martes, 22 de noviembre de 2016

JESÚS, EL SEÑOR, EL HIJO DE DIOS VIVO

(Lc 21,5-11)
No hay sino un Señor, un sólo Jesús de Nazaret y uno sólo es el Hijo de Dios Vivo. Y es que ocurre que muchas veces nos despistamos y nos confundimos. Así otros se aprovechan diciendo que los católicos adoramos a muchos dioses o a los santos. No hay sino un Dios y una sola Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y todo lo demás son personas a las que podemos venerar por su ejemplo y seguimiento al Señor, pero nada más.

Todo lo de aquí abajo tiene sus días contados. Todo quedará destruido, porque el Reino al que estamos llamados no es de este mundo, ni tampoco podemos imaginar cómo será ese otro mundo al que aspiramos y en el que encontraremos lo que buscamos: "el gozo y la felicidad eterna". Así que los templos y todo lo que concierne a ellos, sus bellezas y arquitectura, relieves y esculturas e imágenes, todo eso desaparecerá. 

No es que digamos que eso no vale ni sirve para nada, pero sí decimos que no son lo verdaderamente importante, aunque nos puedan ayudar como ejemplos y caminos para llegar al único y verdadero Señor. Y también tengamos cuidado con tantos mediadores y usurpadores que quizás, usando el nombre de Jesús, tratan de suplantarlo y confundirnos. Hay muchos peligros en el camino y necesitamos estar muy bien agarrados al único y verdadero Señor. 

Por eso y para eso ha sido enviado el Paráclito, el Espíritu Santo, que nos asiste, nos dirige y nos protege de todo peligro. Seamos fieles a su acción y dejémonos guiar por su sabiduría y su Gracia. No hay muchos dioses, porque donde manda patrón no manda marinero, dice el refrán. Ni tampoco muchos salvadores ni intercesores. Todos los somos en la medida que rezamos y nos mantenemos unidos en el Señor. Él nos ha dicho que pidamos con confianza todo lo que necesitamos. 

En ese sentido podemos también unirnos a los santos y a su Madre para, junto a ellos, suplicarle al Señor por nuestras necesidades tanto materiales como espirituales. Pero nunca olvidemos que el Señor es el Señor y no hay otro.

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