ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 1 de enero de 2017

LOS PASTORES, PRIMEROS EN RECIBIR EL ANUNCIO DEL NACIMIENTO DE JESÚS

(Lc 2,16-21)
Mi primera reflexión es interpelarme sobre el anuncio a los pastores. Siendo yo pastor y estando allí, ¿hubiese creído tal noticia? ¿Y hubiese ido a ver al Niño anunciado? Esa es mi primera pregunta a la que quizás no sé responder. ¿Qué hubiese hecho yo? Por eso, lo primero que se me ocurre es pedirle a ese Niño Dios que me asista con su Gracia y me dé la fe para descubrirle e irle a ver al portal de mi corazón.

Porque es en mi corazón donde mora ahora. Sí, nació hace dos mil dieciséis años, pero nace cada día dentro de mí, sí, como los pastores, escucho su anuncio y corro a su pesebre para verle, adorarle y escucharle, para luego proclamarle. Y eso lo hago cada vez que busco la verdad, vivo en la justicia y trato a los demás de la misma forma que me gustaría ser tratado yo.

Y eso cuesta esfuerzo. No es tan fácil como pueda parecerlo a primera vista. Es difícil abajarse y ser paciente. María y José son modelos que nos puede ayudar y servir para, imitándoles, iniciar el camino. Necesitamos humildad. Mucha humildad y abundantes dosis de perseverancia e insistencia. Porque somos torpes, débiles y reincidimos en los mismos pecados.

Nuestra naturaleza es débil y necesita mucha fortaleza y voluntad. Las tentaciones del mundo nos seducen y nos debilitan espiritualmente. Fácilmente nos volvemos egoístas, soberbios, vanidosos y suficientes. Sólos no podremos avanzar ni mejorar. Necesitamos la Gracia del Señor y la asistencia del Espíritu Santo. E ir con frecuencia al encuentro del Señor. Lo tenemos en la Eucaristía. Ese es nuestro pesebre ahora. Jesús, el Niño Dios sigue estando ahí. Esperando por nosotros.

Y como los pastores, podemos ir a visitarle y adorarle. A decirle que creemos lo que hemos oído según la Palabra del Evangelio y que estamos disponible, como su Madre María y su padre adoptivo José, a escucharle y a darle a conocer. Sí, Señor, ahora me esperas en el Sagrario, y necesito acercarme con frecuencia, lo más que pueda, para visitarte, hablar contigo, adorarte y alimentarme de tu Espíritu.

FELIZ AÑO NUEVO 


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