ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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jueves, 13 de noviembre de 2014

DENTRO DE MI CORAZÓN

san Lucas 17, 20-25


El mayor peligro es la confusión. Pensamos que dejar gobernarnos por el Espíritu Santo es ponernos en Manos de Alguien que nos va a manejar a su antojo y quitarnos nuestra libertad. He oído a muchos, sobre todo jóvenes, decir que la religión, es decir, Dios, quita la libertad. Y a decir verdad, si no se tienen las ideas claras, aparentemente resulta así.

Habría que empezar por aclarar la idea y el concepto de libertad. Porque libertad no es dar riendas sueltas a nuestros caprichos, egos y apegos, sino todo lo contrario. Libertad es responsabilidad y buscar el bien de todo aquello que me rodea. Desde el medio ambiente hasta la persona más insignificante, dependiente e indefensa. Eso es ser libre, porque eso es lo que todo ser humano quiere ser y hacer.

Ahora, pronto el ser humano toma conciencia que está tocado, y su humanidad es débil e inclinada a no hacer lo que quiere hacer. Es decir, le cuesta ser libre para vivir tal y como siente en lo más profundo de su ser. Experimenta que dentro de su corazón nace la envidia, el egoísmo, la ambición, la vanidad, los deseos impuros, poder, riquezas...etc. Se experimenta pecador e incapaz de ser libre, es decir, esclavizado.

Y ahí entra su búsqueda de libertad, su levantar la mirada para encontrar la fuerza que le ayude a ser libre. Y cuando busca esa verdad que experimenta y siente en lo más profundo de su ser, se encuentra con Dios. Un Dios que le habla de amor, de justicia, de paz y de libertad. Un Dios que llega hasta el extremo de enviar a su Hijo, Jesús, para ayudarle a encontrarse consigo mismo y escapar a la esclavitud del pecado.

Un Dios que se ha hecho presente entre nosotros y que responde a los interrogantes que planteamos nosotros. Y que Vive entre nosotros, y que nos habla de que el Reino de Dios está, vive y permanece en nosotros si somos capaces de dejarnos manejar por el Espíritu Santo que recibimos en el Bautismo. 

Entonces advertimos que en la medida que cada uno de nosotros deje hablar y actuar al Espíritu Santo desde su corazón, el Reino de Dios se va haciendo visible en el mundo.


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