ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 21 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ ME SIENTO SUPERIOR...

 Mt. 9, 9-13. 'Vió Jesús a un hombre llamado Mateo...

ante ciertas personas y no ante otras. Pongamos la mano en el corazón y dejemosno interpelar por el Espíritu. Abramos nuestro corazón y dejemos que hable en espíritu y verdad en presencia del Espíritu Santo.

Experimentamos que nuestra soberbia se comporta de forma diferente ante cierto tipo de personas. Mientras que ante unas adoptas una actitud más sumisa o de igualdad, ante otras tu actitud es arrogante y superior. Y esa actitud nos empuja a juzgarlas y criticarla negativamente.

Es el caso de hoy. La Palabra nos descubre la actitud de aquellos fariseos que se consideraban mejores que los publicanos y pecadores. Significa eso que ellos no se consideraban pecadores ni impuros, al menos debemos suponer por lo que deja entrever el texto que ellos estaban en una escala superior, mejor.

Y no debemos autoengañarnos, pues somos lo que somos, pecadores. Y ser pecador implica ser pequeño, limitado, débil, apegado a cosas que nos esclavizan, enfermo de vanidad y soberbia, falto de humildad y engreído y orgulloso. Ser pecador es descubrir la necesidad de asistencia, de curación.

Dios se hizo Hombre para estar cerca del hombre. Porque sólo en la cercanía existe la posibilidad de sanar, de conocer el mal que nos enferma y somete. Amar exige relación, conocimiento y proximidad, pues lo que no se conoce no se puede amar, y menos sanar.

Jesús, Dios hecho Hombre, se acerca, se autoinvita a la casa de Mateo y intimidando con él, lo cura, lo sana, le transforma su alma, la más necesitada de curación. Y aprovecha la oportunidad de curar y sanar a todos aquellos enfermos de pecados que se acercan a comer.

¿Me siento yo tentado a aceptar esa invitación que Jesús también me hace hoy a mí? ¿Le dejo entrar en mi casa? Y más importante todavía, ¿me siento y considero un enfermo pecador que necesita de su medicina de amor para ser transformado y sanado?

Sólo en la presencia del Espíritu Santo y abandonados a su acción podemos encontrar respuestas a esas preguntas. Qué así sea. Amén.

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