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domingo, 8 de mayo de 2022

EL BUEN PASTOR


Distinguir y conocer la voz y la llamada del Buen Pastor es la clave. Hay muchos pastores en este mundo, pero, el Pastor que buscamos no pertenece a este mundo. Por tanto, será imprescindible saber buscarlo y distinguirlo. El verdadero Pastor conoce a sus ovejas, son Palabras del mismo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Y esa es la pregunta que nos hacemos, ¿escuchamos la voz del Buen Pastor, o, distraídos y seducidos por este mundo escuchamos las voces de otros falsos pastores? 

La gran diferencia que debemos observar y advertir es que, mientras los pastores de este mundo buscan sus propios intereses, el Pastor, enviado por el Padre, busca el bien de las ovejas. Ese matiz nos descubre claramente donde está el buen pastor. Se nota enormemente. Podíamos poner muchos ejemplos, pero, será mejor que tú mismo los descubra por tu propio interés. Pregúntate quien te quiere de verdad, si el que te busca y te quiere para satisfacer también sus gustos, placeres e intereses, o el que se olvida de sí y, por encima de todo, busca tu bien.

sábado, 1 de enero de 2022

MARÍA, MEDITABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN

 

La cuestión es creer o no creer. Dependiendo de lo que creas o no, tu camino queda señalado y tu historia tiene una meta. La cuestión – decimos – es que dependiendo del camino elegido, tu meta será un paraíso de gozo y felicidad eterna o el borde de un precipicio de caída sin fin, pero llena de sufrimiento y dolor. Por tanto, la cuestión no es una broma ni una tontería, nos va la vida gozosa y plena de felicidad y gozo. Porque, de ser la otra, será una vida llena de dolor y sufrimiento, y sin esperanza. Mejor no pensarlo.

Pero, volvemos con la cuestión, conviene pensarlo porque nos va mucho en juego. Y el tiempo no es mucho, se acaba y más pronto que tarde. El Evangelio nos recuerda hoy aquellos momentos del Nacimiento del Niño-Dios, y como aquellos pastores, que fueron los únicos invitados y anunciados por los ángeles que nacía el Niño-Dios esperado en Belén, contaron todo lo que les habían dicho y comprobaron que así era. Todo se presentaba ante sus ojos tal y como le habían dicho los ángeles. Y María, personaje central como Madre del Niño, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Convendría que también nosotros trataramos de meditarlas y conservarlas en nuestros corazones.

Esta es la historia y los hechos. Hechos que se han producido en la vida de Jesús, desde su Nacimiento hasta ahora, porque, Jesús, el Señor, Vive y permanece, si le abrimos la puerta de nuestros corazones, dentro de cada uno de nosotros. Y, como vimos ayer, ha existido siempre. Una vida, la de Jesús, que sabemos dónde empieza – su Nacimiento – y dónde termina – crucifixión en la Cruz -. Una muerte que marca el triunfo y la esperanza de la Resurrección. Porque, desde ese momento – la crucifixión de Jesús – la Cruz se ha convertido en el signo de nuestra salvación.

Xto. Jesús nos ha salvado con su Muerte en la Cruz, porque, según su promesa, también nosotros resucitaremos si creemos en Él. Esa es la cuestión, y sí que es importante y valiosa. Creer o no creer – como decíamos al principio – es el tesoro escondido que vive en lo más profundo de nuestros corazones. La fe es un don de Dios, porque no la puedes comprar ni adquirir por tus méritos ni obras. La fe hay que pedirla, mendigarla y abrirse a la Misericordia de Dios para, por su Gracia, recibirla. Pero, ten siempre la esperanza que Dios te la quiere dar, pues, ¿para qué, si no, ha enviado a su Hijo encarnado en naturaleza humana?

viernes, 1 de enero de 2021

LOS PASTORES ENCUENTRAN AL NIÑO EN EL PESEBRE

Lc 2,16-21

Son los sencillos, los pobres, los últimos y los excluidos. Son los pastores que vigilan sus rebaños y que, alternándose, turnan sus horas de sueño y descanso. Y son los elegidos e invitados al anuncio del Niño que nace en Belén. 

Un Niño Dios encarnado, que nace en silencio, sin estridencias ni alardes de grandeza y que decide participar de su nacimiento - de su venida a este mundo - a los pastores, pobres y humildes, quizás por obligación, porque, la ostentación al poder y la riqueza es una tentación a la que estamos todos predispuestos.

