domingo, 12 de abril de 2026

¿DÓNDE BUSCAMOS NOSOTROS?

Jn 20, 19-31

David no estaba conforme. Algo en su interior le inquietaba y le empujaba a buscar el sentido de su vida. Tenía anhelos y esperanzas, pero no encontraba respuestas en los ambientes donde se movía.

Un día, decidido a indagar con más profundidad cuál sería su destino, comenzó a darse cuenta de que el tiempo entre su nacimiento y su muerte era el único espacio para alcanzar sus anhelos.

«Aunque parezca mucho tiempo, no lo es —pensó—, la vida se va volando sin apenas darte cuenta».

Hacía algún tiempo que venía observando cómo nuestro cuerpo va cumpliendo sus etapas hasta llegar a su destrucción.

«¿Y luego qué?», se preguntaba David. «¿A dónde vamos?»

Estaba convencido de que la vida continuaba. Esa era la percepción que experimentaba dentro de sí mismo. Se resistía a pensar que con la muerte todo terminaría.

«¡Tiene que haber algo más!», se dijo con convencimiento.

Su inquietud le llevó a la búsqueda de Manuel. Sabía que podía ayudarle a discernir y encontrar alguna respuesta esperanzadora.

«Posiblemente estará en la terraza —pensó—, donde se reúne con sus amigos. Recuerdo que allí he descubierto muchas cosas que me han servido para luego aplicarlas en mi vida».

—Hola, Manuel. Buenos días, ¿cómo andas?

—Muy bien, gracias a Dios. ¿Y tú?

—Bien también, gracias.

Le miró con precaución y dijo:

—Estoy confuso, mi alma se debate cada día entre la vida y la muerte y…

—Eso es normal, nos sucede a muchos cuando empezamos a hacernos esas preguntas —respondió Manuel interrumpiéndole.

—Pero es que yo creo que la vida no termina en ese momento, sino que sigue...

Guardó silencio unos breves segundos y, preocupado, añadió:

—Algo en mi interior me dice que estamos llamados a la eternidad. ¿Qué opinas sobre esto?

Manuel, tranquilo y seguro, le miró con ternura y, poniendo la mano en su hombro, le dijo:

—Escucha —añadió—, Jesús, el Señor, nos lo ha prometido. Puedes buscarlo en el evangelio según San Juan (20, 19-31) y verás cómo Jesús le dice a Tomás: «Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Entonces, mirándole a los ojos con gran esperanza y fe, exclamó:

—Así termina el pasaje evangélico: Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Los ojos de David se iluminaron. Había encontrado, por fin, la respuesta que tanto buscaba. 

Sí, verdaderamente estamos llamados, en el Señor, a la vida eterna.