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domingo, 2 de noviembre de 2025

JUICIO FINAL

Mt 25, 31-46

     —A veces tratamos de distorsionar la realidad pensando que somos hombres de bien —decía Manuel—. Pero, ¿en qué sentido?

    Miró a todos los que le escuchaban y, tras una pausa y tomar agua, continuó:
    —Solemos justificarnos diciendo que no hacemos el mal, que estamos abiertos a la solidaridad y que, simplemente, lo que hacemos es pasarlo bien sin molestar ni perjudicar a nadie. ¡Y menos engañar! —dijo con tono vehemente.
    —Pero, ¿es eso suficiente? —preguntó con los ojos fijos en los tertulianos.

    Nadie respondió ni trató de darse por aludido. Después de unos breves segundos, Pedro levantó la mano y dijo:
    —Creo —y yo el primero— que no somos solidarios. Nos importa poco el sufrimiento de otros. No es que podamos solucionar los problemas, pero, ¿estamos verdaderamente preocupados por el dolor que sufren los demás, sobre todo los más vulnerables y pobres?

    Algunos de los presentes, frunciendo el ceño y levantando sus manos, confesaron que estaban de acuerdo con Pedro.
    —Nos hacemos los locos —dijo uno—. Pensamos que nos compadecemos, pero enseguida seguimos con lo nuestro, como si nada pasara.
    —Es verdad que en muchos casos poco podemos hacer —intervino Manuel—. Pero una cosa sí podemos: rezar y rezar. Y colaborar en todo aquello que, a través de las asociaciones misioneras, está asistiendo y ayudando a quienes más lo necesitan.
    —Reconozco que nos creemos buenas personas limitándonos solamente a portarnos bien y cumplir con nuestras obligaciones familiares y ciudadanas, pero pienso que eso no basta.
    —Evidentemente, no basta —repitió Manuel—. Hagamos el simple ejercicio de ponernos en su lugar, y enseguida comprenderemos nuestra actitud.
    —Pero… —trató uno de justificarse.
    —No hay justificación —se adelantó Manuel—. Tú o yo podíamos estar en Kinshasa (R.D. del Congo), en Gaza, en Nicaragua o en cualquiera de esos lugares donde vivir es un reto a cada instante. Y desearíamos que alguien nos echara una mano. En el evangelio de Mateo 25, 31-46, Jesús nos recuerda que cuando hacemos algo bueno por alguien, se lo hacemos a Él.

    Las cabezas de los tertulianos estaban inclinadas. Sus ojos, quizás algunos cerrados y otros fijos mirando al suelo.
    La tertulia había comprendido que ser buena persona no consiste solo en cumplir con las obligaciones, sino en amar con obras a quienes más lo necesitan.

lunes, 17 de marzo de 2025

UN JUICIO PARALELO A TU VIDA

Tu juicio final será según tu vida en este mundo. Es de vital importancia saberlo: «Al final de tu vida te juzgarán del amor». Y eso significa que según hayas vivido y, por supuesto, según tus actos, ya sean de amor o desamor, dictarán sentencia. De modo que puedes aventurar y deducir lo que te va a esperar al final de tu camino. No hay engaña, lo tienes delante de ti mismo. Por tanto, sin justificación de ninguna clase.

Es posible que pienses que nadie te dijo nada; que tus circunstancias no te dieron la oportunidad de informarte, de conocer la Buena Noticia, de caer en la cuenta de lo verdaderamente importante. Y así muchas más justificaciones, pero, la única razón que hay es que has decidido entrar por la puerta ancha, una puerta más espaciosa y cómoda.

Dentro de tu corazón esta sellada la impronta del Señor. Has sido creado a su imagen y semejanza. Él es tu modelo y tu experimentas que hacer el bien es tu mayor deseo. Pero, ¿qué ocurre? Posiblemente, te has rendido al mal, a tus pasiones y codicias y … Si no te has levantado como el hijo pródigo de regreso a Casa, ya puedes intuir y saber que te espera en la calle.