Ser pobre y humilde es una necesidad a la que todos debemos aspirar. Y eso no significa no tener lo necesario y hasta abundancia. ¡No!, la riqueza y abundancia no están reñidas con la pobreza y humildad. Ambas son compatibles y pueden cohabitar y vivir juntas. La cuestión es que la pobreza duerme dentro de tu corazón y se descubre cuando eres capaz de reconocer la grandeza de ese Niño Dios encarnado en una naturaleza como la tuya. Quizás, no lo sabemos, algunos pastores no acudieron a ese anuncio que les revelo el ángel. Posiblemente eran ricos y soberbios.

 Confieso que, quizás yo, siendo uno de esos pastores hubiese tenido dudas a ese anuncio del ángel. Por tanto, la riqueza, no consiste en tener, sino en compartir. Se trata de una actitud abierta a las necesidades de los demás y de reconocer y pensar - darte cuenta - que lo que tienes - material y espiritual - lo has recibido gratuitamente y para compartir con los que lo necesitan. 

Esas actitudes de pobreza y humildad son las que debemos renovar cada día de nuestra vida y, aceptando la invitación del ángel, acudir a Belén, porque el Niño Dios nace cada día.

FELIZ AÑO 2021

miércoles, 1 de enero de 2020

LOS PASTORES BUSCAN AL SEÑOR

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Lc 2,16-21
Termina un año y empieza otro. La vida no se para y cada instante de nuestra vida, quieras o no, está llena de Dios. Como has sido creado en libertad tienes la potestad de aceptar o no esa presencia de Dios y, según tu libre albedrío, puedes ignorarla, rechazarla o aceptarla. Pero, independiente de eso, Dios está siempre presente en tu vida porque es el Creador de ella. Y Dios no abandona lo que ha creado, y precisamente al hombre, por Amor.

El Niño Dios, nacido en un pesebre, y que celebramos cada Navidad, nace también cada día en nuestro corazón. Pero, siempre con la condición de que tú le abras la puerta. No hará nada sin tu permiso, porque, Jesús no nace para imponernos nada, sino para ofrecernos eso que todos buscamos, con anhelo y grandes deseos, la felicidad. Esa es la Buena Noticia que Jesús, el Mesías enviado, nos anuncia. Una Noticia de felicidad eterna. No se trata de algo pasajero que hoy es y mañana desaparece. Se trata de Felicidad Plena y Eterna.

Y es a los pastores a los que se le anuncia en primicia esa Buena Noticia. Podíamos preguntarnos, ¿por qué a los pastores y no a los notables, reyes y gente importante? Hay una respuesta que Dios deja ver en su Hijo enviado, elige nacer en la humildad, en la sencillez, en la pobreza y en la discreción y silencio. Y reconocerle como Dios exigirá en adelante vivir en la humildad, la sencillez, pobreza y silencio. No podrás encontrarlo en la grandeza, en la riqueza, en la suficiencia y poder ni en el ruido y la algarabía de la vanidad, ambición y la fama. El Niño Dios se oculta en los corazones humildes, necesitados, pobres y pecadores, y desde ahí quiere limpiar y liberar a todos los hombres que así se reconocen.

De ahí que su primer anuncio va dirigida a los pastores, a los deshauciados y marginados; a los excluidos y apartados del ruido y la valorada sociedad del poder y la riqueza. Y de ahí que son esos pastores los que aceptan la Noticia y corren al pesebre a experimentar la presencia del Niño anunciado como Mesías y Salvador.

martes, 1 de enero de 2019

BUSCANDO A JESÚS

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Lc 2,16-21
Posiblemente pensemos que los pastores fueron corriendo a Belén porque fueron avisados por los ángeles. Y, tal como le habían dicho, encontraron a María, José y el Niño. Entonces, contaron lo que le habían anunciado los ángeles de Jesús y todos se admiraban de lo que decían. María conservaba todas esas cosas meditándolas en su corazón.

¿Y nosotros? ¿Qué nos ocurre a nosotros? También a nosotros se nos ha anunciado la Palabra y la venida del Mesías, pero no hemos salido corriendo a buscar y encontrarnos con ese Niño que nos han anunciado. Y menos le hemos anunciado a los demás. Igual nos justificamos aduciendo que no hemos sido avisados, o que no sabemos dónde está Jesús, pero, ¿no está Jesús en la Palabra? ¿No vino la Palabra y habitó entre nosotros? ¿Y no se nos revela cada día en las Sagradas Escrituras? ¿Pensamos que los pastores tuvieron más razones para creer?

