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DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 18 de agosto de 2012

LA PUREZA DE LOS NIÑOS...

 - Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 13-15

es lo que necesitamos los mayores para, siendo humildes, dejarnos empapar por la Gracia de Dios. Tengo un nieto que hará el próximo lunes tres años. Y trato de aprender mucho de él. Por la Gracia de Dios, me fijo en sus buenas actitudes, limpias, inocentes, cargadas de pureza y de humildad.

 También tienen momentos de soberbia y berrinches, pero inmediatamente, ante un gesto de reconciliación y de acercamiento, responde con un olvido total de lo pasado y una disponibilidad a, olvidado todo, volver a la reconciliación y la paz. 

No guarda rencor, olvida lo sucedido, tolera y da su amistad y su alegría. Sin dobles intenciones, sin intereses, con honestidad, con prontitud y buena intención. ¡Qué lástima que esa inocencia, buenas y puras, cargadas de sanas intenciones se vayan contaminando con el paso del tiempo!

La mayoría de edad hace al hombre viejo y necesita volver a la niñez para abajándose, encontrarse con la pureza de un corazón sencillo, puro y bien intencionado. Ser como niño es la carta de navegación que los mayores tenemos que guardar en nuestro libro de ruta. Se hace imprescindible abastecerla de ese aceite que reclama el esposo para, permaneciendo vigilantes, estar provisto de la Gracia suficiente con la que aguardar su venida.

Ser como niños nos ayuda a ser prontos en el perdón, en despojarnos del vestido de la soberbia, de las apetencias, de las ideologías e incredulidad, de la insolidaridad, de los egoísmos y afanes de poder, de la ambición y amontonamiento de riquezas. Ser como niños es sabernos pequeños y necesitados, necesitados de un Padre que nos enseñe, que nos lleve de la mano, que nos cuide y nos convierta nuestro pobre corazón en un corazón de hijo agradecido.

Señor, no permitas que me haga mayor, que mi corazón se contamine de poder, de riquezas, de hábitos posesivos, de búsquedas personales, de fines y proyectos caducos, egoístas. Mantén mi corazón pequeño y no dejes que se haga soberbio, orgulloso y prepotente. Tenlo siempre agarrado a Ti y que, asido de tu Mano camine por las sendas de este mundo, siempre asido a Ti. Amén.

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