ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 31 de diciembre de 2016

LA VIDA SE NOS ESCAPA

(Jn 1,1-18)
La mentira no viene de la verdad. Eso está claro, pues lo que es verdadero dejaría de serlo al ser mentira. La vida ha sido creada para vivir eternamente. No se entiende de otra forma ni tiene sentido que termine. Y si no se vive es porque está escondida en la mentira. Los que viven en la verdad vivirán eternamente.

La vida que se agarra a este mundo vive en la desesperación, porque la luz de este mundo se apaga y muere. La Luz verdadera es Eterna y tiene luz propia. La Palabra es Dios y siempre permanece. Los hombres que se esfuerzan en vivir en y por la Palabra vivirán para siempre porque son hijos de Dios. 

Estos tiempos actuales que vivimos son tiempos de esperanza y de gozo, porque aparecen muchos queriendo ocupar el nombre de Dios; porque los cristianos son perseguidos por su fe y se les amenaza para que desistan y renieguen; porque muchos creyentes son asesinados por perseverar y no desfallecer en su fe; porque se quiere destruir y acabar con la Iglesia y con Jesús. Estas y muchas otras señales y acontecimientos que suceden en este mundo actualmente son signos de los anticristos que surgirán en los momentos finales, 1Jn 2, 19-21.

Nuestra esperanza crece a pasos agigantados. Nuestra fe se fortalece cuando la compartimos y nos apoyamos los unos en los otros. Porque Jesús está con nosotros, y nos sabemos y reconocemos en Manos del Libertador, Salvador y Redentor, que, por su Misericordia, nos perdona y nos da Vida Eterna. Y que vendrá en su segunda venida, prometida, a llevarnos a la Casa del Padre, morada eterna para sus hijos.

Apoyémonos en el Señor, y, fortalecidos en nuestro compartir la fe de cada día, perseveremos en su Palabra hasta su segunda venida.

viernes, 30 de diciembre de 2016

EL ESPÍRITU GUÍA LOS PASOS DE JOSÉ

(Mt 2,13-15.19-23)
José, junto a María y el Niño, van sorteando los peligros que les amenazan.  Indudablemente, no están solos, pues el Espíritu de Dios les va indicando en cada momento el camino a seguir. De esa manera esquivan la amenaza de Herodes huyendo a Egipto. Más tarde, cuando se cumplió el tiempo, es de nuevo avisado en sueños por el Ángel del Señor para indicarle que pueden regresar.

La vida de Jesús junto a sus padres representan el modelo familiar. Si Jesús es nuestra referencia y nuestro modelo para llegar por Él al Padre, la Sagrada Familia que ellos encarnan, José, María y Jesús, es el prototipo de familia también a imitar por todos nosotros como familia. La unidad y la defensa de la vida están encarnadas en la familia. Los valores de la verdad, la justicia, el respeto y el amor aseguran la unidad familiar y la convivencia de los pueblos.

Porque la familia es la célula de la sociedad. ¿Qué ocurriría sin desaparece la familia? ¿Susistirían los pueblos? ¿Y la vida? Sin la defensa de la vida, ¿tendrían futuro los pueblos? El Señor nace en familia y tiene unos padres que le protegen y le defienden. La familia es el espacio donde se aprende a amar y donde se tiene las primeras experiencias de desprendimiento, de reparto, de compartir, de darte y sacrificarte por el hermano. La familia es la escuela del amor.

Y ese amor hay que preservarlo y cultivarlo. El amor nos es un sentimiento, ni afectos, ni emociones, ni caricias, ni apetencias ni...etc. El amor es un compromiso que se descubre y emerge cuando nacen las dificultades. Todo lo contrario de lo que nos presentan este mundo de hoy. Se acaba cuando nacen los primeros desencuentros o dificultades. El amor es un COMPROMISO, y la referencia y modelo es nuestro Señor Jesús. El nos ama precisamente soportando con paciencia todos nuestros pecados e indiferencias. De Él aprendemos a amar también nosotros.

Y la familia de Nazaret es nuestro modelo a imitar frente a las generaciones actuales que reclaman derechos  de convivencia de hecho, sin compromiso. Preparados para romperlo y separarse a la primera dificultad o interés egoísta. Llamándole familia a lo que no lo es, y donde los hijos quedan desamparados y a merced de los intereses de sus progenitores y otros. Así, los pueblos que se construyen son pueblos desunidos, inseguros, desprotegidos, sin valores...etc. Y es que los pueblos que matan desaparecen.

Miremos a la Sagrada Familia y tengamos la esperanza de que la familia apoyada en la Sagrada Familia no quedará nunca desamparada. Como José, María y el Niño, seremos guiados por el Espíritu de Dios y superaremos todos los contra tiempos y dificultades.

jueves, 29 de diciembre de 2016

SÓLO DIOS PUEDE PREDECIR EL FUTURO

(Lc 2,22-35)
Hoy, el Señor, vuelve a dejarnos otra señal de su Poder y Divinidad. A través de Simeón, al cuál le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerta antes de haber visto al Cristo del Señor. Y movido por el Espíritu vino al Templo, para que se cumpliera lo que estaba previsto y anunciado.

Estaba allí José y María, pues habían ido al Templo a cumplir con lo que prescribía la ley, y al verlo Simeón, lo tomó el sus brazos y dijo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Esto no se puede explicar sino desde el Poder y la Divinidad de Dios. A veces buscamos milagros y teniéndolos delante de los ojos no los vemos. Encontramos excusas para justificarnos y para cerrar los ojos. Queremos entender lo que sólo podemos creer por la fe. Nunca podrás comprender quien te ha creado. Dejarlo en manos del Big Bang no tiene mucho sentido común, pues todo ha sido ordenado por una gran inteligencia. Es más sensato creer en la Revelación, que da muchas razones para creer.

El episodio de Simeón es uno más entre las muchos que encontramos para quedarnos perplejos y con la boca abierta, y simplemente decir como Tomás: "Señor mío y Dios mío". No suceden las cosas porque sí ni por casualidad en el plan de Dios. Todo está guiado por el Espíritu de Dios, y el Señor nos deja sus señales para que tengamos razones para creer.

Claro está que siempre nos hará falta la fe, pues con todo claro sería muy fácil creer. Y, el sentido común nos dice que merecemos pagar por nuestro pecado. La fe es ese esfuerzo, riesgo, confianza y abandono en las Manos del Señor. Se trata de confiar, pero no ciegamente, sino con muchas razones y sentido. Es obvio que dentro de nosotros está la huella de Dios: a) queremos ser felices; b) también eternos, y c) sólo el amor nos hace sentirnos así. No cabe duda que venimos de Dios, y a Él volveremos.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

LAS PROFECÍAS VAN DESCUBRIENDO EL PLAN DE DIOS

(Mt 2,13-18)
No suceden las cosas así por azar, sino que obedecen a un plan de salvación que Dios ha trazado y que se va cumpliendo rigurosamente en cada momento. Ahora sucede esto y se cumple lo que ya había profetizado Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen».