Es indudable que nos cuesta dar y darnos; perdonar y aceptar el perdón. Pero, quieras o no esa es la medida. Según tú hayas amado, dado y perdonado, así serás tratado. Tu juicio, por tanto, está establecido. Dependerá, pues, de tu decisión en este momento y mientras camine por este mundo. Tú tienes la palabra.

domingo, 26 de noviembre de 2023

EN EL MOMENTO MÁS IMPORTANTE: «LA HORA FINAL»

Toda tu felicidad eterna dependerá de ese momento, de esa hora final. Cada paso de tu vida tendrá una gran repercusión en el momento final de tu vida. Y nada tendrá gran valor sino esa cantidad de amor que tú hayas dado. De modo que si has dedicado tu vida a ti mismo, sin pensar en los demás, sobre todo en los más pobres y desvalidos, te has jugado tu felicidad eterna.

Nos encontraremos con Jesús como Cristo Rey, que vendrá a juzgar nuestra capacidad de amor y misericordia dada, sobre todo, a los más necesitados. Eso determinará nuestro lugar para toda la eternidad. Y no son palabras u opiniones mías, es Palabra de Dios que podemos leer en el Evangelio: (Mt 25,31-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las… Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me… E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».

Es evidente que todo lo que hagamos en este mundo no tendrá gran valor si al final perdemos esa vida eterna. Y eso es lo único y verdaderamente importante. Vivimos para alcanzar la Vida plena y eterna, pero solo lo lograremos si realmente estamos injertado durante nuestro camino en este mundo en Xto. Jesús. No hay más alternativa. Así de simple y sencillo. Él es Camino, Verdad y Vida y todo camino o vida fuera de Él va camino de perdición.

Eres libre para pensar, decidir y gastar tu vida como quieras. Pero, nunca olvides que esa vida, por muy bien que te vaya, se gasta. Y luego viene la verdadera y eterna, y esa como la palabra lo dice, es para siempre. Y es en ella donde está la verdadera y plena felicidad o la perdición. Tú, ahora, decides.

jueves, 18 de agosto de 2022

A ESE DESTINO VAMOS: EL JUICIO FINAL

Así sucederá cuando llegue la hora del juicio final. Tendremos el nuestro, propio y particular, pero al final habrá uno de carácter universal. Podrá creer lo que desees y te interese, pero el Evangelio de hoy lo deja bien claro: Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, más pocos escogidos».

Evidentemente, todos somos enviados sin excepción, pero no todos aceptan esa invitación. Sucede ahora en nuestro tiempo y ha sucedido en todas las épocas. Es cuestión de planteárselo porque el tiempo es corto. Concretamente, el mío está próximo. Por tanto, la mejor opción de mi vida está en mirar al Señor y tratar, con mi humilde esfuerzo, vivir en su presencia cada día. Tratar de, donde Él me ha puesto, ser lámpara de su Palabra y de su Amor Misericordioso.

No hace falta buscar misiones extraordinaria y que suenen mucho, simplemente la tuya y la mía es la que tenemos en nuestro ambiente, en nuestro círculo, con los nuestros, con los próximos. Así de sencillo, abramos los ojos y veamos que el Señor lo que nos pide es que vivamos en su Amor y dando amor en donde estamos y con los que estamos. Posiblemente, ese será el traje de boda que debemos llevar. De lo contrario podemos averiguar que nos puede suceder. Tengamos confianza en el Infinito Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios y confiemos en Él. Nada le es imposible.


—¿Qué piensas al respecto, Pedro? —Preguntó Manuel.

—Supongo que habrá un juicio final. O mejor, te quedará todo claro sobre tu actitud y comportamiento en esta vida. Es decir, tú mismo te juzgarás.

