ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿TAMBIÉN TÚ QUIERES PESCAR?

(Mt 4,18-22)
La llamada de Jesús no admite demora ni tampoco fecha. La llamada de Jesús es en el acto, irrevocable, inmediata. Fijémonos en Andrés y su hermano Pedro. O en Santiago y Juan. En ambos casos dejaron todo y siguieron al Señor. Sus respuestas fueron inmediatas.

No nos confundamos. Otra cosa es el tiempo que tardaron en madurar, o en descubrirlo. Llevaban tiempo con Juan, el Precursor, y, preparados para el encuentro con Jesús, respondieron firmemente a su llamada. Otra cosa es el tiempo que nos cuesta experimentarlo dentro de nosotros; descubrirlo en cada hermano; abrirnos a su Gracia y abandonarnos en sus Manos. Hablamos de la conversión. Una conversión que es camino de perfección y que lleva tiempo. Pero no respuesta, porque en ese camino ya hemos optado por seguir al Señor, y en él nos vamos perfeccionando por la acción del Espíritu Santo.

Los apóstoles tardaron en darse cuenta quien era realmente Jesús. Estaban cerca de Él y, por la acción del Espíritu, fueron madurando la idea de que Aquel era el Hijo de Dios, el Mesías enviado, Mt 16, 16. Pasaron muchos momentos de dudas y no comprendían muchas cosas. Recordemos a Tomás, Jn 20, 24-28. Y cuando Jesús, el Señor, asciende a los Cielos, les dice: Cuando venga el Espíritu de la ...Jn 16, 13-15.

¿No nos ocurre a nosotros igual? ¿No experimentamos dudas, confusiones, desánimos...etc? Pero, ¿así y todo no estamos a sus pies? ¿No seguimos perseverando y en el camino a pesar de todos nuestros obstáculos y adversidades? ¿Y eso qué significa? Sencillamente, que como Andrés y Pedro, Santiago y Juan y los demás y muchos más respondemos al Señor afirmativamente y le seguimos. 

Es posible que no demos la talla, tal y como el Señor nos pide. Es posible que seamos torpes siervos que en muchos momentos fallamos, pero, Tú, Señor, sabes que queremos responderte con todas nuestras fuerzas y seguimos, así sea arrastrándonos a tus pies. Y eso te pedimos en estos momentos de reflexión, que no nos sintamos conformes, cómodos e instalados, sino que como los apóstoles nos, entreguemos a la acción de tu Espíritu y nos dejemos modelar por su acción para dar toda la medida de los talentos que el Señor nos ha dado.

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