Hoy sigue sucediendo lo mismo. Quizás más. Mueren muchos niños en el vientre de sus madres por medio del aborto, que muchos quieren considerarlo un derecho. En aquella ocasión fueron perseguidos y condenados a muerte porque perseguían a Jesús y al no saber su paradero cayeron sobre muchos inocentes. Hoy son otras las causas, quizás el hedonismo, la comodidad y el descompromiso quienes condenan a morir a los niños en el vientre de sus madres. De una u otra forma, mueren por egoísmo y porque molestan.

Por enésima vez, Dios avisa y, en este caso, pone en guardia a José para que emprenda la huida de la amenaza de muerte de Herodes. Quizás no caigamos ni advirtamos lo duro y difícil que es tener que salir de tu patria huyendo. Sin pensarlo ni quererlo. Obligado y sin otra alternativa. Los padre de Jesús tuvieron que migrar huyendo de la muerte.

No es fácil tomar esa decisión, Y más cuando eres elegida para ser la Madre del Hijo del Altísimo y para ser, José, el padre adoptivo del Hijo de Dios. ¿Pero cómo? ¿Resulta que ahora estamos en peligro y se nos complica todo? ¿De qué nos vale ser los padres del Todopoderoso? Realmente, cuesta entenderlo. Y es desde esa perspectiva donde podemos descubrir la paciencia y fidelidad de María y José en Dios. Es ahí donde podemos apreciar su confianza y abandono en el Señor. Es ahí donde luce y resplandece su fe.

Tomemos ejemplo de fidelidad, de confianza y de valentía. Tomemos ejemplo de testimonio y de responder en los momentos comprometidos, oscuros, amenazadores y de peligro. Tomemos ejemplo de abandonarnos en Manos del Señor, porque su Palabra siempre tiene cumplimiento.

martes, 27 de diciembre de 2016

VIERON Y CREYERON

(Jn 20,2-8)
No puede ser de otra forma. Porque el cuerpo de Jesús no estaba y, no podía desaparecer por arte de magia ni porque nadie estuviese interesado en llevárselo o esconderlo. Pues la condena y muerte de Jesús era debido a que molestaba y denunciaba muchas actitudes injustas de los sumos sacerdotes, escribas y ancianos de su propio pueblo.

Jesús había resucitado. Eso fue lo que pensaron Pedro y Juan. La deducción es lógica. Pero para ellos se engarzaron todo los cabos sueltos que no habían comprendido por entonces. Ahora muchas cosas empezaron a tener sentido: "Construiré el templo en tres días...Jn 2, 19"; "Al tercer día resucitaré...Mt 17, 22-23"... Sucedió como si sus corazones empezaran a arder de felicidad y a llenarse de gozo. Algo parecido como aquellos discípulos de Emaús.

La pregunta es inmediata: ¿Apoyado en ese testimonio que la Sagrada Escritura te revela por medio de estos apóstoles, tú crees? ¿O te parece pamplinas y ciencia ficción? ¿Acaso los descubrimientos de otros tienen más credibilidad? ¿Quizás lo que escribió Darwin te parece más cierto? ¿No pudo él escribir lo que le parecía de acuerdo con sus intereses? Parece que también nosotros creemos lo que nos interesa creer, y, a primera vista creer en Jesús nos complica un poco la vida.

Porque las demás propuestas no te afectan para nada. Creerlas o no incide directamente en tu vida. Al menos no lo notas o no lo adviertes. Pero si crees en Jesús, tu vida queda señalada a la conversión. Y eso supone un giro de trescientas sesenta grados. Mejor, muchos se responden, ignorarlo y vivir la vida lo mejor que puedas. Son cuatro días. Es la condena más frecuente y más usada por muchos, Porque rechazar a Jesús, el Señor, es auto condenarse a sufrir eternamente.

Todo empieza a encenderse dentro nosotros también. Ese deseo ardiente de felicidad eterna que todos llevamos dentro renace, cobra sentido. La Noticia de que Jesús no está, enciende nuestra alma y nos llena de esperanza: ¡Ha Resucitado! ¡¡Resucitaremos nosotros también y seremos eternamente felices!! Porque eso es lo que nos ha prometido Jesús.

lunes, 26 de diciembre de 2016

EL CAMINO NOS ALERTA DEL PELIGRO

(Mt 10,17-22)
Jesús nace y todo se ilumina y nuestro corazón se llena de gozo y alegría. Pero eso no nos debe hacer obviar las dificultades, los peligros y la posibilidad del martirio. Porque Jesús para eso, para estar dispuesto a entregar su propia vida por nuestra salvación.

La razón es que el mundo está de espalda a la verdad y nos enfrentamos a los hombres que nos persiguen, están contra nuestra proclamación de la verdad y la justicia y buscan quitarnos del medio, a nosotros y al mensaje del Señor. La Iglesia estuvo, está y seguirá perseguida, pero siempre se levantará firme y segura, y convencida de lo que dice y a quien proclama.

 «Os entregarán a los tribunales y (…) seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio» (Mt 10,17.18). Precisamente “mártir” significa exactamente esto: testigo. Nos lo ha dicho el mismo Jesús, de forma que se cumplirá. Y observamos que se ha cumplido, se cumple y se seguirá cumpliendo. La Iglesia es perseguida y martirizada, pero siempre se mantendrá en pie, como también se ha dicho: Tú eres Pedro y sobre está piedra... Mt 16, 18.

El martirio de San Esteban, considerado y venerado como  protomártir, nos da testimonio y nos señala que también nuestro camino pasa por estos peligros. De hecho, en esto precisos momentos hay gente dando su vida por la y muriendo como mártires. También el Señor nos lo ha dicho: Este testimonio de palabra y de obra se da gracias a la fuerza del Espíritu Santo: «El Espíritu de vuestro Padre (…) hablará en vosotros » (Mt 10,19). Tal como leemos en los “Hechos de los Apóstoles”, capítulo 7, Esteban, llevado a los tribunales, dio una lección magistral, haciendo un recorrido por el Antiguo Testamento, demostrando que todo él converge en el Nuevo, en la Persona de Jesús. En Él se cumple todo lo que ha sido anunciado por los profetas y enseñado por los patriarcas (del Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España).

No debes de sorprendernos que tras la Navidad, gozo y alegría, descubrimos nuestro camino, nuestra meta y nuestro destino. Porque es en la Cruz donde está escondido ese gozo y felicidad que el Niño Dios, estos días, nos anuncia con su nacimiento.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Y LA PALABRA SE HIZO CARNE... (Jn 1, 14)


Jn 1, 1-18

Hoy es Navidad, y lo más importante es pensar que estamos salvados. La Palabra, el Hijo de Dios, se hace carne y habita entre nosotros. Jesús se hace hombre y nos manifiesta el camino de salvación. Y lo hace naciendo de mujer, de María y de forma muy normal y humilde. El Evangelio nos relata como sucedió todo, y como el acontecimiento más importante del mundo, apenas hizo ruido y fue destacado en su momento.

El mundo no se percató de nada. Unos simples pastores fueron avisados y alertados de lo que estaba sucediendo y poca cosa más. Jesús viene en silencio y sin hacer ruido. Quizás nosotros hacemos demasiado ruido, pero no para festejar que Jesús nace, sino para celebrar no sé qué fiesta, comidas, bebidas, regalos y diversiones. 