—Es lo que pienso —dijo Pedro. Se nos abrirá la mente y veremos nuestros propios pecados y nuestra indiferencia al amor de nuestro Padre Dios.

—Pero, cuando nuestro corazón le confiesa y cree en Él, seremos perdonados. Su Misericordia es Infinita. Solo los que le rechazan serán víctima de sus propios pecados.

 

Esa es nuestra esperanza y nuestro gozo. Sabemos de la Infinita Misericordia de Dios, pues, Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos lo ha dicho y nos lo ha testimoniado entregando su Vida por verdadero Amor misericordioso. Y en esa esperanza y misericordia creemos y vivimos mientras nos esforzamos en ir lo mejor preparados y limpios.

miércoles, 22 de abril de 2020

NUESTRAS ACTITUDES VAN DESCUBRIENDO NUESTRO JUICIO

JUAN 3,16-21 | Frases de bendiciones, Frases cristianas y ...
(Jn 3,16-21
No hace falta llegar al final para saber el resultado de nuestro propio juicio. Parece una tontería o que, al menos, no nos preocupa tanto, pero la realidad es que cada día añadimos hechos, pruebas en el sumario del juicio de nuestra vida. Poco a poco, y día a día vamos dando contenido y criterio al resultado del juicio de nuestra vida. Tus actitudes buenas o malas irán definiendo y emergiendo el resultado del mismo.

Dios ha enviado a su Hijo al mundo, no para juzgarlo, sino para darle la oportunidad de salvarse. Y en ese mundo estás tú y, también yo, por tanto, ambos, como todos los demás, tenemos la oportunidad de salvarnos. Una salvación que dependerá de cada uno y de la elección que haga. La oferta del Hijo, nuestro Señor Jesús, está siempre abierta y en espera a nuestra respuesta. Él es la Luz, el Camino, la Verdad y la Vida, por tanto, conviene caminar por donde Él nos señala y nos indica.

Si escoges otros caminos que, precisamente, el mundo te ofrece te encontrarás en las tinieblas y la oscuridad llevará tu vida al precipicio. En ese camino de tinieblas, cada uno de nosotros nos vamos juzgando según nuestros actos sean conforme al Plan de Dios o, por el contrario, sean según nuestros propios planes. Creo que todos lo entendemos claramente. Vivir según la Voluntad de Dios implica amar, y amar a los más desfavorecidos, a los marginados, a los ignorantes, a los pequeños y sometidos a la decisión de los poderosos.

Y, estos tiempos como también otros, dejan claro y al descubierto quienes son los pequeños y excluidos. Y es en ese sentido donde deben ir dirigidos nuestros esfuerzos y nuestros actos, porque, al final no te van a preguntar otra cosa sino lo que hayas hecho en ese sentido: Porque, tuve hambre y me distes de comer, estuve desnudo y me vestiste...etc.

lunes, 11 de marzo de 2019

EN LA HORA DE LA VERDAD

Resultado de imagen de Mt 25,31-46
Es tremendo el Evangelio de hoy y tremenda también la ceguera con la que vivimos. La realidad de nuestra vida es ésta. De nada vale tus éxitos, tu fama, tus victorias, tus riquezas, tus bienes, tu gloria y poder, porque todo quedará en este mundo y no servirá para nada. ¿Acaso todo eso te va a servir para vivir mejor después de la muerte? ¿O no crees que hay otra vida después de la muerte? Entonces, ¿para qué Resucitó Jesús? ¿O tampoco crees que haya resucitado?

Todas estas preguntas están esperando una respuesta tuya y mía. La mía está ya decidida. Yo sí creo y lucho por descubrir en cada persona la presencia de Cristo. ¿Me cuesta? Claro, pero sé también que no estoy sólo y que el Espíritu Santo recibido en mi bautismo me ayuda a descubrirlo y a responder siendo fiel a la Palabra del Señor.

