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martes, 14 de julio de 2026

LA INDIFERENCIA TRAE MALAS CONSECUENCIAS

Mt 11, 20-24

Manuel pensaba que hay personas tan obstinadas que se aferran a sus ideas y no están dispuestas a cambiar.  Permanecen cerradas a todo razonamiento, como la tierra endurecida del camino donde la semilla no puede echar raíces.

Cuando alguien se cierra a la verdad, no solo se perjudica a sí mismo; también priva a otros del bien que podría transmitir.

Todo lo que tú ignores repercute en los demás. O dicho de otra forma, tu indiferencia puede ser un peligro o un mal para otros.  Todo lo verdadero y bueno que descubras puede ayudar a quien aún no lo conoce.

El silencio de los allí presentes daba testimonio de que la indiferencia respecto a lo bueno perjudica a los demás.

Y es que, cuando dejamos de acoger el bien y de transmitirlo, empobrecemos también a quienes viven a nuestro lado. 

Vivimos según aprendemos de lo que vemos y hacemos. 

jueves, 22 de septiembre de 2022

LA INDIFERENCIA: UN GRAN PELIGRO

Cuando alguien te es indiferente, poco te importa. Oyes lo que de él se dice, pero, a ti no te dice mucho o nada. Rumoreas, opinas, hablas y comentas, pero, nada te mueve a lo verdaderamente importante, conocerle y formarte una verdadera y fundamentada opinión de esa persona en cuestión. Y eso fue lo que sucedió con Herodes, oía hablar de Jesús y de lo que se decía de Él. Sabía que Juan el bautista, del que se decía que había resucitado, lo había mandado a decapitar él. Luego, se preguntaba: ¿Quién es este del que oigo semejantes cosas?

La pregunta: ¿Nos puede estar ocurriendo a nosotros algo parecido? Porque, quizás hablamos mucho de Jesús, pero no damos el paso de acercarnos a Él y conocerle mejor y más profundamente. Nos formamos una opinión por lo que oímos a otros y por lo que vemos en otros. Pero ¿le escuchamos a Él? ¿Conocemos su Vida y sus Obras? Quizás ese sería el paso que debemos de dar, porque, el verdadero e importante es Él. Es a Él a quien realmente debemos y tenemos que conocer y, en base a ese conocimiento, proceder y formarnos una opinión.

No seamos unos herodianos más y, quizás por no salir de nosotros mismos, de permanecer instalados en nuestras comodidades y sostenernos en nuestra situación cómoda y confortable, no damos ese paso definitivo. Recordamos entonces lo que dijo Jesús. Verdaderamente tiene razón, cuesta mucho salir de nuestra situación de comodidad. Por eso será más difícil para un rico, un establecido y cómodo, entrar en el Reino de los Cielos. Los pobres, los que no tienen nada y a nada están apegados, lo tendrán más cerca, más asequible. Aunque, siempre, se nos exigirá el esfuerzo de desprendimiento y de morir a nuestros egoísmos y ambiciones.

lunes, 19 de agosto de 2019

INQUIETUD TRASCENDENTE

Resultado de imagen de Mt 19,16-22
Mt 19,16-22
El problema que presenta el mundo es la parsimonia de una quietud inquietante. Me explico, una indiferencia o mal resignación ante la muerte con la que el mundo nos marca. Sabemos que destino nos espera. No sabemos de qué manera o cómo y cuándo va a llegar, pero, si sabemos con certeza y plena seguridad que llegará. Y, ¿cuál es nuestra respuesta a esa certeza?  Con sorpresa y perplejidad, la indiferencia o la pasividad envuelta en papel de resignación.

¡Hermanos, estamos llamados a la vida eterna y plenitud de gozo y felicidad! Ese es nuestro verdadero destino y para eso hemos sido creados por nuestro Padre Dios. Luego, ¿qué esperamos? ¿Acaso estamos dormidos por las caducas, disparatadas opciones que el mundo nos ofrece? Pues, ¡despertemos! Ayer, nuestro Señor Jesús nos alertaba y advertía de ese pasotismo y tedio que pueda apoderarse de nuestros corazones. Pongámoslo a arder y activémoslo en correspondencia y sintonía con la Palabra de Dios.

Estemos pues inquietos y busquemos ese Reino de Dios que Jesús, el Hijo predilecto y amado del Padre, nos revela y nos promete en el nombre del Padre. Él ha venido a enseñarnos el Camino, porque, sólo Él es la Verdad y la Vida. Sólo Dios es Bueno y si Él lo es, es, valga la redundancia, porque también es Hombre y Dios a la vez. Muchos, de forma quizás inconsciente advertían en Él esa doble Naturaleza, la Humana y la Divina.

¿No te das cuenta del mensaje, de la advertencia? Nada está primero en el Reino de Dios que Dios mismos. Jesús nos enseña precisamente ese camino. Muchos, entregándose al servicio de los demás, y hacen bien, se olvidan de que Dios es lo primero y, a la menor tempestad el mástil que apuntala su fe se tambalea y, quizás sin darse cuenta, queda en las manos del príncipe de este mundo. Sí, hay que servir, pero sin dejar primero de servir a Dios. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él es el punto de apoyo para luego, en, con y por Él servir a los demás.

Tenemos que tener mucho cuidado porque tan malo o peligroso es servir sin estar agarrados al Señor, como agarrarse al Señor y no mirar para los que necesitan el servicio. Ahí está la clave, sin dejar al Señor tomar fuerza, fortaleza, sabiduría y capacidad para servir a los hermanos. Podríamos recordar el pasaje del encuentro del Señor en casa de su amigo Lázaro y reflexionar sobre lo que dijo Jesús a Marta con respecto a María. 

martes, 15 de julio de 2014

A CORAZÓN DESCUBIERTO


(Mt 11,20-24)

Ser transparente es desvelar los secretos de tu corazón respecto a la Buena Noticia. Transparentar la felicidad, que da gozo y paz de sentirse salvado y esperanzado en una vida eterna y gozosa, es descubrirse lleno de vida y seguidor firme de Jesús. Un creyente no puede ocultar y esconder ese tesoro inmenso que lleva en su corazón, porque de ser así estaría transmitiendo que no está convencido de que así sea.

Y eso ocurre cuando nuestros corazones se encarnan en Corozaín o Betsaida, que, a pesar de recibir testimonios de la Palabra de Dios, permanecen indiferentes y reacios a responder y vivir esa Palabra. Y nos disfrazamos de ellas cuando somos vencidos por nuestros respetos humanos o por nuestros sentimientos ridículos o apetencias de bienestar y comodidades. Huimos de nuestro compromiso de Bautismo, y en cierta medida nos avergonzamos de compartir y transmitir ese tesoro sellado en nuestro corazón.

Y, puede ser, que lo hagamos así porque no estamos convencidos de que sea un gran tesoro y que no valga la pena darlo a conocer. Valoramos más otras cosas en nuestra vida, tales como el dinero, la posición social, el ocio relajante que nos divierte y nos despreocupa, la buena vida y satisfacciones personales. Nos cuesta identificarnos con el dolor de los que sufren y lo pasan mal. Quizás, por eso, sentimos miedo dar a conocer a Jesús porque eso nos descubre e interpela y nos compromete.

Pidamos al Señor capacidad, voluntad y luz para, sobranaturalizar todos los actos naturales de nuestra vida, y, naturalizar los sobrenaturales. Así de forma natural transmitirle y darle a conocer desde lo más profundo de nuestro corazón.