Creo que la Navidad se celebra en pocos lugares. Me refiero a la verdadera Navidad, y te ves cogido y desubicado de lo que realmente es la Navidad. En todo este tinglado de fiestas y celebraciones de qué se yo, pidamos que no perdamos el norte y que sepamos vivir con paciencia y fe este acontecimiento de salvación al que muchos celebran con indiferencia o desarraigo sin más.

Se hace duro y duele vivir como si estuvieras en tierra extraña. El Evangelio de Juan lo expresa claramente y muy bien: En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió Jn 1, 4-5. Y sucede eso. Se celebra la Navidad, pero hay muy poco de verdadera Navidad. Pero creo que lo mejor es levantarse y hacer que tú seas Navidad y des luz por todos tus costados y alumbres todo lo que puedas.

DESDE ESE ESPÍRITU Y DESEO FELIZ NAVIDAD.

sábado, 24 de diciembre de 2016

PROFECÍA DE ZACARÍAS

(Lc 1,67-79)
El Espíritu Santo entra en Zacarías y abre su boca. No se puede deducir otra cosa, porque Zacarías profetiza lo que va a suceder en breves momentos: "El nacimiento del Niño Dios, y la Misión encomendada a su propio hijo".

Zacarías describe con una claridad meridiana y una prosa mesiánica, en el "Benedictus" (Lc 1, 68-79), la misión de su hijo Juan, llamado posteriormente el Precursor y Bautista. Descubre y profetiza que será llamado profeta del Altísimo, porque irá delante de Él a preparar su camino. También anuncia esa asumida visita del Señor, que por la Misericordia de Dio nos redime, ilumina y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Un episodio más de las señales con las que Dios planifica su Plan de salvación, y nos lo revela de forma milagrosa. Todo está enlazado, previsto y elaborado por la Misericordia Divina que nos anuncia su encarnación. Una encarnación que, aunque ya sucedió en el tiempo previsto, hoy, mañana y siempre tiene lugar en y cada corazón que se abre a su Gracia.

Porque Jesús nace cada día cuando, llenos de su Gracia, tratamos de amar y de servir a los demás. Porque, Jesús nace dentro de cada hombre cuando éste, como su Madre María, proclama su grandeza y ése "hágase su Voluntad". Porque cada corazón dispuesto a vivir en la verdad y la justicia se hace pesebre humilde y pequeño, pero fuente de Gracia y de Amor capaz de mover montañas por el Poder y la Misericordia de Dios.

VIVAMOS ESOS MOMENTOS DE CELEBRACIÓN
CON LA ESPERANZA DE VOLVER A NACER
EN EL AMOR DEL NIÑO DIOS.

FELIZ NAVIDAD.

viernes, 23 de diciembre de 2016

JUAN ESTABA LLENO DE ESPÍRITU SANTO

(Lc 1,57-66)
La profecía de Malaquías, "Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de Mí" Ml 3, 1, es otra señal con la que el Señor nos manifiesta su Poder y su Gloria. Juan Bautista es ese mensajero, profetizado en el tiempo para anunciar la inminente llegada del Mesías. Y llegada la hora todo se cumple. 

Es hermoso descubrir como el plan de salvación del Señor se va cumpliendo y como todo está preparado y proyectado y se va descubriendo con las profecías y su cumplimiento en el tiempo y la hora prevista. Juan, cuyo nombre no era al parecer el elegido, se confirma por acción del Espíritu Santo. Y su padre, Zacarías, cuya lengua atada por la desconfianza en el anuncio del ángel al anunciar la venida de Juan, queda suelta de nuevo después de ratificar que el nombre de su hijo será Juan.

Todos los vecinos y curiosos está perplejos y admirados. Se pregunta que será este niño, pues su nacimiento está lleno de señales y signos que predicen hechos extraordinarios. Dios va realizando su Plan de salvación y Juan Bautista ocupa un lugar importante. Es el precursor que anuncia, prepara y allana los caminos para el Señor.

El nacimiento de Juan proclama la proximidad de la Navidad, pues su presencia sirve de anuncio de la del Señor. Juan te avisa, te pone en guardia, y Jesús, el Señor, toca a tu puerta. No "está" como con y en María. Ella ya le dijo "Sí" pero quiere estar contigo y conmigo. Dependerá de nosotros. Nos llama e insiste. Toca nuestro corazón cada día, y ahora, en Navidad, es tiempo especial para responder a esa llamada de Jesús. Él está y quiere estar y permanecer en y con cada uno de nosotros. 

No dejemos escapar ésta oportunidad. Abramos nuestros corazones y dejémosle espacio para que el Niño Dios nazca dentro de nosotros.

jueves, 22 de diciembre de 2016

EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO

(Lc 1,46-56)

Eres bienaventurada porque el Señor "Está" contigo. Ayer lo escuché en una homilía en mi parroquia, y hoy todavía lo estoy saboreando con gozo y alegría. La Madre de todos los hombres está llena de Gracia, porque el Señor está con ella. ¡Qué hermosura y que dicha! Indudablemente, tiene que ser bienaventurada y llena de Gracia, porque el Señor "Está" con ella.

Veamos la diferencia. Realmente a mí me asombra. A nosotros se nos dice: "El Señor esté con ustedes", como deseo y súplica de que el Señor esté con nosotros. ¡Y claro!, el Señor quiere estar con nosotros y dependerá de nosotros que esté. Porque nos ha dado libertad para aceptarlo y rechazarlo. De hecho, la realidad nos descubre que son muchos los que lo rechazan.

Pero, en María, el Señor no va a estar, porque ya "Esta". Que grandeza la de María y con que humildad brota de sus labios ese canto tan hermoso del Magnificat: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

Creo que vale la pena quedarse callado, en silencio y contemplarlo meditándolo y mirando a María. La Inmaculada; la que se alegra en el Señor  su salvador; porque se descubre como su humilde esclava y, porque ha hecho el Poderoso maravillas en ella, por eso, será bienaventurada para todas las generaciones. Pidamos que, como ella, seamos dócil y disponible a la Gracia que el Señor quiera derramar sobre nosotros.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

HECHOS MILAGROSOS QUE NOS DAN TESTIMONIO DE LA DIVINIDAD DEL SEÑOR

Si nos paramos a pensar cómo Isabel pudo saber que su prima María llevaba en su seno al Mesías y salvador, tendremos que convenir que no puede ser de otra manera que por obra del Espíritu Santo. Isabel no puede, ni entender ni saber que la criatura que lleva María en su seno es el Mesías enviado y esperado por todo Israel.

Queda, pues, totalmente probado que Isabel es asistida y auxiliada por el Espíritu Santo. Y su hermoso saludo, lleno de humildad, manifiesta el gozo y alegría, que es refrendado por el salto exultante de alegría y de gozo de la criatura que lleva en su vientre.

Esta hermosa página que, sin darnos cuenta, pasamos de largo, es un acontecimiento que nos llena de gozo, de alegría y entusiasmo, pues es la confirmación del cumplimiento de la profecía de Isaías 7, 10-14, sobre que "la Virgen está en cinta y da a luz un hijo...

