ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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jueves, 17 de febrero de 2011

¿QUÉ DICES TÚ DE JESÚS? (Mc 8, 27-33)


Todo sigue igual para mucha gente. Muchos se acercan a Jesús, por decirlo así, desde fuera. Grandes estudiosos reconocen su talla espiritual y moral y su influjo en la historia de la humanidad, comparándolo a Buda, Confucio, Sócrates y a otros sabios y grandes personajes de la historia. Pero no llegan a reconocerlo en su unicidad. 

Viene a la memoria lo que Jesús dijo a Felipe durante la última Cena: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? (Jn 14, 9). A menudo Jesús es considerado también como uno de los grandes fundadores de religiones, de los que cada uno puede tomar algo para formarse una convicción propia. Por tanto, como entonces, también hoy la "gente" tiene opiniones diversas sobre Jesús. Y como entonces, también a nosotros, discípulos de hoy, Jesús nos repite su pregunta: "Y vosotros ¿quién decís que soy yo?".

Queremos hacer nuestra la respuesta de san Pedro. Según el Evangelio de san Marcos, dijo: "Tú eres el Cristo" (Mc 8, 29); en san Lucas, la afirmación es: "El Cristo de Dios" (Lc 9, 20); en san Mateo: ”Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16); por último, en san Juan: "Tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69). Todas esas respuestas son exactas y valen también para nosotros». (Benedicto XVI, Homilía del 29 de junio de 2007).

Y esto supone que sólo hay un CRISTO verdadero HIJO de DIOS, con dos Naturaleza, la Humana, encarnado en hombre, y la Divina, sin dejar de ser DIOS. Un CRISTO Resucitado y aparecido en cuerpo humano, un cuerpo glorioso, a los apóstoles.

Tengamos mucho cuidado con las apariciones de otros cristos que, en base a no se qué revelación u otras historias, se declaran como hijos de DIOS. El CRISTO verdadero es el CRISTO Revelado al pueblo escogido, Israel, y transmitido en la historia por la tradición y las Sagradas Escrituras conservadas por la Iglesia desde sus orígenes.

La respuesta a la pregunta de Cristo de quién es Él, no me puede dejar indiferente y es una pregunta que sólo yo puedo responder satisfactoriamente. La respuesta debe condicionar toda mi vida para que sea coherente. Esta respuesta sólo la puedo dar en la oración dialogando con Jesucristo. Una vez respondida, entonces puedo anunciar con convicción lo que Cristo significa para mí, que soy cristiano.
Señor, yo, como Pedro, creo que Tú eres el Hijo de Dios, 
que has venido para redimirme y para mostrarme
el camino que debo seguir para llegar a Ti. 

Aumenta mi fe para que no desfallezca en el camino
a pesar de las dificultades. Te ofrezco esta oración
por aquellas personas que no tienen fe
o teniéndola viven alejados de Ti 
por el pecado. Amén.

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