ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

ENCONTRAR EL VERDADERO TESORO SUPONE LUCHA


Arrastrados por nuestra inclinación placentera y cómoda hemos confundido el bienestar con la calidad de vida. Entendemos que vivir bien es instalarnos cómodamente y desear pasarlo bien, para ello luchar contra todo tipo de exigencias y sacrificios que nos complican la vida y no ponen en aprietos y circunstancias, a veces, preocupantes y molestan.

DIOS no quiere eso, ¡exclamamos y nos decimos!, DIOS quiere nuestro bien y que no suframos, pero, sabemos, que todo proceso de crecimiento y conversión conlleva esfuerzo y sacrificio. No se trata del sacrificio por sacrificio, sino el sacrificio y la mortificación para crecer y perfeccionarnos.

Nuestra oración si no va acompañada de desprendimientos (limosna) y renuncias [sacrificio (ayuno)] es una oración incompleta, porque orar es hablar con DIOS y pedirle fuerzas para cumplir su Voluntad. Y eso significa que nos libre de todo mal y nos ilumine para hacer el bien. Y el bien empieza por renunciar a mí mismo y darme a los demás.

Renuncia y sacrificio hacen que mi oración sea completa y valida. Lo mismo podemos decir de limosnas y ayunos (sacrificios), si damos limosna y ayunamos pero no hacemos oración, algo falla, porque todo converge para, por y con el SEÑOR. Cuando no lo hacemos en ÉL, lo estaremos haciendo por otro u otras cosas, o por mí mismo.

La oración del PADRE Nuestro nos explica todo esto, si la reflexionamos cuando la decimos, y en ella está contenido todo lo que tenemos que hacer. Hacer la Voluntad del PADRE es seguir el mismo camino que JESÚS.

Esta anécdota nos puede ayudar a entender que las cosas están pensadas para nuestro bien, y todo sacrificio tiene la misión de hacernos mejor y acercarnos al verdadero rostro de JESÚS: el Amor:

En inglés tienen una frase que lo dice todo: “easy comes, easy goes”, o sea, fácil viene, fácil se va. Vemos cómo la depresión abate despiadadamente los que lo tienen “todo”, y la melancolía es parte triste de sus vidas, al comprobar lastimosamente que no “todo” lo compra el dinero.

¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué tantos grandes ricos son presa fácil del consultorio del psiquiatra, del psicólogo? ¿Por qué los que heredan fortunas tienden frecuentemente a vivir una vida vacía, de hastío existencial?

Entonces, ¿será necesaria la lucha diaria por la vida para lograr ser felices?

Cuentan de un hombre que encontró un capullo de mariposa. Lo llevó a su casa para observar la mariposa cuando saliera.

Un día notó que tenía un pequeño orificio. Había llegado el momento tan esperado. Ahí permaneció durante varias horas, viendo la mariposa luchar para lograr pasar su cuerpo a través del pequeñísimo huequito.

Pronto pareció que había cesado de forcejear pues no lograba salir. Parecía estar atascada.
Sintiendo lástima, el hombre quiso ayudarla. Con una tijerita cortó a un lado del agujero agrandándolo, y la mariposa salió al fin del encierro.

Pero no era el hermoso ejemplar que el hombre esperaba. Tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre confiaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y la hinchazón del cuerpo cedería.

No pasó ni lo uno ni lo otro. La infeliz solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Jamás logró volar.

Lo que el hombre no había entendido era que la restricción de la apertura del capullo y el esfuerzo de la mariposa de salir por el diminuto agujero, eran parte natural del proceso, que forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que alcanzaran el tamaño y fortaleza requeridos para poder volar y ser libre finalmente.

¿Qué fue lo que pasó? Muy sencillo. Al privar la mariposa de la lucha, también le fue privado su normal desarrollo.

Si Dios nos permitiera progresar en todo sin obstáculos, nos convertiríamos en seres inútiles. No podríamos crecer y ser fuertes como podríamos haberlo sido a través del esfuerzo y la constancia, a través de la lucha, a través del trajín de cada día.

¡Cuánta verdad encierra esta pequeña historia!
¡Cuántas veces queremos tomar el camino fácil para salir de las dificultades, tomando en nuestras propias manos esas tijeras y recortando el esfuerzo, para encontrarnos al final con un resultado insatisfactorio y muchas veces desastroso!

Apliquémonos la lección, y agradezcamos a Dios que tengamos que luchar para conseguir con Su ayuda el pan nuestro de cada día.
Bendiciones y paz.

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