Dichosos, decimos hoy, los que han creído, como María, porque la Palabra del Señor se cumplirá, se ha cumplido y se cumple siempre y en todo momento. El Señor vino, viene y vendrá al final de los tiempos como está prometido.

Pidamos esa Gracia, para que nuestra fe persevere, sea firme y nos conduzca por los caminos que llevan a ese pesebre donde nace el Señor y del que nosotros debemos tomar la fortaleza, la paciencia y el alimento para, humildemente, vivir en su Palabra y en su Amor.

martes, 20 de diciembre de 2016

ABIERTA A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU

(Lc 1,26-38)
La cuestión es estar dispuesto y abierto a la acción del Espíritu Santo. No se trata de lo que somos, podemos o tenemos. Simplemente, Dios mira la disponibilidad y humildad de nuestro corazón, porque, abiertos a su Gracia, Él tomará nuestra vida y transformará nuestro corazón.

Esos son los atributos de María: humilde, sencilla, disponible ante la Voluntad de Dios, generosa y llena de Gracia, porque el Señor la mira y derrama sobre ella su Gracia. Y Dios tiene sus planes para ella, como también los tiene para ti y para mí. Claro, Dios no nos ha creado para que sobráramos, sino que ha pensado en tu misión y también en la mía. Descubrirla nos toca algo a nosotros, porque Dios nos está tocando a través de su Espíritu en cada instante.

No se trata de desesperar, sino de esperar. María, espera pacientemente con humildad, sencillez, entrega y generosidad, y el Señor la elige. No es cuestión de hacer, sino de esperar que el Señor haga en ti. Eso sí, tú tienes que tener el campo abonado para que la semilla de Dios pueda germinar y dar frutos. Y ese abono tiene que contener las semillas de la humildad, de la sencillez, del servicio, de la entrega, del amor.

Dios toma lo pequeño, lo humilde, lo que no hace ruido, lo que no se mira y está perdido en el mundo de los hombres. Una chica joven, humilde, insignificante, sin notoriedad; un pueblo pequeño sin ninguna relevancia, ni siquiera reseñado en el mapa. Un acontecimiento sin espectáculo, pero un acontecimiento grandioso, inmenso, vital para la vida del hombre.

Prepararnos para la Navidad es contemplar estas sencillas estampas del nacimiento del Señor, el Hijo de Dios, y de las actitudes de María y José. Contemplarlas que significa imitarlas y reflexionarlas y descubrir cuáles son las mías. ¿Busco yo vivir la disponibilidad de estar abierto a descubrir lo que Dios espera de mí?

lunes, 19 de diciembre de 2016

PROFECÍAS Y MILAGROS

(Lc 1,5-25)
Muchos nos preguntamos por señales, signos o milagros que nos descubran la Divinidad de Dios, y los pedimos como pruebas para creer. Exigimos pruebas a quien nos ha dado la vida. Y, de manera soberbia, mantenemos los ojos cerrados ante lo que ocurre delante de nosotros.

En la primera lectura del Evangelio de hoy, Jueces 13, 2-7. 24-25a; se nos proclama como Dios, por medio de un ángel comunica a una mujer estéril que va a tener un hijo. Y con las mismas condiciones que, siglos después, lo hará con la mujer de Zacarías, comunicándole a este que su mujer, estéril, va a tener un hijo. Hijo, Juan el Bautista, que preparará los caminos del Señor.

Y así sucede cuando llega el momento y la hora. Todo se cumple según ha sido comunicado y narran las escrituras. ¿No significan estos acontecimientos, señales, signos y milagros el poder Omnipotente de Dios? ¿Tan cerrado están nuestros ojos que no vemos las signos proféticos que Dios nos revela y nos ofrece?

El nacimiento del niño. llamado Sansón, y luego, muchos siglos después, el de Juan el Bautista, son, entre otros, signos y señales con las que Dios ilumina y se revela a su pueblo, para terminar en la plenitud del nacimiento de su Hijo, el amado y predilecto. Nuestro Señor Jesús. Cada época tiene su señal, y en la plenitud de los tiempos, nace en Belén el Salvador y Mesías prometido, que alumbra el Camino, la Verdad y la Vida para todos los hombres.

Pidamos tener los ojos abiertos, y bien abiertos, para ver en estos momentos que nos ha tocado vivir las señales que nuestro Padre Dios nos envía en el Espíritu Santo. Abramos nuestro corazón para que bien despierto nuestros ojos vean al Salvador que quiere nacer cada día dentro de nosotros.

domingo, 18 de diciembre de 2016

JOSÉ, UN HOMBRE DE DIOS

(Mt 1,18-24)
No cabe duda que tanto María como José tuvieron una gran participación en la obra redentora de Dios. Y queda al descubierto y para admiración de todos, la fidelidad y fe depositada en las Manos del Señor al porner en Él toda su confianza. Dejar tus proyectos y sueños para aceptar los que el Señor te propone no es tarea fácil. Quizás preguntándotelo puedes calibrar lo duro y difícil de responder afirmativamente.

José no podía comprender que ocurría con María. Sabía que era imposible lo que estaba viendo, pero era la realidad. Pero José conocía a María yo no podía creérselo. Tanto es así que desidió repudiarla en secreto. No quería perjudicarle. Dice la Bilbia de él que era varón justo. Podemos suponer los momentos y días que tuvo que pasar José. Y también María.

Podemos preguntarnos:  ¿Cómo seguir adelante cuando la vida se nos complica tanto? Esperamos que todo con el Señor nos vaya mejor, pues se lo pedimos, y sin embargo sucede lo contrario. Nace en nosotros la tentación del rechazo y abandono. Y ocurre lo contrario, tanto María como José escuchan la Palabra del Señor y aceptan su Plan.

Me gusta imaginar los deseos que tendría José de encontrar una justificación, una razón para llevar a María a su casa. Porque, también lo quiero suponer, sabía de su honradez y sinceridad. Y es que cuando uno quiere escuchar al Señor porque cree en su Palabra y se fia de Él, el Señor le responde. Así, José recibió la respuesta por medio del ángel y comprendió lo que estaba ocurriendo. Quizás no lo entendió, pero le bastaba con saber que era obra del Espíritu Santo.

Posiblemente a nosotros nos esté ocurriendo lo mismo. No llegamos a entender los planes y designios de Dios para con nostros, pero, ¿nos fiamos de Él? Esa es la cuestión que debemos aprender de María y José.

sábado, 17 de diciembre de 2016

EL ABAJAMIENTO DE JESÚS

(Mt 1,1-17)
Jesús no se abaja de palabra sino de verdad. Se hace humilde y pequeño, y su genealogía no es inmaculada, y no esconde su humanidad ni su lado bueno y malo. En ella, sus antepasados, hay de todo, desde santos a pecadores. Todo queda al descubierto. Es el Mesías encarnado, hecho Hombre y nacido en el seno de María, la Inmaculada, por obra del Espíritu Santo.

