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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 17 de abril de 2018

TIEMPO DE PLENITUD

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Jn 6,30-35
Todo lo que va forjándose y sucediendo en el Antiguo Testamento, tiene su correspondencia y su plenitud en el Nuevo. Así, el pan bajado del Cielo que comieron los israelita en el desierto, no dado por Moisés, sino por la respuesta de Dios a su ruego, para fortalecerlos en y por el camino del desierto. Pero, ese pan no es el pan que da la vida eterna, sino un pan que sólo alimenta para el esfuerzo de cada día.

En el Evangelio de hoy, Jesús, deja claro que Él es el verdadero Pan bajado del Cielo y enviado por su Padre. El Pan que, no sólo da la vida, sino que sacia el hambre y quita la sed. De esta forma queda claro que el pan que comieron los israelitas en el desierto no era el pan verdadero, sino, simplemente, figura del verdadero Pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado enviando a su Hijo Jesús, único y verdadero salvador del mundo.

El pan o alimento que Moisés solicitó a Dios para sostén de los israelitas es un alimento material, que ayuda a mantenerse con vida y seguir el camino. Pero, el Pan que Dios nos da en su Hijo Jesús es el Verdadero Alimento que nos da la Vida Eterna. Sin embargo, la incredulidad está presente en los judíos. Han presenciado el milagro de la multiplicación de panes y peces, pero ya está casi en el olvido. En ese momento quieren, asombrados y satisfechos por el alimento, nombrarlo rey, pero Jesús se escapa. Y hoy todo les parece poco. Se atreven a pedirle un signo, más pruebas.

Buscan que les sorprenda con algún otro milagro. Les interesa sólo el alimento material. No se fijan en nada más, ni tampoco les interesa. Están sumergido en una visión de la vida materialista y sólo buscan intereses materiales que les satisfagan. Están ciegos y cerrados a la trascendencia. Sólo piensan en una religión que les dé lo que ellos buscan. Ideada a sus propias necesidades y proyectos.

¿No nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿No pensamos nosotros en practicar una religión que se adapte a mis comodidades, mis ideas y mis principios? ¿Quiero yo exigir a Jesús esos mandatos que se adecuen a mis gustos y comodidades? Quizás debamos tratar de alimentarnos del Verdadero Pan del Cielo, nuestro Señor Jesús, y ponernos a sus pies entregándonos a su Misericordia que nos salva y nos da la Vida Eterna.

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