ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 6 de marzo de 2017

LA HORA DE LA VERDAD

(Mt 25,31-46)
Esta esperanza es la que nos puede dar fuerza y aliento; esta esperanza es la que nos mueve y no fortalece en nuestro camino pascual, porque todo cobra sentido y esperanza, valga la redundancia, en, por y con las Palabras que el Señor nos ofrece y nos dice en el Evangelio de hoy: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles...

Hablando en ese sentido figurado, tal y como nos habla el Señor: Ovejas y cabritos; derecha e izquierda. ¿Qué seremos, ovejas o cabritos? ¿Dónde estaremos, derecha o izquierda? Esa es la única razón de nuestra vida y por la que vale la pena luchar en el camino por nuestro propio desierto. Y esa es la esperanza, la luz que nos debe guiar y empujar. Esa es la meta clara a la que debemos dirigir todos nuestros esfuerzos: "Tratar de ser escogido como oveja y estar, por supuesto a la derecha". Todo lo demás no cuenta ni vale.

Porque todo lo demás desaparece y no sirve para inclinar la balanza a nuestra derecha. La única moneda reconocida y útil es el "Amor". Y lo demás no pinta para nada. ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Estas son las Palabras que esperamos escuchar, y las que tratamos de vivir en nuestra vida dándole fiel cumplimiento según la Voluntad del Señor.

Todo se reduce simplemente a amar. Y ese amar exige dejarnos la piel en el esfuerzo de vivir cada instante de nuestra vida de forma misericordiosamente. Vivir las obras de misericordia que la Iglesia nos señala, pues en ella se contiene todo el esfuerzo y la capacidad del amor. Y es en eso, en respuesta a ese servicio donde podemos escuchar: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. 

Pidamos esa fuerza y esa voluntad para servir y para dar respuesta al Amor de Dios en los hermanos, porque esa es la forma que tenemos de responderle al Señor y demostrarle nuestro amor.

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