La realidad y el Misterio de la encarnación toman realismo y se hace presente en la vida del hombre. Jesús, tomando Naturaleza Humana se acerca a nosotros para darnos testimonio de su amor, y lo hace desde la convivencia con los hombres de su época y con el amor de sus obras y compromisos. Todo tal y como la Voluntad del Padre le ha mandado.

Jesús nace sin ruidos, sin aspavientos y humildemente. Jesús nace pobre y vive entre y para los pobres. Porque sólo los humildes y pobres podrán entenderle. Ahora toca prepararnos y nuestra preparación pasa por revestirnos de humildad y abajarnos hasta el punto de hacernos esclavos del amor. Y experimentamos, Señor, que sin tu Gracia no seremos capaces de revestirnos y nacer de nuevo a una vida limpia de pecado. 

Por eso, animados por la esperanza de tu venida, queremos pedirte fortaleza y voluntad para abrirnos a tu Gracia y responder con nuestro testimonio de vida a nuestro compromiso de Bautismo.

viernes, 16 de diciembre de 2016

JUAN DEJA EL CAMINO ABONADO

(Jn 5,33-36)
No cabe duda que Juan había hecho un trabajo. Un trabajo de conversión para muchos que, más tarde, siguieron a Jesús. Andrés y Simón, hermanos, fueron discípulos de Juan, y luego siguieron a Jesús, señalado por Juan como el Mesías prometido y enviado. 

Jesús encontró a muchos discípulos que, aleccionados por Juan, siguieron a Jesús y escucharon sus Palabras. Quizás nosotros podamos hacer lo mismo. Claro está que, para ello necesitamos primero convertirnos, porque no puedes convencer si tú no estás convencido. Y en eso debemos aprender de Juan. En las comodidades, en los lujos, palacios, banquetes y la buena vida, difícilmente se puede dar testimonio ni ser ejemplo de conversión. Porque el amor sólo existe y se descubre cuando duele y exige sacrificios.

Sólo desde la Cruz se puede amar. Y sin Cruz no puede haber amor. La vida de Juan el Bautista nos marca la pauta para el camino de conversión. Despojarse y desprenderse de lo que tú y yo creemos que nos da la vida, nos cuesta, porque nos gusta, nos da placer y gozo. Pero también experimentamos que son fugaces, espejismos que pronto desaparecen y caducan.

Necesitamos abrazar la Cruz del Señor. Precisamente la que Él nos va marcando con su Vida después del encarcelamiento y muerte de Juan el Bautista. Una Vida revelada por sus obras que dejan testimonio de su Palabra y que aclaran todo misterio. 

Ese es el centro de nuestra fe, nuestro Señor Jesús. En Él ser revela el Rostro y el Amor del Padre, y sus obras manifiestan toda la Misericordia que el Padre ha puesto en sus Manos para rescatarnos del pecado con su Muerte voluntaria, por amor, de Cruz.

jueves, 15 de diciembre de 2016

NO BASTA CON SABER DE DIOS, HAY QUE CONOCERLO, AMARLO Y SEGUIRLO

(Lc 7,24-30)
No sólo porque se sepa y conozca a alguien recibimos los efectos de ese alguien. Se hace necesario, aparte de oírlo y conocerlo, seguirle y aplicar lo que nos dice. Sólo respondemos al mensaje de salvación del Señor cuando desde lo más profundo de nuestro ser vivenciamos su Palabra y vivimos en su Amor.

Y eso no pasa desapercibido, porque se nota en muchos signos y gestos que se ven y descubren, y tienen su efecto en la propia vida nuestra y la que nos rodea. El agua se contagia y es cristalina y pura cuando baja desde la pureza y limpieza de la cumbre, pero se contamina y se contagia de impurezas cuando se mezcla con las impurezas del camino que recorre.

Necesitamos llenarnos del Señor y dejarnos abrazar por Él. Necesitamos creer en su Palabra y abrirnos a su Bautismo, que primero nos lo prepara Juan y luego llega con el Espíritu y fuego que nos trae Jesús. Necesitamos limpiar nuestras aguas de tanta contaminación de luces, de consumo, de regalos y fiestas que contagian nuestra fe y la debilitan. Necesitamos despojarnos de todo aquello que nos impide ver y dejarnos limpiar y despegar nuestros ojos con y desde la Palabra del Señor.

Y es que se nos hace difícil si no cambiamos de pedestal y nos abajamos, nos hacemos pequeños, nos revestimos de humildad y nos abrimos a la acción del Espíritu Santo. Nos será difícil ver si no nos dejamos tocar por la Palabra de Dios; nos será difícil andar, si no caminamos siguiendo a Jesús abriendo a la docilidad de su Palabra;  nos será difícil curarnos y desprendernos de todo aquello que nos enferma y debilita si no nos empequeñecemos y reconocemos su justicia.

Por eso, Señor, te pedimos que también nos abra a nosotros los ojos para ver. Ver la verdadera y única Luz que ilumina nuestra vida y la conduce a la Vida Eterna.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿A QUIÉN ESPERAMOS?

Lc 7, 19-23
De nuevo el Evangelio, hoy el de Lucas 7, 19-23, nos pregunta sobre la actitud y el motivo de nuestra espera. La pregunta es directa, ¿a quién esperamos? ¿En pleno siglo XXI mantenemos la esperanza de que Jesús se hace presente en nosotros y nace cada día que nos esforzamos en amar? ¿Creemos realmente eso que decimos? Entonces, si es así, hoy y cada día se hace Navidad en nuestro corazón.

Porque Navidad es la alternativa de volver a nacer de nuevo. Cada instante volvemos a nacer de nuevo cuando afloramos una actitud buena y una intención de hacer el bien. Porque construimos un mundo mejor en aquellos momentos que también nosotros realizamos una acción buena o aceptamos humildemente la cruz que cargamos sobre nuestros hombros. Nacer a una vida nueva es morir con Xto. Jesús, por amor, a las malas intenciones y al pecado Con Él resucitamos y nacemos a la Vida Eterna.

Y eso es lo que esperamos o debemos esperar. Vivir la alternativa de nacer de nuevo. No esperemos florituras ni regalos; ni tampoco caminos fáciles, cumplidos, promesas o muchas cosas que nos inventamos con el afán de justificarnos. Recordemos que el Señor nos dice: "Misericordia quiero y no sacrificios" Mt 12, 7. El Señor ya nació y no volverá a nacer físicamente, pero sí nacerá cada instante que nosotros le abramos las puertas de nuestro corazón en el esfuerzo de vivir su Palabra en los hombres y circunstancias que nos rodea. Así el mundo verá que Jesús nace cada día.

Por eso, junto a Juan el Bautista, nos preparamos para dejar que Jesús entre en nuestro corazón y nos renueve de nuevo para que, reconfortados en su Espíritu, sigamos el camino y la alternativa de vivir construyendo un mundo mejor.

martes, 13 de diciembre de 2016

COMPROMISO Y OBRA

(Mt 21,28-32)
Supongo que muchos de nosotros hemos vivido la experiencia de comprometernos y luego no cumplir. Puede ocurrir que se nos haya invertido lo pensado y no hayamos podido cumplir, pero, también, puede ser que hemos fallados algunas veces. No es para volverse loco, sino conscientes de nuestras debilidades humanas. Pues, si nos reconocemos pecadores es porque realmente lo somos, y en eso se nos nota.