Porque, una cosa si es cierta, para ello no hace falta la fe porque lo vemos a cada momento. En esta vida no se consigue la felicidad, ni siquiera un buen rato, porque de la misma manera que aparece se esfuma. Todo lo de aquí abajo no te sirve para hacerte feliz. Bienes, poder, gloria, éxito y riqueza se quedan aquí abajo y lo único que pueden hacer es darte un poco de felicidad mediocre que nunca llega a ser plena y profundamente gozosa.

Al final de nuestra vida, o dicho de otra forma, la meta de nuestra vida es darte a los demás y esforzarte en ver a Jesús en todos aquellos que sufren y que necesitan comer, beber, vestirse, salud, ser visitados, acogidos... etc. Eso significa amar y eso es lo que nos enseñó Jesús y nos lo vino anunciar del parte de su Padre.

jueves, 16 de noviembre de 2017

DENTRO DE TI, TU CONCIENCIA DESCUBRE EL REINO

Lc 17,20-25
Tú sabes cuando tu corazón está tranquilo y cuando ha actuado correctamente. Tú adivinas los buenos impulsos de tu corazón y experimentas su correcto proceder. Sin lugar a dudas, el Reino de Dios está dentro de ti. Nace dentro de ti cada día y a cada instante, aunque celebramos su nacimiento en una fecha determinada y que está cerca.

No cabe duda que esa pregunta, sobre la venida del Reino de Dios, está en nuestros labios. Desde siempre, el hombre se ha preguntado por el fin del mundo, y también ha hecho algunas predicciones. No han faltado aquellos que lo han predicho y, por supuesto, se han equivocado. Y son muchos los que cansados de esperar, como aquellas doncellas necias, han depuesto sus lámparas y las han dejado apagar.

Posiblemente, nosotros también hayamos hechos nuestros cálculos, y nos hemos imaginados que falta mucho hasta el horizonte de la duda y la desconfianza. Hoy, en el Evangelio, Jesús nos dice que: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros».  

Vendrá sin avisar, como relámpago fulgurante -Lc 17, 24- nos aclara el Señor. Por lo tanto, no tratemos de buscar ni indagar, pues sera como un acontecimiento repentino y a la vez lleno de luz y de gloria. Será inútil saberlo porque no avisará. Lo verdaderamente importante es que el mismo Señor nos dice que el Reino de Dios está ya entre nosotros. Y es que lo experimentamos dentro de nosotros mismos cuando sentimos que  nuestro propio corazón aprueba la conducta de nuestra vida.

Sabemos, a nadie se le esconde, el resultado de nuestras actuaciones. Todos conocemos que hemos actuado bien o mal. Conocemos nuestras responsabilidades, a pesar de que la incumplimos. Conocemos nuestros egoísmos y, desde ese momento, sabemos el resultado de nuestro juicio, de lo que va a suponer nuestro juicio final. A nadie se le esconde. Por tanto, es ahora cuando se está realizando tu juicio. No esperes al final, porque como a las doncellas, si no estás preparado te sorprenderá la venida del Novio.

lunes, 6 de marzo de 2017

LA HORA DE LA VERDAD

(Mt 25,31-46)
Esta esperanza es la que nos puede dar fuerza y aliento; esta esperanza es la que nos mueve y no fortalece en nuestro camino pascual, porque todo cobra sentido y esperanza, valga la redundancia, en, por y con las Palabras que el Señor nos ofrece y nos dice en el Evangelio de hoy: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles...

Hablando en ese sentido figurado, tal y como nos habla el Señor: Ovejas y cabritos; derecha e izquierda. ¿Qué seremos, ovejas o cabritos? ¿Dónde estaremos, derecha o izquierda? Esa es la única razón de nuestra vida y por la que vale la pena luchar en el camino por nuestro propio desierto. Y esa es la esperanza, la luz que nos debe guiar y empujar. Esa es la meta clara a la que debemos dirigir todos nuestros esfuerzos: "Tratar de ser escogido como oveja y estar, por supuesto a la derecha". Todo lo demás no cuenta ni vale.

