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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 28 de julio de 2014

DE LO PEQUEÑO A LO GRANDE



Jesús toma lo más pequeño e insignificante, lo más débil y escondido por su invisibilidad y lo hace grande, fuerte y transformador, hasta tal punto que destacan por su altura o su poder de transformar desde dentro. Así es el ejemplo del grano de mostaza, semilla que apenas se ve, y la levadura, invisible dentro de la masa. Ambas crecen y transforman que llaman la atención por su poder y su fuerza.

Es significativo que el Señor tome lo pequeño para transformar e ir a lo grande. De esa manera deja la señal de su poder omnipotente. No tendría mucho sentido tomar lo poderoso y grande para realizar su obra, pues es normal que con poder se puede hacer mucho. Sin embargo, de lo casi invisible y pequeño transformarlo en poderoso y grande resulta más ilógico y sorprendente.

Sólo doce hombres, poco notables, poco formados, rudos y no notables en la sociedad de su tiempo, fueron los elegidos por Jesús para proclamar y transformar el mundo en que vivían. El derecho a ser libre y a la vida viene de la propia dignidad del hombre por ser hijo de Dios. Nadie lo había defendido antes. Un mundo donde los pequeños, excluidos y pobres eran esclavos y servidores sometidos al imperio de la fuerza y de la autoridad de los poderosos.

Sin embargo, ahora muchos se lo adjudican y lo defienden, pero para eso tuvo que dar la vida nuestro Señor, y también la siguen dando muchos, que hoy siguen proclamando la libertad y el derecho del hombre a la vida hasta el extremo, también, de dar su vida. Y nunca podrán acallarlos, porque siempre quedará un grano de mostaza o un poco de levadura para crecer poderosamente o fermentar la masa.

Gracias Señor por la fuerza y la asistencia del Espíritu Santo, que nos fortalece, nos ilumina y nos da la perseverancia, el valor, la voluntad y constancia para seguir proclamando, contra viento y marea, que Tú eres el único y verdadero Hijo de Dios Vivo. Amén.

1 comentario:

  1. Me uno a tu acción de gracias, Salvador.

    Por cierto, me encanta la imagen. Así tiene que ser con nosotros. Nuestras ciudades, nuestros pueblos, tienen que dejar que el Reino de Dios crezca y sea nuestro centro.

    Un abrazo!!

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