ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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jueves, 9 de octubre de 2014

¡CÓMO SE VA A CANSAR EL SEÑOR DE OÍRNOS!


(Lc 11,5-13)

Dejaría de ser, si Dios se cansara de nuestras plegarias de petición, ese Padre Bueno que todos conocemos por boca de su Hijo Jesús. Nadie le ha obligado a manifestarse Amor Infinito, y a entregar a su único Hijo como reo expiatorio para redimirnos de nuestros pecados. ¡Su Amor es Inmenso, Eterno, Infinito...!

Y si el Señor está siempre a la escucha, ¿cómo es que nos cansamos nosotros de pedirle? No pensemos nunca que el Señor se marea con nuestras reiteradas peticiones hasta el punto que a nosotros mismos nos parecen majaderas y machaconas. Un padre siempre está, aunque a veces parezca ausente, pendiente de su hijo. Dios, Padre de Bondad Infinita, no sólo está pendiente sino sabe de nuestras necesidades, de nuestra torpeza y miserias.

Y es el mismo Jesús, el Hijo, quién nos propone e invita a pedir: «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».

Ayer le pedíamos al Señor que nos enseñara a orar, y hoy nos pedimos a nosotros tener la voluntad y la humildad de obedecerle y hacer lo que Él mismo nos dice en su Hijo Jesús. No dejemos nunca de pedir, porque el Señor, nuestro Padre Dios, nos dará todo aquello que nos convenga y necesitemos para vivir en su Voluntad. Para eso ha sido enviado el Espíritu Santo, para acompañarnos, asistirnos e iluminar nuestros pasos.

Por eso, aprovechemos estos momentos de encuentro para que nuestros lazos de amistad en el Señor se fortalezcan y pidámosle que su Gracia, en el Espíritu Santo, llene a rebozar nuestros corazones para que, de nuestros corazones a nuestras vidas, proclamemos sin descanso el Evangelio por las calles digitales.

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