A CRISTO

(Mt 10,37-42)

Hay circunstancias que nos impide realizar nuestra vocación cristiana. Y debemos tener muy claro que el Señor y su Voluntad es lo primero que debe estar en nuestra vida. Otra cosa que, quizás en muchos momentos de nuestra vida tengamos que hacer un paréntesis para atender a familiares u otros menesteres, pero eso es diferente. Porque un paréntesis no significa interrumpir la vocación a la que Dios te ha llamado, sino un punto y aparte para cumplir con la caridad cristiana.

La clave está que nada, incluso la familia, debe interrumpir tu camino marcado por Dios. Al menos de forma consciente y voluntaria. Nos enfrentamos a la única y verdadera vocación, que debemos y tenemos la obligación de descubrirla. Posiblemente, nuestras oraciones sean escasas en ese sentido y no le pidamos que nos dé la sabiduría, de y para discernir, que quiere de mí.

Porque, es de sentido común, que siendo Dios nuestro único Absoluto le dejemos en un segundo plano por ataduras familiares u otras esclavitudes. Por lo tanto, nada debe interrumpir nuestra vocación a nuestro compromiso de Bautismo, que debemos llevar al primer lugar de nuestras oraciones, para estar dónde Dios quiere que esté.

Es bueno comprometerse en la comunidad parroquial a las diversas tareas y ministerios que se proponen y se barajan. Son muchos los servicios que necesitan de nuestra dedicación y entrega, y, es esa tarea de servir y trabajar por el bien de los demás donde el Espíritu de Dios nos descubre los talentos recibidos para ponerlos, por encima de todo, al servicio de Dios en la comunidad. Es esa la plenitud del amor. Y nada pasa desapercibido para Él respecto a todo lo que hagamos por los demás. Incluso hasta ofrecer un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños en y por su Nombre.

Ni imaginarme, podría yo, que ahora estaría escribiendo y compartiendo mis humildes reflexiones con todos ustedes. Con todos aquellos que voluntariamente las acogen y las comparten. Y descubrir que lo hago por servicio y por amor. Como si de un compromiso se tratara, me lleva a descubrir que quizás esa sea parte de mi vocación que, sin saber cómo, ha aflorado y ocupado un servicio que se antepone a muchas otras cosas de mi vida que, quizás, me gustaría hacer. Y abierto a donde el Espíritu sopla, porque primero debe estar la misión a la que el Señor te llama que tus proyectos mundanos.

viernes, 12 de agosto de 2016

EL MATRIMONIO, UNA VOCACIÓN

(Mt 19,3-12)

Normalmente no se entiende el matrimonio y la familia como una vocación. Normalmente se va al matrimonio impulsado por el deseo sexual y no por el deseo vocacional de responder a la formación de una familia. La prueba de que eso sucede hoy es la baja natalidad en los matrimonios de hoy. Todo se pospone a la idea de la buena vida, del gozo y placer.

Y los hijos son un obstáculo y una lata. Se construyen las familias sobre arena y no sobre roca. No es extraño que suceda lo que vemos. Las familias, apoyadas en el sexo y comodidad, arena movediza, se derrumban a la menor tempestad. Y se buscan otras parejas, otras fuentes de gozo y placer. Placer efímero y de poco tiempo, porque el sexo se gasta. No es un amor puro, sino placentero y egoísta que se gasta pronto y termina.

Lo que nunca termina es el amor ágape, el amor que se entrega, que se da y que su gozo nace del servicio y de buscar el bien de la persona amada. Y de la familia, los frutos de su amor. Y desde ahí, lo lógico es permanecer en ese amor y no repudiarlo. Porque eso es lo que nos dice el sentido común, no el sentido egoísta. Los hijos padecen y sufren ese egoísmo de sus padres. Porque no consiste en llevarse bien, sino en convivir bien reflejando esa entrega, ese servirnos y amarnos.

Se trata de que los hijos encuentre en sus padres la orientación, los valores, el respeto, la fidelidad y todas aquellas actitudes que dignifican al hombre y lo hacen más perfecto, mejor y más hijo de Dios. No cabe duda que el mundo sería mejor, porque el mundo lo componen familias. Ese debería ser la primer medida y la primera regla de los gobiernos:  Una educación dirigida, basada y apoyada en las familias, porque son ellas las que construyen y edifican los pueblos, las ciudades y las naciones.

No olvidemos ni miremos para otro lado. Tu separación y la mía es consecuencia de nuestro egoísmo y satisfacciones placenteras. Nunca del sentido común ni del derecho a la verdad y la justicia. Son simples auto engaños que queremos justificarlos distorsionando la realidad y la verdad.

domingo, 27 de diciembre de 2015

LA GRANDEZA DE LA FAMILIA

(Lc 2,41-52)


La vida no tiene sentido sin la familia. Todos hemos nacidos en una familia, y quienes no hayan tenido esa suerte, experimentan esa necesidad y sus consecuencias. La familia da sentido a la vida. La familia despierta y motiva nuestros esfuerzos por crecer, aprender y perfeccionarnos. La familia nos compromete y nos exige superarnos cada día.

La familia es fuente y escuela de amor. En ella somos acogidos, servidos y protegidos. El mundo sin la familia va a la deriva, y es el peligro que corremos cuando se está destruyendo a las familias. Porque la familia está formada por el hombre y la mujer, de los que nacen los hijos. Esa es la única y verdadera familia, que los hombres y mujeres quieren destruir con sus egoísmos y pasiones desviadas y desnaturalizadas.