La lección que nos trae el Evangelio de hoy es la del compromiso. Un compromiso si no termina en la obra deja de serlo, con el agravante que pasa a ser engaño. Ocurre como nos dice el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», le dicen. 

Queda claro que todos lo pensamos. Y lo pensamos porque también lo sentimos así dentro de nosotros mismos. Decir una cosa y hacer otra nos molesta y fastidia. Es un engaño y una gran mentira, y esto todos consideramos que está mal. A pesar de que no nos lo hayan dicho, ni lo hayamos oído en la Iglesia o leído en los evangelios. Está sellado en nuestro corazón.

Por eso, muchos que vendrán de lejos, alejados de la Iglesia, pecadores y excluidos llegarán antes que vosotros al Reino de Dios. Porque no basta con rezar y decir sí, sino con vivir el mandato del amor y hacer vida esas oraciones en la vida de los que lo necesitan.

lunes, 12 de diciembre de 2016

ENFRENTAMIENTOS CON JESÚS

(Mt 21,23-27)
El hombre orgulloso, soberbio y obstinado no cree en Dios. Se ha fabricado el suyo propio, hecho a la medida de sus intereses y egoísmos. Habla de justicia, de derechos y de amor, pero sólo hace y ama aquello que le interesa. Ese es su dios, un dios manejable y hecho a su medida.

Por eso, aceptar a Jesús, un hombre aparentemente como ellos, que les pone los valores y la verdad en su sitio, y denuncia y desdice todo aquello que no es verdadero amor, sino apariencias y engaños, se le hace duro, difícil y se les atraganta. Les cuesta reconocerle, y, todavía más, seguirle. Por eso deciden enfrentarse y buscar la manera de ridiculizarle y desautorizarlo. 

Y en esas maquinaciones le preguntan: « ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?» Y Jesús les responde: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta». Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos». Y Él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto». Con gran sabiduría, Jesús, elude descubrirle que es el Hijo de Dios, de quien recibe toda Autoridad. Y también, entre otras cosas, porque no le van a creer y lo que pretende es tener alguna justificación para acusarle.

Hoy, Señor, queremos aprender de tu Palabra y abrirnos a tus enseñanzas. Porque Tú Palabra es Palabra de Vida Eterna y nos enseña con la Autoridad que te ha dado desde lo alto tu Padre Celestial. Por Él has sido enviado a redimir y salvar a todos los hombres.

domingo, 11 de diciembre de 2016

DESPERTAMOS EN EL DESIERTO

(Mt 11,2-11)
Vivimos en el desierto. El desierto es el espacio donde habita la muerte. Todo está desolado y sin horizonte. Sólo hay soledad y muerte. No hay vegetación y la vida escondida está amenazada. El horizonte es arena y sol ardiente, y la sed de vida se hace amenaza sobre todos los que caminan por él.

¿Cuál es nuestro desierto? Porque vivimos en un desierto: "Nuestro mundo". Un mundo que se tapa los oídos y se hace sordo a la voz, primero del Bautista, y luego del mismo Mesías enviado y anunciado por Juan el Bautista. Un mundo que no ve ni oye; un mundo mutilado, que no camina, anclado en la comodidad y el placer. Un mundo hedonista y enfermo de lepra. Un mundo sometido a la esclavitud del pecado. Un mundo que rechaza la Palabra del Mesías.

Sin embargo, Juan recibe una respuesta de esperanza y de resurrección. El desierto despierta y la vida renace: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!». 

Ha llegado el Reino. Jesús está entre nosotros, y aunque no lo vemos físicamente, está en cada instante que sabemos incluir y no excluir; en cada instante que sabemos escuchar y no marginar; en cada instante que sabemos desprendernos de las lepras que nos asedian y tientan, y nos resistimos a ser desierto; en cada instante que decidimos abrirle en nuestro corazón un pesebre pobre y sencillo para acogerlo y acoger. 

Sí, se hace Navidad cuando posibilitamos la alternativa de nacer de nuevo. Tal y como hizo Juan el Bautista, cuando optamos por menguar para que la Gloria de Dios brille dentro de nuestros corazones.

sábado, 10 de diciembre de 2016

TODO SE HA CUMPLIDO

(Mt 17,10-13)
En Jesús tiene cumplimiento toda profecía, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Para muchos agnósticos que no quieren ver en Jesús el Mesías prometido, estas señales y signos que en Él se manifiestan descubren probablemente su Divinidad mesiánica, que le revela como el Hijo de Dios Vivo, el Mesías prometido.

Sin embargo, una de las profecias habla del rechazo que han recibido, tanto los profetas como el mismo Jesús, que condenan a muerte. Este tiempo de adviento es un tiempo de Gracia, un tiempo que nos descubre la necesidad de prepararnos y de abrirnos a la Gracia del Espíritu de Dios. Un tiempo de abajamiento y humildad donde avivemos y despertemos la necesidad del Médico, Buen Pastor, el Mesías y Salvador, que nos redime de nuestros pecados.

Adviento es un tiempo de Gracia para aflorar y renovar nuestra esperanza de experimentarnos salvados. Pero un tiempo que nos exige reflexión y austeridad. No tanto celebrativo en torno a fiestas, regalos y banquetes, cuanto a experimentarnos pobres, pequeños, humildes y expectantes a la venida del Niño Dios. 

Un Niño Dios al que queremos abrirles las puertas de nuestro corazón, para que deje alli, en nosotros, su Reino. Un Reino de paz, de justicia y de amor.

viernes, 9 de diciembre de 2016

LA CUESTIÓN ES REBELARSE

(Mt 11,13-19)
La ingratitud está presente en todos los actos y momentos de nuestra vida. Nos cuesta muchos advertir lo que hacen nuestros padres por nosotros. Hasta tal punto que consideramos un derecho recibir todo lo que hacen por nosotros. Y hablando de derechos, consideramos que el Gobierno de turno está obligado a resolvernos los problemas y crearnos un puesto de trabajo.

Y nos molestamos si eso no nos es dado. Todo son derechos y en el lado de los deberes cada vez hay menos. La ingratitud brilla por doquier. Paradójicamente, Jesús nos enseña otra cosa. El lavatorio de los pies en la santa cena deja hasta que punto debemos servir. Un camino totalmente opuesto al que está tomando esta generación. Generación rebelde y obstinada que todo lo critica, lo ve mal y exige.

Pero, ¿qué hacemos al respecto? ¿Acaso tendemos nosotros nuestra mano para colaborar y construir? ¿No tenemos deberes con los que responder a tantos derechos? ¿No advertimos que se nos da mucho y que no merecemos nada? ¿Acaso nuestros padres nos debían algo? Pero, ¿y con respecto a Dios? ¿Podemos exigirle a Dios algo? ¿Nos debe Dios algo?

