| Mt 5, 38-42 |
Julio se resistía a permanecer pasivo. No entendía eso de responder sin violencia cuando se encontraba en medio de un conflicto.
«Si me agreden, respondo aun con más agresividad», se dijo interiormente.
El camino cristiano no consiste en responder con violencia, sino en relacionarse desde la mansedumbre.
—A mi parecer —dijo Julio a regañadientes—, no estoy de acuerdo. Si te ofenden, tienes que defenderte.
Manuel, que le escuchaba pacientemente, intervino:
—Esa es la reacción humana, la que nace de nuestra propia naturaleza, pero no la cristiana…
Y mirando a Julio con compasión, añadió:
—Y menos la que nos enseñó Jesús. Nos lo dice claramente en Mt 5, 38-42: …si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra…
Hizo una pausa y continuó:
—Nos invita a responder ante las injusticias desde la generosidad, a dar más de lo que se podría exigir.
Julio y los que le acompañaban agacharon la cabeza. No tenían palabras para responder. Sabían que el amor que no solo proclama Jesús, sino que nos lo demostró con su vida, nos llama a eso.
Nos puede invadir el desaliento ante semejante propuesta, pero lo que hace es abrirnos horizontes y plantearnos otras opciones posibles en este baile que es la vida.
Sabemos —la experiencia nos lo confirma— que la violencia genera más violencia. Solo el amor hace posible la paz.
Y puestos a bailar, haznos, Señor, crecer en compasión, a desdeñar la competencia, a descubrirnos acompañando a otros hasta dos o tres millas…
A fijarnos en las personas, a saber perder el tiempo con ellas, a ser cuidadores y, si se tercia, hasta a dar prestado… aunque parezca que no lo vaya a recuperar.
Todos se miraban en silencio. Sus rostros reflejaban que aquel era el camino.