Jesús viene al mundo en una familia. Dios ha escogido a una mujer, María, y a un Padre adoptivo José, para formar la Sagrada Familia que educará, en el Espíritu Santo, a su Hijo Jesús. Y Jesús queda sometido a sus padres progresando en sabiduría, en estatura y en Gracia ante de Dios y ante los hombres.

¿Qué sería de cada uno de nosotros sin familia, sin la ternura de una madre y la protección de un padre? La familia es el lugar donde aprendemos a amar, y también a darnos y recibir amor misericordioso. La familia es la escuela de la vida, y sin familia todo sentido queda vacío y perdido.

Los padres de Jesús no comprendieron lo que les dijo al ser encontrado. Jesús tiene una misión que cumplir, y empieza a dar las primeras señales de lo que ha venido a realizar. María, sin entender nada, guardaba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón.

¿Qué nos ocurre a nosotros? No entendemos tampoco, pero buscamos respuestas que no están a nuestro alcancen. Cómo María, debemos ser más confiados y guardar nuestras dudas con esperanza hasta que el Señor decida revelárnosla. Porque esa es la fe que se nos exige.

martes, 22 de septiembre de 2015

HERMANADOS EN CRISTO

(Lc 8,19-21)


Se dice que hay mucha gente buena. Y es cierto, hay personas que se desviven en y por su familia. Y son verdaderos portentos en servir y atender a los suyos. Son dignos de ser admirados. Pero la diferencia estriba en que ese servicio que hacen en familia empieza y termina en ella.

Son familias cerradas que se sirven a sí mismas, pero no fueras. Eso dirá Jesús, lo hacen también los que no creen en mí. Ustedes, los que creen en mí amen también a los de fuera, a los que no son familias. Hoy Jesús nos habla de la familia universal, den vínculo del Amor que Él nos viene a dar y a enseñar con su Vida: "Mi Madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra".

Todos estamos unidos en Xto. Jesús, y nos une el amor al Padre en los hermanos. Y es que en la medida que nos amemos estamos cumpliendo la Voluntad del Padre Dios, y enlazándonos como verdadera familia, la familia de los hijos de Dios.

Y esa es la familia que forma y vive Jesús junto a su Madre María y su Padre adoptivo José. Junto a los discípulos, más tarde, unidos en la enseñanza y vivencia del amor de Dios, Jesús enseña que la Voluntad del Padre es amarse como hermanos y permanecer unidos en el amor.

No cabe ninguna duda que todos pensamos que de existir ese vínculo fraternal, el mundo iría mucho mejor y sobrarían las cárceles y refugiados, porque no habría unas ni existirían los otros. Esa es la familia que proclama y enseña Jesús, y esos son los que señala como hermanos, hermanas, padres y madres.

Recemos y aceptemos la Voluntad de Dios y dispongamos nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo para que, injertados en Él, vivamos en su Voluntad.

martes, 28 de enero de 2014

¿DÓNDE ESTÁN NUESTROS AMIGOS?

(Mc 3,31-35)


El mundo es ancho y grande pero nosotros lo acortamos de forma que lo reducimos a nuestro círculo más íntimo y familiar. Amigos, familiares, ambiente laboral y profesional u otros comportan el mundo que nos importa y nada más. Todo lo exterior a esos intereses y preferencias lo miramos con cierta indiferencia como si no fuera con nosotros.

Sin embargo, hoy Jesús en el Evangelio nos descubre el criterio de lo que debe ocupar el primer lugar en nuestra vida: Vivir en la preocupación y el esfuerzo de cumplir la Voluntad de Dios. Esa debe ser nuestra máxima preocupación y nuestra primera prioridad. Antes incluso que nuestra propia familia y amigos.

Son, pues, todas las personas las invitadas a pertenecer a la gran familia de Dios, y lo son en la medida que se esfuerzan en cumplir su Voluntad. Él ha venido para revelarnos esa invitación del Padre: ser sus hijos y vivir en sus mandatos, y a ello dedica su vida.

No cerremos nuestra acción a sólo los que pertenecen a nuestra sangre terrenal, sino ampliemos nuestra radio de acción a todos los hombres que son llamados a la Casa del Padre.

domingo, 30 de diciembre de 2012

SÓLO PUEDES DAR LO QUE TIENES

(Lc.2, 41-52)

Es de sentido común dar, pero dar lo que tienes, porque lo que no tienes no puedes darlo aunque quieras. De ahí, en materia de vida y de amor, que para dar y transmitir la vida que tú buscas y en la que crees, debes vivirla no solo en apariencias sino en verdad y justicia.

Jesús recibió el testimonio de vida de su Madre María y también de su padre San José. Ellos con su dedicación y amor le fueron transmitiendo su fe y sus criterios de amor según la Voluntad del Padre. El Evangelio nos revela que María y José estaban atento a Jesús y se preocupaban por su educación, hasta el punto de angustiarse con el acontecimiento de su pérdida en la fiesta de la Pascua.

Hoy, la Palabra de Dios, nos pone el dedo en la llaga, en la llaga familiar, pues es la familia la fuente donde los hijos beben la iniciación de la fe y el amor a los demás. Y esa mirada familiar nos debe fortalecer para poner todo nuestro esfuerzo en la defensa y protección de la familia.

La familia como célula fundamental de la sociedad, cuna de formación y de nacimiento a la fe, a la verdad y a la concordia y amor a todos los hombres. Tesoro de convivencia y paz para toda la humanidad y solución a todos los problemas que el mundo nos plantea hoy. Es en la familia donde se construyen los hombres y por ellos se construye el respeto a la vida, a la libertad, a la justicia y al amor en toda la humanidad.