Son preguntas que esperan una respuesta. Una respuesta sincera y justa que ponga las cosas en su sitio. Porque todo nos ha sido regalado. Empezando por la vida y terminando por la Gloria de tener la oportunidad de vivir en plenitud de gozo y felicidad eternamente. Se hace necesario despertar y comprender que no somos dignos de exigir, y menos de comportarnos como lo hacemos. Obviamos nuestra gratitud y perdemos el sentido y la razón de descubrir que, no mereciendo nada, todo nos ha sido dado gratuitamente.

Tratemos de menguar y de empequeñecernos, y de bajando nuestras pretensiones mostrarnos humildes y dispuestos a despertar nuestro sentido de gratitud. Porque es Dios quien viene a nuestro encuentro y nos da esa hermosa oportunidad de ser felices y eternos si le reconocemos.

jueves, 8 de diciembre de 2016

MARÍA, FUENTE DE GRACIA Y SALVACIÓN

(Lc 1,26-38)
María fue la elegida. Indudablemente cumple con las condiciones que Dios exige, sencillez, pequeñez y, por lo tanto, humildad. María es tierra fértil donde Dios planta su semilla y da frutos. Su seno es elegido para que la Gracia de Dios se encarne en Naturaleza Humana, y hecho Hombre habite entre los hombres. En María Dios se hace presente y hace presente también el Reino de Dios entre los hombres.

Pero, María tiene un proyecto. Un proyecto humano, desposada con José, un hombre de la casa de David, con el que va a casarse. Un proyecto como quizás tenga tú también ahora. Quizás, si eres joven, piensas formar una familia; un proyecto de trabajo, o, quizás, un proyecto de jubilado para pasar los últimos años de tu vida. A María le cambió Dios su proyecto, un proyecto de proporciones divinas, y María lo aceptó. 

¿Estás tú también dispuesto a abrirte a lo que Dios quiere de ti? ¿Quieres dejarte revestir de ese traje divino que Dios te propone? Esa es la cuestión. Mirar a María es también actuar como María. Quizás nos ocurra a nosotros también qué no conocemos cómo y qué hacer. Pero, quizás, también se nos responda que confiemos en la acción del Espíritu Santo. Dejémonos invadir por Él y que sea Él quien nos dirija como sucedió con María.

Pongamos nuestros proyectos en las Manos del Espíritu de Dios. Abramos nuestro corazón, como María, y respondamos al Señor que queremos dejarnos revestir de Espíritu Santo. Él sabrá qué y cómo hacer para que nuestra tierra sea, preñada del Espíritu, fértil y dé frutos según la Voluntad de Dios. 

Gracias María, Madre de Dios. Gracias por tu disponibilidad y tu respuesta decidida a ser la corredentora, por obra del Espíritu Santo, de la acción salvadora de tu Hijo, nuestro Señor Jesús, para todos los hombres. Alúmbranos para que, siguiéndote a ti, encontremos a tu Hijo, nuestro Señor, y, por su amor seamos liberados de la esclavitud del pecado.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

DESCANSAR EN EL SEÑOR

Mt 11, 28-30
Nuestra esperanza es descansar en el Señor. No hay otro camino ni otro remedio. Por falta de decirlo no ha sido, pues Él nos lo dice muy claramente: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", y en Él encontramos esa fortaleza y esa energía para sostenernos y perseverar. 

Hoy nos lo dice claramente en el Evangelio: "Venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Y ante esta Palabra del Señor sólo queda una opción: "Creerla humildemente y dócilmente", porque su Palabra es Palabra de Vida Eterna. Porque Jesús es el Señor, el Mesías enviado por el Padre para rescatarnos y librarnos del pecado y, por la Infinita Misericordia de Dios Padre, perdonarnos y aliviar nuestro camino de conversión hacia la Casa del Padre.

Ya nos lo dice con mucha anterioridad el salmista (sal 26): "Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor". Acabamos de clausurar el año de la Misericordia. Un año que nos ha servido para, si cabe, tener más presente en nuestro corazón la Misericordia del Señor. Por ella somos salvados y perdonados, y eso es lo que nos viene a decir el Evangelio de hoy. 

Sostengámonos firmes y esperanzados en el Señor. Su Inmensa Misericordia nos alivia, nos fortalece y nos da renovadas energías para continuar el camino. Un camino difícil y de constante lucha, pero un camino de esperanza y alegrías renovadas en la confianza de cada día que nos da el Señor.   En Él encontramos fuerzas para aliviarnos y soportar el peso de nuestras debilidades y pecados sintiéndonos liberados por su Infinita Misericordia.

martes, 6 de diciembre de 2016

¿SOY YO OVEJA PERDIDA?

(Mt 18,12-14)
Posiblemente ninguno de nosotros nos consideremos oveja perdida. Es posible que nos reconozcamos pecadores, pero, ¡¡¡hasta llegar a vernos como oveja perdida!!! Nos parecería exagerado y no nos vemos tan malos. Quizás no lo seamos, pero corremos el peligro de que interpretemos siempre cuando oigamos lo de la "oveja perdida" como que no van con nosotros. Nosotros somos mejores y no llegamos a esa categoría de estar perdidos.

La Misericordia de Dios no nos excluye a nosotros de ser oveja perdida. De hecho lo somos y nuestro Padre Dios se ha visto en la necesidad de buscarnos y darnos un fuerte y salvador abrazo. Nos ha enviado a su Hijo, el abrazo del Padre Dios a todos los hombres, para rescatar a todas las ovejas perdidas, entre las cuales estamos también nosotros.

Y, más que preocuparnos por ser oveja perdida, debemos exultar de alegría y felicitarnos por tener al buen Pastor que nos busca y nos rescata dándonos un fuerte abrazo misericordiosamente. ¿No es esa la mayor alegría y el mejor regalo de estas Navidades? Porque Navidad es experimentarse rescatado y salvado por la Misericordia del Padre en su Hijo, nuestro Señor Jesús. ¿Hay algo más grande?

Posiblemente estemos necesitados de descubrir esa parálisis de las que hablábamos ayer, para poder descubrir el inmenso amor con el que Dios, nuestro Padre, nos ama. Pidamos descubrir al gran Pastor que nos cuida y protege, y está dispuesto a dar su Vida por salvar la nuestro. ¡¡Qué alegría experimentar el cuidado y la vigilancia del Buen Pastor que nos protege y nos da seguridad y confianza!!

lunes, 5 de diciembre de 2016

LA FE PONE EN CAMINO DE CONVERSIÓN

(Lc 5,17-26)
Todo movimiento indica fe. Quizás no sea la suficiente, pero es siempre fe. Al menos esperanza de que tu ideal sea realizado, y que con ese sentimiento de esperanza tu camino se sostiene por y en la fe. Supongo que aquellos hombres, a súplicas del paralítico, le acercaron a Jesús con la intención de que lo curara.  Y eso deja de manifiesto que albergaban la esperanza de que el enfermo fuese curado. No cabe duda que debajo de ese movimiento e intenciones hay fe.