Posiblemente, nuestro problema sea otro. Un problema de soberbia, de auto suficiencia, de orgullo y de egoísmo. Quizás nuestro problema sea más consecuencia de nuestras debilidades y naturaleza humana herida por el pecado que no dejamos curar en la Misericordia del Señor. Posiblemente, ese será nuestro problema y no otro.

Aquellos pastores creyeron en lo que los ángeles les comunicaron y se pusieron manos a la obra. ¿Qué hacemos nosotros? ¿Creemos? ¿Buscamos al Señor? ¿Y le anunciamos? Esa será nuestra reflexión, meditar sobre nuestra actitud de búsqueda y del encuentro de cada día con el Señor. Entonces es cuando buscamos la verdadera felicidad y podemos decir: 

        ¡FELIZ AÑO NUEVO!

lunes, 1 de enero de 2018

EN SILENCIO GUARDABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN

Lc 2,16-21
Los pastores corren y busca al Niño, ese Niño del que los ángeles les han hablado y cuentan todo lo que les han dicho. María y José quedaban admirados de todo lo que se decía del Niño, pero, María, guardaba todo eso en silencio dentro de su corazón.

Por supuesto, María sabe lo que le ha dicho el Ángel Gabriel enviado por Dios. Y, a pesar de no entender mucho, sabe que todo lo que está sucediendo viene de Dios. Ella se sabe guiada y deposita toda su confianza en el Señor su Dios y guarda su Palabra, aceptando todo lo que acontece en esos momentos. ¿Lo hacemos también nosotros?

Hay mucha gente que dice no negar al Señor, y que respeta a todos los que creen en Él, pero se mantienen al margen e indiferentes. ¿No es eso rechazarle? Se está o no se está con el Señor. Porque, si no se está vivimos de otra forma y más de acuerdo con el mundo. 

A nadie se le ocurre opinar sobre algo que no conoces. Sería un disparate hablar de aquello que no conoces ni sabes, porque entiendes que puedes hacer el ridículo. Sin embargo, todos hablan y opinan de Jesús y no saben nada de Él. Ni siquiera tratan de escuchar, y menos ir a su encuentro para ver si lo que está escrito de Él se cumple. Podría ser esa reflexión algo importante que sacar de este pasaje evangélico.

Primero: ¿escucho yo? Y luego, ¿voy a su encuentro? Esa fue la acción de los pastores cuando fueron avisado por los ángeles. Y eso supone, creer y corresponder. Ellos creyeron y, luego, buscaron al Niño anunciando todo lo que le habían dicho de Él. Igual tendría que suceder con nosotros, si escuchamos la voz de la Iglesia que nos anuncia el nacimiento del Niño Dios, tendríamos nosotros que corresponder tratando de buscar a ese Niño Dios que nace en el portal.

No nos quedemos parados y pidamos nacer de nuevo junto al Señor, que nace y se renueva cada día, para que nuestra fe, en este año que empieza, sea cada vez más fuerte y comprometida.


FELIZ AÑO 2018

domingo, 1 de enero de 2017

LOS PASTORES, PRIMEROS EN RECIBIR EL ANUNCIO DEL NACIMIENTO DE JESÚS

(Lc 2,16-21)
Mi primera reflexión es interpelarme sobre el anuncio a los pastores. Siendo yo pastor y estando allí, ¿hubiese creído tal noticia? ¿Y hubiese ido a ver al Niño anunciado? Esa es mi primera pregunta a la que quizás no sé responder. ¿Qué hubiese hecho yo? Por eso, lo primero que se me ocurre es pedirle a ese Niño Dios que me asista con su Gracia y me dé la fe para descubrirle e irle a ver al portal de mi corazón.

Porque es en mi corazón donde mora ahora. Sí, nació hace dos mil dieciséis años, pero nace cada día dentro de mí, sí, como los pastores, escucho su anuncio y corro a su pesebre para verle, adorarle y escucharle, para luego proclamarle. Y eso lo hago cada vez que busco la verdad, vivo en la justicia y trato a los demás de la misma forma que me gustaría ser tratado yo.

Y eso cuesta esfuerzo. No es tan fácil como pueda parecerlo a primera vista. Es difícil abajarse y ser paciente. María y José son modelos que nos puede ayudar y servir para, imitándoles, iniciar el camino. Necesitamos humildad. Mucha humildad y abundantes dosis de perseverancia e insistencia. Porque somos torpes, débiles y reincidimos en los mismos pecados.