Porque todo lo demás desaparece y no sirve para inclinar la balanza a nuestra derecha. La única moneda reconocida y útil es el "Amor". Y lo demás no pinta para nada. ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Estas son las Palabras que esperamos escuchar, y las que tratamos de vivir en nuestra vida dándole fiel cumplimiento según la Voluntad del Señor.

Todo se reduce simplemente a amar. Y ese amar exige dejarnos la piel en el esfuerzo de vivir cada instante de nuestra vida de forma misericordiosamente. Vivir las obras de misericordia que la Iglesia nos señala, pues en ella se contiene todo el esfuerzo y la capacidad del amor. Y es en eso, en respuesta a ese servicio donde podemos escuchar: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. 

Pidamos esa fuerza y esa voluntad para servir y para dar respuesta al Amor de Dios en los hermanos, porque esa es la forma que tenemos de responderle al Señor y demostrarle nuestro amor.

lunes, 15 de febrero de 2016

SÓLO SI TIENES MISERICORDIA PERMANECERÁS EN EL SEÑOR

(Mt 25,31-46)


Podrás decir lo que quieras, tal y como hacen muchos políticos, pero si luego no cumples, has engañado. Y el castigo será que luego no te votarán. Con el Señor no será así, sino que el resultado de tu proceder será premiado o castigado de esta manera: Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. 

No hay duda que todos desearíamos estar a la derecha. Y eso es posible si practicamos las obras de misericordia. Mientras tengamos vida podemos hacerlo. El tiempo, pues, es oro, y no se puede perder en otras cosas, que aparentemente buenas, pueden distraernos. En eso está ocupado e interesado el demonio. Y esa es la lucha de nuestro particular desierto.

Por eso, también puede ocurrir lo contrario, porque el demonio está en aviso y puede seducirnos para que ocurra esto: Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».

No da lugar a confusión. Todos resucitaremos. Nadie se quedará en este mundo, pero el resultado no será el mismo para todos, porque sólo los que se esfuercen en vivir según la Voluntad de Dios estarán a la derecha, y los que no, a la izquierda. Y ya vemos que nos ocurrirá.

lunes, 23 de febrero de 2015

TODOS PENSAMOS QUE AL FINAL DE LOS TIEMPOS SE HARÁ JUSTICIA

(Mt 25,31-46)


Cuando ocurre algo que nos parece injusto, pensamos que al final habrá justicia. Y lo pensamos porque creemos que siempre debe prevalecer la razón y la justicia. Es de sentido común y de lógica pensar que el que la hace la paga. Al menos creemos que debe ser así.

Hoy, el Evangelio nos revela lo que Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos...(Mt 25,31-46). 

Es curioso pensar que lo que ha dicho Jesús coincide con lo que pensamos nosotros. O al menos nos gustaría y creemos que debería ser así. Curiosa coincidencia, porque también coinciden muchas más cosas. Esa vida Eterna que Jesús nos promete, si hemos alcanzado estar a su derecha, que no se trata, ni tiene que ver con el sentido político de derecha o izquierda, llegados al final de los tiempos, es también lo que todo hombre con sentido común busca y quiere.

Coincidencias que nos revelan una relación profunda con Jesús. Y es que en Él, y por su Muerte y Resurrección, somos hijos adoptivos del Padre Dios y coherederos, en y por Jesús, de su Gloria. Realmente hay razones profundas, que subsisten en lo más profundo de nuestro corazón que nos indican y nos demuestran todo lo que el Señor Jesús nos dice y ofrece.

Experimentamos también que cuando vivimos el amor en los hermanos y compartimos con ellos, de lo que tenemos, para ayudarles y aliviarles sus carencias y necesidades, estamos arrimándonos a la derecha de Jesús. A esa derecha donde todos deseamos encontrarnos a la hora que el Señor nos llame.