Sin embargo, los allí presentes dudan al escuchar que Jesús prioriza el perdón de los pecados, verdadera salud, anteponiéndola a la corporal, en este caso la parálisis. Rechazan ese poder de perdonar porque sólo se lo atribuyen a Dios, y sugieren que Jesús está blasfemando a proclamar que perdona los pecados. De esta manera y en estas circunstancias, Jesús les dice: « ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles. Pero ocurre que las cosas se olvidan y esas palpables pruebas del poder del Señor no fueron suficientes para que muchos abrieran sus corazones y se convirtieran. Al contrario, siguieron cerrados a la Palabra del Señor y preparaban la forma de condenarle.

No nos basta con la salud corporal, pues sabemos que ésta es caduca y de nada nos vale. No es completa. Por eso, Jesús, nos desvía a que nos demos cuenta de nuestros pecados. Limpiar nuestra alma de nuestro egoísmo, soberbia y vanidades es curarnos para la eternidad. Jesús, el Señor, ha venido para eso, no sólo para darnos la salud corporal, sino también la salud espiritual. Y esa es eterna.

domingo, 4 de diciembre de 2016

TODO CAMINO SERÁ ENDEREZADO

(Mt 3,1-12)
El Reino de los Cielos llega con el Señor. Juan el Bautista prepara su venida e induce a que todos los caminos se enderecen. Los caminos de nuestras vidas, erosionados por el odio, la envidia, el poder, la ambición, la vanidad, las riquezas, las pasiones, la soberbia... y también necesitados de que sean enderezados, allanados y equilibrados. Y eso sólo se logra desde una sincera y auténtica conversión.

Juan prepara este camino y nos invita al arrepentimiento. Hoy somos nosotros los que tendremos que, primero convertirnos y luego invitar a esta preparación para que nuestra conversión no se quede anquilosada y estancada y continúe su camino de preparación. Un camino que no se para y que está más allá de este momento de adviento y que se prolonga hasta el último momento de nuestra vida.

Por eso, el Evangelio de hoy nos invita a continuar quitando todo aquello que anquilosa nuetra vida y nos aleja del verdadero y único camino, el Señor Jesús. No podemos esperar instalados y acomodados, sino en actitud de lucha contra esta anquilosis que nos invita a permanecer pasivo e instalados en comilonas y fiestas que no representan ni celebran el verdadero significado de la Navidad.

Tratemos de, inmersos en el espíritu del Precursor, avivar nuestro espíritu e, injertados en el Espíritu Santo, enderezar nuestra vida limpiándonos de todo aquello que está torcido y seco, siendo incapaz de dar frutos, y, disponible y abierto a su Gracia, preparar un hueco dentro de nuestro corazón para que nazca cada día en él y nos fortalezca para el camino.

sábado, 3 de diciembre de 2016

DEMOSLO TAL Y COMO LO HERMOS RECIBIDO, "GRATUITAMENTE"

(Mt 9,35-10,1.6-8)
Jesús no ha venido a pasar una larga temporada con nosotros, sino a estar Siempre, Y para pasarlo bien, en plena felicidad y con gozo eterno. Jesús ha venido a proclamar la Palabra de Dios, para que, escuchándola y viviéndola, todos los hombres se salven. Y lo hace desde la gratuidad.

No cabe ninguna duda que la tarea es ingente y los obreros son pocos. Brillan por su ausencia. Y hacen falta evangelizadores comprometidos desde, no sólo la Palabra, sino fundamentalmente, desde la vida. Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas. Su Palabra trascendía a la vida y actuaba sanándola y salvándola.

 Y de esta misma manera envía a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies». Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. 

Jesús reviste de su autoridad a aquellos que envía. Las circunstancias lo exigían, porque el Reino de Dios no son sólo palabras y buenos propósitos, sino que es la Palabra que salva en la propia vida. Quizás, hoy sea de otra forma, porque su Palabra no necesita ser verificada en cada momento: "A esta generación no se le dará otro signo que el de la Cruz, Lc 11, 29-32. 

No es cuestión de estar haciendo demostraciones como si de un circo se tratara. Sin embargo, sí hace falta obreros para atender la mies, que es abundante, pues la labor del pastoreo, de perseveración y de anuncio es grande. Y se necesitan obreros que evangelicen desde la misma vida, donde la Palabra se haga presente cuando la vida lo exija.

viernes, 2 de diciembre de 2016

¿LO CREES TÚ TAMBIÉN CON LOS OJOS DE TU CORAZÓN?

(Mt 9,27-31)
Aquellos ciegos ya veían, pues al conocer que Jesús cumplía con la profecía de Isaias pensarón que era el Mesías, el Hijo de David esperado, y conociendo que estaba por allí le seguían: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!». Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos.

¿Cómo ven los ojos de nuestra esperanza? ¿Creemos, cómo aquellos ciegos, que Jesús es nuestra esperanza y salvación?  ¿Y si lo creemos, le seguimos hasta su Casa? ¿Y nos acercamos para hablar y pedirle por la curación de nuestra ceguera? Porque, puede ocurrir que veamos físicamente, pero que estemos ciegos interiormente de la verdadera Luz de la Vida Eterna. Y, quizás, sea esa nuestra mayor dificultad, enfermedad y ceguera.

No cabe ninguna duda que nuestra fe está en relación proporcional con nuestros movimientos. Nos movemos cuando tenemos claro nuestro objetivo y ese movimiento delata nuestras intenciones y, sobre todo, nuestra fe. Aquellos ciegos creían que Jesús tenía poder para curarlos, y, en consecuencia, le siguieron hasta su casa. Y también todos aquellos que tratamos de seguirle y responderle también tenemos fe. Será poca o pequeña, pero no deja de ser por eso fe. Fe en que el Señor nos abrirá nuestros ojos y nos permitirá ver el camino de salvación.

Con esa esperanza caminamos, aunque en muchos momentos sea en penumbre y casi ciegos, tras tus pasos, Señor, porque queremos ver. Ver cada día más claro. Y este momento litúrgico que estamos viviendo, "Adviento", es propicio para acercarnos a Ti y pedirte que nos alumbres el camino.

jueves, 1 de diciembre de 2016

MENTIR NO VALE PARA NADA

(Mt 7,21.24-27)
Mentir no da resultado. Puedes, mientras estés aquí en la tierra, aparentar y obtener resultados de calidad caduca y despreciable que, al final, no sirven para nada sino para perderte. Con el Señor hay que tratar y esforzarce, y digo esto porque somos débiles y pecadores, en responder en espíritu y en verdad y dar todo lo que puedas y eres. Quedarte entre dos aguas y disimular es engañarte y perder el verdadero y único Tesoro.

Jesús habla muy claro y deja el camino sin lugar a dudas: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Yo, torpemente, lo he explicado a mi nivel, pero Jesús, el Señor, lo expresa con una suavidad, con un cariño e invitándonos a construir nuestra vida sobre roca. La Roca que es Él, su Palabra y su Vida. Nada nos podrá derribar si caminamos apoyados en el Señor Jesús. Tenemos al Espíritu Santo, que enviado por el Padre nos asiste, aconseja y fortalece para que resistamos los embates que la vida nos va presentando.

En el Espíritu del Señor, y apoyados en su fuerzas, construyamos nuestra vida desde la Palabra de Dios. Que sea Ella la que guíe nuestros pasos y oriente nuestro rumbo.