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DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 12 de marzo de 2011

SÓLO EL ENFERMO ESTÁ NECESITADO DE SALUD (Lc 5, 27-32)

Después Jesús salió y vio a un...

La Palabra de hoy, sábado, nos llena de esperanza. JESÚS nos dice y nos demuestra que ha venido a salvarte a ti y a mí, pobres hombres y mujeres que fallamos cada día; pobres hombres y mujeres que nos perdemos en nuestras propias carencias humanas y nos ahogamos en nuestras inclinaciones carnales y apetitos materiales.

Somos de carne y hueso y sentimos sed, fatiga, pereza, miedo, inclinación al mal, egoísmo... y nos cuesta mucho enderezar nuestra vida. Somos pecadores y lejos estamos del Reino de DIOS. Pero JESÚS nos prefiere a aquellos que se arrogan el mérito de creerse merecedores del Reino de DIOS y se erigen en ejemplos de otros. 

JESÚS prefiere a los débiles y pobres, porque con ellos testimonia su poder. Así elige a los más desfavorecidos o alejados de su propósito para proclamar su Palabra y, con lo más débil, vencer a lo más fuerte: nuestra propia humanidad pecadora. Porque de hacerlo con los arrogantes y orgullosos, los fuertes y poderosos se desprenden que sería lo más lógico y lo natural. Y eso no tendría, a los ojos de los hombres, gran repercusión ni mérito porque se vería como normal y natural.

Pero con esta actitud de escogerlo, Nuestro Señor Jesucristo nos dice que más bien es este tipo de gente de quien le gusta servirse para extender su Reino; ha escogido a los malvados, a los pecadores, a los que no se creen justos: «Para confundir a los fuertes, ha escogido a los que son débiles a los ojos del mundo» (1Cor 1,27). Son éstos los que necesitan al médico, y sobre todo, ellos son los que entenderán que los otros lo necesiten.
SEÑOR JESÚS, TÚ sabes quien soy,
TÚ sabes como soy y lo que
puedo hacer. TÚ sabes 
de mis talentos, de
mis pobrezas.

Sabes a donde puedo llegar
y cual es mi misión. Haz
que sepa encontrarla y
descubrirla para servirte 
según tu Voluntad.

Es eso lo que más deseo y
mi mayor empeño en 
conseguir. Nada quiero
por delante de ese objetivo,
pero soy pobre, pecador y
necesito tu Gracia.

Acepta, SEÑOR, este corazón
contrito y arrepentido que
quiere humillarse y ser tu
fiel servidor. Amén.

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