Nuestra naturaleza es débil y necesita mucha fortaleza y voluntad. Las tentaciones del mundo nos seducen y nos debilitan espiritualmente. Fácilmente nos volvemos egoístas, soberbios, vanidosos y suficientes. Sólos no podremos avanzar ni mejorar. Necesitamos la Gracia del Señor y la asistencia del Espíritu Santo. E ir con frecuencia al encuentro del Señor. Lo tenemos en la Eucaristía. Ese es nuestro pesebre ahora. Jesús, el Niño Dios sigue estando ahí. Esperando por nosotros.

Y como los pastores, podemos ir a visitarle y adorarle. A decirle que creemos lo que hemos oído según la Palabra del Evangelio y que estamos disponible, como su Madre María y su padre adoptivo José, a escucharle y a darle a conocer. Sí, Señor, ahora me esperas en el Sagrario, y necesito acercarme con frecuencia, lo más que pueda, para visitarte, hablar contigo, adorarte y alimentarme de tu Espíritu.

FELIZ AÑO NUEVO 


viernes, 1 de enero de 2016

HAY QUE ANUNCIARLO

(Lc 2,16-21)


Las cosas si no se dicen, no se saben, y menos se conocen. Y lo que no se conoce, no se puede amar. Por lo tanto, el nacimiento de Jesús hay que anunciarlo. Y se le anuncia a los pastores. Es indudable que si se le dice a los ricos y poderosos, las consecuencias no serían las mismas que a los pastores.

Los ricos y poderosos quieren el mundo para ellos. No están dispuesto a compartirlo, y eso no da lugar ni a discusión o dudas. Lo observamos en el mundo en el que vivimos. En el mundo político, económico, social, artístico, deportivo...etc. Todos queremos más como dice la canción. Posiblemente, los ricos y poderosos no hubiesen hecho caso o irían a hacer desaparecer a Jesús del mapa. Herodes lo intentó.

Son los pobres, los marginados, los indigentes, los que buscan cura y salvación, los que están dispuestos y abren sus corazones al anuncio del Salvador. Nos les queda otra opción, y su esperanza se abre a la acción del Espíritu que, por medio del Ángel, le anuncia el nacimiento del Niño Dios.

Pero no creen porque no encuentra otra salida, sino que porque buscan una salida, esa anunciada por el Ángel les colma de esperanza, y responde a todos los signos que se le presentan. Corren y van a comprobar donde está ese Niño salvador que ha nacido, y comprueban que todo lo que les han dicho tiene verdadero cumplimiento en Él. 

Jesús es la Palabra de Dios, y en Él se cumple todo lo profetizado. Las esperanzas puesta en Él tienen respuesta verdadera, y la fe se fortalece y crece. El encuentro con Jesús no decepciona, sino que alegra y da esperanza. No es un encuentro ciego, sino todo lo contrario. Es un encuentro que ilumina, que da luz y alumbra el verdadero camino.

Que este nuevo año 2016, para el que deseamos alegría y verdadera felicidad para todos, sea un año donde, con nuestra vida y palabra, anunciemos y proclamemos que Jesús ha nacido en Belén para salvarnos del pecado.

jueves, 1 de enero de 2015

DICHOSOS PASTORES

(Lc 2,16-21)

Algunos notables oyeron sobre el nacimiento de un rey, pero no hicieron caso. Son los pastores, los últimos de aquella sociedad, que pasaban la mayor parte del tiempo fuera de ella, los que corren apresurados al encuentro de María y José con el Niño. Son los pastores los que hablan maravilla de aquel Niño según les ha sido contado por los ángeles.

No necesitan responderse a preguntas e interrogantes. Aceptan el anuncio y corren maravillados al encuentro del Niño Dios. Son los primeros en saberlo y también en aceptarlo. Cantan glorias y alabanzas a Dios por lo que habían visto y oído. 

Quizás a nosotros nos cuesta más aceptar la presencia y divinidad del Niño Dios. Quizás nosotros vivimos más acomodados e instalados que los pastores, y nos resulta más duro y difícil desapegarnos de nuestras apetencias y hábitos. La ausencia de verdaderos sacrificios y de dolor nos acomoda y nos ciega. No es que gustemos de ello, pero la adversidad nos acerca a la salvación, y la salvación viene de la Mano del Niño nacido en Belén.

Tratemos de vivir en la actitud y criterios de los pastores, y pensemos que, vivimos por la Gracia de Dios, y cuando llegue el momento de nuestra hora, lo que permanece es el amor del Dios, y es eso lo que nos interesa ahora conservar.