ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 3 de agosto de 2016

LA FE NOS SALVA

(Mt 15,21-28)

Es una buena Noticia, "estamos salvados", porque Jesús, el Hijo de Dios Vivo ha venido para eso, para salvarnos. La Noticia no puede ser mejor, se trata de nuestra salvación. Ahora entiendo por qué el Señor envía a sus apóstoles a proclamarla. Es necesario que todos se enteren, que la oigan: "Es la hora de nuestra salvación". Dios se hace Hombre para comunicarnos en Persona, con Naturaleza Humana como nosotros, nuestra salvación. ¡¡Realmente estamos salvados!!

Necesitamos creer para salvarnos. Eso fue lo que hizo aquella mujer cananea, recurrir a Jesús e insistir confiada en que sería escuchada. Adivinaba como que Jesús podía curar a su hija y que le atendería a pesar de su condición de extranjera. Y Jesús, me atrevo a decir, la provoca, le pone dificultades como si quisiera probar su fe. Como si tratara de medir la cantidad, si así se pudiese medir, de fe que esa mujer tenía.

Y tras el desafío que Jesús le presenta, ella, la mujer, responde con decidida firmeza segura de que Jesús le comprenderá: « ¡Señor, socórreme!». Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y desde aquel momento quedó curada su hija.

¿Cómo es nuestra fe y qué medida tiene? Es la pregunta que nos suscita ese pasaje evangélico de la mujer cananea. ¿Nos movemos así? ¿Hacemos el esfuerzo que nuestra propia fe nos empuja? ¿O por el contrario, quedamos instalados, paralizados antes las primeras dificultades que se nos presenta para llegar a donde Jesús? Porque donde está la mujer cananea puedes ponerte tú, y también yo. ¿Corro yo detrás del Señor para hablarle, para pedirle que me salve? ¿No la salvación de este mundo caduco, sino la salvación eterna que Él ha venido a ofrecerme?

Realmente, la fe nos salva, porque a pesar de nuestros pecados, su Infinita Misericordia nos perdona y nos acoge en su Reino. Sólo tendremos que tener fe como la mujer Cananea y correr detrás de Él y esforzarnos en seguirle esforzándonos en vivir en su Voluntad. A pesar de nuestros fallos y pecados, estamos salvados, porque Jesús, el Hijo, ha pagado por nosotros.

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