ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 24 de abril de 2015

UN DIOS DIFERENTE Y QUE DA VIDA

(Jn 15,1-8)


No es porque sea mi Dios, sino porque es Único. Un Dios que se da enteramente para que, comulgando con Él, puedas pensar, actuar, querer, entregarte y vivir tal y cómo Él vivió en la tierra como en el Cielo. Y Vive ahora en cada uno de nosotros que comulgue con Él.

Comulgar significa estar en sintonía espiritual interior y exterior con Jesús. Comer su Cuerpo y beber su Sangre es la acción de identificarnos con su Pensamiento y con su Obrar  y Vivir. Es configurar nuestro corazón con el suyo: Es latir al mismo ritmo y apasionado como Él late. Es abrirte a Él para que, como Pablo, sea Él quien viva en ti, y no tú mismo.

Un Dios que, no sólo me dice lo que tengo que hacer y como tengo que vivir, sino que me enseña a amar, amándome, y amando, Él, primero. Un Dios que no se queda mirándome a ver qué tal lo hago y sin participar, sino que se implica conmigo, me acompaña y camina conmigo. Un Dios que pone en revolución mi corazón, como a los de Emaús, cuando me explica las escrituras y me desvela todo lo que tenía que padecer.

¿Dónde encuentro un Dios como el mío? En ninguna parte, porque mi Dios es Único, y me salva contando conmigo. Para eso me ha hecho libre, para solicitar de mí mi libertad y mi respuesta a su invitación. ¿Qué Dios invita como el mío? Ninguno. Mi Dios es Padre, y me envía a su Hijo a decírmelo. Me invita al banquete que me ha preparado, para que coma y sea feliz eternamente.

Un Dios que me busca y que me advierte de que sin Él no puedo hacer nada. No se limita a decirme el Camino, sino que se introduce Él, en mi camino y quiere recorrerlo conmigo. Sabe de mis debilidades; sabe de mis apegos, mis vicios, mis torpezas y mis pecados. Sabe que sin Él me perdería. Por eso me cuida, me pastorea y me protege en su redil. Y da la vida como el Buen Pastor por cada una de sus ovejas.

Un Dios diferente a todos. Un Dios que es garantía de salvación y que injertado en Él iremos seguro hacia la Casa del Padre. Gracias Señor por tenerte a Ti. Al verdadero Dios que no solo me das la vida, sino que me ayudas a conservarla y tenerla para siempre.

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